Domènec Ruiz Devesa (Presidente de la Unión de los Federalistas Europeos. Eurodiputado 2019-2024 /Investigador Sénior del CIDOB)
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Contexto
La Unión Europea afronta en la actualidad un momento decisivo que obliga a reflexionar sobre la necesidad de una profundización federal que dote al proyecto europeo de coherencia, eficacia y legitimidad democrática. Tras décadas de avances graduales, las crisis del primer cuarto del siglo XXI han demostrado que el método intergubernamental es insuficiente para responder a los desafíos de un mundo marcado por la rivalidad geopolítica, la presión sobre el multilateralismo y la acelerada transición tecnológica y energética. La UE ha sido capaz de reaccionar ante los acontecimientos, pero no de anticiparlos ni de actuar con continuidad. Esta falta de previsión estratégica no responde a una carencia de talento político ni de capacidad económica, sino a un diseño institucional incompleto, que dispersa responsabilidades, frena la toma de decisiones, y limita la participación parlamentaria y ciudadana.
Los retos que afronta la Unión —seguridad, energía, cambio climático, migraciones, competitividad, defensa de la democracia— requieren instrumentos que ningún Estado miembro puede proporcionar por separado. Sin embargo, la arquitectura actual sigue concediendo la última palabra en ámbitos esenciales a la regla de unanimidad, lo que origina bloqueos, vetos y negociaciones interminables que, en la práctica, otorga a actores externos una ventaja estructural. La profundización federal no pretende suprimir la soberanía nacional, sino transformarla en una soberanía compartida más eficaz y democrática, capaz de proteger los intereses de los ciudadanos europeos en un mundo que podría articularse sobre la base de esferas imperiales de influencia estadounidense, rusa, y china, y que en todo caso no perdona la fragmentación.
La vocación federal de la UE
La UE nace como un proyecto de vocación federal, como atestigua la Declaración de Schuman del 9 de mayo de 1950. Monnet, antiguo alto funcionario de la fallida Sociedad de Naciones, ideó un nuevo tipo de organización política que superaba el paradigma de las organizaciones internacionales intergubernamentales donde no se pone en común la soberanía. Entendemos por intergubernamental el método de toma de decisiones en el que solo intervienen los ejecutivos, y que queda sometido, generalmente, a la regla de la unanimidad.
En consecuencia, el Tratado de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero crea no solo un ejecutivo transnacional (la Alta Autoridad), sino también una asamblea parlamentaria con capacidad de aprobar el presupuesto, y un Tribunal de Justicia, cuyas sentencias son de obligado cumplimiento, lo que muestra que se trata de una organización internacional radicalmente distinta a las conocidas.
Dicho esto, la UE contiene fuertes elementos intergubernamentales que se han ido, por lo general, matizando con el tiempo. El Tratado de Lisboa de 2007 fue clave, al generalizar la codecisión legislativa entre Parlamento y Consejo, y al ampliar las materias sometidas a la regla de la mayoría cualificada.
Como elementos intergubernamentales destacan la reserva legislativa de determinadas materias clave al Consejo, como la fiscalidad, los ingresos de la UE, y la deuda, o la regla de la unanimidad en política exterior, el presupuesto multianual, y los impuestos. A lo que hay que sumar un desborde competencial por la vía de hecho del Consejo Europeo a raíz de la crisis financiera, y una cultura westfaliana en el Consejo, que lleva a trabajar de acuerdo con la regla de la unanimidad incluso cuando no está previsto en los Tratados. Todo ello configura un sistema de primacía de los gobiernos estatales en el sistema de poder europeo, más cercano a un modelo confederal que federal, y que supone que la UE está todavía muy lejos de la visión fijada como objetivo final en la Declaración del 9 de mayo.
Avanzar en la federalización de la UE es fundamental para garantizar una toma de decisiones ágil y democrática, particularmente en asuntos tan sensibles como el apoyo a Ucrania, que es vital para la seguridad europea, o el Marco Financiero Plurianual para el período 2028-2034. La ausencia de un marco federal ha mostrado sus límites en la acción exterior, con la paralización por Hungría de la entrega de armamentos por la UE a Ucrania. La situación en Gaza expone hasta qué punto la inacción del Consejo puede socavar la credibilidad internacional de la Unión. Si la UE quiere actuar como un actor global, no puede depender de la voluntad caprichosa de cada gobierno nacional, sino de principios jurídicos vinculantes y mecanismos de responsabilidad plenamente europeos.
Lo mismo sucede con la capacidad presupuestaria. La transición ecológica, la digitalización, la política industrial o las grandes infraestructuras requieren inversiones sostenidas que superan con mucho el actual presupuesto de tan solo 1 un por ciento del PIB europeo. La creación de un verdadero presupuesto federal, financiado por verdaderos recursos propios y la capacidad de emitir deuda común cuando sea necesario, es una condición imprescindible para competir con economías del tamaño de Estados Unidos o China. No se puede hablar de autonomía estratégica si la financiación europea depende siempre de negociaciones que buscan satisfacer el “juste retour” y no el interés general, y donde los veintisiete tiene un derecho de veto.
La extensión del procedimiento legislativo al Parlamento y la superación de la unanimidad en el Consejo pueden realizarse a tratado constante, mediante decisión unánime del Consejo Europeo, lo que es altamente improbable. Más prometedora es la vía de la reforma de los Tratados, como propuso el Parlamento Europeo en noviembre de 2023, y cuya activación solo requiere la mayoría simple en el Consejo Europeo, requiriéndose la unanimidad y las ratificaciones nacionales al final del procedimiento. En el contexto de una reforma general, es posible acordar arbitrajes y contrapartidas en distintos campos que permitan contentar a los que se resisten a perder el derecho de veto.
El necesario carácter geopolítico de la UE
En diversos escritos he subrayado que, pese a la proliferación de iniciativas —fuerza de reacción rápida, instrumentos industriales, misiones específicas, fondos temporales—, la UE sigue careciendo de una visión verdaderamente común en materia de defensa. Por ahora, la Comisión y los Estados solo ven la defensa europea como un proyecto industrial y no estratégico ni operativo. El artículo 42.2 del Tratado de la Unión Europea prevé ya la posibilidad de establecer una defensa común. Es, por tanto, un mandato normativo que los Estados miembros aún no han querido activar. Mientras este paso no se dé, seguiremos acumulando propuestas parciales que generan más confusión que integración. Debemos superar el paradigma de “más proyectos” y pasar al de “más coherencia”, dotándonos de un Sistema de Defensa Europeo integrado y no dependiente ni de la OTAN ni de los EEUU. Debe incluir un cuartel general, una cadena de mando, una doctrina común, y una planificación colectiva de la defensa territorial. En ausencia de una decisión unánime del Consejo Europeo, la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO) constituye el mecanismo más idóneo para iniciar una convergencia federal en materia de defensa, articulado en torno a un grupo de vanguardia, como en su día sucedió con el euro o Schengen.
Elecciones europeas….verdaderamente europeas
La UE necesita también reforzar su legitimidad democrática y construir un espacio político verdaderamente europeo. Las elecciones al Parlamento Europeo siguen estructurándose en clave nacional, lo que dificulta que emerjan debates paneuropeos y reduce la visibilidad de los candidatos a la presidencia de la Comisión. La creación de listas transnacionales podría generar una campaña electoral en torno al futuro de Europa y dar visibilidad a los partidos políticos europeos.
Conclusión
Federalizar no es renunciar a la diversidad europea; es protegerla. No es diluir los Estados, sino fortalecer a los ciudadanos. La profundización federal es, en definitiva, el único camino para que Europa siga siendo relevante en el siglo XXI.



