Trabajadoras del sexo. Entrevista a Paula Ezquerra sindicalista de la IAC

 

“Nosotras las putas somos clase obrera y sabemos perfectamente lo que es empoderarnos de nuestro cuerpo y nuestra sexualidad”

(Galde 23, 2019/invierno). Elo Mayo, Clara Murguialday.-
Entrevista a Paula Ezkerra de la Sección sindical de trabajadoras sexuales de la Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC).

Perteneces a Putas Indignadas de Barcelona, una organización referente en la lucha por los derechos del colectivo. El binomio puta-feminista es totalmente rechazado por algunos sectores del feminismo. ¿A qué crees que responde este rechazo? ¿Se puede ser puta y feminista?

Paula Ezkerra: A mí me llevó muchos años entender lo que significaba la identidad “puta” porque la palabra puta es sumamente transgresora de la obligación que tenemos de ser “buenas mujeres” en esta sociedad.La identidad putacuestiona fuertemente las imposiciones culturales patriarcales culturales y no debiéramos olvidar que las feministas, en sus comienzos, también lucharon contrala moral imperante que dictaba lo que las mujeres podían o no hacer en el terreno de la sexualidad. Lo que las trabajadoras sexuales compartimos con el movimiento feminista es la convicción de que la sexualidad no es sagrada y que nadie nos puede decir si somos buenas o malas mujeres; esto es lo que nosotras llamamos feminismo puta.

¿Por qué decidisteis organizaros como Sección sindical de trabajo sexual de la IAC? ¿Qué ventajas tiene esta fórmula en comparación con la de un sindicato autónomo de trabajadoras sexuales?

Paula Ezkerra: Nosotras venimos de Putas Indignadas y de Putas Libertarias, y hemos participado en organizaciones feministas y en diferentes movimientos sociales y políticos. Hace ya varios años iniciamos una asociación sindical con Comisiones Obreras y también hemos tenido encuentros y debates con otros sindicatos, aunque son pocos los que quieren abrir una sección sindical de trabajo sexual. Decidimos crearla dentro de la IAC porque entendemos quees la mejor manera para lograr que la sociedad nos reconozca como lo que somos: trabajadoras. Personas de otras secciones de la IAC nos decían: “vosotras sois trabajadoras, este es vuestro sindicato, cread vuestra sección sindical y tenéis toda la autonomía para hacer con ese espacio lo que queráis”. Es evidente que necesitamos sindicarnos y qué mejor que ir acompañadas de otros trabajadores y trabajadoras que tienen la experiencia sindical que nosotras no tenemos y nos pueden dar apoyo político. Necesitamos crecer sindicalmente y ganar más reconocimiento a nuestro trabajo; esta es nuestra apuesta, aunque respetamos que otras compañeras hayan decidido crear un sindicato, como en el caso de OTRAS.

¿Por qué crees que a un Gobierno que se dice feminista y socialista le produce tanto temor que las trabajadoras sexuales os organicéis sindicalmente? ¿Cuál crees que es la razón de fondo de su reacción tan airada a la creación del sindicato OTRAS?

Paula Ezkerra: Más allá de que a mí me parezca mejor o peor el crear un sindicato propio, estoy a favor de la sindicalización de cualquier colectivo de trabajadoras y trabajadores, y por supuesto, de las compañeras trabajadoras del sindicato OTRAS. El presidente Sánchez lo que tiene que hacer es revisar su concepto de gobierno socialista y feminista, porque ¿de qué feminismo está hablando, de un feminismo rancio, burgués o de un feminismo del siglo XXI que responde a nuestra diversidad de culturas, religiones, opciones sexuales, colores de piel, y formas de sobrevivir en esta sociedad capitalista, en la que tenemos derecho a trabajar como queramos dentro de las posibilidades que tenemos; lo que sí nos debiera unir a todas las feministas es el objetivo de abolir la pobreza. Además, tenemos que ser nosotras, las trabajadoras sexuales, quienes tengamos la última palabra sobre el trabajo sexual, porque nadie tiene derecho a hablar por nosotras o en nuestro nombre. Negarnos esta posibilidad por parte de un gobierno que se dice socialista y feminista es realmente muy grave, porque nosotras las putas somos clase obrera y sabemos perfectamente lo que es empoderarnos de nuestro cuerpo y nuestra sexualidad.

Las feministas abolicionistas consideran que la prostitución no es un trabajo sino un negocio que supone la explotación sexual de las mujeres. Además, no dudan en identificar prostitución contrata, lo que os está dañando profundamente ¿Cuál es vuestro diálogo con este sector del feminismo?

Paula Ezkerra: La mercantilización del cuerpo de la mujer y del hombre en una sociedad capitalista existe y seguirá existiendo.Por eso es tan importante unir la lucha de clases y la conciencia de género, es decir, construir un feminismo antipatriarcal y anticapitalista, para deconstruir ese imaginario de la mercantilización del cuerpo y del pensamiento de las mujeres y los hombres en esta sociedad. Como en tantos trabajos, en el trabajo sexual hay una explotación laboral, por supuesto; lo que no se dan cuenta las abolicionistas que dicen luchar contra la trata es que están consiguiendo justamente lo contrario.Sólo hay que mirar a Suecia, donde el abolicionismo está consiguiendo que las trabajadoras sexuales trabajen en situaciones más clandestinas y agresivas; que las migrantes sean deportadas “en caliente” porque al no ser reconocidas como trabajadoras, sólo se les reconoce como víctimas y con esa excusa son deportadas a sus países. El problema, por tanto, no es que sean prostitutas sino que sean migrantes; con el modelo abolicionista lo que se castiga en realidad es el proyecto migratorio de estas mujeres. O como en Francia, donde se acaba de instaurar el modelo abolicionista y ya hay dos asesinatos por semana de trabajadoras sexuales en el barrio de Boulogne de París, y las abolicionistas no se rasgan las vestiduras –como el caso reciente de nuestra compañera Vanessa Campos-. Aquí las mujeres nos tenemos que ir retirando cada vez más de los espacios públicos a sitios más clandestinos para no sufrir multas y no tener problemas, y es precisamente esta situación la que nos crea más indefensión ante las agresiones. El abolicionismo es hipócrita y está siendo cómplice del asesinato de mujeres en muchos países, porque con sus actuaciones empeora nuestras condiciones de trabajo y nos impide organizarnos para mejorarlas.

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Más de 350 feministas y organizaciones lanzaron el Manifiesto «Nunca sin nosotras» contra la ilegalización del sindicato OTRAS. Esto han escrito dos firmantes del manifiesto:

«Sin duda hay muchos tipos de trabajadoras sexuales, y también hay distintas personas y organizaciones que están implicadas en el negocio del comercio sexual. Pero precisamente lo que una organización sindical pretende es fortalecer a las mujeres para que no caigan en manos de las mafias. El trabajo sexual es la ocupación mejor remunerada que consiguen muchísimas personas frente a los brutales cambios económicos que provoca la reestructuración globalizada del capitalismo, que genera precarización laboral, desempleo prolongado y salarios míseros. Más que abolir el comercio sexual, hay que cambiar el sistema socioeconómico». Marta Lamas

«No nos corresponde a nosotras establecer jerarquías, decir quiénes son las mujeres buenas o las malas o las formas de explotación que podemos aceptar y las que no. Si desde un lugar donde tienes varias opciones le dices a otra mujer: «No debes hacer esto», estás hablando desde una posición de privilegio. Claro que a ninguna mujer le gusta venderse de esta manera, pero no es la única forma de venderse. ¿Qué vamos a decir de las mujeres que trabajan en los ejércitos o en las cárceles? ¿Es mejor dedicarse a eso? ¿Y las que nos golpean en las manifestaciones cuando protestamos? Mi filosofía y política feminista es que debemos luchar para expandir las posibilidades de sustentarse de las mujeres, para reducir o abolir la necesidad de venderse, no solamente de vender nuestros cuerpos, sino también de vender nuestros brazos, vender nuestras mentes o nuestros corazones. Pero si a una mujer le permite mayores posibilidades vender su cuerpo que trabajar en una máquina veinte horas al día, yo no voy a ser la que le diga que no puede hacerlo». Silvia Federici

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