Fábula en solfa menor

El poder es el mal absoluto (Cannetti)

En tiempos remotos, igual que en los actuales, había que comer para subsistir, habia que guarecerse de la intemperie y había que reproducirse y disfrutar. Los leones, que eran los más fuertes, comían en primer lugar; los demás, escalonadamente, se alimentaban de los restos. También jodían los más fuertes, y los demás se las arreglaban como podían. Y así mejoraban las especies, aunque no mucho.

Más tarde, las cosas cambiaron. No porque los débiles se juntaran y derrocaran a los fuertes, que eran exigua minoría, ni porque practicaran la simbiosis evolutiva al estilo Margulis sino porque los leones siguieron mandando sin necesidad de demostrar su fuerza; los débiles, acostumbrados a venerar a la casta superior, aceptaron sin rechistar el sutil cambio evolutivo.

Ocurrió que la casta de los fuertes, al no tener necesidad de ejercitar su fuerza, comenzó a flojear. Más que leones parecían cerdos. Y así, el poder mítico de los leones se tambaleó.

Antes de que las cosas llegaran a más, hubo leones cerdos que se valieron de la astucia y tomaron a su servicio a otras especies poderosas y las hicieron sentirse omnipotentes, sobre todo si aplicaban una disciplina militar de grupo, organizados mediante un poder escalonado en cuyo escalón superior se sentaba el león venido a cerdo, que ahora se valía de una sofisticada ingeniería verbal, la razón, de la que emanaron leyes, ciencias e infinidad de exquisiteces lingüísticas y artiméticas.

A los cerdos leones les interesaba ante todo el goce propio: comer como cerdos, joder como cerdos, y disfrutar de la cochina guarida y de una infinidad de disfrutes que fueron inventando, a costa de la comida, de la guarida y de la jodienda del resto. Los cerdos acumulaban cada vez más disfrutes, y  a un tiempo su avidez por el disfrute crecía vertiginosamente, hasta alcanzar proporciones morbosas. Últimamente, se traen un juego nuevo, que han ido perfeccionando hasta extremos refinadísimos. Lo llaman crisis de disfrute; se trata de repartir algo de disfrute entre los pocodisfrutadores, ver cómo estos se embalan, y quitarles de un plumazo el disfrute, con la excusa de que el disfrute es limitado y el disfrutismo está a punto de sufrir un colapso.

(contuará… no el cuento, sino la cochinada)

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Txema García
Alfredo Sabat, Argentina
Fotografía de José Horna
Txema García
"Homenaje a Federico García Lorca" Marisa Gutierrez Cabriada
Inmigrantes rescatados por salvamento marítimo
Txema García
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
"El origen del mundo" José Blanco
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
"El instante decisivo" Iñaki Andrés
“LIKE”. Eduardo Nave
"El mal del país" José Blanco
"El instante decisivo" Iñaki Andrés
"Homenage a Marcel Proust" Marisa Gutierrez Cabriada
"Lemoniz", Mikel Alonso
Eugenia Nobati, Argentina
Fotografía de José Horna
Txema García
Porteadoras
“JAZZ for TWO”, José Horna
Refugiados sirios: Mujer cocinando
Irene Singer, Argentina
“JAZZ for TWO”, José Horna
Sebastião Salgado
Sebastião Salgado
“LIKE”. Eduardo Nave
Txema García
Sebastião Salgado
Sebastião Salgado
Bonill, Ecuador

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