Siria. Cuando se cruza la línea roja de la revolución: Kafranbel

(Galde 05, invierno/2014). Desde que comenzó el levantamiento popular en Siria, todo aquel que seguía y sigue las noticias se ha ido familiarizando con nombres que antes nunca había escuchado, nombres de barrios y ciudades que ya no resultan tan desconocidos, bien por la terrible destrucción a la que son sometidos por los bombardeos indiscriminados, como en el barrio homsi de Baba Amro, bien por verse cercados impidiéndose la entrada en ellos de productos de primera necesidad según la política de «Morid de hambre hasta que os arrodilléis» que sigue el régimen en el campamento de refugiados palestinos de Yarmuk –por ejemplo–, o bien por motivos más optimistas. Pero en Siria cada región ha sido conocida históricamente por alguna particularidad. Por ejemplo, se dice que los de Homs se vuelven locos los miércoles, apoyándose en anécdotas históricas para justificarlo, y suelen ser los protagonistas de chistes al estilo de los de Lepe. Por su parte, la provincia de Idleb ha sido tradicionalmente conocida por su humor, y por ello no ha de extrañar que fuera una pequeña aldea idlebi llamada Kafranbel la que se convirtiera en narradora trágico-cómica de la revolución siria.

Conocida internacionalmente por sus pancartas, que se valen del lenguaje universal de la imagen, igual que su ingenioso vídeo 1 en el que muestran la postura internacional sobre Siria aprovechando la coyuntura del supuesto enfado que generó el uso de armas químicas en agosto de 2013, suceso que no se atribuyó a ninguna de las partes, aunque importantes indicios apuntaban al régimen sirio 2, Kafranbel es un referente de la revolución que refleja su esencia.

Desde que uno de sus habitantes, Ahmad Jalal, dibujara una caricatura de Bashar en la que exageraba sus rasgos y se mofaba de sus ansias de poder, cada semana nuevas pancartas dibujadas han inundado las redes sociales, junto a otras escritas unas veces en árabe y otras en inglés, enviando mensajes al mundo que demostraban y demuestran lo conscientes que son los revolucionarios de los juegos regionales e internacionales y de la situación general.

Así, cuando Rusia y China vetaron una de las resoluciones en el Consejo de Seguridad, no tardó en salir una pancarta en la que Obama tiraba de una cuerda que levantaba los brazos de los representantes de dichos países para que la vetaran, insistiendo en la confabulación  internacional permanente para que la revolución no triunfara, a pesar de sus palabras vacías de apoyo: «Dejadnos morir pero no nos mintáis», rezaba una de sus pancartas.

Kafranbel, liberada del dominio del régimen (salvo en lo que a bombardeos aéreos se refiere, pues el régimen sigue dominando el aire) desde 2012, ha sido durante meses el perfecto ejemplo de convivencia y coordinación entre la actividad civil y la actividad armada. Como bien decía Ahmad Jalal en una entrevista, lo que la gente ha de comprender es que, en la situación de revolución, la pluma y el fusil no son incompatibles, sino que se apoyan entre sí y trabajan en conjunto.

Esto no implica que no se hayan producido roces entre algunas autoridades militares y otras civiles en zonas liberadas. Muy sintomáticas de este problema fueron las manifestaciones contra los abusos militares que durante semanas se sucedieron en el barrio alepino de Bustan al-Qasr en enero y febrero de 2013, por las que el líder del Consejo Militar de la ciudad tuvo que excusarse 3.

En Kafranbel ese problema no se había dado, pero pocos podían imaginar que se daría uno mayor aún: la irrupción de los miembros del llamado Estado Islámico de Irak y Siria (Da’esh, según sus siglas en árabe), filial de Al Qaeda, en la ciudad, con el consiguiente destrozo de su centro de medios de información y el secuestro de algunos de sus activistas.

Este grupo, cuyo bastión principal es la ciudad de Raqqa, había sido denunciado por los activistas de la ciudad en varias ocasiones, haciendo hincapié en sus prácticas e ideología contrarrevolucionaria y su carácter fascista más que islamista. Estas acusaciones son fruto de acciones como la reducción a añicos de la estatua de la Virgen María de una de las iglesias (que también echaron abajo) de Raqqa (y que apareció dibujada totalmente reconstruida en una de las pancartas de Kafranbel acompañada de consignas que aseguraban que quienes atacaban a los cristianos no eran revolucionarios), la demolición de santuarios religiosos, el secuestro de activistas (al que recientemente se ha sumado su asesinato masivo en los centros de detención), periodistas nacionales e internacionales (como los españoles Javier Espinosa, Ricardo García Vilanova y Marc Marginedas), médicos voluntarios, y el enfrentamiento contra todo aquel que no comulga con su ideología retrógrada ni con el hecho de que este grupo ha aprovechado para instalarse en las zonas liberadas sin realmente enfrentarse al régimen sirio para seguir ganando terreno, estando más preocupado en la imposición de su visión de Estado. Destaca como manifestante diaria Souad Noueifel, que fue también atacada por promulgar la convivencia religiosa frente a la sede de Da’esh 4.

Situaciones como esta solo podían provocar en Kafranbel una reacción acusatoria: una pancarta en la que un soldado del Ejército Sirio Libre se enfrenta al régimen mientas un brazo identificado como miembro del Estado Islámico de Irak y Siria lo apuñala por la espalda 5. Esta pancarta se perfila como causa última de la irrupción de este grupo en la ciudad, añadiendo una gota que colmaría el vaso: Kafranbel es la línea roja de la revolución.

Desde entonces, el recientemente creado Frente de los Revolucionarios de Siria (quizá un intento de revivir el débil Ejército Sirio Libre) se ha enfrentado a este grupo hasta lograr expulsarlo de varios puntos de la provincia, mientras en Alepo grupos adscritos al Ejército Sirio Libre también mantenían frentes abiertos contra Da’esh. Llama la atención tal vez que grupos de corte más islamista no se unieran de primeras a la lucha, lo que hacía especular con una tácita complicidad; sin embargo, el asesinato bajo tortura de un comandante del Movimiento Ahrar al-Sham, uno de los principales miembros del llamado Ejército del Islam, paraguas que aúna a las más importantes brigadas islamistas sobre el terreno, fue clave para que, finalmente, el Ejército del Islam les declarara la guerra (aunque muchos activistas desconfían de ellos por considerarlos responsables del secuestro –no reclamado aún por nadie– de los reconocidos activistas de derechos humanos del damasceno barrio de Duma, Razan Zaitouneh, Samira Jalil, Nathim Hamadi y Wael Hammada).

Al verse acorralados, los mensajes Da’esh han sacado a relucir de boca de sus propios portavoces su carácter sectario, contrarrevolucionario, fascista y dictatorial, además de salvaje y violento (violencia que demuestra el hecho de que antes de abandonar algunas de sus sedes, como en puntos de Alepo y Raqqa, han matado a todos los detenidos que en ellas se encontraban). Según ellos, son víctimas de una conspiración como la sufrida en Irak (recordemos que este grupo nace a partir del Estado Islámico de Irak, la filial iraquí de Al Qaeda, y no como grupo local, lo que añade más rechazo por parte de la población siria, que los considera usurpadores arribistas, mientras que en el caso del Frente de Al-Nusra reconocen que en su mayoría, aunque compartan en gran medida el ideario con Da’esh, son sirios) cuando se crearon las milicias islámicas sahwat para contrarrestar a Al Qaeda, y apoyadas por potencias internacionales. No solo eso, sino que amenazaron con que, si se retiraban del frente, el régimen sirio bombardearía Alepo y acabaría con él, lo que permite preguntarse (y responder afirmativamente) si su presencia conviene a un régimen que por norma general no bombardea sus sedes y al que beneficia que el discurso internacional haya pasado de centrarse en su derrocamiento a focalizarse en la guerra contra el terrorismo.

Esta situación no supone una desviación de la lucha principal contra el régimen, porque si por algo se levantaron los sirios fue por la libertad y la dignidad frente al fascismo, venga de quien venga, pues «quien mata a su pueblo es un traidor» (como se repite en las manifestaciones desde el inicio).

Si una Kafranbel que ha verbalizado y dibujado el sentimiento de los sirios durante todo este tiempo, hasta el punto de llegar al nihilismo y el desencanto con el mundo completo con su archiconocida pancarta, nada menos que de 2011 («Abajo el régimen y la oposición, abajo las comunidades árabe e islámica, abajo el Consejo de Seguridad, abajo el mundo, abajo todo»), es violada, ello es motivo suficiente para iniciar lo que ha venido a llamarse una segunda revolución.

Es pronto para afirmar dónde llevará esta nueva situación, pero si algo ha quedado patente es que quienes aseguraban que Al Qaeda era la revolución se han quedado sin argumentos, pues esa Al Qaeda asegura ser ahora, como el régimen, víctima de una conspiración 6. Aún más, la ecuación “Asad o Al Qaeda” ha caído por su propio peso.

Naomí Ramírez Díaz

Categorized | Internacional

Protagonistas

Tomás Arrieta
Maixabel Lasa
Carlos Berzosa
Esteban Beltrán
Lurdes Imaz
Garbiñe Biurrun
Javier Moreno Luzón
Koldo Martinez
Tomás García Azcárate
Lourdes Oñederra
Mikel Reparaz
Virginijus Sinkevicius
Laia Serra
Gerardo Pisarello
Daniel Raventos
Daniel Innerarity
Yayo Herrero
María Eugenia Rodríguez Palop
Carlos Juárez
Helena Taberna
Pablo J. Martínez Osés
Koldo Unceta
Xabier Aierdi
Aitzpea Goenaga
Javier de Lucas
Ander Bergara
Garbiñe Biurrun
Pedro Santisteve
Marina Garcés
Carod Rovira
María Silvestre
Joao Pedro Stédile
Enrique Villareal "El Drogas"
José Luis Rodríguez García
Adela Asúa
Xabier Rubert de Ventós
Catarina Martins
Iñaki Gabilondo
Alberto Acosta
Victoria Camps
Lluís Torrens
Mario Rodríguez Vargas
Mikel Aizpuru
Marta Macho Stadler
Ramón Sáez Valcárcel
Frédéric Lordon
Xabier Vence
Carmen Gisasola
Paco Etxeberria
Cristina Narbona
Juan Calparsoro
Joaquim Bosch
Idoia Estornés
Iñigo Lamarca
Tarana Karim
Txema Urkijo
Dolores Juliano
Yayo Herrero
José Ignacio Lacasta
Gurutz Jáuregui
Silvia Gil
Ramón Barea
Daniel Cohn-Benditt
Ada Colau
José Manuel Naredo
Anna Freixas
Carlos Beristain
Carlos Berzosa
Manuela Carmena
Gloria Flórez Schneider
Paco Etxeberria
Cristina Narbona
Juan Calparsoro
Idoia Estornés
Iñigo Lamarca
Tarana Karim
Txema Urkijo
Dolores Juliano
Yayo Herrero
José Ignacio Lacasta
Gurutz Jáuregui
Silvia Gil
Ramón Barea
Daniel Cohn-Benditt
Ada Colau
José Manuel Naredo
Anna Freixas
Carlos Beristain
Carlos Berzosa
Manuela Carmena
Gloria Flórez Schneider
Txema García
Refugiados sirios: Mujer cocinando
"El instante decisivo" Iñaki Andrés
Sebastião Salgado
Sebastião Salgado
Sebastião Salgado
“LIKE”. Eduardo Nave
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
Fotografía de José Horna
Abrazo. Luna a Abdou
Playa del Tarajal, Ceuta
Txema García
Irene Singer, Argentina
"Homenage a Marcel Proust" Marisa Gutierrez Cabriada
Sueños Rotos
República del Alto Karabakh —Artsakh—, 06/10/2020
La larga espera
Shushi (República del Alto Karabakh —Artsakh—, 08/10/2020)
"Lemoniz", Mikel Alonso
Porteadoras
Txema García
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
Txema García
"El mal del país" José Blanco
"El origen del mundo" José Blanco
"Homenaje a Federico García Lorca" Marisa Gutierrez Cabriada
Cientificos-Volcán
La Palma 2021
Debekatutako armak
Shushi (Karabakh Garaiko errepublika —Artsakh—, 2020/19/08).
“JAZZ for TWO”, José Horna
Txema García
“LIKE”. Eduardo Nave
Sebastião Salgado
“JAZZ for TWO”, José Horna
Inmigrantes rescatados por salvamento marítimo
Fotografía de José Horna
Encaramado a la valla de Ceuta
Antonio Sempere
"El instante decisivo" Iñaki Andrés
Bonill, Ecuador
Zutik dirauena
Shushi (Karabakh Garaiko errepublika —Artsakh—, 2020/10/08)
Eugenia Nobati, Argentina
Canción de París
Jose Horna.
Metro de París
Jose Horna.
Alfredo Sabat, Argentina

Autores