El conocimiento como bien común

Buen Conocer, el conocimiento como bien común y matriz productiva para una economía social

manos

(Galde 07, verano/2014). El proyecto Buen Conocer – FLOK Society, es un proceso de investigación colaborativa y diseño participativo para promover y crear propuestas encaminadas a una economía social del conocimiento común, centrado en Ecuador y abierto a la región y al mundo.  El proyecto ha permitido articular y definir un modelo de “sociedad colaborativa” cuya matriz productiva está basada en los comunes cognitivos, el conocimiento compartido y las prácticas comunitarias tradicionales. El fruto de casi un año de investigación y diseño participativo son 17 documentos de políticas públicas, divididos por áreas o sectores socio-económico-institucionales (p.e. educación, software, cultura, etc.). Los documentos detallan una crítica a las formas de explotación del capitalismo cognitivo en cada sector u ámbito analizado, proponiendo alternativas viables y extrayendo principios generales de políticas públicas de casos de estudio y experiencias de implantación en otros países, regiones o espacios (dentro o fuera de Ecuador). Las diferentes versiones de estos documentos (aún en desarrollo) pueden accederse online, comentarse y discutirse, y reutilizarse con licencias libres https://floksociety.co-ment.com.

El valor de los documentos no reside únicamente en su contenido (sería imposible hacer aquí un resumen de los 17 documentos), sino también en la forma de desarrollo, elaboración y discusión participativa del que son resultado. Se calcula que unas 1.500 personas han participado en mayor o menor medida en la elaboración de dichos documentos. Bien a través de talleres de participación ciudadana realizados en cada una de las provincias ecuatorianas, bien a través de listas de correo internacionales que han unido a investigadoras y participantes diversos, como en grupos de trabajo inter-institucionales y académicos que se han venido celebrando.

La Cumbre del Buen Conocer, celebrada en Quito entre el 27 y el 30 de Mayo de 2014 fue la culminación de este proceso de investigación abierta, colaborativa y de diseño participativo, que comenzó a andar en Noviembre de 2013. En  la Cumbre se dieron cita más de 200 personas, entre las que se encontraban líderes comunitarios, académicos, activistas y multitud de miembros de las instituciones públicas, así cómo otros agentes de la sociedad civil. Los objetivos eran discutir los documentos previamente elaborados y acordar propuestas de política pública para impulsar el cambio de la matriz productiva de Ecuador, explicitar “la transición de un modelo económico basado en recursos finitos (recursos naturales) a uno de recursos infinitos (conocimiento)”, unificar, bajo el paraguas de unos principios comunes, toda la serie de prácticas del conocimiento común que se han extendido parcial pero globalmente a través de redes en los últimos años, junto con práctica ancestrales y comunitarias, con el objeto de definir una alternativa sistemática al capitalismo cognitivo que ya domina los mercados globales (y a través de ellos lo cuerpos, mentes, máquinas y cultivos de gran parte del planeta).

Quienes participaron se organizaron en 14 mesas temáticas, de cada una de las cuales resultaron propuestas concretas de política pública, mejoras para los documentos base, así como proyectos piloto orientados a promover una economía social del conocimiento. Las mesas trataron los siguientes asuntos (que juntos dibujan una alternativa unificada de los comunes cognitivos frente al régimen neoliberal basado en la propiedad intelectual): recursos educativos abiertos, ciencia abierta, cultura libre, agricultura abierta y sustentable, biodiversidad, energía, datos y gobierno abierto, políticas públicas y normativa, hardware libre y ciberseguridad, software libre, conectividad y accesibilidad, territorialización del trabajo cognitivo y comunes urbanos, saberes ancestrales y fabricación industrial orientada al procomún. Aquí tendremos que conformarnos con resumir las conclusiones de algunas de estas mesas, recogidas en la declaración final de la cumbre.

La economía social del conocimiento común y abierto se define como aquella economía basada en los principios de reciprocidad, mutualidad y bien común, que son también los fundamentos de la sociedad civil y de la economía social y solidaria, y añade el potencial del conocimiento como recurso potencialmente inagotable, reproducible a coste cero pero que aparece hoy sometido a múltiples formas de cercamiento y privatización (desde patentes biotecnológicas de la naturaleza a software privativo en tu ordenador). Este modelo alternativo de economía presupone a su vez un gobierno, unas instituciones y unas formas de gobernanza o gestión abierta, que favorezcan la adopción de nuevos modelos sociales, económicos, políticos, tecnológicos, democráticos, descentralizados, basados en el procomún como alternativa a la presente concentración de poderes de la economía capitalista del conocimiento. Esto requiere, a su vez, el despliegue de infraestructuras a su vez abiertas, libres y apropiables, y marcos jurídicos que deben promover y proteger los derechos de acceso al conocimiento, garantías de transparencia y participación ciudadana así cómo la soberanía tecnológica, cognitiva y biológica de comunidades y pueblos.

La garantía última del cumplimiento de estas reglas pasa por una sociedad vigilante y una capacitación popular, por ello, en la “Declaración del Buen Conocer” se define la educación como un bien común. Se exige que la educación sea abierta y de libre acceso, como medio de maximizar la participación de toda la población en la sociedad y la economía social del conocimiento libre y abierto. Para ello el acceso a los recursos educativos (tangibles e intangibles) u obras realizadas con recursos públicos, debe estar liberado bajo licencias abiertas, libres y su acceso debe garantizarse por medio de repositorios distribuidos mediante Internet, intranet u otros medios. Asimismo, los sistemas de educación deben reconocer los aprendizajes por experiencias, formales y no formales, fortaleciendo y creando comunidades de  aprendizaje como estrategia de producción (y re-producción) de conocimiento y de economía social y solidaria. En la misma dirección se exige que la ciencia sea accesible para todas y todos, siendo requisito para ello la apertura de datos, procesos y resultados de la investigación científica y de su gestión a través de licencias libres, protocolos y formatos abiertos, así como la  construcción de un procomún científico colaborativo en plataformas, repositorios y bancos de conocimiento.

En conexión con este modelo científico, la producción industrial orientada al procomún fomenta la incorporación de saberes locales, la innovación colaborativa, la producción acorde a las necesidades, el enriquecimiento de la cultura científico-tecnológica global y un uso sostenible de los recursos y la energía. Dos bases infraestructurales fundamentales de esta nueva forma de producción son el hardware y el software libre. Así, la Declaración exige de los Estados políticas ejecutables a través de alianzas regionales para alcanzar la soberanía tecnológica de los gobiernos y la autonomía tecnológica de las comunidades y la ciudadanía, evitando la dependencia de grandes corporaciones y garantizando la seguridad y privacidad de las comunicaciones.

Pero en un país con la riqueza biológica de Ecuador, un factor aún más crucial es la Naturaleza, la Pachamama. Ante la actual crisis del sistema agroalimentario, resulta imperativa una transición hacia un sistema sostenible, que use óptimamente las energías naturales y que esté en manos de los actores de los territorios gracias a sistemas participativos de garantías, basado en la agroecología y en la utilización de maquinaria y procesos de diseño y acceso libre. Se plantea así la necesidad de una nueva estructura institucional que asegure la soberanía alimentaria, la implementación de sistemas de generación e intercambio de conocimiento, integrando a investigadores y productores, los saberes ancestrales.

Desde Ecuador, país pionero en el reconocimiento de los derechos de la Naturaleza, la Biodiversidad como un sector estratégico y soberano, y el “Buen Vivir” como paradigma de convivencia, se apela al bioconocimiento como una contribución biocéntrica para la protección de los bienes comunes y soberanos de la humanidad. El bioconocimiento es el conjunto de saberes, conocimientos y aplicaciones, tradicionales y científicas, que integran la conservación, investigación y utilización sostenible, segura y efectiva de la Biodiversidad, los sistemas complejos de la naturaleza, las formas de vida basadas en la interacción dinámica y respetuosa de los ritmos de la Pachamama.

Todo lo dicho se orienta por y en pos del ideal ancestral del Sumak Kawsay, de la vida plena en relación con la Naturaleza. Así, los saberes y conocimientos ancestrales, tradicionales, populares y diálogos interculturales, sirven de espina dorsal, fin y medio, para este cambio de matriz productiva hacia un común de los saberes y las técnicas. El “Buen Conocer”, los comunes del conocimiento como fuente de recursos económicos y sociales, no se entiende, pues, sino por y para el “Buen Vivir”, un modelo de vida plena a la altura de nuestro tiempo.

Este texto ha sido elaborado por Antonio Calleja-López y Xabier E. Barandiaran, utilizando contenido desarrollado colectivamente durante el proyecto “Buen Conocer – FLOK Society” y durante la “Cumbre del Buen Conocer”. El contenido de este texto es copyright de dichos autores y de las comunidades y agentes que participaron en el proyecto, y se distribuye garantizando la libertad de copia, modificación, reutilización y distribución por cualquier medio, siempre y cuando se garanticen a su vez dichas libertades, bajo los términos de la licencia Creative Commons BY-SA: https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/ec/

Categorized | Cultura, Dossier, Economía, Sociedad

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