El Periscopio: Ficciones y realidades

 

(Galde 25, uda/2019/verano). Jason & Argonautas.-

I. Vivir en las fábulas. Dijo el poeta León Felipe que “la cuna del hombre la mecen con cuentos y que los gritos del hombre los ahogan con cuentos”. Será que somos mal pensados, pero hay coincidencias temporales sospechosas. Que en esta época de déspotas gobernando el mundo sin complejos y aprendices de autócrata asomando, millones de habitantes del planeta real se despistojen, emocionen y sufran ante la pantalla por la suerte virtual de Daenerys, Tyrion o Jon Nieve, no puede ser casual.

Dicen los expertos que Juego de Tronos más que una serie es un evento emocional. Como una final de Mundial de fútbol cada semana. Tan intenso que la lucha a sangre y fuego de los Targaryen, Lannister y Stark cobra más realidad que una bronca entre cuñados en una cena familiar. Invernalia es ya más cercana que Candanchú. Más de un turista preguntará este verano si Desembarco del Rey pilla cerca de Gaztelugatxe.

Los integrados ven en este gran folletín del siglo XXI, trazos de las epopeyas universales de Homero y de Shakespeare. Los más apocalípticos, solo una muestra del creciente proceso de domesticación e infantilismo. Porque el fenómeno no es único. No bien la superheroína Capitana Marvel comenzaba su carrera comercial siendo el film más multitudinario y rentable del año, cuando sus cifras de taquilla eran barridas por Vengadores. Endgame: 1.200 millones de dólares en un fin de semana, máximo mundial recaudado hasta la fecha. Y es comprensible: el universo está en ruinas por culpa del supervillano Thanos, por lo que Iron Man, el Capitán América y otros superhéroes han de restaurar el orden de la galaxia en unas tres horas de película.

Frente a todo esto, la debacle de Iglesias, la pírrica victoria de Gabilondo, las dudas hamletianas de Colau y la probable defenestración de Carmena y Barcos, carecen de la suficiente tensión dramática. No hablemos de Europa, ese puzle de impotencias sin rastro del halo trágico que envuelve a los Siete Reinos.

Tras ocho años viendo crecer a los dragones, es natural que nadie esté dispuesto a aceptar el colorín colorado e irse a la cama. El vacío de fantasía sería insoportable. De ahí que a la fecha en que enfocamos este Periscopio, 25 de Mayo, Día del Orgullo Friki, más de un millón de adictos decepcionados hayan exigido que los guionistas reescriban la última temporada. ¿Por qué no la serie entera? Y, de paso, que vengan un rato a este lado de la pantalla y nos arreglen también el embrollo político-electoral.

II. Basta de Cuentos. Hay gentes que ven en lo imaginario y simbólico un peligro real y lo combaten con saña. Las ortodoxias tiran tanto a diestro como a siniestro. Algunos ejemplos para justificar el aserto:

Una escuela de Barcelona, inflamada de perspectiva de género, retira 200 cuentos infantiles de su biblioteca al considerarlos tóxicos por reproducir patrones sexistas. No eran relatos de Sade, sino La bella durmiente o Caperucita roja, entre otros. Los niños, alegan, son esponjas sin sentido crítico.

Pasando a los adultos –en edad-, varios sucesos recientes confirman que, como dice un conocido humorista, “hay una mala leche en la atmósfera que impide usar la libertad de expresión”. Un tipo, en Córdoba, entra a cara descubierta en una exposición y raja un cuadro que muestra a una Virgen con poca ropa y una mano en la entrepierna. La artista autora de la obra argumenta que se ha representado a sí misma reivindicando su sexualidad femenina y que para nada ha querido ofender.

Ocurre que hay defensores de la religión más papistas que el Papa. La Asociación de Abogados Cristianos, adicta a las querellas, se la ha tomado esta vez con la obra de teatro Dios tiene vagina, del colectivo cordobés Vértebro, por ser “porno que se burla de la Semana Santa”. Ni que decir tiene que tampoco les gustaron en su día las procesiones del Santo Coño Insumiso ni la del Chumino Rebelde de Sevilla y Málaga. En Polonia, donde el celo censor es más riguroso, un grupo de curas, “obedeciendo a Dios”, han quemado libros de Harry Potter para combatir la magia y los falsos ídolos. Podríamos seguir contando ad infinitum.

III. La guerra de los mundos. Hay diversos mundos y están en guerra. Unos viven en Covadonga y otros en los Siete Reinos. Fachas contra progres, machos contra feminazis, tribu contra tribu. Los miedos están activados y las vías de escape son tan ilusorias como peligrosas. Dice Bruno Latour que “el sentimiento de perder el mundo, ahora, es colectivo. Así que mientras algunos se van a Marte, otros regresan al planeta nacional, que también es abstracto, y en medio estamos los infelices que pensamos que, en un momento u otro, habrá que aterrizar: reconciliar la economía, el derecho, la identidad con el mundo real del que dependemos”. Para este pensador francés, si regresásemos a lo terrestre, podríamos empezar a definir un mundo compartido en el que la vida pública no estuviese desgarrada y los hechos tuvieran significado, pudiéndose mantener un respeto por los medios, la ciencia, las instituciones y la autoridad.

En Ucrania, donde han teletransportado a la realidad un presidente de ficción, intentan lograr una síntesis superadora de ambos mundos. El éxito es improbable.

Atalak | Kultura

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