Ucrania: Un conflicto complejo y de futuro incierto.

 

Galde 37, uda 2022 verano. Juan M. Vicente Errea.-

Parece difícil abstraerse del relato que se construye en los medios de comunicación, que nos ofrecen una explicación en términos de conflicto entre potencias. Sin embargo, considero oportuno señalar que, si bien las potencias siempre intervienen en mayor o menor medida en los conflictos que surgen en nuestro mundo, porque va en ello sus intereses, los países directamente involucrados en el conflicto tienen un papel protagonista innegable. No es admisible reducir, por lo tanto, el conflicto que enfrenta en estos momentos a Rusia y Ucrania como una lucha en la que Ucrania, o las regiones del Donbás, no tienen interés o responsabilidad alguna, reduciéndolo a una especie de partida de ajedrez entre las potencias.

Para poder entender qué está pasando en esa parte de Europa, es necesario analizar las posibles causas de un conflicto larvado entre Ucrania y Rusia, causas de un mayor recorrido que aquellas que podrían explicar por qué el conflicto ha estallado a comienzos de 2022 en forma de guerra convencional, a las que también me referiré más adelante.

En primer lugar, Ucrania es un país relativamente joven. La historia de la mayor parte de su territorio está unida durante los últimos siglos al Imperio ruso (permítaseme incluir la etapa soviética, con todos los matices que ello exige). El propio término “Ucrania” hace referencia a la “frontera” del mundo de los pueblos eslavos orientales. Un territorio donde surge el primer protoestado ruso, conocido como Rus de Kiev, pero que, desde el siglo XVII, se conoce épocas en las que escapa al control, tanto de Polonia como del Imperio ruso. Un territorio, en definitiva, reivindicado para sí por dos discursos nacionalistas enfrentados: el ucraniano y el ruso.

En segundo lugar, la Rusia surgida tras la desaparición de la URSS reivindica como zona de influencia con derecho de injerencia los nuevos estados surgidos de tal hecho.Pero, además, por su peso en el ideario del nacionalismo ruso, su peso económico y demográfico, así como su ubicación geográfica (es la puerta a Europa central y al Mediterráneo) Ucrania es una parte esencial de esa zona de influencia. El poder ejecutivo de Rusia no concibe una Ucrania que no esté íntimamente ligada a su destino.

En tercer lugar, es preciso considerar la evolución de la política de Vladimir Putin al frente del poder en Rusia desde finales de 1999. Tras el caos de la era de Yeltsin, Putin se entregó durante los primeros años a poner orden en el país. Terminó con el proceso de descentralización de Rusia, acabó con el problema de Chechenia (gracias a una sangrienta guerra), persiguióla recuperación de la “verticalidad del poder” y a tal fin, metió en vereda a oligarcas y gobernadores regionales y se propuso recuperar para Rusia su puesto de gran potencia en la política internacional.

Hasta 2007, desarrolló una política internacional como aliado de Occidente, permitiendo a EE UU establecer bases militares en su zona de influencia de Asia central, sin obtener nada a cambio. Es más, vio progresivas ampliaciones de la OTAN, el impulso del escudo antimisiles, la negativa a desmantelar bases estadounidenses en el Cáucaso y Asia central, el apoyo a las revoluciones de colores y, en definitiva, el ninguneo de Rusia en la escena internacional. A partir de ese momento, Putin dio un giro importante a su política internacional, que le llevó a un acercamiento progresivo a China y a discutir la hegemonía unilateral de los EE UU en el escenario internacional.

Putin no está loco, es un hombre inteligente que ha sabido aferrarse al nacionalismo y a los valores tradicionales de la cultura rusa arraigados en la mayoría de la población, sobre todo del ámbito rural y de las pequeñas ciudades, ligados a la ortodoxia y a los postulados de los eslavófilos que defendían un papel especial para Rusia en el concierto de las naciones, con una supremacía moral. Es un dirigente sin escrúpulos que hasta ahora había medido muy bien sus decisiones.

En cuarto lugar, no podemos olvidar la tensión de fuerzas en Ucrania, unas prooccidentales y otras prorrusas, alternándose en el poderhasta las revueltas del Euromaidán que finalizaron con la salida del presidente Yanukovich en 2014y la posterior anexión de Crimea por parte de Rusia y el inicio del conflicto del Donbás, con la proclamación de las repúblicas de Donetsk yLugansk, y el desarrollo de un conflicto armado que ha perdurado hasta nuestros días, a pesar de los acuerdos de Minsk I y II , incumplidos por ambas partes. Precisamente el actual presidente Zelenski ganó las elecciones presidenciales en 2019 con un programa en el que destacaban dos objetivos: luchas contra la corrupción delas élites políticas y poner fin al conflicto del Donbás.

En último lugar, la realidad innegable de deseos de autogobierno de un parte de la población del Donbás, cuya dimensión es difícil de conocer al no haberse podido realizar consultas a la población en condiciones adecuadas, libres de presiones de todo tipo.

No resulta claro cuáles fueron los motivos para que Putin eligiese el pasado 24 de febrero para desencadenar lo que llamó una “operación militar especial”, otro paso más en el conflicto armado existente en el que Rusia pasaba a intervenir de manera clara y explícita, usando importantes medios militares. Podemos leer en los medios diferentes explicaciones, algunas más sensatas que otras, pero ninguna explica qué pretendía Putin, ni por qué eligió ese momento para la invasión que, en cualquier caso, representa un punto de inflexión en el equilibrio geopolítico, un antes y un después en la situación internacional. Ya nada será igual.

Tras poco más de tres meses de duros combates, con una inesperada y eficaz resistencia del ejército ucraniano que, en los últimos días cede paulatinamente el control de la casi totalidad del Donbás a las fuerzas armadas rusas, podemos plantearnos las posibles consecuencias de este conflicto, más allá de la destrucción y muerte que conlleva.

En primer lugar, Rusia no se ha conseguido un cambio de personas en el vértice del poder ucraniano. Zelenski ve reforzado su papel como Presidente de la nación y aúna tras de sí a la gran mayoría de la población. Por lo tanto, lejos de conseguir un cambio en el rumbo de la política ucraniana, afianza en el poder a quien lo ejerce en la actualidad.

En segundo lugar, Putin consigue que el presidente ucraniano diga de forma expresa, que Ucrania mantendrá un estatus de neutralidad, renunciando a solicitar en estos momentos su incorporación a la OTAN. Sin embargo, este éxito se ve ensombrecido por la solicitud de incorporarse a la Alianza Atlántica de Finlandia y Suecia, rompiendo con ellos decenios de política de neutralidad.

En tercer lugar, parece que, las conquistas territoriales en el sur y en el este, pueden incrementar los territorios gestionados directamente por Rusia. Aunque también podría tratarse de alcanzar una posición de fuerza para afrontar en el corto plazo unas negociaciones de paz, en las que, sin duda, su objetivo sería propiciar una nueva Ucrania dócil dentro, de una manera u otra, del mundo ruso.

En cuarto lugar, como se ha señalado anteriormente, la escena internacional se ha visto alterada profundamente. Nueva ampliación en ciernes de la OTAN (Suecia y Finlandia), fortalecimiento de la cohesión interna de la Unión Europea, que instaura el Fondo Europeo de Defensa para contribuir a la autonomía estratégica de Europa en la protección y la defensa de sus ciudadanos. Se anunciael incremento de los presupuestos militares europeos. Estados Unidos parece que retorna al tablero geopolítico tras la progresiva retirada de todos los escenarios desde el periodo de Obama. Rusia cada vez más tiende su mirada hacia China. Lejos de caminar hacia un mundo más pacífico, nos dirigimos hacia un mundo más convulso.

En quinto lugar, el conflicto tiene graves consecuencias económicas. Las sanciones económicas, no solo ponen en serias dificultades a Rusia, sino que afectan también a la propia Unión Europea, no solo por ser el mayor socio comercial de Rusia, sino por su incidencia en el mercado de los hidrocarburos: subida del precio de la energía e inflación. Además, el conflicto puede ocasionar serios problemas alimenticios en Oriente Medio y África.

Estados Unidos va a consolidar su papel preponderante y hegemónico, a corto plazo, tanto en el terreno político, como en el económico y militar. No está claro cómo va a afectar este conflicto a China, que se ve en la necesidad de navegar entre aguas revueltas, manteniendo un discreto apoyo a Rusia que no llegue a ser un desaire para los EE UU.

En sexto lugar, las consecuencias para Rusia son imprevisibles: si consigue resultados positivos, su victoria traerá para Putin su afianzamiento en el poder supremo y el logro de un mundo multilateral, donde EE UU no son la única potencia, un avance en la consolidación del imperio, recuperando para el mismo todos losterritorios mayoritariamente poblados por rusos/rusófonos y una anulación de la cohesión de la Unión Europea gracias a su dependencia energética. Proyectos como la Unión Eurasiática o la Nueva Ruta de la Seda conocerán un impulso decisivo.

En séptimo y último lugar, para Ucrania el conflicto desemboca en un ser o no ser como nación independiente o, al menos, como estado viable. Podría simplemente desaparecer, engullida por Rusia; o podría sobrevivir con unas fronteras altamente modificadas, sin salida al Mar Negro y convertida en un estado títere del poder ruso. Podría también salir reforzada del conflicto si consiguiera recuperar el control sobre todo su territorio (al menos, el anterior a la pérdida de Crimea), ganándose un puesto en la Unión Europea y estableciendo las bases para evitar nuevas agresiones por parte de Rusia.

Por lo tanto, nos encontramos ante un conflicto, donde lo único seguro es su final incierto.

Categorized | Internacional, Política

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