Ante los hombres agresores de violencia de género

Manuel Martínez «Soy un maltratador psicológico». Usuario del Servei d’Atenció a Homes del Ayuntamiento de Barcelona. Manuel Martínez (a la izquierda) y Esteve Segura, coordinador del SAH. Fotos: Laura Estrada.

 

(Galde 25, uda/2019/verano). Oriol Ginés Canales.-

En Europa, más de una de cada cinco mujeres (22%) han sufrido violencia física o sexual y el 43% de las mujeres, alguna forma de violencia psicológica por parte de alguna pareja actual o anterior (European Union Agency for Fundamental Rights, 2014). La violencia de género tiene un impacto devastador en la salud y el bienestar de las víctimas, con consecuencias negativas a largo plazo para todas las personas implicadas (agresor incluido). Las medidas adecuadas para proteger a las víctimas son esenciales, pero una política integral para combatir este tipo de violencia también tiene que abordar a los agresores. El convenio del Consejo de Europa sobre la Prevención y la Lucha contra la Violencia contra las Mujeres y la Violencia Doméstica (Convenio de Estambul), que entró en vigor el año anterior y que España ratificó, requiere que los estados miembros de la Unión Europea inviertan en programas para los autores de violencia doméstica y delincuentes sexuales.

En cuanto al trabajo con los agresores, el artículo 16 del Convenio de Estambul, sobre “Programas de prevención e intervención preventiva”, establece que:

1. Las partes tomen las medidas legislativas u otras que sean necesarias para crear o apoyar programas destinados a enseñar a los autores de violencia de género a adoptar un comportamiento no violento en las relaciones interpersonales para prevenir nuevas violencias y cambiar los esquemas de comportamiento violentos.

2. Las partes tomen las medidas legislativas u otras que sean necesarias para crear o apoyar programas de tratamiento destinados a prevenir la reincidencia de los autores de delitos, en particular de los autores de delitos de carácter sexual.

3. Al tomar las medidas mencionadas en los apartados 1 y 2, las partes velan para que la seguridad, el apoyo y los derechos humanos de las víctimas sean una prioridad y que, en su caso, estos programas se creen y apliquen en coordinación estrecha con los servicios especializados en el apoyo a las víctimas.

Trabajar con estos hombres para cambiar su comportamiento es un paso clave para prevenir la violencia de género.

Para tal efecto se ha confeccionado una guía, los contenidos de la cual se basan en una revisión de la bibliografía relevante y la aportación de profesionales de primera línea no especialistas, hombres agresores y expertos que trabajan en programas para agresores y que aceptaron participar en grupos de discusión o entrevistas en tres países europeos (Francia, Italia, España). En España la Asociación CONEXUS ha desarrollado el trabajo de campo a la par que lidera el proyecto a nivel europeo.

¿Qué necesidades tienen como profesionales no especialistas ante los posibles agresores?

La investigación a través de entrevistas y grupos focales, además de la aportación como expertos en el abordaje de los hombres agresores, nos ha permitido elaborar una guía que recoge las principales conclusiones del proyecto. Los principales obstáculos mencionados para una buena derivación son el desconocimiento por parte de los profesionales derivadores, su miedo al agresor y su actitud juzgadora y no comprensiva con el hombre y su sufrimiento. También se considera importante explicar bien el programa al que se deriva sin engañar ni crear falsas expectativas.

Las personas expertas entrevistadas coinciden en que muchas profesionales de primera línea sí detectan violencia en hombres, pero depende de la mirada del o la profesional y podrían hacerlo más si tuvieran más herramientas. Están de acuerdo en que, para motivar al hombre para acudir a un servicio especializado, es fundamental no juzgar ni etiquetarlo, sino “tener en cuenta el malestar del agresor” y ofrecer “un espacio de apoyo”. Respecto a la información que se debería dar sobre el programa en la derivación las tres personas expertas están de acuerdo en que el mensaje básico debe ser que “es un sitio donde te pueden ayudar” y que con poca información realista y adaptada a la situación del hombre es suficiente.

Aún así, la mayoría de profesionales de los grupos focales no conoce servicios específicos para agresores a los que derivar a hombres que ejercen violencia. La gran mayoría de participantes nunca ha derivado un hombre. Sólo tres profesionales lo han hecho alguna vez, dos a un servicio especializado (en los tres casos la derivación fue exitosa en el sentido de que se llegó a atender al hombre).

Identificación de la violencia de género en hombres por servicios no especializados

Sólo cinco de casi cuarenta profesionales en los tres grupos focales han recibido formación específica para el abordaje de la violencia en hombres y dos indican que la han recibido por interés y a título personal.

Casi todas las personas de uno de los grupos refieren que sí han detectado violencia en algún hombre usuario. Muchas veces se sabe de la violencia a través de la mujer, pero a veces también se detecta directamente, sobre todo la violencia psicológica. Profesionales de la salud refieren la dificultad de gestionar la violencia referida por la víctima con el agresor si también lo atienden:

“La dificultad que me encuentro muchas veces es que tengo la pareja (agresora) en el cupo y … cómo gestionar el tema con el agresor.”

La mayoría de los otros dos grupos focales refiere que no atiende a los hombres directamente, y que si se realiza algún tipo de detección, es a través de la narración de la mujer o de las hijas o hijos, pero que es muy improbable abordar directamente el hombre que maltrata. La principal excepción son los servicios de atención a las drogodependencias y de salud mental, donde se puede tratar el tema de alguna manera con los usuarios y pueden ser derivados.

Si se detecta la violencia en los hombres es porque han sido denunciados, presentan actitudes en la relación de pareja que hacen sospechar la presencia de situaciones de violencia, o porque los propios hombres reconocen encontrarse en situaciones de conflicto o son delatados por sus parejas que acuden a la misma profesional (sobre todo en atención primaria de salud).

En cualquiera de estas tres últimas instancias se puede presenciar alguna relación conflictiva de pareja o violencia directamente, o en la situación de entrevistas, observada a través de interrupciones del discurso de la mujer por parte del hombre, y de establecer dinámicas relacionales que buscan evitar que ella hable con los y las profesionales o actitudes frente a la explicitación de valores igualitarios entre hombres y mujeres.

“Cuando viene siempre el matrimonio juntos y siempre habla él…, cuando ya sospecho algo, propongo hablar con ella a solas; él se enfrenta y no quiere salir de la consulta. Luego cuando sale, es la mirada que él le hace y ella está mirando a la puerta, pendiente de él y, a veces, manifiesta: ‘luego ¿cómo le explicaré esto?’

Las estrategias utilizadas por algunas profesionales para abordar la sospecha de violencia con los hombres incluyen preguntas sobre la relación de pareja y cómo las dificultades por las que consultan influyen en ella hasta preguntas más concretas sobre el uso de diferentes tipos de violencia:

“yo rasgo a ver qué relación tienen con la mujer… y llego a hacer preguntas si alguna vez la han pegado o si alguna vez ha habido una agresión verbal… y te lo acaban diciendo.”

“Preguntando por la relación de pareja, si hay conflictos,… si alguna vez hay gritos, si alguna vez bebe cuando está nervioso, si después de los gritos o la violencia psicológica alguna vez la ha pegado…”

Cuando hay datos objetivos sobre le violencia ejercida, abordarla se considera más fácil:

“Cuando han intervenido los cuerpos de seguridad es mucho más fácil, nos llega esta información y es un hecho, partimos de una base diferente”

En general, las y los profesionales creen que se debería actuar con los hombres y abordar la violencia:

“Hemos de trabajar de manera global, no sólo con las mujeres. Pero, ¿cómo cambiamos este criterio después de tantos años?”

Concretamente, desde la policía local se considera que “para nosotras trabajar con los hombres es clave… Tenemos horas y horas para hablar con ellos cuando tenemos que calmarlos y contenerlos “

En otros servicios ha habido experiencias (aunque excepcionales) de hombres pidiendo ayuda:

“Nos hemos encontrado a hombres que nos han pedido ayuda para frenar esto”

Dificultades y necesidades en abordar la violencia de género en hombres

Varias profesionales mencionan la normalización de la violencia como un obstáculo importante para su detección y abordaje:

“Estamos todas y todos asimilando conductas violentas como normales, naturales y a veces se nos escapan y con ellas las oportunidades de intervenir.”

Las principales dificultades y obstáculos mencionados para abordar la violencia en los usuarios hombres son el desconocimiento de herramientas y estrategias y la falta de habilidades, especialmente en casos más graves:

“En atención primaria he detectado muchas veces violencia, pero no he sabido nunca qué hacer. Te pones del lado de la mujer, intentas protegerla y ya está, porque me faltan herramientas.”

El poco reconocimiento del problema por parte de los hombres y el hecho de que lo suelan negar o minimizar en vez de pedir ayuda, es otra dificultad:

“El problema es que los hombres lo niegan o lo justifican. Y si reconocen algo, siempre es por obtener algún beneficio (custodia compartida, o no ir a prisión, etc.). No problematizan ni sus comportamientos ni sus identidades”.

Otra preocupación recurrente es el posible riesgo que puede suponer para la mujer abordar el tema con el hombre:

“Riesgo para ellas: luego él le da vueltas y se pregunta porque me habrá preguntado esto…”

Otro tema importante que indican varias profesionales es la repercusión personal que tiene la violencia en nuestras vidas y los prejuicios y posicionamientos que tenemos como profesionales ante la violencia y los hombres que la ejercen, entre el no juzgar y cierta empatía por una parte y una postura clara contra la violencia por otra, intentado evitar la posible manipulación y victimización:

“Hay servicios en los que cada día atiendes a maltratadores. Cuando te llegan este tipo de acciones lo que tambalea realmente son nuestras competencias personales ante esta situación.”

“Si te analizas a ti misma, todo el mundo tenemos conductas violentas. Si puedes conectar con el maltratador que en su cabeza tiene la mochila de su educación en ciertas situaciones no sabe reaccionar de otra manera y después puede decir ‘esto no me gusta de mi mismo y me gustaría cambiarlo’…

“No podemos caer en riesgo de que se victimice y que nos manipule”.

La Guía ENGAGE para profesionales que interactúan con hombres que ejercen violencia de género

La guía consiste en una primera parte con tres capítulos introductorios para establecer el escenario para abordar a los hombres agresores: otras definiciones y consecuencias de la violencia de género; responsabilidad y seguridad de las víctimas; y creencias sobre los hombres que ejercen violencia de género.

Un esquema introduce los cuatro pasos para abordar y derivar a los agresores: el primer paso es identificar la violencia de género en hombres; el segundo, es preguntar a los hombres sobre la violencia de género; el tercero, es motivar a los hombres para su derivación; y el cuarto, es derivar a los hombres a programas para agresores dentro de una respuesta coordinada multiagencia. Todos estos pasos son abordados a nivel práctico y con ejemplos.

Un capítulo posterior trata los dilemas profesionales (deontológicos), personales (éticos) y legales que se pueden encontrar en este trabajo. El último capítulo resume doce recomendaciones para abordar a un agresor. Completan esta guía las referencias y un extenso anexo de herramientas y recursos.

La guía y la formación del proyecto estarán disponibles a finales de año en nuestra página web http://conexus.cat//que-fem-investigacio.php

Oriol Ginés Canales
President de la Associació CONEXUS

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