La España vaciada

 

Galde 26. 2019/otoño. Teresa Aramburu.-  La España vaciada[1]

La población española ha aumentado alrededor de un 36% desde 1975: se ha pasado de un país con 34,2 millones de habitantes a otro de alrededor de 46,9 millones, pero este aumento de la población no se nota en todas las zonas por igual. Durante estos años, en los que el país ha sufrido un crecimiento económico financiero muy ligado al modelo territorial y de ocupación del suelo, amplias regiones del país se han visto afectadas por movimientos migratorios de gran calado desde las zonas rurales hasta las grandes ciudades.

Así, provincias como Soria han visto como su población se reducía en este periodo más de un 23%, según las cifras de población que maneja el Instituto Nacional de Estadística (INE), mientras que otras como Madrid han crecido un 73% debido, en gran manera a las políticas urbanas impulsadas en la capital y que han repercutido en las ciudades dormitorios que la rodean.

Cada año, este proceso de pérdida de población se deja notar en las áreas que se han venido en denominar por diversos autores como “la España vacía”.

Este movimiento de población de los pueblos a las ciudades lleva provocando desde hace años que amplias regiones de la península queden despobladas con algunas comarcas con densidades de población inferiores a Laponia o zonas de Noruega.

Según datos de Eurostat, la densidad de España en su conjunto se situó en 2016 en 92 personas por kilómetro cuadrado, por debajo de la media de la UE, de 177 personas / km, y de países como Alemania, con 233 personas / km. No obstante, la situación es especialmente llamativa en las comunidades más afectadas por la despoblación, como Castilla y León, en donde ese índice europeo cae hasta 26,1 personas por kilómetro cuadrado.

Castilla y León está entre las comunidades autónomas más afectadas por el abandono de población de sus municipios: casi el 88% de los municipios de la comunidad tenían en 2018 menos población que la que registraban en 1998. Tras ella, Asturias, Extremadura y Aragón son los territorios en los que un porcentaje más alto de municipios han visto mermados su población.

Para acercarnos al problema del despoblamiento, también se ha de tener en cuenta la percepción cartógráfica que muchas veces se proyecta. España parece menos inmensa y vacía por un malentendido cartográfico: cuanto más al norte están los países, más los agranda la proyección de Mercator, al proyectar en un plano bidimensional la esfera terrestre. Algo de esto nos recuerda Sergio del Molino, autor de “La España vacía” (2016). Pero el autor del libro en lo que incide es en que hay “una España que no viaja en AVE. Una España sin niños ni cines ni teatros. Una España sin equipos de fútbol en Primera División y sin banda ancha para ver series norteamericanas. Una España de la que el resto del país solo se acuerda en vacaciones o durante el recuento electoral, pues se le echa la culpa de ser conservadora y un lastre para el progreso, por aquello de que el voto de un soriano equivale al de cuatro madrileños, más o menos. Es una España sin médicos ni escuelas, o con médicos y escuelas que están muy lejos, a veces a cien kilómetros. Una España sin empresas ni bancos ni inversores. La llamé la España vacía, una expresión que ya no me pertenece y que no disimula la paradoja que esconde: en esa España vacía hay gente. Dispersa, envejecida y sin peso político, pero tan real como la de cualquier gran ciudad”.

Esta idea de la despoblación de importantes zonas del pais, tal como nos recuerda Alex Grijelmo en el Pais[2], ha venido siendo abordada por otros autores como por ejemplo Vicente Bielza que escribió en 1977 sobre la despoblación aragonesa; Alejandro Córdoba que lo hizo en 1983 sobre la de Soria; Ignacio Prieto,en 1998 sobre León; Elías Rubio, sobre Burgos en “Los pueblos del Silencio” (2001), o el más reciente de María Sánchez “Tierra de mujeres” (2019), una mirada feminista y del mundo rural… Estas situaciones descritas desde diversos prismas y territorios han venido teniendo sus respuestas y ha dado lugar al nacimiento de movimientos ciudadanos como por ejemplo “Teruel Existe”, un movimiento que nació en noviembre de 1999 a partir de varias plataformas y agentes sociales y ciudadanos que crearon esa coordinadora que viene pidiendo un trato justo e igualitario para la provincia de Teruel y que ya ha anunciado su voluntad de concurrir a las próximas elecciones del 20 de Noviembre como agrupación de electores.

Otro factor a tener en cuenta es que el proceso de despoblación se ha producido en estas últimas décadas en un contexto generalizado de crecimiento demográfico intenso. Y, como señala el estudio “La despoblación en España” de Ignacio Molina de la Torre[3], la despoblación ha dejado de ser un proceso vinculado únicamente a las áreas rurales para convertirse en un fenómeno mucho más generalizado, que afecta también, de forma muy intensa a las cabeceras comarcales e, incluso a las ciudades pequeñas e intermedias, y a las capitales de provincia.

El estudio señala otro efecto derivado de la despoblación: el referido a la masculinización, indicando que aunque en la actualidad “la población femenina en España supera en casi un millón de habitantes a la masculina, los procesos de despoblación, sobre todo en el medio rural, propicia la extensión de la masculinización del territorio, siendo la masculinización el síntoma de la falta de igualdad de oportunidades de las mujeres en el medio rural, de tal forma que la población femenina, formada y en edad laboral, se concentra cada vez en un número muy reducido de áreas en las que ha de desarrollar sus proyectos personales, familiares y profesionales”.

En las conclusiones del estudio de Ignacio Molina de la Torre se resalta la importancia que este fenómeno demográfico ha adquirido en nuestro país, así como la complejidad del mismo. Incide también en que se ha de tener en cuenta la diversidad de procesos que llevan a estas situaciones y las diferentes características socioeconómicas y territoriales en el Estado español, que obligan a que la puesta en marcha de medidas e iniciativas se deban basar en un análisis exhaustivo de las causas de su evolución y en unas medidas que se adapten a las características concretas de los espacios en despoblación, no teniendo sentido medidas o iniciativas generales y abstractas.

De la España vacía a la España vaciada

Pese a la complejidad y diversidad de situaciones, que los propios movimientos ya vienen reconociendo, el título de la obra de Sergio del Molino, “la España vacía”, ha servido como lema aglutinante de denuncia del abandono que sufre buena parte del centro de España y en los últimos años ha sido la consigna cohexionadora de una nueva lucha, demandas políticas y debate público.

El pasado 31 de marzo tuvo lugar una masiva manifestación en Madrid que aglutinó a miles de personas en una convocatoria realizada conjuntamente por más de 90 plataformas bajo el lema “La revuelta de la España vaciada”. ¿Por qué cambiaron el marco discursivo?

En palabras de Fernando Fernández vecino del mundo rural en Villanueva de Henares (Montaña Palentina)[4] nos explica cómo “España Vacía significa conocer objetivamente que en nuestro país siempre existió un problema de poblamiento en algunas zonas… Sin embargo, hablar de España vaciada, significa reconocer que han sido las políticas de nuestro país las que han ido desangrando poco a poco al medio rural. El régimen franquista consolidó un modelo de desarrollo centralista y a la vez de profunda segregación espacial entre el medio rural y las ciudades. Se impulsó un modelo de desarrollo dependiente y esquilmador que asignó al mundo rural una función subordinada al desarrollo urbano, y al sector industrial primero y de servicios después. En este modelo de desarrollo, las montañas asumieron las servidumbres y vaciaron de gente sus pueblos. Pero esta dinámica se arrastra hasta nuestros días, por ejemplo; en la forma de gestión de los centenares de pequeñas centrales hidroeléctricas por todo el país de las cuales no se benefician los pueblos, o el diseño de las infraestructuras de comunicación, en el desarrollo de la política energética, o en la exigua estrategia de industrialización difusa que dejó fuera a todas las poblaciones rurales intermedias… Y apunta una segunda idea. Dejemos de hablar de despoblación y empecemos a hablar de Repoblación. Las comarcas con menos de 10 h/Km2 están en situación crítica, y son muchas. En estas zonas, ya no vale con retener población, es necesario atraer nuevos pobladores y pobladoras…Implica un cambio de estrategia política muy importante…”

En este contexto, un centenar de organizaciones que conforman la coordinadora de la España Vaciada ha convocado un paro de cinco minutos el viernes 4 de octubre al mediodía en 23 provincias para reclamar medidas que permitan luchar contra la despoblación. Se trata de otro paso más para plasmar el problema de la despoblación y la petición de un Pacto de Estado para combatirlo. “Las líneas maestras son reformular las actuales políticas de equilibrio y ordenación territorial, priorizar la ejecución de las infraestructuras pendientes y de las telecomunicaciones, impulso a la actividad económica, servicios a la población y vivienda y emponderamiento y cambio de imagen en el medio rural”.

“Pero todavía podéis reconocernos.
Todavía podéis entendernos.
Todavía seguimos hablando en presente.
Un medio rural vivo que se levanta y os tiende la mano
Un territorio lleno de personas que sin miedo os dicen:
Estamos vivos y estamos aquí”

María Sánchez (Tierra de mujeres)

Notas:

  1. Los datos para elaborar este artículo se han recogido de https://www.epdata.es/ , además de los de las fuentes específicamente señaladas
  2. https://elpais.com/elpais/2019/06/06/ideas/1559834099_548373.html
  3. http://idpbarcelona.net/docs/foro/despoblacion.pdf
  4. https://blogs.publico.es/mundo-rural/2018/11/02/cambiemos-el-marco-de-la-espana-vacia-a-la-espana-vaciada-de-hablar-de-despoblacion-a-repoblacion/?doing_wp_cron=1569261738.9116969108581542968750

Categorized | Política

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