Internacional: Cabo Delgado un rincón olvidado

 

Galde 39, negua 2023 invierno. David Pérez de Unzueta.-

En el norte de Mozambique se está iniciando uno de los proyectos de gas natural licuado más grandes del mundo 

El centro de salud de Impiri, un pueblo del distrito de Balama, en la provincia de Cabo Delgado, es un edificio no muy antiguo, pero con signos de cierto deterioro. A pesar del aspecto desvencijado, bulle de actividad, principalmente se ven mujeres llevando a sus bebes en brazos, o en la espalda, muchas de ellas esperan pacientemente sentadas debajo del enorme árbol de mango. Muchos de los niños lloran, otros duermen o simplemente juegan enredados en las «capulanas» que usan sus madres para cargarlos. Esas mismas telas que sirven de coloridos vestidos a las mujeres mozambicanas. Hasta ahí podía ser la foto de uno de los muchos centros de salud de Mozambique, pero si uno se fija un poco más, se ve una sutil diferencia y es que entre las mujeres hay una separación, unas son Makondes y otras Makua. Estas son dos etnias de las muchas que existen en Mozambique, ambos pueblos son originarios del norte, concretamente de la provincia de Cabo Delgado.

Fijándose de nuevo en las mujeres del centro de salud, la mayor diferencia es la lengua, cada una habla la suya propia, siendo ambas muy diferentes entre sí, lo que hace muy difícil la comunicación. Cabría pensar que el portugués, como lengua oficial de Mozambique, podría solventar estos problemas de comunicación, pero es una lengua poco utilizada en las zonas rurales y mucho menos entre las mujeres, pues en numerosas zonas de la provincia de Cabo Delgado la tasa de analfabetismo entre las mujeres alcanza el 70%. Este dato se suma a otros indicadores como una alta tasa de VIH, desnutrición infantil o violencia de género que afectan de manera aguda a la región.

Lo curioso de los grupos de mujeres del centro de salud de Impiri, es que el grupo de las Makonde no son de la localidad, viven allí como desplazadas junto con sus familias. Este grupo de personas vienen huyendo de la zona de Mueda, otro distrito al norte de la provincia de Cabo Delgado. Son casi un millón de personas desplazadas internamente en toda la provincia que alcanzan también la provincia sureña de Nanmpula. Este desplazamiento viene provocado por el grave estallido de violencia que se produjo en la región en 2017 y que a finales de 2022 está todavía lejos de resolverse.

Se trata de un conflicto complejo, cuyo origen apunta a la radicalización religiosa de grupos locales, con una influencia de Al-Shabaab en un inicio y del Estado Islámico posteriormente. Desde el comienzo, los ataques se centraron en objetivos gubernamentales, para posteriormente incluir objetivos civiles y tomando un cariz religioso, poniendo como objetivo a la población no musulmana.

Como sucede en los conflictos complejos, no basta con analizar una sola causa del origen. El caso de Cabo Delgado, sucede que es una de las provincias con mayor desigualdad de todo Mozambique, donde las condiciones de vida, antes del estallido de violencia, ya eran difíciles y duras. Ese contexto ha favorecido que parte de la población pasase a engordar las filas del grupo armado.

El perfil de los nuevos combatientes es muy diverso, sin embargo, uno de los rasgos que se repite es el de joven con un futuro carente oportunidades laborales y de desarrollo personal, en una zona del país con una tasa desempleo muy alta y con indicadores altos de pobreza endémica. Pero no es el único perfil, también se han alistado antiguos pescadores de la zona de Mocimboa da Praia o de la zona de Palma, así como un sinfín de personas que no ven alternativa viable para tener un proyecto de vida digno. Parte de la población de Mocimboa, en concreto, se vio desplazada por parte del gobierno, junto con miles de personas de la zona de Afungi. Esta zona tiene especial importancia puesto que allí se descubrió uno de los yacimientos más grandes de gas natural licuado (GNL), concretamente las terceras mayores reservas de África, después de Nigeria y Argelia, y donde tienen presencia compañías petroleras internacionales. El gobierno no dudó en realizar movimientos forzados de la población local sin plantear una alternativa viable.

A lo largo del tiempo el grupo denominado como insurgente, por el gobierno mozambicano, ha tenido cierto respaldo ciudadano, sobre todo en un inicio donde los objetivos eran meramente gubernamentales. Con el tiempo ese apoyo desapareció y la población comenzó a huir de la zona más septentrional de la provincia hacia el sur, para escapar de los ataques indiscriminados.

Una buena prueba de esto se vio en la batalla de la ciudad de Palma, en marzo de 2021, donde se calcula que más de 10.000 personas huyeron a través del sotobosque y de la espesa vegetación que gobierna la región. Muchas de las personas que emprendieron la huida deambulando durante días sin agua ni comida por el denominado «mato» hasta llegar a zonas seguras, donde muchos se organizaron en campos de desplazados internos, gran cantidad de ellos de manera irregular.

En dicha batalla, las fuerzas integristas, consiguieron tomar la ciudad, al mismo tiempo que mantenían el control de varias localidades de la zona norte del distrito de Mocimboa da Praia. En la batalla el ejército del país, mal adiestrado y carente de suficiente equipamiento, fue sobrepasado en número y armamento, no suponiendo una gran resistencia a los atacantes.

Este hecho, de la toma de Palma, resultó determinante en el devenir del conflicto, pues hizo que los países de la región aumentasen el envío de tropas, dentro de la misión de SADC (Comunidad de Desarrollo de África Austral). Los países que más se implicaron fueron Sudáfrica, Tanzania, Botsuana y Zambia, junto con la participación de Ruanda, país no perteneciente a la organización.

Estos nuevos contingentes de soldados, con un mayor y mejor equipamiento, y tropas mejor adiestradas, recapturaron la ciudad de Palma, y las localidades tomadas por el grupo insurgente, capturando y matando a muchos de los combatientes, y obligando al grupo a adentrase en el interior de la frondosa vegetación, haciendo que el conflicto pasase a una nueva fase, una donde los grupos armados tienen una mayor movilidad y utilizan la técnica de golpear y huir. Consiste en realizar ataques muy rápidos en una zona concreta y desaparecer sin dar tiempo a las fuerzas militares a dar respuesta. Este hecho derivó en que los ataques se diesen en numerosas zonas e hizo aumentar el número de desplazados.

Desde un inicio, el gobierno solo adoptó la estrategia militar como única manera de derrotar al grupo integrista, dejando de lado cualquier tipo de medida que aliviase la situación de la población local y evitase que muchos jóvenes y no tan jóvenes se alistasen en las filas del Estado Islámico. Son numerosas las detenciones y bajas causadas por las fuerzas militares, pero el conflicto lejos de terminar se sigue ampliando, alcanzando cada vez lugares más al sur de la provincia, registrándose ataques incluso en las provincias limítrofes.

A mediados de 2022, el gobierno, tras asegurar algunas zonas de la costa norte, a base de presencia masiva de militares, comenzó con la reubicación de personas desplazadas. Esta situación coincide con las intenciones de las petroleras internacionales de reanudar la explotación del campo de Afungi, teniendo en cuenta la situación intencional de la energía y del precio que alcanza el GNL.

El conflicto, también se ha llevado por delante gran parte de la industria turística de la región, que cuenta con numerosos atractivos como son parques naturales y zonas de costa, donde recibían mucho turismo nacional como internacional. Esta situación no hace sino empeorar las posibilidades de desarrollo de la población local.

Desde el punto de vista humanitario, es notable el aumento de ONGs internacionales, que se han sumado a las ya presentes en la región, que venían trabajando en la depauperada situación de Cabo Delgado, con programas de desarrollo. Son muchas las organizaciones que trabajan directamente con la población desplazada, en los campos o en las ciudades y pueblos. La situación de seguridad es un aspecto que se debe revisar diariamente, pues la naturaleza del conflicto hace que la situación de los y las cooperantes sea muy volátil.

La situación de Cabo Delgado, a pesar de que ya son más de cinco los años desde que comenzó el conflicto, no ofrece ninguna garantía de solución al menos a corto plazo. Es un conflicto que apenas sale en los medios y del que poco se sabe. Se trata de una crisis humanitaria, con raíces complejas donde existen multitud de intereses de uno y de otro lado que muchas veces no son fáciles de ver a simple vista, y donde es la gente de a pie quien nuevamente paga las consecuencias y es la que ve arrebatado su presente y su futuro.

 

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