Entrevista a Lourdes Oñederra

 

 

 

Galde 33 uda/2021/verano. Entrevista a Lourdes Oñederra realizada por Miren Ortubay y Antonio Duplá.- 

Lourdes Oñederra es lingüista, fonóloga por más señas, catedrática de Filología Vasca (UPV/EHU), académica de número de Euskaltzaindia y escritora (Premio Euskadi 2000), además de miembro del grupo fundador de Galde. Donostiarra de pro que vive muy a gusto en Vitoria-Gasteiz, ciclista urbana desde hace décadas, amante de gatos y perros, aparece con cierta regularidad en la prensa. La última vez ha sido con ocasión de un artículo colectivo sobre la política lingüística y los perfiles, motivo que nos ha parecido más que suficiente para tener una conversación con ella sobre ese y otros temas igualmente interesantes.

Miren Ortubay y Antonio Duplá – Tu nombre aparecía recientemente en la prensa como firmante, junto a otros profesores y profesoras de la UPV/EHU, de un artículo sobre la política lingüística y, en concreto, la reforma de los perfiles (EL DIARIO VASCO / EL CORREO 24/04/21). El título del manifiesto aboga por una política lingüística sensata y habláis de que el futuro del euskera, y la sociedad vasca, requieren una política equilibrada, realista y que concite un amplio consenso. ¿Podrías comentar cuál es vuestra intención con ese artículo?

Creo que el título del manifiesto base de ese artículo (“Hizkuntza politika orekatu, errealista eta adostasun zabaleko baten alde”/ ”Política lingüística: equilibrio, realismo y consenso“) expresa exactamente nuestra intención al publicarlo. Es muy importante ser realista para conseguir objetivos, sobre todo cuando (como en este caso) el objetivo es difícil. Hay que buscar el equilibrio en una sociedad plural tanto lingüística como ideológicamente. Se trata de dos planos que hay que distinguir porque no son necesariamente paralelos. Por poner ejemplos extremos, hay quien sabe euskera pero no lo considera prioritario y piensa que no es la única lengua de aquí y, por otra parte, hay quien, aun sin dominar el euskera, considera que el castellano es aquí secundario o, incluso, ilegítimo. Y, dada la dificultad de avanzar en terreno tan complejo (lo simple es el monolingüismo), el mínimo consenso es imprescindible. Nuestro deseo profundo es un buen futuro de convivencia lingüística. Es la mejor manera de asegurar el bien de la lengua más débil.

– En ese artículo, aludiendo a la figura del o de la «belarriprest» de Euskaraldia, apuntáis el interés de que el conocimiento pasivo del euskera tenga un reconocimiento institucional en la política de perfiles, para aportar una mayor y mejor flexibilidad a esa política. Pese a lo sensato, y realista, que pueda parecer la propuesta, ¿por qué levanta tanta oposición en la mayoría del mundo euskaltzale?, ¿se ve como una concesión inaceptable?

La verdad es que no termino de entenderlo. Supongo que las causas son muchas. Yo llevo mucho tiempo pregonándolo siempre que tengo la oportunidad y ante personas de distintas sensibilidades. Nunca he tenido demasiado éxito, por lo que estoy encantada con que estos colegas (que tanto respeto) lo defiendan. Una de las razones para no acabar de verlo es la novedad. El que el Euskaraldia lo haya presentado como uno de sus tipos y que la gente haya respondido poniéndose esa chapa le ha dado cierta apariencia de verosimilitud. Pero, en general, nos cuesta imaginarnos hablando en una lengua y que se nos pueda responder en otra. Yo creo que habría que lanzarse. Al fin y al cabo muchas de las características de la recuperación sociológica del euskera son originales, únicas y nuevas. Posiblemente otra de las fuentes de dificultad de la propuesta es el miedo a que dar reconocimiento oficial a la capacidad de entender euskera sin hablarlo supusiera la aceptación de conversaciones bilingües como práctica suficiente y, por lo tanto, del castellano como opción de habla tan válida como el euskera. Creo que grandes sectores de nuestra sociedad tienen dificultades para aceptar esa idea. Subrayaría la palabra idea, porque creo que es un asunto de posicionamiento ideológico. La figura “belarriprest” se concibe como un paso previo al uso activo del euskera, algo que ha de llevar al siguiente paso. Lo que yo propongo es que se reconozca mediante título válido, por ejemplo, para ciertos puestos de trabajo el que alguien entienda la lengua sin obligación de hablarla. Si algún día quiere y puede, pues fenomenal.

– Hacéis también una mención final a facilitar la convivencia en «la sociedad vasca realmente existente». De alguna manera se podría entender que estáis diciendo que la política lingüística se ha planteado en los últimos tiempos sin tener en cuenta esa «sociedad vasca realmente existente». ¿Se ha guiado por planteamientos voluntaristas, por una excesiva prisa por defender y promover el euskera, por prejuicios ideológico-lingüísticos, por…?

Hay que reconocer que la recuperación del euskera a partir de los últimos años 60 y, sobre todo, una vez muerto Franco, con la oficialización (y la estandarización, que también arranca en los 60) ha sido tan tremenda en términos sociológicos y puramente lingüísticos, que más que recuperación ha sido una auténtica revitalización. Ahora está mejor que antes del franquismo… Estamos hablando de la comunidad autónoma del País Vasco, claro. La cosa no está tan clara en otros territorios. Y, dentro de Euskadi, también hay peligro de retroceso si las cosas no se hacen bien. Una lengua minoritaria respecto a otra u otras nunca está segura. Ahora que ha pasado un tiempo habría que releer lo que se ha hecho hasta ahora, para avanzar de la mejor manera posible. Ni el triunfalismo por lo conseguido, que es mucho, ni el victimismo (pocas lenguas minoritarias tendrán las ventajas conseguidas aquí para el euskera) nos llevarán muy lejos. El ritmo, desde luego, tendría que serenarse. Como lingüista me preocupa la rápida castellanización del euskera, paradójicamente, ahora que está en su mejor situación histórica. Desaparecen los hablantes monolingües. En ese terreno, si quien no quiere o puede hablarlo lo entendiera, se reduciría la actual necesidad de traducciones ultra rápidas y masivas; tampoco habría tanta presión para que se lanzaran a hablarlo quienes no pueden hacer mucho más que traducir del castellano sobre la marcha. Discutir estas cosas no es muy popular, pero creo que es necesario para una mejor convivencia y por el bien de la lengua. Aquí hay y habrá mucha gente que nunca aprenderá euskera como para desenvolverse bien. Organizar cursos para aprender a entender euskera animaría a quien ha pasado años sin conseguir hablarlo para expresarse como un adulto, dar título a quien acredite el correspondiente nivel de comprensión podría motivar para acercarse al euskera… Hay que dar vías a más gente y, con ello, al euskera.

– En un país que desde tiempos bastante remotos, presumiblemente ya desde época prerromana, ha sido un espacio no ya bilingüe, sino incluso plurilingüe, ¿por qué hay tantas dificultades para asumir con naturalidad un estatus bilingüe, para aceptar el castellano como otra lengua de aquí, para aceptar la cultura vasca, la literatura, la música, como una cultura cuando menos con dos lenguas? ¿No se abusa de un reduccionismo que identifica al castellano con el franquismo y la derecha y se le hace culpable (¡a la lengua!) de la minorización del euskera?

Totalmente de acuerdo. A mí, cuando oigo a un padre o una madre joven jactarse de que sus niños o niñas no hablan más que euskera, me entran ganas de llorar. Me suele costar creerlo, porque tendrían que vivir aislados en lo alto de un monte para que eso fuera posible, pero en comunidades pequeñas tal vez sea así… ¡Con lo fácil (y natural) que es criarse con más de una lengua! Creo que más que un monolingüismo real consiguen uno de espíritu, que es lo más triste. Parece que no hemos aprendido mucho de aquellos tiempos en los que, por hablar euskera, nos decían que habláramos en cristiano. Además, con actitudes cerradas, las lenguas minoritarias llevan las de perder a largo plazo; más cuando se trata de una lengua tan difícil (por distinta) de aprender como el euskera para un o una castellano-hablante.

– Siguiendo con el mundo del euskera, pero en otro plano, eres miembro de número de Euskaltzaindia-Real Academia de la Lengua Vasca y coordinadora de su Comisión de pronunciación (Ahoskera batzordea). ¿Se supone que las funciones de esta institución serían también las «limpiar, fijar y dar esplendor» (lema de la RAE), pero aplicado al euskera o la situación diametralmente distinta de ambas lenguas impone otras tareas?

El de la pronunciación es un trabajo muy interesante para una fonóloga, que es lo que soy, pero particularmente difícil en el caso del euskera, porque es una lengua muy recientemente estandarizada (aún estamos casi empezando con la estandarización de la pronunciación) y, sobre todo, porque es una lengua que prácticamente no ha tenido uso formal durante siglos y siglos. Precisamente el nivel formal, el de los usos públicos, el de discursos oficiales y académicos, etc. es el que suele estar más normativizado y el único que se puede someter a normas en el plano oral. En nuestro caso, nos afanamos en limpiar y dar esplendor, pero, en cuanto a fijar, la tarea es menor; dada su historia de lengua restringida al entorno doméstico y más popular, la lengua no ha desarrollado los distintos registros que solamente le puede dar un uso social más amplio y normalizado, es decir que el euskera se use más en distintos entornos, con más normalidad y salvaguardando lo más posible su calidad. Por eso es muy importante hacer las cosas sin precipitarnos para garantizar un buen futuro.

– Por cierto, la última académica de número de la RAE es una antigua profesora de la UPV/EHU, Paloma Díaz Mas. En Euskaltzaindia hay en este momento seis mujeres de un total de 27 miembros de número y, al parecer, en algunos de los últimos ingresos candidatas femeninas con curricula sobresalientes han resultado derrotadas por candidatos masculinos. ¿Cómo ves esa situación?

Me llevé una alegría grande cuando eligieron a Paloma, que es colega de nuestra Facultad de Letras, y porque vaya a haber una mujer más en la RAE. También en Euskaltzaindia la última ceremonia de ingreso ha correspondido a una mujer, Miriam Urkia. Quise pensar que era un cambio de rumbo, pero no. Posteriormente se ha vuelto a elegir a un hombre por Navarra frente a Paula Casares, que se añade a la lista de figuras femeninas de tanto peso en el mundo del euskera, la lingüística y la literatura como Itziar Laka, Blanca Urgell, Karmele Jaio cuya propuesta fue tumbada frente a la de un varón. Es muy llamativo, porque no estamos hablando de tiempos inmemoriales, sino de épocas muy recientes y, varias de ellas, posteriores a declaraciones a favor de la igualdad hechas por la propia Euskaltzaindia. Es una pena. Me temo que han pesado otro tipo de razones más oscuras que tienen que ver con el reparto de poder en la institución, pero tal vez es simplemente mal perder por mi parte.

– En otro orden de cosas, eres miembro del patronato de la Fundación Fernando Buesa y también de la asociación Gogoan-Por una memoria digna. En relación con el terrorismo, felizmente superado, y de las víctimas y la perspectiva de una convivencia normalizada, se habla mucho últimamente de la «batalla del relato». ¿Qué importancia crees que tiene este tema para alcanzar esa nueva convivencia tan deseada después de lo sucedido en nuestra historia reciente? Las voces al respecto son bastante dispares, ¿no?

La disparidad corresponde a los distintos lados del tablero político, ¿verdad? Personalmente me parece mucho menos interesante, por más trillado y casi repetitivo, ese plano. Me interesa, en cambio, mucho el relato colectivo visto como suma de los relatos individuales, de cómo ha vivido cada cual la historia. Y, dentro de eso, la parte que más me interesa (seguramente por que, al ser la más cercana, es la que más me interpela) es la de esa grandísima proporción de nuestra sociedad que vivió los años de actividad de ETA como si nada pasara, o casi, es decir ignorando el asunto todo lo que les era posible dentro de las circunstancias cotidianas de cada cual, viviendo como si la cosa no tuviera nada que ver con ellas, con ellos. Era algo que envolvía todo, tanto los abusos policiales, como las acciones de ETA, como las torturas. Vivíamos en una sociedad relativamente cómoda y, a no ser que ocurriera algo en la calle por la que pasabas, mientras hubiera bares abiertos, la vida seguía. Que eso funcionara así y durante tanto tiempo es una perversión de la que fuimos parte. Nuestra convivencia actual en gran medida sigue siendo consecuencia de aquello. Estoy generalizando y hay distintos subgrupos ahí y habría que matizar…, precisamente eso me parece imprescindible, que cada una, cada uno haga su relato: de qué se acuerda, de qué no. Hablamos del futuro, de las siguientes generaciones, pero primero hemos de sanar quienes vivimos aquello. Se repite aquí y allá que hay que recordar para que no se repita la historia. Posiblemente es un planteamiento demasiado mecánico. Las historias se repiten adoptando formas distintas, si no se profundiza en el recuerdo y, para eso, es imprescindible la labor introspectiva de cada individuo. En este terreno no importa tanto, tal vez no tiene ni demasiado interés, si se impone el relato de un grupo político u otro (que puede ser injusto y dañino si no es cierto en el plano de la Historia). Lo esencial es la revisión interna de cada una, cada uno de nosotros, idealmente para exteriorizarlo, sacarlo, compartirlo en la medida en la cada cual pueda. Solamente así nos limpiaremos. No puede sanar una sociedad sin que sanen los individuos que la componen. Creo que eso sí es algo que debemos a las siguientes generaciones, a nosotras mismas y, por supuesto, a las víctimas.

– Precisamente estos últimos días casi han coincidido en Vitoria-Gasteiz la inauguración del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo y la agresión a un joven concejal del PP en la calle Cuchillería, espacio tradicionalmente asociado en buena medida a la izquierda abertzale y a su propaganda. Esta izquierda abertzale, que por una parte ha criticado duramente al Memorial, por otra se ha desvinculado de la condena unánime de la agresión en la Cuchi por parte de los grupos municipales. ¿Sería esto una muestra concreta del camino que queda por recorrer hacia la necesaria «normalización»?

Es uno de los muchos ejemplos, ¿no? Lo bueno que tiene es su visibilidad. Sin quitarle ninguna importancia a lo ocurrido, que me parece inadmisible y brutal, me preocupa más lo que no se ve, eso de lo que estábamos hablando ahora, la perpetuación del silencio, eso que permite opinar que “ahora que no matan, para qué liarnos a hablar del pasado”. ¡Es tan cómodo, pero hace tanto daño! Al fin y al cabo es no hablar de valores, de ética, de moral, porque muchas, muchos hemos de reconocer cosas que nos resultan incómodas.

– Para acabar, ¿estás trabajando ahora, literariamente hablando, en algún proyecto concreto, quizá alguna nueva novela?

Quizá, pero de eso sí que no quiero hablar. De momento.

– Euskal idazle ezaguna zara. Bada eztabaida euskal literaturan ETA, terrorismoa eta biktimak bezalako gaiek duten presentziaz (edo, zehazkiago, ausentziaz), batez ere euskaraz idatzitako lanetan. Zein da horren inguruko zure iritiza?, noraino da zuzena zalantza hori?

Urte asko dira literaturazko ikerketa eta analisiak utzi nituela; berez, lanbidez linguistikaren alorra hautatu nuenez geroztik, ez naiz halakoetan ibili. Euskarazko literaturaz esan behar dut nik irakur dezakedana baino askoz gehiago argitaratzen dela, beraz hanka sar nezake galdera honi erantzutean. Nahiago nuke hala balitz. ETAz idatzi da, erlatiboki gutxi, baina idatzi da. Egin ez dena –edo oso-oso gutxi—ETAren biktimen ikuspuntutik sortzea da.

– Nola ikusten duzu oro har euskarazko euskal literaturaren egoera? Itxuraz asko argitaratzen da eta idazle gazte asko dago, baina horrenbeste irakurtzen al da? Batzuetan kritikatu izan da dirulaguntzei esker funtzionatzen duen literatura dela. Nahitaezkoa al da halako egoera, beharrezkoa agian, baliabide publikoak baldin badaude, hizkuntza minoritario bat berreskuratu eta kultur maila duina izan dezan?

Agian bada egiaren bat dirulaguntzen kontuan, baina ez dakit laguntzak egokiak diren edo ez. Neurri batean behintzat justifikatuko da laguntzea ordain historiko gisa eta horrela sendotu daitekeelako gutxiengoaren hizkuntzaren literatura. Euskaradunen arteko idazle kopurua inguruko beste hizkuntzetakoa baino askoz handiagoa omen da. Seguru argitaletxeei diruz laguntzeak, bekek, eta kidekoek izango dutela eraginik horretan. Horrela izango ahal da! Ez dadila gerta behintzat argitaletxeak lasaiegi egotea euskarazko obrak merkatu zabalean aski bultzatu gabe. Ziurrenik garai desberdinetara egokitu beharko dira diru-politikak ere. Garbi dagoena da dirulaguntzek berez ez dituztela idazle onak sortzen eta norbait ona denean euskaraz idazten, ez die bere ontasuna dirulaguntzei zor. Bestela, orokorrean, gehiegi eta korrikaegi argitaratzen dela uste dut. Saizarbitoriari entzuna diot ez dakigula txikitasunari etekina ateratzen.

Categorized | Cultura, Entrevista, Política

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