Miradas desde Portugal: de la tormenta a la buena esperanza

 

Galde 36 – primavera/2022. João Barroso Soares.-

Hace algún tiempo recibí una honrosa invitación, escribir un texto para la revista “Galde” sobre la situación en Portugal. Una reflexión que, se suponía, pondría en primer plano el histórico entendimiento de la izquierda en 2015, entendimiento que estuvo vigente hasta el año pasado.  Sin embargo, en el último trimestre del año pasado, el rechazo a los presupuestos generales del Estado de 2022 por parte de los partidos con representación parlamentaria a la izquierda del Partido Socialista (PS) y el resultado de la elecciones legislativas que se produjeron tras ese rechazo a finales de enero de 2022, cambiaron mucho la situación política interna de Portugal. Cuando me la hicieron, inmediatamente acepte la invitación. Pero debido a los últimos acontecimientos, sobre todo en las últimas semanas, fui postergando la tarea. Hasta hoy, 16 de marzo de 2022, día en el que escribo estas líneas. Me pongo ahora manos a la obra, intentando expresar con claridad lo que pienso, a partir de mi propia experiencia.

Comienzo con algunas notas de carácter personal que pueden arrojar alguna luz sobre lo que tengo que decir y aquí intentaré trasmitir. Nací en 1949 en Lisboa. En un Portugal conservador y profundamente atrasado. Un país, el mío, que estuvo sometido durante más de cuarenta y cinco años a la más retrógrada e larga dictadura de derecha de Europa. Un país que en vísperas de la Revolución democrática del 25 de abril de 1974 tenía las más elevadas tasas de analfabetismo y mortalidad infantil de Europa. Un país sojuzgado por un dictador conservador y mezquino que dominaba nuestra tierra gracias a la policía política y a la férrea censura de la prensa.

El 25 de abril de 1974 produjo un cambio importante y decisivo en mi país. Se transformó, tras un periodo inicial de convulsiones políticas diversas, en un país libre, democrático y decidido a apostar en el modelo social europeo que adoptó. Y que incluso en algunos aspectos lo hizo avanzar.  Fue un proceso fascinante desde el inicio de la revolución en 1974. Influenció de cierta forma lo que ocurriría en la vecina España y también en la Grecia de la dictadura de los coroneles. España y Grecia siguieron con mucha atención lo que ocurrió en Portugal. Claro que hubo muchos percances, avances y retrocesos, pero el camino de la Libertad y de la democracia se fue realizando de forma sólida. Viví la revolución con mucho entusiasmo y emoción desde el “día inicial entero y limpio” como lo describió la poeta Sophia de Melo Breyner. Era un joven adulto apasionado desde la adolescencia por los ideales democráticos. Por razones casi genéticas, si se quiere. Mis abuelos paterno y materno hicieron el cursus honorum de prisiones, deportación y, uno de ellos, del exilio en la España de la República. En lo que les siguió los pasos mi padre, quien fue detenido por la policía política en dos ocasiones. Deportado a una colonia africana en 1968 y forzado al exilio en 1970. Yo tuve la suerte de que nunca me encarcelaran, pero intente siempre empeñarme en el combate democrático desde joven. Nunca fui, al contrario de lo que era común en mi generación en el movimiento estudiantil y no solo, comunista. De ninguno de los matices del movimiento comunista que tocó a mi generación y a algunas que le sucedieron. Ni comunista prosoviético, ni maoísta, ni trostkista. Tenía y tengo, muchos amigos que siguieron ese camino, pero no fue mi caso. Me atrevo a decir que leí en el momento adecuado a Orwel y Koestler y esa lectura me sirvió de vacuna. Después de 1974 hubo percances políticos diversos que configuraron lo que se denominó “proceso revolucionario en curso”. Hubo una confrontación seria y dura pero que no degeneró en violencia. Menos aún en una guerra civil, aunque anduvo cerca. El enfrentamiento fue fundamentalmente entre los partidario del modelo comunista del Este de Europa y los partidarios del modelo democrático y plural de Occidente. Con sectores extremistas en los dos lados.

El proceso revolucionario amainó a finales de 1975. Y Portugal se consolidó como una democracia política en la que los cambios se operan por la vía del voto democrático de los ciudadanos. Curiosamente, Portugal es uno de los pocos países que durante mucho tiempo después de la Revolución no tuvo siquiera la más mínima presencia de la extrema derecha en el parlamento. Y que también curiosamente mantuvo hasta las últimas elecciones legislativas una significativa representación en el parlamento del Partido Comunista Portugués (PCP). Asimismo, el PCP ha mantenido un peso significativo en el movimiento sindical. Un peso que ha sido positivo, de una forma prácticamente constante, para la democracia de nuestro país. Lo mismo se puede decir de la denominada extrema izquierda que también ha tenido una destacada presencia en el parlamento hasta las pasadas elecciones legislativas de enero de este año, aunque esta no cuenta con presencia sindical ni en los ayuntamientos. Pero con una presencia relevante en los medios de comunicación.

Las últimas elecciones, de enero de este año, han cambiado este estado de cosas de forma significativa. Por un lado, se produjo una mayoría absoluta del PS lo que garantiza una legislatura sin las fragilidades que provocaría la inexistencia de esa mayoría parlamentaria. Por otro lado, el PCP y la extrema izquierda, encarnada por el Bloco de Esquerda (BE) fuerza en la que confluyen ex trotskistas, maoístas y ex miembros del PCP disidentes, tuvieron una expresiva derrota que los dejo en una situación de irrelevancia política. Me atrevo a afirmar que las últimas elecciones castigaron a la extrema izquierda, PCP y BE, que estuvo en el origen de la caída del gobierno del PS debido a su voto contra los Presupuestos Generales del Estado. Pero también la derecha. Con excepción de la nueva derecha extremista y populista del partido Chega que creció de forma significativa. La derecha demócrata cristiana que hasta el surgimiento de los partidos Chega y de Iniciativa Liberal era la que se sentaba más a la derecha en los escaños del Parlamento de Portugal, el CDS, ha desaparecido de la asamblea de la República al quedarse sin representación en el parlamento nacional. Ha sido lo que en la jerga popular portuguesa se denomina todo un vuelco en nuestra vida nacional. Pero que en lo esencial no afectan al rumbo que seguimos prácticamente desde el inicio de la Revolución democrática de 1974. Y seguramente continuaremos.

CONTEXTO INTERNACIONAL NEGATIVO. El rumbo de un país progresista, pacífico y solidario que busca, a su ritmo, aproximarse a lo esencial de los valores de bienestar democrático de la Unión Europea. Con tolerancia y sin exclusiones. Pero, mientras tanto, se ha producido un nuevo y profundo cambio en el mundo de forma inesperada y, por consiguiente, imprevisible. El ataque de la Rusia de Putin a Ucrania. Un ataque que, en mi opinión, pone en causa los valores fundamentales de cooperación y diálogo pacífico en Europa y en el mundo de posguerra, fría y no fría. Este ataque, esta invasión, pone en causa la independencia  y la libertad de Ucrania, pero también la nuestra. Un ataque brutal, sangriento, que se hace bajo la negra sombra de la peor de la amenazas, la amenaza nuclear. Este es un dato nuevo que altera los equilibrios que de cierta forma se puede considerar que se originaron al final de la II Guerra Mundial. Altera el statu quo de paz que con una u otra amenaza menor se ha mantenido desde entonces. Y todo ello pese a los profundos cambios que provocó la estrepitosa caída del telón de acero.

Por motivos personales, relacionados con el trabajo parlamentario que desarrolle durante años en el ámbito de la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), pasé a conocer bastante bien el universo del este europeo. Los países que formaron parte de la URSS, de Yugoslavia y otros que sin formar parte de la URSS estuvieron en su órbita de influencia. Es un universo interesante al que, infelizmente, Occidente no ha dado mucha atención. Salvo aquella que tiene que ver con los intereses económicos, en concreto en materia de energía. Vladimir Putin y su acción totalmente condenable e inexplicable a la luz de una lógica de racionalidad pacífica, ha provocado una enorme convulsión en el marco en el que nos hemos movido desde hace mucho.

La cuestión esencial ahora y prioritaria, diría que única de momento, es encontrar la manera de poner fin a la guerra. Establecer condiciones para apartar, preferiblemente de forma definitiva la amenaza nuclear y crear un marco de diálogo. Este crimen cometido por Putin, con un poder absoluto sobre Rusia desde hace 22 años, ha tenido probablemente también para él consecuencias perversas, pero que a nosotros en Occidente, en mi opinión, nos pueden resultar benéficas. Se ha consolidado la solidaridad europea y el interés hacia la política de defensa, en concreto la relacionada con la OTAN. Ha fortalecido a la Unión Europea y dentro de esta la necesidad de tener una política de defensa y seguridad común sólida. Son datos nuevos, en mi opinión, muy positivos. En un contexto internacional que, por desgracia, es muy negativo, de los peores sino el peor desde la II Gran Guerra.

VOLVAMOS A MIRAR A PORTUGAL. El entendimiento entre la izquierda en Portugal cayó por tierra de forma estruendosa, no como consecuencia de la guerra de agresión de Putin a Ucrania. Cayó por razones que tienen que ver con visiones sectarias y maniqueas que una vez más han obnubilado a algunas fuerzas de izquierda. Lo que las han llevado a no distinguir lo esencial de lo accesorio. La terrible guerra de agresión de Putin a Ucrania ha agravado de forma dramática el destino de esas fuerzas políticas, el BE y el PCP. Parece que no han entendido, o lo han hecho demasiado tarde, lo que estaba en causa con la agresión criminal a un país soberano y libre. Debido a un reflejo pavloviano que provoca que algunos confundan la Federación Rusa con la antigua URSS.

A pesar de todo esto que ha cambiado profundamente el marco político en Portugal en los últimos tiempos, estoy orgulloso de la aportación que intenté dar a la construcción de ese entendimiento de izquierda en mi tierra, Portugal. Estoy orgulloso de los resultados de ese entendimiento. Un entendimiento que se inició en Lisboa, la capital, a finales de los años ochenta del siglo pasado. Ese trabajo de cooperación en el seno de la izquierda fue histórico pues supuso el rechazo a la discriminación negativa y al bloqueo discriminatorio de fuerzas políticas, sea cual fuere su origen ideológico. Es ese el camino en el que creo que, con las lecciones del presente muy vivas,  debemos continuar a recorrer. En Portugal, claro. Y también en Europa y en el mundo para reconquistar la Paz y el respeto por la independencia y la libertad de los países y los pueblos. Siendo fieles, si se me permite el orgullo, al espíritu y al ejemplo de la Revolución Democrática y pacífica del 25 de abril de 1974. Revolución que, al igual que los navegantes quinientistas, transformó el Cabo de las Tormentas en el Cabo de Buena Esperanza. Doblemos juntos este nuevo cabo que nos pone ante una tormenta inesperada y construyamos de forma solidaria la Buena Esperanza de la Paz y la Solidaridad.

João Barroso Soares
Editor literario y político portugués

Categorized | Internacional, Política

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