Las pérdidas y los daños que se alcanzaron en la COP27

 

Galde 39, negua 2023 invierno. Javier Andaluz Prieto.-

Un año más se celebra la cumbre del clima, tras varias convocatorias europeas abandona el continente para aterrizar en Egipto en el gran resort turístico de Sharm el Sheikh. Un modelo de turismo insostenible y devorador en energía y materiales que ya deja claro lo poco que importará este año para la presidencia de la COP27 la reducción de las emisiones. Un despropósito que queda aún más claro al admitir a empresas como Coca Cola, la mayor productora mundial de envases de plástico, como patrocinadores oficiales de la cumbre.

Nuevamente el país anfitrión de la cumbre pone en muy difícil situación a cientos de activistas que se ven obligados a tragar con un lavado verde que desvirtúa las negociaciones y el objetivo con el que fueron pensadas estas dos semanas de encuentros climáticos anuales.

Este lugar perdido en la península del Sinai, era sin duda una de las mejores opciones del gobierno egipcio. Ofrece enormes ventajas para crear una burbuja donde separar a las activistas climáticas de la población a la que el régimen de Al Sisi dirige con mano de hierro. Fue mucho el empeño egipcio en ocultar las protestas que dentro de la COP27 denunciaban los cientos de detenciones ilícitas a activistas o la redada con más de 800 detenidos por la convocatoria internacional del 12 de noviembre. Sin embargo, la presencia de activistas no fue nada cómoda para el régimen militar de Al Sisi, pues las protestas sobre la falta de derechos en Egipto han llegado a los titulares de grandes periódicos. Aunque ya sabemos que, al irse los focos, se fue también la atención mediática y la persecución continúa.

En este clima, resultó imposible generar un espacio de encuentro alternativo que permitiese aumentar la presión en las negociaciones. Por el contrario, si siguieron viéndose en las negociaciones decenas de pabellones y cientos de encuentros, charlas o talleres, que convierten parte del espacio de las negociaciones en una exhibición. Esta feria de eventos surgida hace relativamente pocas convocatorias ha ido incrementando el espacio que ocupa y el número de actividades. En ellas se mezclan desde las propuestas de la sociedad civil y de los países hasta el lavado verde de muchas empresas. Sin embargo, son un mero entretenimiento que está distrayendo a responsables políticos, a medios de comunicación y otros agentes del verdadero propósito del encuentro, alcanzar acuerdos. Cada vez son más las voces que cuestionan la necesidad de esos espacios, que ven como las negociaciones se hacen más lentas y menos efectivas, mientras los lideres mundiales pierden el tiempo en propaganda.

Las cumbres se convierten en el espacio para hacer de altavoz a la voz de muchas comunidades que están siendo agredidas por un sistema depredador. Estas cumbres constituyen un espacio de coordinación internacional entre las muchas organizaciones climáticas, estableciendo redes de solidaridad y propuestas conjuntas, donde se denuncian las falsas soluciones y el lavado. Sin embargo, abunda cada vez más un cierto postureo climático en la presencia y opinión de gente que desconoce el marco de negociaciones y solo le interesa estas cumbres para hacer promoción de sus productos o de sus personas. Lo que desvía la atención a las decenas de personas que como la delegación de Ecologistas en Acción 1 que a la COP27, que hacen un trabajo muy riguroso para trasladar las exigencias de la sociedad civil y frenar las malas artes de los cientos de lobistas fósiles. Unos intereses que siguen estando muy presentes, este año se han contado más de 600 lobistas fósiles. A pesar de las numerosas críticas año tras año, sigue sin aprobarse un régimen de incompatibilidades que expulse los intereses fósiles de las negociaciones.

Una vez cerrado en Glasgow lo que quedaba pendiente para empezar a aplicar el Acuerdo de París, estas próximas cumbres deben de servir para forzar al cumplimiento de los compromisos de los países a través de la creación y mejora de mecanismos internacionales de lucha climática. Esta importante tarea depende enormemente de la capacidad negociadora de la presidencia de la cumbre. En este caso la presidencia egipcia pasará por saltarse los procedimientos oficiales y retrasar gravemente el proceso. Prueba de ello, es como la primera propuesta de la presidencia que se esperaba el lunes de la segunda semana se retrasase varios días y fuese transformada en una simple lista de puntos a incluir en vez de un texto de negociación. No resulta extraño, sino milagroso, que con esos tiempos se alcanzase un cierre de la COP27 in extremis la madrugada del domingo.

El encuentro en Sharm el Sheikh comenzaba con las declaraciones de los principales lideres políticos. Nuevamente se escuchaba a países como Vanuatu y Tuvalu denunciar la pasividad de la comunidad internacional en la desaparición de sus países como consecuencia de un cambio climático que ellos no han provocado. Los eventos meteorológicos catastróficos vividos este año han reforzado que este tema fuera central en esta cumbre egipcia, y así ha sido.

Meses antes de llegar a Egipto las grandes plataformas de la sociedad civil (ecologistas, género e indígenas) exigían la creación de un instrumento financiero permanente para abordar las pérdidas y los daños. También era unánime la voz de los 135 países reunidos en torno al G7+China exigiendo la creación de este fondo. Pero encontraba las reticencias de los países del Norte global y en esas discusiones la COP27 estuvo perdida durante días. De un lado la Unión Europea insistía en que la creación de un fondo específico tardará años, proponiendo usar mecanismos ya existentes. Una propuesta que se bloqueaba ante la necesidad de los países de un reconocimiento explícito a una financiación adicional para las pérdidas y los daños. Ante lo que la UE continúo aleccionando sobre cuáles son los mejores mecanismos y recordaba su papel como máximo financiador.

Una posición europea que permitió, que países muy responsables de la crisis climática como Estados Unidos se escondieran para no responder al continuo bloque que han realizado sobre la aprobación de nuevas financiaciones. Más preocupantes son las palabras de Biden que desviando su responsabilidad como país apelaba a que el dinero estaba en las empresas privadas. Una peligrosa afirmación que abre a grandes empresas mecanismos de solidaridad entre países, posicionándolas al mismo nivel que los estados, perpetuando su situación de poder y permitiendo que hagan trampas con las contabilidades de carbono. Unas palabras que muestran la incapacidad de los países de poner límites a las grandes empresas y al capitalismo, de establecer leyes de protección climática e instrumentos fiscales para que quien contamine pague.

Finalmente, la COP27 aprueba el compromiso de la creación de un fondo para las pérdidas y los daños, pero aún queda casi todo por definir. La presión de la sociedad civil hacía muy difícil salir de la cumbre sin esa promesa, sin embargo, ese éxito sigue sabiendo agrio. Las grandes discusiones apenas se cristalizan en acuerdos que hagan avanzar este fondo. Se inicia así una nueva hoja de ruta para continuar las discusiones para definir quién y cómo se pone el dinero, qué cosas va a financiar o cómo se gestionará ese fondo. Esta cumbre agranda la desconfianza entre los países de que se alcance el cumplimiento de estos compromisos de financiación, entre ellos, los 100.000 millones de euros prometidos para 2020.

No se esperaba que Egipto, quinto exportador de gas y petróleo africano, avanzara significativamente en la eliminación de los combustibles fósiles, pero si se esperaba que se incluyera una mención específica a la necesaria desinversión de todos los combustibles fósiles o asumir la necesidad de ajustarse a las indicaciones científicas. Aunque se pararon las pretensiones de mencionar el gas como una energía de transición, no se avanzó ningún paso. Ni tan siquiera le hizo torcer el brazo a la presidencia egipcia la puesta en escena del Comisario Europeo Timmermans anunciando que si no había avances significativos en este sentido abandonarían las negociaciones.

Egipto se convirtió también en un lugar de negocios insostenibles que pretenden promocionarse como verdes. Entre ellos el presidente francés Macron, quien en un paternalismo propio de una potencia colonizadora se felicitaba por la creación de acuerdos con países como Namibia para la fabricación de hidrógeno verde. Más allá de los enormes problemas de esta tecnología, hay que señalar que en un país en el que solo el 40% de la población rural tiene acceso a la electricidad, parece que lo más razonable es usar las renovables para dar acceso a esa electricidad a la población y no para producir ingentes cantidades de hidrógeno verde a Europa.

Este colonialismo energético, verde o fósil, en el que lleva años basándose la economía global es uno de los problemas al que hacer frente en las conversaciones climática. Pero esta cumbre no ha dado ningún paso adicional en ese sentido, se ha limitado a repetir lo que ya se había pactado anteriormente. Si en Egipto ha sido difícil que se reconozca el causante principal del problema climático, la pelea el próximo año en Dubái será seguramente aún más dura.

La necesidad de pactar por consenso todos los textos de la COP está poniendo en enorme riesgo la credibilidad y la efectividad de la lucha climática. Desde 1990 los gobiernos han sido incapaces de cerrar un artículo de las normas de procedimiento que permitiera votar en las negociaciones. Un vacío que, entre otras, da un enorme poder a países productores de petróleo, que se han negado a cualquier mención a su fuente principal de ingresos, la venta de hidrocarburos. También, imposibilita que haya una reparación de los daños del norte al sur por el bloqueo de países que se niegan a sumir su responsabilidad histórica.

Si algo ha dejado claro esta COP27 es que el mundo de la década de los 90 en el que se basan estos acuerdos ha caducado, el mundo es otro y el sistema ha fracasado. Una muestra es China que se ha convertido en la fábrica del mundo occidental mientras persisten enormes desigualdades internas. Un país que hoy se ha convertido en uno de los más emisores y que debe afrontar también cambios estructurales, sin embargo, en lugar de afrontar esa nueva situación critica la creación de mecanismos de pagos climáticos en frontera. Quizá ha llegado la hora de asumir que el precio del consenso es un retraso de medidas efectivas que no nos podemos permitir. Tal vez, asumir la creación de un mundo a dos velocidades, nos puede permitir trazar una línea que separe a quienes si están dispuestos a afrontar la emergencia climática y quienes escurren el bulto y bloquean cualquier avance.

Lo cierto es que las negociaciones siguen caminado a paso de caracol cuando lo necesario son pasos de gigante. Ante esa frustración, cabe recordar que estos encuentros son el resultado de los diversos gobiernos, los cuales en sus propios países siguen sin tomar las medidas necesarias, y es precisamente ahí donde queda mucho por hacer. Vale la pena seguir reclamando que las cubres del clima son nuestro espacio y no el de los fósiles. Seguir exigiendo a los gobiernos nacionales, regionales y locales que hagan cambios y continuar la lucha local para articular movimientos y redes capaces de impulsar cambios sociales, económicos y políticos que pongan en el centro la preservación del planeta es la palanca de cambio para que las cumbres cambien.

Javier Andaluz Prieto.
Coordinador de clima y energía en Ecologistas en Acción.

Notes:

  1. Sirva para agradecer el trabajo de las compañeras sin las que este análisis no hubiera sido posible: Ana Aldarias, Sara Bourehiyi, Marina Gros, Marta García Pallares, Marta Monasterio e Irene Rubiera.

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