Jon Penche González (Investigador contratado de la Cátedra UNESCO de DD.HH. y Poderes Públicos de la EHU)
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Solemos situar el nacimiento del federalismo vasco el 23 de junio de 1869, fecha de la firma del Pacto Federal de Eibar entre representantes de las provincias vascas y Navarra, con la presencia de destacados personajes como Cosme Echevarrieta o Ricardo Becerro de Bengoa. Aquel pacto, firmado al hilo de otros que se produjeron en aquel momento en España (Tortosa, Córdoba, Valladolid y La Coruña) plasmaba la concepción del Estado que había elaborado Francisco Pi y Margall en sus escritos, destacando la obra Las Nacionalidades. Para Pi, el Estado se tenía que construir de abajo hacia arriba, desde lo local, provincial y regional hasta el poder central, en base, precisamente, a esos pactos federales.
La constitución federal non nata de 1873 recogería en parte esta doctrina pimargaliana, porque si bien declaraba la autonomía de los distintos Estados que componían la federación, entre ellos el de las provincias vascas, no se recogía el compromiso sinalagmático, es decir, no era una constitución federal pactista.
El fracaso de aquella I República en España y la discordia entre los propios republicanos lastraron al federalismo español. En el País Vasco hubo que esperar hasta final de siglo para encontrar una reunión de tinte federalista vasconavarro como la de 1869. El 27 de septiembre de 1896, los republicanos de las cuatro provincias se reunieron en Alsasua, presididos por uno de los firmantes del pacto federal de Eibar, Justo María Zabala, y con la asistencia del líder republicano nacional, Nicolás Salmerón, uno de los presidentes de la extinta I República. En aquella reunión se aprobó un programa político, constituido por 8 puntos, en el que además de llamar a la unión de todos los republicanos españoles y apostar por las vías legales para alcanzar el poder, se acordaba en el punto 3 la defensa “de la autonomía municipal y provincial y regional, que por lo menos salve a los fueros del país vasco-navarro”, mientras que en el punto 4 se recomendaba la conveniencia de organizar una junta regional que agrupara a los delegados de las cuatro provincias. Es decir, si no se hablaba explícitamente de federalismo, sí se hablaba de la necesidad de la descentralización de España ante el centralismo del sistema canovista de la Restauración, que ahogaba la iniciativa de municipios, provincias y regiones. De la misma forma, la intención de crear una organización supraprovincial vasconavarra, junto con la presencia de Justo María de Zavala, nos recuerdan inmediatamente al espíritu del Pacto Federal de Eibar.
Hubo que esperar casi otros 20 años para celebrar otra reunión similar. El 11 de febrero de 1914 se formalizó en Bilbao el nacimiento de la Federación Republicana Vasco-Navarra, en una reunión en la que se aprobaron las bases de dicha formación, que tenía como objetivo la consolidación de la República como forma de gobierno de la nación española y la formación de una Federación nacional de partidos republicanos autónomos como base de la unidad de acción de las fuerzas republicanas nacionales y la constitución del Partido Republicano español. El ideario de la Federación no era muy novedoso: libertad de conciencia, soberanía popular y autonomía individual, municipal, provincial y regional, aparte de hacer una mención a la recuperación de los fueros de cada una de las provincias modificándolos de acuerdo con la nueva época y sin que eso perjudicara a la unidad de la patria española. En julio de ese mismo año, los republicanos vasconavarros celebraron una Asamblea republicana en Tolosa con el objetivo de presentar oficialmente la Federación regional y exportar ese modelo al resto de España. En dicha asamblea se ratificaron y ampliaron las bases aprobadas en febrero y se trató de la manera de llevar a cabo la organización federativa de las demás regiones españolas. En este sentido, cada organización provincial se ocuparía de acercarse a un grupo de provincias para tratar que los partidos autónomos de cada provincia se federasen y se incorporasen posteriormente a una hipotética Unión federativa nacional. Huelga decir que la iniciativa vasca para extender el federalismo a otras provincias y regiones de España fue un fracaso.
Reaparecería el federalismo vasco ya en la II República. Una República que cuando se proclamó no sabíamos cómo se iba a apellidar, si unitaria o federal, o integral, como finalmente fue. En esta época aparecerían personajes, como Ramón de Madariaga, profundamente federalistas. Hijo de un concejal republicano federal de Bilbao y padre de otro concejal bilbaíno de ANV, Madariaga esbozó un anteproyecto de estatuto de autonomía vasconavarro, sobre el que se redactaría el proyecto de Estatuto de la Sociedad de Estudios Vascos, en el que se recogía la tradición federalista vasca. En él, Madariaga proponía un doble pacto federativo. Uno del Estado vasco autónomo con el Estado español (“País Vasco…tiene derecho a constituirse y regirse por sí mismo como Estado Autónomo dentro de la totalidad del Estado español”), y otro interno entre los 4 territorios que conformaban el Estado vasco (“se debe respetar la autonomía de las 4 provincias que lo integran, que cada una tendrá su estatuto”).
Es Madariaga un personaje desconocido para el gran público, a pesar de su trascendencia política en aquellos momentos. Sería el otro candidato a ser el primer lehendakari en 1936, y tendría un final trágico de su vida, cuando creyendo que no tendría represalias volvió de su exilio a Bizkaia en 1940. Denunciado al ser identificado por algún vecino, pasó por la cárcel, saliendo en arresto domiciliario. Visitando su casa, desvalijada e incautada, sufrió una apoplejía de la que no se recuperó.
La larga dictadura franquista hizo que las iniciativas federalistas vascas se dieran en el exilio. Así, la victoria de los aliados en la II Guerra Mundial alentó la construcción de una nueva Europa. El Movimiento Federalista Vasco se creó en 1947 en París, apoyado por PNV, ANV, PSOE e Izquierda Republicana. La creación del MFV posibilitó a los representantes vascos participar en el órgano federalista más importante de Europa de la época, la Unión Europea de Federalistas (UEF), creada en 1946, donde el MFV entraría en 1948.
En este sentido, merece la pena citar a algunas personalidades federalistas vascas que tuvieron actividad en la larga noche del franquismo. Una de ellas fue Gonzalo Nardiz, consejero de Agricultura del primer gobierno vasco por ANV. La propia ANV tenía en el federalismo y el europeísmo una de sus señas de identidad, aspirando a incorporar al País Vasco a una futura federación europea.
Nardiz presidió el Consejo Vasco por la Federación Europea tras su creación en 1951, y como tal participó como representante en el Consejo Federal Español y en otras reuniones, conferencias y congresos, como el famoso “Contubernio de Munich”, hasta la época de la transición.
Como balance de esta apretada historia del federalismo vasco podemos concluir que más allá del hito histórico del pacto federal de Eibar de 1869, el federalismo vasco estuvo muy ligado a las reivindicaciones de la cultura política republicana. Aunque este federalismo muchas veces se identificaba con el logro de una autonomía, la demanda estuvo latente más allá del Sexenio Democrático, en sendas reuniones de los republicanos vasconavarros durante la Restauración en Alsasua, Bilbao y Tolosa, o en el planteamiento de un estatuto vasco en la II República, por parte del republicano bilbaíno Ramón de Madariaga. Más allá de la Guerra Civil, el federalismo vasco se agrupó en torno al Movimiento Federalista Vasco, que formaba parte de la Unión Europea de Federalistas, donde destacó el papel de Gonzalo Nardiz, consejero del Gobierno Vasco por ANV.



