Inmigrantes parte de nuestra sociedad

Egilea: Peio Aierbe

 

Los hombres y mujeres inmigrantes, parte de nuestra sociedad.

Galde 27, negua/2020/invierno. Francisco Torres.-

Uno de los mayores cambios que hemos conocido en los últimos treinta años se ha dado de la mano de la inmigración. Nos hemos transformado en una sociedad mucho más heterogénea, multicultural y globalizada, como otras sociedades europeas. En enero de 2019, vivían en España 6.742.948 personas nacidas en el extranjero, el 14,3% del total de la población. En términos de nacionalidad, 5.025.264 extranjeros; la diferencia hay que atribuirla, básicamente, a las nacionalizaciones. ¿Estos hombres, mujeres y familias, forman parte de la población española o bien constituyen un grupo aparte? ¿Cuál es su situación? ¿Nuestro modelo social, los incorpora o los expulsa a los márgenes?

La llegada y el asentamiento

El boom de la inmigración en España coincidió con el inicio del siglo XXI. Entre todos los factores habría que subrayar el efecto llamada de un modelo de desarrollo, con construcción y turismo como motores, intensivo en mano de obra barata, escaso valor añadido y baja productividad. Dados los cambios sociales en España, la relativamente reducida mano de obra nacional, el aumento de su calificación y expectativas, muchos de estos puestos de trabajo fueron cubiertos por hombres y mujeres inmigrantes. Los residentes extranjeros pasaron de 923.879, en 2000, el 2,3% de la población, a 5.268.762 personas en 2008, el 11,4% del total. Su inserción se dio “por bajo” de la estructura social. En el trabajo, se encontraban sobre-representados en sectores como construcción, agricultura, servicio doméstico y hostelería, con contratos temporales y a los lugares más bajos. En las ciudades y pueblos, se instalaron a la trama de vivienda más barata, en los barrios obreros y populares. Como trabajadores y como consumidores, los inmigrantes fueron pieza central del boom económico. El 30% del crecimiento del PIB de la década 1996-2006 “tiene que ser asignado al proceso de inmigración” (Oficina Económica de Presidencia, 2006).

Si bien el modelo oficial de gestión migratoria apostaba por un trabajador barato y flexible, temporal y que vuelve en su país, la realidad ya era claramente diferente antes de la crisis. Una sex-ratio más equilibrada en muchos colectivos, el intenso reagrupamiento familiar, la presencia de menores, indicaban ya el carácter no solo laboral sino también familiar de una parte importante de los inmigrantes en España. El año 2008, el 24% de los nacimientos fueron de madre extranjera. La presencia de hijos e hijas ancla y, al mismo tiempo, impulsa una mayor relación con el entorno social más próximo (escuela, barrio, parque o jardín).

En términos generales, se dio una inserción tranquila, sin grandes tensiones. No se pretende minusvalorar algún suceso racista de extrema gravedad, como El Ejido en 2000, sino constatar que estos conflictos han sido muy minoritarios y que ha primado una coexistencia con escasa interrelación significativa. Con una mayor incidencia en los barrios obreros y populares, los nuevos vecinos y vecinas empezaron a ser una presencia cotidiana en diversos ámbitos de la vida cotidiana local. En 2009, un 51% de los españoles declaraba tener relación de vecindad con extranjeros. No sin dificultades –desde las pequeñas tensiones vecinales derivados de ruidos u otras quejas, hasta la saturación de algunos centros públicos poco dotados— este proceso de incorporación fue consolidándose. Esta inserción tranquila tiene varias razones pero era muy deudora del carácter funcional de la inmigración para los empresarios, complementaria para los trabajadores autóctonos, y de una conciencia social a este respeto. Al fin y al cabo, todos veíamos a nuestra vecina mayor con su cuidadora latinoamericana.

La prueba de la crisis

La crisis económica y social que estalló en 2008 afectó al proceso de inserción de los inmigrantes, hombres y mujeres, puso a prueba muchos proyectos vitales y modificó los flujos migratorios. A partir de 2011, ante el carácter estructural de la crisis, el paro persistente y los problemas económicos, una minoría de inmigrantes dejan España para volver en su país o emigrar a otro, normalmente europeo. Lo mismo que una parte relevante de jóvenes españoles, muchos de ellos y ellas con alta formación. En 2012, por primera vez desde la posguerra civil, la población española empieza a disminuir suavemente y solo se estabiliza en 2018. Estos hechos, más presentes en los mass media, quizás han diluido la relevancia de otro: la gran mayoría de los inmigrantes y sus familias permaneció en el país y afrontan aquí como pueden, como sus vecinas y vecinos autóctonos, los años más duros de la crisis.

La gran mayoría de las familias inmigrantes han estado entre los sectores populares más golpeados por la crisis y, en primer lugar, por el paro. El año 2013, el año de mayor paro, éste era de un 25% para los españoles y un 39% para los extranjeros, más concentrados en los sectores que habían sufrido mayor impacto, con mayor proporción de contratos temporales y en puestos de trabajo más prescindibles. La crisis se ha saldado con una mayor polarización de la estructura laboral, para autóctonos y en mayor medida para inmigración. Entre 2008 y 2016, entre quienes tienen trabajo, una minoría cuenta con una posición consolidada (grupos A y B), se han reducido los trabajadores cualificados (grupo C), la vía de movilidad laboral ascendente antes de la crisis y se han incrementado los trabajadores no cualificados, particularmente servicios (grupo D).

Distribución porcentual de trabajadores ocupados, españoles y extranjeros, por grupos de ocupación. 2008-2016.

Españoles Extranjeros
2008 2016 2008 2016
TOTAL (miles) 17.276,8 16.318,5 2.943,1 1.982,5
Total (%) 100 100 100 100
Grupo A: 1+2 22,5 23,5 7,9 10,6
Grupo B: 3+4 23,2 22,1 8,4 8,3
Grupo C: 6+7+8 27,4 21,2 30,6 19,9
Grupo D: 5+9 26,4 32,8 53,0 61,2

 

Agrupaciones por ocupaciones EPA. Grupo A. Directivos y profesionales: Ocupaciones 1, Directivos empresas y 2 Técnicos, profesionales. Grupo B. Técnicos de apoyo y empleados administrativos (ocupaciones 3 y 4 EPA). Grupo C. Trabajadores cualificados (agricultura, industria y operadores máquinas; ocupaciones 6, 7 y 8. Grupo D. Trabajadores servicios restauración, personal, ocupación 5, y trabajadores no cualificados, ocupación 9. Fuente EPA. Elaboración propia

Ante el paro, la reducción de ingresos y las dificultades económicas, las estrategias han sido diversas: desde aceptar trabajos con peores condiciones y/o sin contrato, a reducir gastos, normalmente en lo referente a la vivienda. Como tantas otras familias españolas se apretaron el cinturón y, en su caso, redoblaron su voluntad de que aquí estaba su futuro. Según la Encuesta continua de los hogares, en 2018 el 53% de las personas nacidas en el extranjero llevaba más de 10 años residiendo en España. Otro indicador de arraigo es el número de nacimientos y de nacionalizaciones. En 2015, el 22% de los nacidos y nacidas tenían una madre extranjera. Entre 2000 y 2015, 1.250.000 inmigrantes habían adquirido la nacionalidad española. Si la fecundidad mide los proyectos de futuro, las nacionalizaciones muestran la voluntad de convertirse en ciudadanos y ciudadanas a todos los efectos.

La situación de los y las inmigrantes es muy heterogénea por procedencia y cultura, por tiempo de residencia, por situación administrativa y, también, por situación social. Podemos hablar de tres situaciones tipos. Una minoría relevante, sobre un 20%, tiene una buena situación. Son hombres y mujeres con años de residencia, permisos de larga duración, un buen trabajo y solvencia económica. Hay una mayoría importante, sobre un 60%, que tienen una situación social menos asentada, con grados diversos de precariedad por los malos trabajos, por la inseguridad que genera renovar los permisos con trayectorias laborales de trabajos temporales y paro, y por las dificultades económicas de las familias. Según la EPA 2019 III trimestre, la tasa de paro de los extranjeros es del 19,3%, por un 13,1% de los españoles. Tienen situaciones socialmente frágiles como tantas otras familias trabajadoras españolas, pero con peores indicadores. En 2018, la tasa de riesgo de pobreza era 45,5 % para los extranjeros UE, 50% para los extranjeros no UE y de un 18,1% para los españoles. Un tercer sector, minoritario, está en una situación de peligro de exclusión en las que suelen acumularse la situación irregular, subsistir con periodos de contratos temporales –cuando los consigue- y de economía informal, y vivir en condiciones malas de habitabilidad.

Después de lo que hemos pasado juntos, ¿todavía forasteros?

La crisis nos ha dejado una sociedad más pobre y más fragmentada y desigual. El resultado es que el foso social es más grande y profundo. Ya veníamos de una sociedad desigual; la actual lo es más y los puentes y anclajes que constituyen los servicios públicos se encuentran muy debilitados; mucha gente, autóctona e inmigrante, ya no salvan el foso con el peligro de desconectarse de la trama de procesos y vínculos cotidianos que conforman sociedad, entendida como compromiso colectivo para organizar la vida en común.

Unos de los sectores populares afectados, los ciudadanos y ciudadanas de origen inmigrante, vinieron de otros países, trabajaron, se asentaron, aprendieron el idioma y las costumbres sociales, y con la crisis ratificaron su elección. Ellos y ellas son ya de aquí. Si no por origen, sí hermanos de trabajo, de esfuerzos, de dificultades y lágrimas. El problema de su proceso de inserción no radica en su voluntad, ni en obstáculos culturales aunque éstos no falten, sino que muestra los límites y problemas de nuestro modelo social que tiende a expulsar a los márgenes a amplios sectores populares, autóctonos e inmigrantes. Dicho de otra forma, hablar de integración de las personas inmigrantes serio, requiere de acciones y políticas específicas, pero lo fundamental son las políticas de ciudadanía para autóctonos e inmigrantes, políticas de ocupación digna, de vivienda social, de cubrir los agujeros de los servicios públicos y de garantizar los mínimos de seguridad y dignidad propios de ciudadanos y ciudadanas. Esta es, en mi opinión, la cuestión central: recoser la sociedad y establecer unas bases socioeconómicas para una convivencia intercultural positiva.

Francisco Torres, sociólogo.
Universitat de València.

 

Atalak | Politika

Bonill, Ecuador
“JAZZ for TWO”, José Horna
Txema García
Sebastião Salgado
"El origen del mundo" José Blanco
"Homenaje a Federico García Lorca" Marisa Gutierrez Cabriada
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
“LIKE”. Eduardo Nave
"Homenage a Marcel Proust" Marisa Gutierrez Cabriada
Txema García
Sebastião Salgado
"El instante decisivo" Iñaki Andrés
Sebastião Salgado
Txema García
Inmigrantes rescatados por salvamento marítimo
"El instante decisivo" Iñaki Andrés
Alfredo Sabat, Argentina
Refugiados sirios: Mujer cocinando
Txema García
Eugenia Nobati, Argentina
Fotografía de José Horna
Irene Singer, Argentina
“JAZZ for TWO”, José Horna
Txema García
“LIKE”. Eduardo Nave
Fotografía de José Horna
Sebastião Salgado
"Lemoniz", Mikel Alonso
"El mal del país" José Blanco
Porteadoras
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso

Egileak