Elkarrizketa. Helena Taberna, DirectorA de cine

 

Galde 28, udaberria/2020/primavera. Entrevista realizada por Lourdes Oñederra.-

Helena Taberna está de plena actualidad. El curso pasado se pudo ver en San Sebastián, Bilbao y Pamplona toda su filmografía en la Retrospectiva organizada por la Filmoteca Vasca y la Filmoteca de Navarra. En 2018 publicó Carlos Roldán Larreta La luz de un sueño: el cine de Helena Taberna, el libro que tan bien me ha venido para preparar la entrevista y que recomiendo a quien esté interesado en esta contundente directora, en su carrera y en lo que a ella le apasiona, que difícilmente nos puede ser indiferente a los demás. Cito de su página web (www.helenataberna.com) algunos datos básicos: se inicia como cineasta a mediados de los años 90 escribiendo, dirigiendo y produciendo numerosos cortometrajes tanto de ficción como documentales. Cuenta con seis largometrajes estrenados en salas: Yoyes (2000), Extranjeras (2003), La buena nueva (2008), Nagore (2010), Acantilado (2016), Varados (2019). Añado algo que me parece importante: Helena Taberna fue primero enseñante… Comparto lo que cabe aquí de nuestra animada charla (creo que es imposible hablar con Helena sin animarse) que, tras mucho intentar que nuestras agendas coincidieran, ha terminado siendo telefónica. Faltan otros temas, palabras y risas, otras cuestiones de las que ni llegamos a hablar: la música, los premios, ese caballo blanco de varias películas…

Helena, nos conocimos hace ocho años. Yo inauguraba la Cátedra Koldo Mitxelena como profesora invitada en la Universidad de Chicago y tú viniste a Chicago.

HELENA TABERNA. ¿Ocho años hace ya? ¡Qué barbaridad! Yo fui al Festival de Cine de Chicago, al que no había podido ir cuando me habían seleccionado por Yoyes y La buena nueva. Ese año Aitzpea Goenaga organizó a través de un convenio de colaboración del Instituto Etxepare con el Instituto Cervantes, una de las sedes del Festival, un encuentro de cineastas vascos en el marco del Festival.

Viajas muchísimo.

H.T. Es que mi filmografía está teniendo un recorrido muy largo. La mayor parte de directores y directoras participan en las proyecciones únicamente cuando estrenan sus películas, pero es un fulgor que se acaba muy pronto y que apenas llega al autor. Luego la proyecta en televisiones y se acaba la vida social de la película. Por suerte, mis películas tienen una amplia resonancia en el tiempo y en el espacio. Puede que tenga que ver con las temáticas sobre las que trabajo, pero el caso es que me invitan mucho a presentar las proyecciones de mis películas aquí y en el extranjero. Es muy gratificante poder ver personalmente la comunicación que se genera en cada proyección. Es como el directo de un músico: pillas toda la energía del público que está por primera vez ante tu película en la sala grande y puedes vivir la magia del cine, ese ritual que reivindico de poder ver la película entera y en silencio. Sí, me han invitado a muchos tipos de festivales y encuentros inauguré el Festival de Honolulú, en el Museo de Arte Contemporáneo con Extranjeras. Es toda una experiencia poder observar la sorprendente universalidad de unas reacciones emocionales tan similares.

Seguro que tiene que ver con tus temas y con cómo los tratas… Pero, antes de entrar en eso, te quiero decir lo contenta que estoy de hablar contigo, Directora, porque me fascina esa capacidad de contar con películas. A diferencia de la creación literaria, en vuestro caso, además de narrar tenéis que entenderos con guionistas, actores y actrices, cámaras, etc. Todas esas relaciones personales (tema que, creo, te apasiona) ¿cómo te afectan?

H.T. A mí el cine me ha fascinado siempre: no me recuerdo en ningún momento de mi vida sin reconocerme a través del cine. Pero nada hacía prever que yo pudiera llegar a ser directora de cine, porque además es uno de los techos de cristal más difíciles de romper para las mujeres. Por eso creo que tengo un plus de alegría, de pasión. Me hice cineasta gracias a la aparición del vídeo y las primeras muestras de Cine y Mujer de los 90 que me permitieron conocer a cineastas mujeres que fueron referentes para mi y la cámara de vídeo me permitió experimentar en videocreación con poco presupuesto. Pero, bueno, centrándonos en mi trabajo en el cine, lo cierto es que me gustan todos los procesos de hacer una película. El más solitario del guión que suelo preferir hacerlo con el espejo de una co-guionista. En esa fase de escritura ya voy buscando localizaciones, pensando en actores, puesta en escena, música…

Además, en general, los seres humanos me gustan sobre todo compartiendo procesos creativos durante el período que es la preparación y rodaje. Me gusta que todo el mundo trabaje con pasión para hacer la mejor película posible y lo que hago es tratar de contagiar pasión a mi equipo. No me gusta trabajar en frío, no rindo igual. Una película, sea pequeña o grande, en mi opinión sólo puede fallar porque falte el talento. Pero todos tenemos que creer que vamos a hacer una obra maestra y poner todo el talento y la energía en conseguirlo.

Y luego llega otra vez la soledad del montaje, que suele ser para mi la fase más gozosa y la última parte creativa de la película. Es un milagro poder ver y probar todas las posibilidades que te ofrece la mesa de montaje. Me cuesta despedirme de esta fase.

Tus actores y actrices deben de recibir tu energía.

H.T. El trabajo con los actores es para mí la parte más gozosa del rodaje y de la preparación. A diferencia de otros directores, a mi me gusta estar con actores, les respeto mucho y sé que es el material supremo de una película porque son los transmisores de las emociones. Siempre intento conseguir la máxima verdad: son importantes los pequeños detalles de interpretación y para eso me rodeo de actores buenos, que quieren jugar con un director que les permita probar cosas y luego les dirija entrando al juego pero sabiendo lo que quiere del personaje. Me encanta que me hagan propuestas los actores; la complicidad con ellos permite sacar lo mejor de ellos que empiezan a cobrar vida desde los ensayos.

Eres persona de opiniones radicales (he leído lo que le comentas a Roldán Larreta sobre el incesto hablando de tu película Acantilado); no es de extrañar que tus películas impresionen intensamente, van de alma a alma.

H.T. Qué bonito eso de que van de alma a alma… Creo que hay algo espiritual en mi cine, y algo que cuido especialmente en mis películas: el respeto por el espectador. Es cierto que mi cine es político y radical en muchos aspectos porque busca la raíz y origen de los conflictos que relato. Y es cierto que me siento libre, aunque soy consciente del peaje que sigo pagando por ello: he podido hacer menos películas, me las he tenido que producir yo misma y en general no he contado con el apoyo de las sectas del cine. Pero lo cierto es que me da mucho gusto reconocerme en cada una de mis filmes. A diferencia de otros compañeros que han sido en muchos casos intervenidos en guión y montaje por sus productores, todas mis películas tiene que ver conmigo. Me gusta sentir que las hice contando lo que quería y como quería, de un modo honesto y libre.

Mi esfuerzo es construir relatos dando al espectador los elementos que están en juego para que sea él mismo el que saque las conclusiones. Es evidente que hay una mirada mía, simplemente por el hecho de sacar ciertos personajes, contar ciertas historias ya estoy optando, pero siempre he huido del panfleto y del maniqueísmo. Un ejemplo muy claro es Nagore, cuyo concepto de arranque fue considerar a los espectadores como miembros de un jurado popular virtual. Por ello la construcción del guión se basa en reconstruir el juicio y la vida de Nagore para que el espectador decida al final de la proyección si el agresor de Nagore, Laffage, es inocente o culpable.

No das al espectador un mensaje cerrado, una moraleja. Pero tú crees en la capacidad transformadora del cine…

H.T. Sí que creo en la capacidad transformadora del cine. Habitualmente nos movemos en terrenos o muy racionalistas o demasiado emocionales. Y, sin embargo, generalmente es en la danza entre el corazón y la cabeza lo que nos convierte en seres más armónicos; si hay exceso de lo emocional, algo falta, porque está el raciocinio, la cabeza, la reflexión. El cine permite unir esas dos líneas mejor que otras disciplinas, al tener la imagen, la música, la palabra…

Te he leído a propósito de Acantilado que todas las relaciones son relaciones de poder y que el grupo (las sectas, las cuadrillas) protege pero aprisiona. Era un momento en el que yo estaba reflexionando sobre nuestro silencio ante ETA. Me pregunto si se habría prolongado tanto sin la fuerza que las cuadrillas tienen en esta sociedad. Eso me lleva, claro, a Yoyes, película que alguna gente identifica simplemente con la crítica a ETA… la verdad es que no sé ni si es ése el eje central.

H.T. Las relaciones de poder… eso nos va a llevar a esa otra entrevista de la que hablabas… En general en mi cine siempre hablo de la cuadrilla, de la secta ya sea la Iglesia, ETA o la pareja. Yo creía que Acantilado era una película muy diferente al resto de mi filmografía y en algún sentido lo es formalmente y también es más oscura con un final que no deja luz o esperanza… pero un crítico me recordó que estaba de nuevo con mi tema esencial con la libertad individual y la pertenencia al grupo. O sea con cómo concitar ambas, algo que no es fácil en absoluto.

La pertenencia al grupo nos protege por un lado, pero por el otro nos quita radicalmente libertad.

A mí Yoyes me supuso un reto aunque yo sabía algunas cosas que iban a ocurrir. Es evidente que, al hacer una película como Yoyes cuando no me conocía nadie, sabía que habría un porcentaje de la población que iba a pensar A y un porcentaje que iba a pensar B. Y así fue. Evidentemente al grupo de prensa, en aquel momento que estaba lo del GAL etc. no le interesaba nada que se hiciese esa película. A ETA, por otra parte, igual. Durante la retrospectiva que me hicieron en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, hablaron de que la película no ha envejecido nada y que ganaba viéndola ahora. Dijeron que era un cine «honesto». La palabra, así de entrada, no me parecía muy «grandiosa» (RISAS), pero me gusta mucho que mi cine sea honesto y sí creo que mis películas son honestas y por eso llegan tanto al público.

No eras una ingenua.

H.T. No, sabía donde me metía. Lo que pasa es que elegí el camino más difícil, el que hace que todo el mundo te pueda tirar piedras. No lo hice por masoquismo sino por responsabilidad. Pero yo supe de la fuerza que tenía la película en cuanto terminé el montaje, y eso me dio mucha seguridad y fuerza.

Cuando no había ninguna sala que quisiese proyectar Yoyes aquí, se me ocurrió proponer el Guggenheim para su estreno. Y lo cierto es que en el momento en el que se vio, la película conmovió muchísimo a espectadores y a crítica. Recuerdo que en el Astoria pasó enseguida de sala pequeña a grande y la siguiente semana en Donostia estaba en tres salas y por delante de los estrenos americanos… Y hubo catarsis en las salas. Todo el mundo se quedaba hasta el final de los créditos… Hubo lloros y por primera vez se vio la muerte concreta y no de modo abstracto. Y eso supuso un cambio en la percepción social de la violencia en Euskadi.

Y sí que hablo de la cuadrilla, pero soy incapaz de despegar todo el conflicto vasco de ETA del conflicto vasco de la Guerra Civil y por eso creo que hice La buena nueva. Además no quiero separarlo, porque tienen mucho que ver. Y coge mucha más fuerza precisamente por unirlos, porque viene de atrás y puede ser tan terrible el tiro en la nuca de uno como el tiro en la nuca del otro. Incluso ese efecto de espejo deformado me parece muy, muy determinante.

Tengo que reconocerte que si hubiera triunfado en el mundo, pero en casa no hubiera conmovido la película, me hubiera generado un dolor enorme. En cambio me gané el respeto como cineasta con Yoyes y sin ningún tipo de protecciones. Y es cierto que ahora me sorprendo de la soledad con la que afronté un proyecto tan complejo y difícil. Ahora, me reconozco en el adjetivo de cineasta valiente.

Yo en que hay relación estoy de acuerdo… Pero, como te decía, creo que tendríamos que volver a ver la película y la gente joven que no la haya visto, verla, porque es pertinente en el momento actual, como pasa con Nagore y la violencia machista o con Varados sobre el drama de los inmigrantes en Lesbos.

H.T. Sin ninguna duda. Aunque Yoyes la programan muy frecuentemente en diferentes cadenas de televisión y está en plataformas de pago como Movistar, se podría sugerir su programación dentro de campañas públicas de reconciliación. Estaría bien que la programaran en las casas de cultura, en los institutos y universidades vascas Yoyes junto con La Buena Nueva para provocar la reflexión sobre la violencia, las víctimas y victimarios en los dos períodos clave de nuestra historia reciente con películas que cuentan historias basadas en hechos reales.

Plantea los dramas humanos individuales.

H.T. Claro. Yo ahora las volví a ver en la Retrospectiva. Fue especialmente emocionante volver a verla en pantalla grande con público llenando la sala y largos aplausos.

Fue tu primer largometraje, hace 20 años. No sé si su gran éxito no ha sido como el árbol que tapa el bosque: para algunos eres la directora de Yoyes.

H.T. Sí seguramente ha marcado mi carrera pero creo que para bien. Sin duda es una película que marcó una época y trasciende al hecho cinematográfico, sobre todo aquí. Pero la verdad es que para las nuevas generaciones soy más conocida como la directora de Nagore o de Acantilado.

Respecto a la visibilidad de los nombres de las mujeres directoras hay una especie de olvido curiosísimo. Observa cómo es muy frecuente que se diga la directora de Yoyes por ejemplo y en cambio casi nadie dice el director de Vacas o el de La Comunidad. Observa cómo a las mujeres directoras se nos niega el nombre con demasiada frecuencia.

Marca un antes y un después en tu carrera.

H.T. Es cierto que Yoyes me dio mucho, me colocó en el cine con mayúsculas. Al ver Yoyes todos los grandes productores de Madrid me dijeron «¡pero de dónde has salido tú, cómo has podido hacer una ópera prima así!». A pesar de todo, tampoco me pusieron luego alfombra roja y al poco tiempo me di cuenta de que para poder hacer el cine que yo quería hacer, tendría que montar mi propia productora. Y así lo hice.

La última película tuya que he visto en sala grande fue Varados en el Zinemaldi 2019. Recuerdo aquel silencio denso y la salva de aplausos.

H.T. Te diré que ese momento de Donostia en el Kursaal es uno de los momentos más emocionantes de mi carrera. Fue la fuerza del cine: esas setecientas personas habían entrado en un estado anímico especial tras la primera proyección de Varados. Los aplausos que no cesaban y no eran sólo para mí. La película lleva al público a un estado emocional de humanismo imprescindible. Fue momento de celebración y recibí mucho cariño, admiración y agradecimiento. Fue un momento realmente hermoso.

Es una película imprescindible ahora, con lo que está pasando en Lesbos, todas estas monstruosidades que estamos cometiendo.

H.T. Y ese silencio de intelectuales, artistas, nadie dice nada, es una cosa tremenda.

Me resultó fácil de ver en su dureza, porque tiene un ritmo fantástico que te lleva a donde yo no sospechaba al principio que me iba a llevar: te adentra en ti misma a la vez que te acerca a ellos.

H.T. Exacto, un crítico dijo que nos hace ver nuestra fragilidad, genera una empatía con los protagonistas que nos fragiliza. Mi preocupación era la de devolver dignidad, quería hacer un relato que tuviese alma, que sirviera para esa devolución de la dignidad que les hemos robado a los refugiados. Tuve una necesidad imperiosa de devolverles dignidad, no sabría decir exactamente qué me pasó.

Desde luego consigues hacer sentir que ellos son nosotros.

H.T. ¡Qué bonito «ellos son nosotros»!

Ya te dije que tuve la tentación de hacerte la entrevista exclusivamente sobre Varados…

H.T. Pues haremos otra, porque justo ahora está empezando Varados a volar fuera, a ir a muestras internacionales. Es una gozada que nos hayan seleccionado, siendo una película tan pequeñita en festivales tan importantes. Ahora me da pena que con el coronavirus no voy a poder ver directamente la reacciones del público en los festivales de Guadalajara en Méjico, en el de Nantes… También ha participado en la Muestra de Cine Español de Buenos Aires.

Sueles decir que hay belleza en todo y en Varados se ve eso.

H.T. Sí. Decidí contarlo desde esa lado, desde esa cierta espiritualidad que forma parte de la esencia del ser humano y que para mí está en la poesía o en la belleza.

Helena, vamos, en plan tópico, de la belleza a la mujer. Eres directorA. Tienes ya una experiencia de veterana. ¿Cómo ves el tema de las mujeres en el cine?

H.T. Avanza muy lentamente. Sobre todo en los espacios de poder: dirección, producción y guión. Desde que estrené Yoyes el número de cineastas vascas que estamos dirigiendo cine regularmente es escasísimo y prácticamente no hay relevo. Que una sociedad moderna como es la sociedad vasca tenga ese déficit es para que la sociedad y los políticos pongan cartas en el asunto.

Es un dato muy llamativo.

H.T. Muy llamativo. Las nuevas cineastas hacen cine documental, porque es el género más barato y fácil de producir. Creo que las instituciones vascas, sobre todo las públicas, tendrían que meterse a fondo para equilibrar esta desigualdad con políticas de apoyo. Yo sería radical con las ayudas públicas para que tanto los proyectos de ETB de películas como las ayudas vascas al cine sean al cincuenta por ciento para hombres y mujeres.

Eres rebelde.

H.T. Me gusta que me llames cineasta rebelde o libre. En el Festival de Perpignan me invitaron a participar en una mesa redonda con el título de Cineastas Rebeldes. Creo que no lo soy tanto, pero me gusta mantener siempre mi punto de vista personal ante los hechos y procuro no doblegarme a las modas. Aprendí pronto de Jorge Oteiza que los premios del arte están envenenados porque la mayor parte son premios a la docilidad del artista. Por eso me espanta la humildad (falsa) porque es muy rentable para el falso humilde. En cualquier espacio de poder (y el cine lo es) la docilidad siempre es premiada y la libertad o rebeldía coartada.

Para terminar, siendo tú escritora te gustará saber que en mi cine ha influido mucho la poesía y dos personas: Jorge Oteiza y José Ángel Valente, en ese orden.

Categorized | Cultura, Entrevista

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