Entrevista a Garbiñe Biurrun

 

Galde 24, (udaberria/2019/primavera). Iñaki Bolibar y Koldo Unceta.-

Presentar a Garbiñe Biurrun resulta difícil porque es de esas personas que en nuestro entorno y en medios como Galde, no necesita ninguna presentación. Su perfil como presidenta de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, y como profesora universitaria de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad del País Vasco, hacen de ella un referente indiscutible tanto en lo profesional como en lo docente, pero no agota , ni mucho menos, las razones que justifican el interés de su entrevista. Es también, y sobre todo, su entrañable humanidad y su larga trayectoria personal de compromiso social en defensa de la paz, de la dignidad y la igualdad entre todas las personas; es su implicación feminista, y su colaboración con todas aquellas causas que pretenden un mundo mejor, lo que confiere un extraordinario interés a sus posicionamientos sobre el amplio abanico de temas que hemos aprovechado para plantearle.

Magistratura y compromiso

Política y justicia

Desde tu condición de magistrada, ¿cómo ves la situación de la justicia en Euskadi y en España? ¿Crees que está a la altura de lo que la ciudadanía espera de ella? ¿se da realmente intentos de control de los partidos sobre la judicatura tan tremendos como lo que se traslucía en los famosos whatsapps del PP?

Es necesario diferenciar entre la justicia “ordinaria” y la justicia de otros niveles. En Euskadi, la justicia funciona razonablemente bien, en términos de tiempos de respuesta y de calidad de la misma. Los datos muestran una situación satisfactoria, aunque mejorable. Por ejemplo, en Euskadi, de media, un pleito laboral no dura más de diez meses, tiempo en el que se dictan la sentencia el Juzgado y la sentencia que resuelve el recurso, lo que es un tiempo nada excesivo. Además, la calidad de la respuesta judicial es elevada y de un gran rigor jurídico, por lo general, siempre con excepciones que son las que, en muchas ocasiones, son noticia.

Pero existe la “tentación” de los partidos políticos de controlar al poder judicial, lo que se evidencia no solo por esos whatsapps del PP, sino por toda la historia de la elección del CGPJ y las razones para ello, vinculadas al control de la justicia en relación con los nombramientos de la “cúpula judicial”, lo que, a su vez, estaría ligado a la “judicialización” de la política. Lo grave es que ello afecta directamente a la independencia judicial, que es un derecho humano de todas las personas, según la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y a la percepción ciudadana de esta independencia y a la confianza en la justicia. Existen informes de altas instituciones europeas que revelan que España es de los países europeos con peor percepción de independencia judicial y el peor en percepción de independencia por la propia judicatura, algo muy preocupante.

Juicio del procés

Siguiendo con el mundo judicial. ¿Cómo estás viendo el juicio del procés? ¿Crees –como señalan algunos- que puede estar contribuyendo a una mayor objetivación de los hechos ocurridos y a restar terreno a los relatos políticos interesados? ¿O por el contrario crees -como opinan otros- que solo va a contribuir a crispar aún más los ánimos y enquistar el debate?

Sigo poco el juicio del procès porque no tengo tiempo para verlo en directo y porque, por mi profesión, sé que un juicio ha de verse entero para hacerse una idea sensata de lo que en él ha ocurrido. Lo sigo en los noticiarios generales, pero no es algo que me satisfaga, porque los medios resaltan unas declaraciones sobre otras, unas frases más que otras… y hay que estar en la mente del Tribunal para ir haciéndose una idea de cómo marchan las cosas.

No me gusta juzgar sobre un juicio en marcha porque, como digo, por experiencia personal profesional, no es posible tener la idea de conjunto.

No sé, desde luego, qué sentencia se va a dictar. Me parece complicado que pueda condenarse por un delito de rebelión, según su tipificación penal, que ya todo el mundo conoce, pero lo cierto es que hasta ahora se ha admitido que se acusara por él.

Pero en este conflicto político ha ocurrido ya algo tremendamente grave, como es la imagen de control político de la justicia. Ha habido hechos como las afirmaciones de la anterior Vicepresidenta del Gobierno sobre que el entonces Presidente Rajoy habría descabezado a los partidos independentistas, lo que significa reventar el principio de separación de poderes y la independencia judicial por lo que revelan de instrumentalización de la justicia y consiguiente daño al Estado de Derecho. O datos publicados en prensa escrita y no contradichos, en enero de 2018, de que el día en que el Tribunal Constitucional deliberaba sobre el recurso del Gobierno frente a la decisión del Parlament de convocar Pleno para investir a Puigdemont, se hubieran realizado llamadas por el Gobierno a miembros del TC para expresar su preocupación por el quebranto que sufriría el Estado si Puigdemont era investido. ¿Qué puede pensar la ciudadanía ante estos hechos?. ¿Cuál puede ser el nivel de confianza en la independencia de la justicia?.

Violencia contra las mujeres

¿Qué papel puede jugar la justicia en la defensa de los derechos de las mujeres? ¿Cómo crees que han podido afectar a la confianza de la gente en la justicia sentencias como la de la manada? ¿Es un problema de las leyes o de su aplicación? ¿Qué tipo de reformas crees que serían necesarias para luchar contra la violencia hacia las mujeres?

La justicia está llamada a tener un papel muy relevante. Pero es el último eslabón, que entra en juego cuando todo lo demás no ha funcionado, cuando la violencia ya se ha producido, por lo que no debe fiarse todo a la justicia, sino a otros elementos y espacios imprescindibles – educación, sobre todo -.

Lo grave es cuando la justicia da respuestas que no convencen a la ciudadanía – y, ojo, no quiero decir que la justicia deba resolver como pide la ciudadanía, lo que, además, no es fácil de conocer – y socialmente se percibe a la justicia como muy lejana de la realidad. En el caso de “La Manada” ha habido ya dos sentencias, en las que ha intervenido seis profesionales de la justicia y han dado tres respuestas distintas – simplificando: que no había delito; que eran abusos sexuales – la posición mayoritaria -; que era agresión sexual -. Lo que la gente no ha entendido – y yo tampoco – es que en las tremendas circunstancias que relata la sentencia no se haya entendido que esa joven se encontraba en una situación clara de intimidación. No se trata de que la condena sea más o menos elevada, sino la calificación de los hechos como un delito u otro, pero por esa razón de la incomprensión de la situación de esa mujer.

En este concreto caso, yo no veía problema alguno en apreciar que que hubo intimidación, pero de todos modos conviene modificar el Código Penal; de hecho, la Comisión de Codificación ya comenzó este proceso.

Por otra parte, aunque se habla mucho de ello y, en ocasiones, en términos muy despectivos, el Convenio de Estambul contempla que, para enjuiciar este tipo de procesos, ha de tenerse en cuenta la perspectiva de género.

Temas laborales

Como magistrada de lo social ¿Cómo ves las relaciones laborales en Euskadi? ¿A qué atribuyes el aumento apuntado por el CRL de los conflictos laborales durante 2018? ¿Cuál es tu opinión sobre la precariedad laboral existente? ¿Cómo ves el papel que están jugando actualmente los sindicatos en el País Vasco?

Los conflictos a los que se refiere el CRL son los de carácter colectivo y no conozco la razón de su incremento, pero intuyo que tiene relación con las difíciles relaciones colectivas en nuestra Comunidad Autónoma.

La precariedad laboral es resultado de unas políticas económicas y laborales que ya conocemos, en cuyo centro se sitúa la reforma laboral de 2012, pero no solo ella, y que va a costar revertir. Se trata de un fenómeno muy grave, pues afecta a demasiadas personas y ha generado que haya personas trabajadoras pobres, de las que algo más del 20%, además de ganar su salario – bien escaso, desde luego – han de completarlo con la percepción de la RGI.

Creo que los sindicatos tienen un papel fundamental en la lucha contra las desigualdades en el mundo del trabajo, sobre esta precariedad o sobre la desigualdad por razón de género. Hace falta que su trabajo sea más eficaz – ellos han de buscar el método para lograrlo – y es seguro que, de este modo, su papel vendrá reforzado.

Política social

El Gobierno vasco presume de mantener sus políticas sociales y la calidad de las mismas. ¿Crees que realmente es así? ¿Cómo valoras el deterioro apuntado por muchos profesionales de Osakidetza, o por los trabajadores sociales de las diputaciones? ¿Crees que hay riesgo de privatización de algunos servicios?

No puede negarse que las políticas sociales en la CAPV son punteras en el Estado. Ello no significa que sean suficientes o que estén aseguradas. De hecho, ha habido intentos de revertir o, al menos, de reducir algunas de ellas – recuérdese el debate sobre la reforma de la RGI -.

Seguimos teniendo unos buenos servicios, pero hay que mantenerlos y mejorarlos, lo que ha dejado que desear en los últimos años, en que las políticas presupuestarias han generado un deterioro claro que también ha repercutido en el mundo de la justicia con los recortes producidos.

En todo caso, se trata de recuperar ahora el terreno que no debió perderse y de avanzar a buen ritmo en mejorar estos servicios, que son los que permiten ir haciendo efectivas la igualdad y la libertad de todas las personas.

No sé si hay aquí tentaciones de privatizar servicios públicos, pero es claro que hay servicios ya privatizados en su ejecución, como los servicios de los cuidados de las personas ancianas, no ejecutados directamente por las administraciones públicas, sino por empresas privadas, con todos los problemas derivados de ello y que tanto afectan a las mujeres, que son quienes principalmente trabajan en ellos.

Emigración

Durante los últimos meses se ha incrementado el flujo migratorio hacia Euskadi planteándose situaciones nuevas en la muga con Francia. ¿cree que la sociedad vasca está preparada para asumir el reto migratorio, o bien la tolerancia expresada hasta ahora se debía a la escasa incidencia de la emigración? ¿Cómo ves el papel que están adoptando las instituciones vascas ante este fenómeno?

Este fenómeno nos pilla con bastante poca preparación, no solo porque pueda haber intolerancia – que, afortunadamente, no veo sea alta en nuestro entorno – sino por algo de desconcierto. No sabemos cómo actuar ni qué es lo mejor. Sin embargo, hay que reconocer – y agradecer – que existen organizaciones muy bien preparadas, con mucha experiencia y con claridad de ideas, que trabajan en ello. Creo que estas organizaciones tienen incidencia institucional y que las instituciones – probablemente tan desconcertadas como la ciudadanía – confían y delegan en ellas al menos la detección de los problemas y la gestión de los procesos de su resolución.

Podemos

Tu estuviste muy cerca de cambiar la judicatura por la política para presentarte a las elecciones como candidata de Podemos ¿cómo ves aquella propuesta y aquella decisión ahora que han pasado ya más de dos años? ¿Cómo valoras la situación de Podemos tanto en Euskadi como en España?

Bueno, aquella fue una propuesta muy interesante y la decisión muy difícil para mí; valoré muchas cosas, sobre todo lo que ello podía suponer para mi entorno personal y otros compromisos sociales. No me he arrepentido de aquella decisión y, por otra parte, ya la he olvidado.

La situación de Podemos es distinta de la de 2016: creo que ha perdido parte de su empuje, pero es una fuerza política muy relevante, y no solo por la presencia institucional, sino por su idea de unas políticas distintas y su voluntad de trabajar por ello. Lo que ocurre es que la política real implica participar de modos y formas que muchas veces no son los propios y esto dificulta mucho la posibilidad de mantener la frescura y el arrojo iniciales.

Sociedad vasca post-Eta

Han pasado más de siete años desde el fin de la actividad armada de ETA y casi uno desde su disolución como organización ¿Cómo ves el clima político vasco y la actitud de la sociedad vasca en la actualidad? ¿Cómo crees que ha afectado todo ello al debate político en Euskadi?

Lo ocurrido, toda la violencia padecida tan cerca de cada persona, deja huella, desde luego. Y más vale que así sea porque lo contrario significaría insensibilidad absoluta y olvido. La cuestión es cómo gestionamos esa huella y ese dolor, que todavía existen. Veo que una parte de la ciudadanía trabaja por asimilarlo y generar dinámicas de convivencia sana partiendo del reconocimiento del sufrimiento injusto, y hay experiencias al respecto en muchos pueblos; yo misma participo en Tolosa en Bizikidetza Foroa, que tiene esos objetivos. Pero no debemos olvidar que una parte relevante de la sociedad vivió casi como si nada ocurriera; a mí me duele tener que decir esto, pero ha sido así.

De todas maneras, creo que se está haciendo un gran esfuerzo, también desde la política, por asumir el pasado para construir el futuro, con respeto al recuerdo de las personas que han sufrido y evitando caer en el olvido.

Los presos de ETA

¿Cómo valoras la situación de los presos de ETA y su futuro? ¿Ves posible, dada la relación de fuerzas política existente en España, que haya pasos significativos en materia de política penitenciaria? ¿Crees que el gobierno de Sánchez podría haber dado pasos más firmes en esa dirección? En esta misma línea ¿Cómo valoras el que el gobierno francés haya frenado los acercamientos, o haya establecido condiciones más exigentes para los mismos?

Hay elementos injustos en la política penitenciaria, como el alejamiento de estas personas presas, el régimen de aislamiento en que muchas se mantienen o las dificultades de excarcelación por razones de enfermedad grave. La política penitenciaria no debió nunca ser excepcional respecto de estas personas y ha sido un tremendo error desde el punto de vista de la propia legitimación del Estado.

Cualquier gobierno debió haber cambiado la política penitenciaria en estos aspectos que comento, pero se ha hecho poco al respecto. Creo que algunos partidos en el Estado se sienten aún muy incómodos con esta cuestión, temen la reacción ciudadana y tienen su cálculo electoral, y otros están convencidos de que esta política excepcional es la correcta. Todo ello revela una gran insensatez y la necesidad de hacer buena pedagogía al respecto.

Gobierno Sánchez

¿Cómo valoras las medidas adoptadas por el gobierno de Sánchez durante este tiempo en distintos planos como Cataluña, las políticas sociales, o la Memoria histórica? ¿Se podía haber ido más lejos? ¿O debería haber convocado elecciones antes para tratar de reunir más fuerzas para poder avanzar?

El gobierno de Sánchez lleva algo más de nueve meses y ha tomado pocas decisiones relevantes, varias de ellas en el último momento, mediante Reales Decretos Ley, como si cambiar las cosas fuera de “extraordinaria y urgente necesidad” y no requiriera realmente una propuesta de cambio social profundo y mantenido. Seguramente para ello se requiere una mayoría parlamentaria importante y estable, que no Sánchez no ha tenido, pero lograrla era cosa suya.

Situación política

¿Qué balance haces de los meses transcurridos desde la moción de censura? ¿Crees han servido para detener el clima de deterioro político y social preexistente durante los gobiernos dl PP? ¿O bien han contribuido a incrementar la crispación y descomponer aún más los marcos de convivencia?

La situación política sigue crispándose cada día y dificulta el abordaje serio y profundo de los problemas que más preocupan a la ciudadanía. Hacer del cálculo electoral el eje de la actividad y del discurso de los partidos es algo muy grave y deslegitimador.

Lo único claro en este momento es que el debate y la elección son claros: políticas de derechas o políticas de izquierdas, seguramente de una manera más clara que nunca.

La ultraderecha

Finalmente, un vistazo al fenómeno de la ultraderecha que parece organizarse y avanzar en unos y otros países. ¿A qué crees que responde este fenómeno? ¿Se trata de situaciones distintas en cada país o hay algunas causas generales que lo explican? ¿Qué debería hacer la izquierda para afrontar un fenómeno de esta naturaleza? ¿Qué cuestiones deberían priorizarse en los programas o en las políticas de alianzas?

Creo que la izquierda no ha sabido dar respuestas válidas y satisfactorias a los problemas sociales. En ocasiones, por incapacidad; en otras, por haber asumido con convicción algunos discursos de las derechas. La izquierda, en cualquier lugar, ha de mantenerse vinculada a la profundización en los derechos humanos; esta es una buena guía, que no falla nunca. Y en los derechos no puede haber retrocesos ni recortes. Sobre esta base debieran construirse terrenos de acción común.

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