VOX, ¿un cordón sanitario?

 

Galde 27, negua/2020/invierno. Peio M. Aierbe.-

En solo un año electoral, VOX irrumpió en el mapa político español asombrando con sus 12 escaños y tercera fuerza en el Parlamento andaluz y consolidándose con sus 52 diputados en el Parlamento español. Esta nueva fuerza política cogió con el paso cambiado a tirios y troyanos. A la izquierda, que destacaba con optimismo cómo el auge de las derechas extremas en el resto de Europa pinchaba en hueso en el estado español. Éramos una isla de sociedad tolerante y acogedora. A la derecha, porque creía cubrir suficientemente ese flanco y se encontraba ahora con un competidor electoral que mordía, y de qué manera, en su electorado.

Particularidad hispana

El desarrollo de las fuerzas políticas caracterizadas como derechas extremas en Europa tiene muchos puntos en común y no pocas particularidades. Las banderas que aprovechan el descrédito de la clase política, la corrupción, el brutal aumento de las desigualdades, los efectos de las políticas económicas neoliberales… son bastante comunes. Ahora bien, hay una que levantan todas ellas que es la amenaza que supondría la inmigración para nuestras sociedades en múltiples ámbitos: económico, laboral, cultural, religioso, identitario… Esta bandera ha ido permitiendo ocupar, poco a poco a lo largo del tiempo, un espacio político con influencia decisiva en no pocos países, alcanzando incluso responsabilidades de gobierno.

En España, en cambio, en vez de un proceso de acumulación de fuerzas por el empuje de las correspondientes formaciones políticas de derecha extrema, ha experimentado un boom repentino. ¿Dónde buscar las causas? Hablando siempre de la inmigración, la explicación hay que buscarla en la alfombra roja que le había extendido el grueso de la clase política y los medios de comunicación al configurarla inmigración como un problema y una amenaza. Ese consenso común entre las principales fuerzas políticas, PP y PSOE, produjo un entramado político, legal y reglamentario que asentaba la idea de la necesidad de blindarse frente a una amenaza. Desde los muros y alambradas de Ceuta y Melilla hasta cerrar completamente el acceso al mercado laboral, reservado en exclusiva a la población autóctona, pasando por la práctica inexistencia de canales legales de inmigración o por una muy restrictiva política de concesión de asilo.

La estrategia del “cordón sanitario”

Si se quiere contrarrestar el auge de una fuerza de derecha extrema, como VOX, habrá que afrontar los factores que la han hecho posible, modificando radicalmente las políticas en los ámbitos económico, laboral, político, territorial, educativo, de vivienda, etc., y también en las políticas migratorias y de asilo. ¿Podemos pensar que las principales fuerzas políticas han hecho esta lectura y están dispuestas a ello? Por desgracia, la respuesta tiene que ser negativa. Ciñéndonos a las políticas migratorias y de asilo, es muy significativo que entre los acuerdos firmados por PSOE y PODEMOS en su acuerdo de gobierno, no figure, en absoluto, estas cuestiones. Ni siquiera en los términos genéricos en que está redactado.

Por el contrario, se ha extendido como un mantra para combatir a VOX lo del “cordón sanitario”. Más allá de que pueda encontrarse alguna ventaja a esa política ya vemos que la derecha no está por la labor, ya que además de poder contar con sus votos para la configuración de gobiernos, tampoco le hace ascos a muchas de sus propuestas políticas, eso sí, convenientemente maquilladas.

Tampoco estamos en el momento de poder deslegitimarla como fuerza política dado el apoyo electoral conseguido. Y, si miramos a la eficacia de esta política donde el “cordón sanitario” funciona, vgr. Francia y Alemania, el resultado no es muy alentador. Francia, gracias incluso a su particular sistema electoral a dos vueltas, consigue que la extrema derecha sea prácticamente inexistente en el Parlamento francés. Pues bien, su máxima representante, Marine Le Pen, viene siendo quien disputa, con gran respaldo electoral, la presidencia de la República y es la formación política francesa con más representación en el Parlamento europeo, donde la representación es proporcional.

Si, con ese panorama, se le da además un plus para presentarse como víctima, no está claro los beneficios de poner el acento en esa política y no en confrontar sus propuestas.

¿Un VOX a la vasca?

La legítima sensación de satisfacción por el escaso respaldo electoral de VOX en Euskadi no debe llevarnos a minusvalorar las razones que explican su surgimiento en el resto del Estado. Cierto que aquí tenemos unos índices de bienestar algo mejores y unas políticas sociales con más peso, al tiempo que los discursos políticos dominantes ponen el acento en los elementos de cohesión e integración. Pero el panorama económico y social resultante no es muy diferente y es significativo que el último informe FOESSA sobre la pobreza en Euskadi, hecho público por Caritas en noviembre, afirme que “la Comunidad Autónoma se encuentra entre las más desiguales de España, esto es, que la población en exclusión social tiende a estar cada vez más alejada del conjunto de la población. Y sólo una de cada diez personas en la exclusión social es inmigrante de fuera de la UE en el País Vasco.” Esto, cuando el discurso oficial afirma, una y otra vez, que “no hay que dejar nadie atrás”. Estamos hablando de déficits enormes en política de vivienda, de inclusión social, educativa, laboral… cuando los presupuestos que manejan las distintas Administraciones permitirían una incidencia mayor en esos ámbitos. Claro está, con otras prioridades.

Pero hay otra vía en la que no es descartable el surgimiento de un VOX “a la vasca” y tiene que ver con las señas identitarias. No cabe duda que uno de los factores que explican el escaso respaldo electoral de VOX en Euskadi es que es “español”. Esa característica, para el electorado nacionalista, mayoritario en Euskadi, supone una línea roja.

Pero, en los últimos tiempos, algunas reflexiones desde el seno de sectores euskaltzales, sobre la amenaza que la llegada de un número significativo de migrantes puede suponer para rasgos distintivos de nuestra sociedad como el euskera y la cultura. Incluso hay algún blog que recientemente está haciendo de esta cuestión un monotema. No es que éste sea un debate nuevo. Ya en los años sesenta y principios de los setenta del pasado siglo estuvo, entonces sí, en el centro de los debates que protagonizaban las fuerzas políticas opuestas al franquismo. En aquella época, las cifras de llegadas de inmigrantes de otras zonas del Estado eran manifiestamente superiores a las actuales lo que, combinado con la represión del franquismo sobre el euskera y su total ausencia del sistema educativo, daba elementos de verosimilitud a los peligros que afrontaban determinados rasgos característicos del pueblo vasco, en particular su lengua y su cultura. D ese debate, en el que hubo que confrontar poderosas corrientes xenófobas hacia la inmigración, en su casi totalidad trabajadora, proveniente del resto del Estado, se salió con propuestas que, en lo fundamental, buscaron la cohesión de la sociedad realmente existente.

El actual marco institucional y de poder autonómico nada tiene que ver con el de entonces. De ahí que estos planteamientos de “agonía nacional” sean minoritarios en el espacio público. Pero están ahí. De momento no hay líderes políticos que levanten esa bandera. Pero no hay que descartar su posible desarrollo que hiciera, combinado con otros de los lugares comunes que agitan las fuerzas de derecha extrema, que surgiera, también aquí, un VOX “a la vasca”.

Y, como para el resto de formaciones de derecha extrema, lo que hay que hacer es emplearse a fondo en combatir las causas y en contrastar los discursos.

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