Entrevista: Mario Rodríguez, Director Ejecutivo de Greenpeace

Mario Rodríguez Vargas es una persona con una dilatada trayectoria en la defensa medioambiental, tanto profesional como militante. Comenzó a trabajar en Greenpeace en 1992. En la actualidad es Director Ejecutivo de Greenpeace España.

“España se ha convertido en la campeona europea del uso de plaguicidas e insecticidas”

(Galde 17, invierno/2016). Manu González Baragaña. Para comenzar, te propongo analizar, desde la perspectiva de Greenpeace, cuáles son los principales problemas a los que nos enfrentamos en el mundo, qué está ocurriendo y hacia qué escenarios se puede derivar.

MARIO RODRÍGUEZ VARGAS. Si bien es cierto que vivimos en un mundo cambiante, analizando un escenario de una década, existen prioridades muy claras: el cambio climático, la pérdida acelerada de biodiversidad, nuevas dinámicas de poder y cambio de la mentalidad ciudadana, empresarial y política. Así, en la lucha contra el cambio climático, para evitar rebasar un incremento global de temperaturas superior a 1,5º C, se requiere un cambio y democratización del modelo energético actual. Deberemos avanzar hacia una descarbonización y desnuclearización de la economía en general y del modelo energético en particular. La era nuclear y de los combustibles fósiles toca a su fin. El carbón, el petróleo y el gas deben desaparecer de nuestras vidas. Igual que el uranio y el plutonio.

Además, la perdida acelerada de biodiversidad como consecuencia de la actividad humana en general y el cambio climático en particular, nos está acercando a un escenario de extinción masiva de especies, con consecuencias ecológicas y económicas sin precedentes desde la quinta extinción masiva de especies.

También es preciso que cambien las dinámicas de poder, ampliar y potenciar el espacio democrático para la ciudadanía y no criminalizarla ni perseguirla. El mercado ha de estar más regulado y los gobiernos han de velar por el bienestar de la ciudadanía y no de los beneficios de las empresas.

Y finalmente, si queremos un planeta verde y en paz para las generaciones actuales y futuras, es preciso cambiar la mentalidad colectiva e individual. No es suficiente el cambio tecnológico. Es el tiempo de una ciudadanía prosumidora y proactiva que con su acción individual y colectiva, influya de manera tangible en los mercados y en la acción de gobierno a todas las escalas: gobernanza global, regional, estatal, autonómica y local.

¿Y si acercamos la mirada a Europa, a nuestro entorno?

M. R. V. En el contexto europeo, nos encontramos en un punto de inflexión, en una encrucijada de caminos. Vivimos un momento en el que Europa puede recuperar el liderazgo y apostar por reconstituir y mejorar el estado del bienestar económico, social y ambiental o sucumbir ante el neoliberalismo. Europa puede liderar, como en el pasado, la lucha contra el cambio climático mediante la descarbonización y desnuclearización de la economía o la revolución 100% renovable; puede ser un espacio de encuentro, acogida, tolerancia, solidaridad y calidad democrática; puede ser un espacio rico en biodiversidad; puede liderar la economía verde, la economía circular, la nueva economía. Y en España la realidad se puede enmarcar en este mismo contexto global y europeo. Sin duda, en la agenda ambiental es prioritario lograr una “Ley de cambio climático y transición energética” para que España contribuya al objetivo mundial de evitar un calentamiento de 1,5 oC y planifique el abandono de las energías sucias; lograr una ley estatal que prohíba el fracking, las prospecciones y la explotación de hidrocarburos en todo el Estado; lograr el cierre ordenado de las centrales nucleares y un plan de cierre para el 2025 del carbón garantizando empleos sostenibles o derogar la reforma de la ley Mordaza.
También es imprescindible reducir el consumo. Poner freno al desmesurado incremento de la producción, el hiperconsumo y sus consecuencias ambientales. Avanzar hacia la economía descarbonizada y desnuclearizada, hacia la economía circular, que requiere también una correcta política de gestión de los residuos y el abandono definitivo de la incineración de residuos.

El Cambio Climático es uno de los principales problemas a los que se enfrenta la humanidad, en la última conferencia climática celebrada en noviembre del año pasado en Marrakech, la comunidad internacional se reafirmó unánimemente en la lucha contra el cambio climático, sin embargo, ¿cuál puede ser el recorrido de un negacionista climático como Donald Trump en la esfera internacional?

M. R. V. El recorrido es impredecible si analizamos el comienzo de su mandato. Es evidente que el medio ambiente en general y la lucha contra el cambio climático en particular van a salir mal parados. Trump ya anunció que sacaría a Estados Unidos del Acuerdo Climático de París. Puede que la orden ejecutiva para hacerlo ya esté redactada y en espera de su firma o quizás no. Si vemos su política de nombramientos, desde el Director de la Agencia de Protección de Medio Ambiente, ocupada por un negacionista del cambio climático, o la de la Secretaría de Estado, ocupada por el presidente de Exxon. Podríamos concluir que no está el horno para bollos. Sin embargo, la capacidad de acción de los estados y las ciudades es muy alta, y las tendencias financieras y económicas ya no apuestan por los combustibles fósiles, desde una perspectivas meramente crematística.
No sólo peligra el pacto mundial para luchar contra el cambio climático, también, paradojas de la historia, los acuerdos de libre comercio son cuestionados por el futuro presidente de la mayor potencia del planeta e icono del neoliberalismo mas recalcitrante. La llegada de Trump lo ha sacudido todo y aunque el futuro aun no está escrito, la fiebre del planeta puede subir peligrosamente.
La agenda pro-combustibles fósiles de Trump busca el beneficio para un grupo de multimillonarios frente al interés general y una preocupante política futura de la Casa Blanca donde la negación del cambio climático es el posicionamiento inicial.
El nuevo Secretario de Estado, Rex Tillerson ha hecho todo lo posible para silenciar las iniciativas globales que buscan responsabilizar legalmente a las compañías de los combustibles fósiles por agravar los efectos del cambio climático. Este nombramiento amenaza especialmente el Ártico por sus alianzas con las petroleras rusas. Exxon Mobil volverá a su alianza con la petrolera estatal rusa Rosneft una vez que el Gobierno estadounidense levante las sanciones con Moscú, según han apuntado sus ejecutivos a principios de año.

En este contexto, ¿cuál puede ser el papel de China? Este «gigante» se viene reafirmando ante la comunidad internacional en su compromiso con el clima y su proceso de descarbonización de su sistema energético.

M. R. V. Efectivamente, China que junto a Estados Unidos son los principales emisores de gases de efecto invernadero, no sólo ratificó el Acuerdo de París antes que España, por ejemplo, sino que ha incluido la descarbonización de la economía como una línea estratégica al más alto nivel.
A principios de año, el Gobierno Chino anunció la paralización de los trabajos en 47 centrales térmicas de carbón que se habían empezado a construir. En conjunto, estos proyectos iban a tener una capacidad de generación de electricidad equivalente a la de toda Alemania, la cuarta generadora del mundo. Parar estos proyectos que ya han entrado en construcción es una decisión contundente y valiente, con contratos firmados con empresas de ingeniería, construcción y servicios, con préstamos concertados con bancos. Desmantelar 30.000 millones de dólares en contratos y disposiciones financieras será muy complicado. Sin embargo, gastar dinero y recursos para terminar plantas de carbón innecesarias representaría pérdidas económicas aún mayores.
En los últimos cuatro años, China ha ido transformándose rápidamente, pasando de ir en la cola de los compromiso del clima a llegar a este punto, poniendo fin a la era del consumo de carbón en auge durante décadas. Al lidiar con la actual crisis de sobrecapacidad de centrales de carbón, puede decirse que se han posicionado como pioneros en la nueva era de la energía. La rápida expansión de las energías limpias en China ha supuesto un crecimiento en la demanda de fuentes de energía no fósil desde 2013, permitiendo esta caída del carbón.

¿Y el papel de Europa?

M. R. V. Europa perdió la centralidad del liderazgo en la lucha contra el cambio climático en 2009 con el fracaso de la Cumbre de Copenhague. Ese liderazgo fue asumido por Estados Unidos y China, aunque como decia antes, está por ver cual va a ser el impacto de la llegada de Trump a la Casa Blanca. En cualquier caso, los estandares europeos en lucha contra el cambio climático son de los más exigentes, aunque insuficientes para garantizar el objetivo de no rebasar el incremento global de 1,5º C. Quizás con la llegada de Trump, Europa puede recuperar el liderazgo perdido y compartirlo por ejemplo con China.

Las negociaciones del Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés), que actualmente están llevando a cabo la Unión Europea y Estados Unidos, están enfocadas en lograr la firma de un acuerdo comercial con el que pretenden eliminarse las barreras arancelarias entre ambos socios. Además, el pleno del Parlamento Europeo acaba de aprobar la ratificación de otro controvertido acuerdo comercial negociado por la Unión Europea y Canadá (CETA). ¿Cuál es la posición de Greenpeace al respecto?

M. R. V. Nuestra postura es radicalmente contraria a estos tratados. Las personas y el planeta tienen que estar por encima de los intereses comerciales de un puñado de multinacionales que quedan al margen del control de los estados.
Los acuerdos comerciales de nueva generación como el TTIP (entre la UE y EE.UU.), el CETA (entre la UE y Canadá) y el TISA (acuerdo comercial sobre servicios, bajo la OMC), caminan en la dirección de la desregulación y el desorden. Negociados en la sombra y la tutela de los lobbies empresariales, estos acuerdos comerciales traen menos normas, menos control y más crisis futuras bajo eufemismos como la «eliminación de barreras no arancelarias», «cooperación reguladora», «reconocimiento mutuo» o «armonización». Y siguen la línea de aumentar el comercio transatlántico a toda costa y, además, de productos altamente contaminantes, como las arenas bituminosas de Canadá, por ejemplo. Más cambio climático.
Durante las negociaciones del acuerdo entre la UE y Canadá se realizó una Evaluación de Impacto sobre la Sostenibilidad (SIA) del CETA. Si bien el mandato de la negociación de este acuerdo exigía que los resultados de esta evaluación se incorporaran al proceso de negociación, no hay nada en el texto del acuerdo que muestre que esto se haya hecho. El SIA predice impactos ambientales negativos para la agricultura, la contratación pública, las inversiones, sectores energéticos (las contaminantes arenas bituminosas) y el sector de la minería. ¿Hay previstas políticas de cohesión social que minimicen el impacto negativo sobre algunos sectores económicos? ¿Están incluidos los compromisos del Acuerdo de París para la lucha contra el cambio climático? No.
Respecto a si nuestra postura es similar a la de la ultraderecha, manido argumento esgrimido por los partidos socialdemócratas para claudicar ante este y otros tratados de sobre libre comercio. Es evidente que no es así como se puede comprobar cuando uno se pone a comparar argumentos, como los expuestos por mi parte en párrafos anteriores. Estamos en las antípodas respecto a la postura de los partidos de ultraderecha.

La central nuclear de Garoña. El Pleno del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha informado favorablemente sobre la continuidad de la central, se comenta que este paso abriría la puerta a la prolongación del parque nuclear español hasta los 60 años. ¿Qué se esconde detrás de una posible puesta en marcha de la central nuclear más antigua del Estado? ¿Cómo se entiende la posición de Ibedrola y más recientemente de Endesa, propietarias de la Central, que consideran que las inversiones que se les imponen, «no hacen rentable» la reapertura, incluso con una ampliación de la vida por 17 años que es lo que plantea el informe.

M. R. V. La ecuación es simple y obedece al deseo del Gobierno y las eléctricas de ampliar la vida operativa de las centrales nucleares a 60 años. Iberdrola y Endesa, propietarias de Garoña a través de la sociedad Nucleonor, ya decidieron cerrar Garoña hace años. Lo que ocurre ahora es que se pretende dar carta de naturaleza a la ampliación de la vida de las nucleares vía reapertura de Garoña, que sería el primer precedente. Pero Endesa e Iberdrola no quieren ni oír hablar de invertir un euro en esta vieja e insegura cafetera nuclear. Y este año se revisa la licencia de Almaraz. Lo cierto es que este debate está en el top de la agenda política en este momento.
Con las maniobras llevadas a cabo por el Gobierno, la independencia del regulador nuclear está en riesgo, -si no lo ha estado antes-, debido a las dudas sobre la imparcialidad de su presidente, que era secretario de Estado de Energía cuando fue elegido, un cargo directamente relacionado con las instalaciones nucleares, y en concreto con Garoña. Respecto a su actuación en el caso de Santa María de Garoña ha quedado demostrado el tratamiento escandaloso que se está llevando con esta central nuclear, ya que el CSN pone en riesgo la seguridad nuclear con el informe emitido para su reapertura.

La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, por su sigla en inglés, dependiente de la OMS) ha incorporado el glifosato a la lista de sustancias probablemente carcinógenas. ¿Por qué no debe usarse el glifosato?

M. R. V. El glifosato, es un herbicida que se viene utilizando de forma masiva y no selectiva en todo el mundo. Está en nuestros parques, cultivos y alimentos. Millones de hectáreas de tierras de cultivo, e incluso parques y aceras, se rocían con Roundup cada año para matar las llamadas «malas hierbas». Y acaba llegando también a los productos con los que nos alimentamos.
El pasado año, la Comisión Europea concedió un nuevo permiso de 18 meses, al tiempo que se consideraba necesario para que la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas emitiera sus conclusiones sobre la evaluación de los efectos negativos del glifosato en la salud humana y el medio ambiente. Nosotros pedimos a la Comisión Europea y a los países de la UE que preparen un plan de salida para el glifosato tan pronto como sea posible puesto que el final de 2017 está a la vuelta de la esquina.

Vamos a entrar en primavera, las abejas desempeñan un papel importante en la polinización de las plantas con flores, siendo el principal tipo de polinizador en los ecosistemas que contienen plantas con flores. Un tercio de los alimentos que consumimos y cerca del 90% de las plantas silvestres dependen de la polinización.

M. R. V. Las abejas y otros polinizadores siguen muriéndose debido al uso de venenos en la agricultura y damos pasos muy tímidos para salvarlas. Es urgente tomar conciencia y pasar a la acción porque el futuro de la alimentación está en juego y en peligro.
Por ejemplo, en España el 70% de los principales cultivos dependen en mayor o menor medida de la polinización por insectos y este tipo de polinización supone un valor añadido de más de 2.400 millones de euros al año solo para el sector agrícola. Por otro lado, es el principal productor europeo de miel y polen y cuenta con más de 20.000 profesionales en el sector, además también existen muchas personas aficionadas. Son muchas las familias que dependen única y exclusivamente de las abejas para vivir.
Ante esto, es inadmisible que se siga muriendo una única abeja, abejorro, mariposa… debido al uso de plaguicidas peligrosos en la agricultura. Y España se ha convertido en la campeona europea del uso de plaguicidas y en particular de insecticidas: 78.818 y 7.515 toneladas respectivamente en 2014, ultimo año del que disponemos de datos.
La agricultura convencional tiene que romper el ciclo vicioso y tóxico que nos está llevando a un callejón sin salida. La agricultura ecológica es la única que puede ofrecer soluciones a largo plazo que permitan enfrentarnos a los retos de hoy y que podrían verse agravados en el futuro.

¿Alguna otra cuestión de actualidad y que pueda tener incidencia en Euskadi?

M. R. V. Sin duda el impacto de la movilidad y el transporte en general en la calidad ambiental y de vida de la ciudades. Su conexión con el cambio climático, la contaminación y su impacto en la salud es indudable. En este sentido, Greenpeace plantea un sistema de transporte y movilidad inteligente, eficiente y 100% renovable, que logre satisfacer los servicios de movilidad con una gran reducción de consumo de energía, gracias a la eficiencia de los vehículos y el alto grado de ocupación que se debe producir, donde el transporte colectivo sea mayoritario, disponiendo de vehículos eléctricos de distinto tamaño y que tenga sistemas nodales y de frecuencia adecuados a las necesidades de la gente de cada área o núcleo urbano. Una movilidad en donde la mayor parte del transporte sea eléctrico y los vehículos intercambien energía con la red. De esta forma, la ciudadanía podrá participar en las operaciones y gestión del sistema eléctrico. Avanzando en su democratización y ofreciendo servicios de gestión de la demanda y la integración de la electricidad 100% renovable.

“LIKE”. Eduardo Nave
www.eduardonave.com
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Alfredo Sabat, Argentina
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Txema García
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Sebastião Salgado
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"El instante decisivo" Iñaki Andrés
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"Homenage a Marcel Proust" Marisa Gutierrez Cabriada
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"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
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“JAZZ for TWO”, José Horna
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"El origen del mundo" José Blanco
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Fotografía de José Horna
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