Elkarrizketa: José Manuel Naredo: Vivimos una doble crisis: de civilización y de pensamiento crítico

Galde 39, negua 2023 invierno. Manu Gonzalez entrevista a José Manuel Naredo.-

El conjunto de situaciones que venimos viviendo en estos últimos años -pandemia sanitaria, crisis ecológica, energética, climática, pérdida de biodiversidad, conflictos bélicos como la invasión de Ucrania, crisis de la democracia y auge del autoritarismo, etc.-, así como la variedad de factores que los determinan y las incertidumbres que florecen con los modelos sociopolíticos y económicos dominantes, están reforzando la idea de que nos encontramos en un contexto que se viene denominando como «crisis civilizatoria».

¿Cuál es tu visión del momento? ¿Se trata de una crisis de civilización? O ¿de qué estamos hablando? ¿Cómo podríamos caracterizar esta crisis para diferenciarla de otras más coyunturales que hemos sufrido con anterioridad? ¿Cuáles serían sus rasgos más relevantes?

J. M. N.- El actual período de crisis ―el que se inició con el pinchazo de la gran burbuja especulativa en el otoño de 2007― creo que tiene características inéditas. En otra ocasión[1]señalé paralelismos y diferencias del panorama actual con los “años de crisis” que caracterizaron el período de entreguerras del pasado siglo XX, que incluyó la “gran crisis” de 1929 y el auge de los fascismos que desembocó en la Segunda Guerra mundial. Ahora apuntaré algunos paralelismos y diferencias con el período marcado por las “crisis petrolíferas” de los años setenta para caracterizar mejor el panorama actual.

En los años setenta del pasado siglo XX tuvieron lugar en Occidente una serie de acontecimientos, publicaciones y movilizaciones que reflejaron la amplia toma de conciencia de la doble crisis económica y ecológica y el afán de promover un cambio de paradigma sociocultural que entonces parecía plausible. En los años setenta se desinfló el auge económico de la posguerra. La eliminación en 1971 del respaldo del dólar en oro ―que justificaba su función como moneda de reserva internacional tras los acuerdos de Bretton Woods de 1944― echó leña al fuego de la crisis y multiplicó las críticas al sistema monetario internacional y las propuestas para cambiarlo. Por otra parte, la reducción de la oferta de crudo por los países de la OPEP originó notables subidas de precios del petróleo en 1973 y 1978 desencadenando la llamada “estanflación” ―que alternaba estancamiento económico con inflación. Lo cual tuvo un doble efecto. Por una parte, entró en crisis (al revelarse inoperante) la política keynesiana de incentivos a la demanda que había venido respaldando el auge económico anterior y parecía que la “era del crecimiento económico” había concluido desembocando en una especie de duradero “estado estacionario”. Por otra, la subida de los precios del petróleo contribuyó a recordar lo limitado del mismo y la potente movilización ecologista contra la energía nuclear (que subrayaba, además de sus graves problemas y costes, lo limitadas que eran las reservas de uranio) evidenciaba entonces la inviabilidad de la sociedad industrial tal y como venía funcionando. En este contexto el Informe del Club de Roma sobre “Los límites del crecimiento” (1972) contribuyó a poner contra las cuerdas el objetivo del crecimiento económico asumido hasta entonces con generalidad. En 1971 aparecieron simultáneamente libros como La ley de la entropía y el proceso económico de Georgescu-Roegen, El círculo que se cierra de Commoner o Ambiente, energía y sociedad, de Odum, que apuntaban la necesidad de trascender los objetivos y planteamientos del pensamiento económico convencionalpara de reconvertir la sociedad industrial hacia horizontes a la vez más viables y deseables. En 1972 tuvo lugar la primera “Cumbre de la Tierra” de Naciones Unidas sobre “El medio humano”, celebrada en Estocolmo con una radicalidad y una participación política que superaron con mucho a todos los encuentros posteriores. Entonces se daban los últimos episodios de la “Guerra fría”, a la vez que resaltaba la presencia de los “movimientos de liberación nacional” yresonaba la potente voz de los “países no alineados”. Parecía que políticos de primera fila se tomaban en serio los problemas económicos y ecológicos proponiendo reconversiones diversas y nuevos sistemas monetarios internacionales que cayeron después en el olvido[2]. Pero el cambio de civilización que parecía posible en los años setenta se fue disipando, hasta llegar a la situación actual en la que una nueva crisis sacude el mundo. Creo que analizar lo que ha pasado es fundamental para comprender y diagnosticar bien la situación actual.

¿Y cómo han evolucionado las cosas desde entonces?

J. M. N.- En lo económico, el pulso de la coyuntura económica repuntó en los años ochenta, animada por la caída de los precios del petróleo y de otras materias primas(operada tras haberse roto la disciplina de los países de la OPEP, aunque hubiera cada vez menos petróleo en la corteza terrestre) y espoleada por las masivas las inyecciones de liquidez y las nuevas formas de lucro asociadas a los procesos de mercantilización, financiarización, privatización y desmantelamiento del llamado “estado de bienestar”. Con la eliminación del respaldo del dólar en oro se cortó el último cordón umbilical que unía el dinero al mundo físico, permitiendo que lo financiero cobrara vuelos propios, aumentando desde entonces de forma trepidante la capacidad de compra sobre el mundo y animando burbujas especulativas que han venido facilitando la adquisición de riqueza sin contrapartida material ni utilitaria alguna, a la vez que el discurso económico se seguía centrado en la metáfora de la producción que se revelaba cada vez más carente de contenido.

Con toda esa alegría especulativa y la bajada de los precios del petróleo y otras materias primas se desplazaron las iniciales preocupaciones por la escasez de recursos… hacia el “medio ambiente” y para apuntalarla fe en la cuestionada meta del crecimiento económico se enarboló la bandera del “desarrollo sostenible”. La invención del “medio ambiente” como centro de las preocupaciones de las “Cumbres de la Tierra” y otros eventos cada vez más ceremoniales, contribuyó a soslayar la marcha del metabolismo económico y los usos del territorio que motivan los daños ecológicos. La proliferación de ministerios, agencias… o concejalías de “medio ambiente”, cuando seguían funcionando los mismos departamentos de agricultura, industria, obras públicas… o economía, condujeron bien a la inoperancia o, si se quería hacer algo, a los conflictos de competencias. Así, en lo ecológico, en vez de tratar de reconvertir la sociedad industrial, se hicieron enormes inversiones en instituciones y políticas de imagen verde para contentar a la población y desactivar el movimiento ecologista. Se prefirió ignorar el horizonte de deterioro ecológico hacia el que apuntaba la civilización industrial ―evidenciado por las publicaciones de los setenta, que cayeron en el olvido― para emprender una huida hacia adelante.

¿Y en el plano político?

J. M. N.- En lo político, el desmoronamiento del “socialismo real” y de sus prometedores atajos revolucionarios, trajo consigo el desánimo de la militancia y la desorientación del discurso crítico, que permaneció a la defensiva, lastrado por señuelos e idolatrías del pasado. La autoextinción del “socialismo real” trajo consigo el empoderamiento del “capitalismo real” que desató, ya sin pudor ni contrapeso alguno, sus políticas privatizadoras, mercantilizadoras… y de desmantelamiento del “estado de bienestar”.El artículo de Jorge Riechmann titulado “1971-1972-1973. La fallida “revolución vernadskiana” (y bioeconómica) y nuestro ingreso en el delirio epistemológico”[3] relata de forma clara y certera esta evolución, insistiendo en la deriva hacia la confusión ideológica y política imperante.

Una vez aclarado esto cabe caracterizar el panorama actual como el resultado de la crisis y agotamiento de la huida hacia adelante promovida desde los poderes establecidos para escapar al estancamiento económico y la movilización social de los setenta, con algunas novedades. Las burbujas especulativas alimentadas por las desmesuradas inyecciones de liquidez desembocaron en la depresión económica que se viene arrastrando desde finales de 2007. A esto se han sumado pandemias asociadas a la proliferación de miasmas sutiles cada vez más resistentes a los antibióticos que generan las macrogranjas, la insalubridad de las actuales formas de vida y el continuo deterioro ecológico (del que el “cambio climático” es el resultado más comentado y difícil de corregir sin cambiar las reglas del juego económico que mueven el metabolismo de nuestras sociedades). Y, por último, la guerra desatada en Ucrania como lamentable respuesta al continuado empeño del imperialismo yanki de ampliar las fronteras de la OTAN hacia el Este, alimentó una nueva escalada de los precios de la energía y las materias primas que nos ha traído de nuevo el temido fantasma de la “estanflación” y renovado las preocupaciones por asegurar los abastecimientos ante la cada vez más marcada escasez de recursos, que multiplica los esfuerzos extractivos a medida que decaen las leyes de contenido de los yacimientos y se demandan nuevas sustancias.

En este nuevo contexto crítico se han eclipsado los gestos que se venían haciendo hacia una presunta reconversión ecológica de la sociedad industrial dando paso a un panorama bastante sórdido. La verborrea formalmente orientada a hacer social y ecológicamente viable el desarrollo de la sociedad industrial revistiéndola con envolturas verdes, resilientes, circulares, inclusivas, justas, ecológicas y sostenibles, se revienta desde dentro con el empeño de los gobiernos de invertir más en armamentos y pintar de verde la energía nuclear o el gas y hasta de volver al carbón. A la vez que repuntan añoranzas autoritarias, bélicas y xenófobas e incluso salen del armario antiguos y nuevos franquistas y/o fascistas.

Uno de los aspectos más citados y característicos de la actual crisis global es la dificultad que existe para gestionarla. La política y las instituciones están mostrando muchas carencias a la hora de hacer frente a algunos de los principales problemas que vivimos ¿Porqué crees que sucede esto? En tus reflexiones y escritos, como tu último libro “La crítica agotada”, también incides en lo que podríamos denominar una crisis del pensamiento crítico y encrucijada ideológica, ¿Cuáles son las cuestiones principales que resaltarías a este respecto?

J. M. N.- En efecto, cuanto más evidente resulta la crisis de civilización que nos ha tocado vivir, más difícil parece la posibilidad de reconducirla hacia horizonte económicos, ecológicos y sociales más saludables para la mayoría. Esta paradoja es la que ha motivado mi último libro titulado La crítica agotada. Claves para un cambio de civilización (2022). Tras repasar algunas de las causas externas que he mencionado antes y que nos han llevado al actual impasse sociopolítico, el libro reflexiona sobre todo sobre el impasse ideológico que ha contribuido a esterilizar los resultados de la movilización social. Impasse ideológico que permanece anclado a viejas idolatrías y lastrado por una serie de términos fetiche, jaculatorias ceremoniales… o no-conceptos con los que la retórica política, económica y ecológica consigue entre­tener y hasta emocionar a la gente, desviando la atención y las crí­ticas de los principales problemas y protagonistas de la situación actual y de sus posibles cambios. Así el discurso crítico se agota de repetir un frustrante y estéril ejer­cicio que me hizo recordar el mito de Sísifo reflejado en la portada del libro: si éste tenía que subir una enorme roca hasta lo alto de una montaña para, una vez coronada, ver cómo se deslizaba pendiente abajo, la crítica hace rodar cuesta arriba unos pseudo-conceptos en sintonía con la ideología económica y política dominante para que, aun pretendiendo cuestionarlo todo, al final nada cambie. «Produc­ción», «medio ambiente», «desarrollo sostenible», «lucha contra el cambio climático», «neoliberalismo», «postcapitalismo» o «funda­mentalismo de mercado» son solo ejemplos de términos fetiche a la moda con los que la crítica se lastra, desviando la atención de los auténticos problemas y responsables de la situación actual.

Tas una parte introductoria, en la que se precisa el contexto en el que se da la doble crisis de civilización y de pensamiento crítico que nos ha tocado vivir y cómo funcionan en el lenguaje esos términos deshilachados o difusos que llamo “no conceptos”, las partes segunda y tercera del libro precisan los “no conceptos” que a mi juicio agotan el discurso ecológico y político. Finalmente, en la cuarta y última parte del libro precisa la encrucijada ideológica actual y los requisitos para que el paradigma ecointegrador emergente pueda prosperar. Esta parte, más propositiva, hace una llamada para que las críticas se centren de verdad en el núcleo duro de la ideología y las instituciones dominantes y ganen así en efectividad.

¿Necesitamos un cambio de paradigma, un nuevo enfoque para poder entender lo que está pasando y proponer alternativas? ¿Hay posibilidades de cambiar una sociedad que es sujeto activo de estas multicrisis? ¿Qué posibles salidas tenemos?.

J. M. N.- En efecto La crítica agotada no solo muestra lo ambiguo y lo vacío de estos «no-conceptos»,de dónde surgen y los «puntos ciegos» que generan, se ve también que cuando se trascienden se despliega toda la potencia del genuino pensamiento crítico. Solo con ese cambio de perspec­tiva, solo pensando fuera de los márgenes delimitados por el senti­do común dictado por la ideología económica y política dominante, podremos construir un nuevo paradigma civilizatorio que emanci­pe a seres humanos y devuelva la dignidad a la naturaleza.

Respecto al cambio del mundo aquejado por la actual multicrisis es seguro que cambiará, aunque lo haga hacia un futuro que como poco parece inquietante. En primer lugar, se romperá ese mundo unipolar que nos ha tocado vivir tras la implosión de la antigua Unión Soviética. La pérdida de peso económico y de poder que ha venido acusando el imperialismo yanki se acentuará tras el conflicto de Ucrania. Pues el manejo del dólar como moneda de reserva internacional es lo que ha otorgado a los EEUU una posición de privilegiada en el mundo: EEUU fabrica dólares y activos financieros nominados en dólares con los que puede comprar las empresas y las mercancías que fabrican los otros países. La masiva emisión de dólares y otros pasivos hizo de EEUU el país más deudor del mundo: su pasivo neto en balance ha superando los 14 billones de dólares, pero nadie le exige la deuda al ser el dólar y las acciones pasivos no exigibles y al titulizar o magnificar con su poder la solvencia de los pasivos exigibles. Pero la inseguridad jurídica que generó la incautación de depósitos y otras represalias financieras hacia Rusia, redobló la voluntad de los países del Este de utilizar su poder económico, militar y político para hacer valer sus propias monedas y dotarse de instrumentos financieros propios rompiendo así el monopolio del dólar. La supercampaña mediática servil a los EEUU que hemos sufrido ha venido soslayando este pequeño detalle. En nuestro país sólo he visto, que yo sepa, dar cuenta de ello en un artículo de Rafael Poch de Feliu titulado “El suicidio del dólar”[4].

En fin, aunque el mundo unipolar capitaneado por EEUU que nos ha tocado vivir se resquebraje, el panorama que se abre resulta bastante inquietante. Pues los imperios en crisis pueden dar violentos coletazos que perturben la paz mundial. Y los regímenes emergentes no parecen muy prometedores ni especialmente proclives ala eutopía que los movimientos sociales proponen.

¿Qué hacemos entonces?

J. M. N.- Si no podemos adaptar ese panorama mundial a nuestros deseos, tratemos al menos de incidir sobre entornos más próximos para hacerlos más habitables. Pues además de asegurar que otro mundo es posible, hemos de darnos cuenta que en buena medida ya existe entre nosotros y deberíamos cuidarlo y denunciar los aspectos ideológicos e institucionales que le impiden prosperar. Por ejemplo, es lo que hago en mi artículo titulado “Otro mundo inmobiliario existe” aunque en el país del ladrillo se silencie[5]. Pero quiero advertir que más que soñar con imponer a sangre y fuego “mundos perfectos” que acostumbran a derivar en pesadillas autoritarias, hemos de asumir que las inercias mentales y los intereses perversos que mantienen el statu quo no tienen visos de desaparecer y habrá que combatirlos permanentemente.

El espacio limitado de esta entrevista me obliga a sintetizar una visión del conflicto hispano en el que nos movemos con esta poesía que he rematado pensando en los entornos tan acogedores con los que convivo y que van desde Donostia hasta Sevilla… o desde Mallorca hasta Extremadura

·

LAS DOS ESPAÑAS

  1. LA ESPAÑA FEA, MEZQUINA, HORTERA Y PESETERA

Artimaña, cizaña, patraña, España,

cutre, majadera, mezquina y pesetera

agorera, bandolera, traicionera

donde la corrupción y la picaresca imperan

de la mano de caciques bastos y horteras

con ejemplos de comisionistas reales

que pillan “pa la saca” dineros a raudales

donde la belleza y la cultura se masacran a diario

en aras del pelotazo inmobiliario

donde reina el feísmo

aderezado por arquitectos y artistas endiosados de sí mismos

  1. LA ESPAÑA BUENA, BELLA Y AMABLE

Pero también existe otra España buena, bella y amable

en la que cultivamos afectos de forma amigable

y disfrutamos de entornos muy agradables.

Entornos ecológica y socialmente acogedores

que promueven la afinidad y la solidaridad como valores

potenciando relaciones intelectuales y afectivas

que generan simbiosis placenteras y creativas.

Entornos amistosos carentes de jerarquías, servidumbres y catecismos

en los que se entierran toda clase de ismos

para hacer que afloren afinidades y sentimientos enriquecedores

que nos conectan ya libres de ataduras y conflictos poco alentadores.

  1. EPÍLOGO CON BUENOS DESEOS Y PROPÓSITOS

Cultivemos la belleza, la bondad y las relaciones de amistad

para el disfrute y enriquecimiento de todos

como antídotos contra la crispación social y la modorra mental

que los poderes establecidos acostumbran a atizar.

Hagamos que los entornos gratificantes prosperen

arrinconando la mezquindad y los malos humores

que generan enfrentamientos, heridas y sinsabores.

En suma:

Hagamos que la España buena, bella y amigable

predomine sobre aquella otra fea, mezquina, hortera y pesetera.

 

Notas:

  1. Naredo, J.M., 2015, Economía, poder y política. Crisis y cambio de paradigma, Madrid, Díaz&Pons, pp. 9-15.
  2. En este libro recogemos una de las propuestas alternativas: Riechmann, J. (coord..), 2012, Meter el dinero en cintura, Barcelona, Icaria.
  3. PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global, Nº: 155, 2021, pp. 85-101.
  4. https://ctxt.es/es/20220301/Firmas/39201/dolar-suicidio-sanciones-rusia-reservas.htm
  5. http://elrincondenaredo.org/wp-content/uploads/2022/05/OTRO-MUNDO-INMOBILIARIO-EXISTE.pdf

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