Una perspectiva feminista sobre la agenda 2030

 

Galde 28, udaberria/2020/primavera. Idoye Zabala – María José Martinez.-

Después del paso adelante que supuso la Plataforma de Acción de Beijing en 1995 al reconocer la igualdad de género como una condición indispensable para lograr el desarrollo, la Declaración del Milenio aprobada en el año 2000 recogía esa igualdad en parecidos términos. Sin embargo, el establecimiento de los ODM por NN.UU. un año después no tuvo ningún debate público. Desde las organizaciones feministas se criticó su reduccionismo y el retroceso que supuso el objetivo 3, sobre “Promover la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer”, cuya meta era eliminar la desigualdad de género en la educación, respecto a los avances en los derechos de las mujeres que se habían conseguido en las Conferencias de NN.UU. durante los años 90.

Dadas las críticas habidas en el proceso anterior, NNUU movilizó, en el abordaje de los objetivos post-2015, un amplio debate con distintas organizaciones sociales a nivel nacional, regional y global para superar las carencias de participación previas. Una gran parte de los avances en materia de igualdad de género de la actual Agenda se debe al relevante papel que diferentes asociaciones de mujeres y organizaciones feministas tuvieron en los debates y en su puesta en práctica. La Asociación para los Derechos de las Mujeres en el Desarrollo (AWID); la red feminista del Sur Desarrollando Alternativas con las Mujeres para una Nueva Era (DAWN), que formó un Grupo de Trabajo de Mujeres participantes en las conferencias internacionales sobre Financiación para el Desarrollo; el Grupo Principal de Mujeres (Women’s Mayor Group), paraguas que agrupó a una buena parte de grupos feministas en el Grupo de Trabajo Abierto tras Río + 20, entre otras.

Todas estas inquietudes sirven para que, bajo el liderazgo de ONU Mujeres, se establezcan las prioridades de una Agenda feminista con un enfoque transformador y utilizando una estrategia dual para la igualdad de género: un objetivo propio sobre la igualdad de género, los derechos de las mujeres y el empoderamiento de las mujeres junto con la transversalización y la integración de la perspectiva de género con metas específicas en el resto de objetivos.

De los 17 ODS, 12 incluyen metas desagregadas por sexo o específicas de género. Entre ellos el Objetivo 5: “Lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas”, cuyas metas responden a buena parte de los planteamientos del movimiento feminista internacional. Aunque no se consigue que los derechos de las mujeres estén en el título del objetivo, esos derechos se plantean de forma explícita o implícita en las metas a lograr por dicho Objetivo: acabar con la discriminación y eliminar todas las formas de violencia; eliminar el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina; reconocer los cuidados y el trabajo doméstico facilitando infraestructuras, servicios públicos y corresponsabilidad en el hogar; participación plena en la vida política y económica; acceso universal a la salud sexual y reproductiva y a los derechos reproductivos según los acuerdos de El Cairo y Beijing; reformas para conseguir igualdad de derechos en los recursos económicos, acceso a la propiedad, la tierra y la herencia; mejorar el acceso a la tecnología y aprobar leyes para la igualdad y el empoderamiento.

Una cuestión central para la puesta en marcha de la Agenda es contar con datos suficientes, fiables, accesibles y de calidad que permitan medir el progreso y asegurar que nadie quede atrás. Para ello, cada gobierno debe elaborar sus indicadores en consonancia con las metas fijadas a nivel mundial pero considerando las circunstancias de cada territorio. La recomendación a todos ellos es que se deberán desglosar siempre que sea oportuno por ingreso, sexo, edad, raza, etnia… El problema radica en que la elección de los indicadores es un reflejo de posibles interpretaciones y valoraciones de las metas contribuyendo así a su posible evaporación; además en ocasiones son indicadores reduccionistas que no reflejan las desigualdades a nivel local, por ello es necesario incluir indicadores más cualitativos que ayuden a capturar la realidad social. En este sentido ONU Mujeres[1] señala que solo 6 de los 17 objetivos incluyen unos indicadores sólidos, con datos disponibles, específicos en cuestión de género.

De entre las carencias detectadas, la falta de cuestionamiento del actual modelo económico y de sus políticas neoliberales puede vaciar de contenido gran parte de la Agenda 2030 e impedir el cumplimiento de los ODS. Una buena gobernanza global requiere de instituciones eficaces que tengan un impacto positivo en el desarrollo y en la igualdad de género. La existencia de corrientes financieras ilícitas, de paraísos fiscales, la elusión fiscal o las dificultades para establecer un buen sistema impositivo internacional, impiden que se logre la financiación suficiente para, entre otras cosas, luchar contra cualquier tipo de violencia contra las mujeres o desarrollar servicios públicos, infraestructuras y sistemas de protección social tan necesarios para los cuidados de las personas.

Por ello urge una alianza entre las activistas feministas y otras organizaciones sociales para luchar por la justicia de género y, en general, por una justicia económica, social y ambiental. En este sentido, uno de los espacios de colaboración son los Informes de la sociedad civil mundial sobre la Agenda 2030 y los ODS[2] que vienen realizándose desde el año 2016, desde una visión crítica con el cumplimiento de la Agenda.

Mientras que las metas de cada uno de los Objetivos están definidas a nivel global, cada gobierno establece las metas y sus indicadores según sus propias circunstancias, elaborando además un Informe de seguimiento con el proceso de planificación, de políticas y de estrategias.

Si nos centramos en la Agenda Euskadi Basque Country 2030, el ODS-5 -Igualdad entre mujeres y hombres- readapta las metas originarias dejándolas en 4: Promover el cambio de valores para conseguir la igualdad real de mujeres y hombres; Impulsar la igualdad de mujeres y hombres en el ámbito laboral, combatiendo la discriminación salarial y promoviendo la conciliación de la vida personal, familiar y laboral; Fomentar la parentalidad positiva y la corresponsabilidad; Erradicar la violencia contra las mujeres y mejorar la atención judicial a víctimas de violencia de género; e incluyendo 3 indicadores para su seguimiento. Lo curioso es que, salvo la diferencia salarial, ninguno de los indicadores se centra en las metas elegidas como erradicar la violencia contra las mujeres o en otras novedosas como el trabajo de cuidados no remunerados; por el contrario, se opta por un indicador compuesto (Índice de igualdad de género) y dos indicadores simples (diferencia de género en el salario medio y % de mujeres y hombres entre 30-34 años con estudios terciarios) que aunque orientados a detectar desigualdades de género ya constan para medir otros Objetivos (ODS-8: trabajo decente y ODS-4: educación inclusiva).

El Índice de Igualdad de Género es un indicador sintético construido a partir de 31 variables utilizando la metodología propuesta por el Instituto Europeo para la Igualdad de Género (EIGE). Su ventaja reside en que un solo dato condensa información de distintas fuentes, favoreciendo un rápido análisis comparativo en el tiempo o con otros países, además de conocer la eficacia de las distintas políticas aplicadas, pero tiene el inconveniente de que la información relevante para el logro de la igualdad queda diluida o escondida bajo ese único dato. Ninguna de las 31 variables mide la violencia contra las mujeres o la corresponsabilidad a través de los servicios sociales destinados a los cuidados de las personas.

Por otro lado, observamos que el Índice de Igualdad de Género confeccionado por el EIGE para los 28 países miembros no es el elegido por la UE como indicador de ninguna de las metas del ODS-5, lo que dificulta la comparación de nuestros avances con los de otros países o regiones.

De la misma forma apreciamos que la supuesta transversalización del género en el resto de objetivos de desarrollo se evapora cuando vamos analizando las metas propuestas y los indicadores contemplados en el resto de los ODS. Ningún indicador hace mención al género; solo una meta hace referencia a la “equidad en la atención sanitaria desde una perspectiva de género”.

En esta agenda no se explica por qué no se adoptan las principales metas planteadas en los ODS y los cambios que tiene que adoptar la política vasca para alinearse con ellas. Más bien parece que se trata de ver en qué aspectos lo que hace el Gobierno Vasco coincide con la Agenda 2030 de NN.UU.

Idoye Zabala.
Dpto. Economía Aplicada I e Instituto Hegoa (UPV/EHU).

María José Martinez.
Dpto. Economía Aplicada I e Instituto Hegoa (UPV/EHU).

 

  1. ONU Mujeres (2018): Hacer las promesas realidad: La igualdad de género en la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible.
  2. Estos informes están disponibles en https://www.2030spotlight.org/en/book/1883/chapter/reshaping-governance-sustainability

 


Publicado por Galde
Edita: Ezker Kulturgintza Elkartea Depósito Legal: SS-551-2013 ISSN: 2255-5633

Categorized | Dossier, Política

"El instante decisivo" Iñaki Andrés
Txema García
Txema García
"Homenaje a Federico García Lorca" Marisa Gutierrez Cabriada
"Homenage a Marcel Proust" Marisa Gutierrez Cabriada
Txema García
Fotografía de José Horna
"El origen del mundo" José Blanco
Sebastião Salgado
"El instante decisivo" Iñaki Andrés
Sebastião Salgado
“JAZZ for TWO”, José Horna
Porteadoras
"Lemoniz", Mikel Alonso
Txema García
Sebastião Salgado
“LIKE”. Eduardo Nave
Bonill, Ecuador
Txema García
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
"El mal del país" José Blanco
“LIKE”. Eduardo Nave
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
Sebastião Salgado
Eugenia Nobati, Argentina
Fotografía de José Horna
Refugiados sirios: Mujer cocinando
Irene Singer, Argentina
Inmigrantes rescatados por salvamento marítimo
Alfredo Sabat, Argentina
“JAZZ for TWO”, José Horna

Autores