Con luces largas: Perestroika o restauración

 

El Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos entra en un territorio de vulnerabilidad muy sensible tras el desgaste de la pandemia

 

Galde 34, udazkena/2021/otoño. Alberto Surio.-

El Gobierno de Pedro Sánchez afronta u n nuevo curso político de extremo voltaje. Previsiblemente, sacará los Presupuestos Generales del Estado adelante, tras una ardua negociación con los aliados que hicieron posible la investidura. Un proceso que tensará la cuerda sin romperla. A casi nadie le interesa un adelanto electoral. Las encuestas auguran ya un territorio volátil y sensible. El Ejecutivo siente el desgaste por la gestión de la pandemia pero no coinciden en el despegue que puede experimentar el PP. Numerosos sondeos privados detectan una fuerte movilización del electorado de centro-derecha pero quienes conocen bien las tripas demoscópicas del CIS alertan de un fenómeno que debería preocupar, en primera instancia al PP. Y es que, a pesar de que los populares capitalizan la absorción de Ciudadanos, Vox sigue creciendo a costa de un flanco del electorado conservador y pesca en las aguas del desencanto de la abstención.

No obstante, la coalición PSOE-Unidas Podemos entra en un territorio inflamable a partir del escándalo social que está suponiendo la subida del precio de la luz y la cadena inflacionista que ha generado, con efectos muy directos en el consumo doméstico. Es un asunto de vital trascendencia que ha encendido las luces rojas en el Gobierno. No ya porque haya desatado las contradicciones y las tensiones internas en el Consejo de Ministros. El propio presidente ha decidido pasar a la acción con un paquete de medidas urgentes. La presión de Unidas Podemos para adoptar iniciativas rápidas comienza a surtir cierto efecto, a pesar de las reticencias de un sector del PSOE, que siempre ha entendido que esto es una batalla a medio y  largo plazo en el que hay que contar con la cobertura jurídica de la Unión Europea. Sin embargo, el mismo presidente ha entendido que la sensación de impotencia ante la actual escalada es una deriva muy peligrosa para  el Ejecutivo, que se juega la próxima campaña electoral en este terreno de considerable impacto social. La pugna política en España no se va a librar en el marco de la polémica de los indultos, ni siquiera en el flanco de la discusión identitaria, sino en el campo del abuso de poder que plantea la actual controversia del incremento de los costes de la energía.

Sin cortafuegos. En este contexto de respuesta al desgaste se enmarca también el último cambio de Gobierno. Sánchez ha querido renovar los referentes del mismo, aunque ha perdido cortafuegos internos que permitían amortiguar la estrategia de acoso. La llegada de nuevas ministras procedentes del ámbito municipal forma parte de un plan de relevo generacional que proseguirá con la renovación de la Ejecutiva Federal del PSOE. La salida de Iván Redondo también marca un punto de inflexión. No obstante, no parece claro que el presidente haya conseguido insuflar un mayor nervio político a la comunicacióin del Ejecutivo, que sigue siendo su flanco más vulnerable, porque precisamente el asunto de la luz ha desbaratado todo el relato que se sustentaba en la tesis de una “recuperación justa” tras la pandemia, con el telón de fondo de la llegada de los fondos europeos, la mejora de a situación económica y la revitalización del empleo. Era una narrativa del optimismo, de la vuelta a la ‘alegría de la vida’, que no logra cuajar con el disparo de los precios, y que obliga a Sánchez a resetear de nuevo el discurso

.

Este cuadro de claroscuros permite intuir algunas de las paradojas que rodean al Gobierno y a la compleja gestión que implica administrarlas. De un lado, Unidas Podemos necesita afianzar sus nuevos liderazgos intensos tras la salida monitorizada de Pablo Iglesias. No resulta fácil compatibilizar una estrategia para visibilizar los logros sociales del Gobierno con su empeño en no abandonar del todo el terreno de los movimientos sociales. Es un equilibrio muy difícil para una fuerza de nuevo cuño situada a la izquierda de la socialdemocracia. Quizá una presumible nueva alianza entre los verdes alemanes y el SPD tras las elecciones en la República federal pueden iluminar un escenario similar a la hora de resolver algunas contradicciones.

A su vez, el PSOE vuelve de alguna forma a un cierto movimiento de repliegue centrista después de lo que supuso inicialmente la apuesta de Sánchez por dar la batalla interna contra la vieja guardia del partido con la bandera del poder de las bases y una narrativa de izquierdas que logró convencer claramente a su militancia. El presidente ha logrado el control del poder orgánico en la mayoría de las federaciones y la derrota de Susana Díaz en Andalucía era el último eslabón que le faltaba. Una vez dominados los equilibrios internos, y con el timón del aparato en sus manos, el último reajuste del Ejecutivo devuelve protagonismo al PSOE y realinea las complicidades del presidente y secretario general con el mismo. Es todo un mensaje que apunta que, en momentos de dificultad, el presidente y su principal referente cierran filas y sellan una alianza de intereses de clara impronta defensiva. Pero a la vez demuestra una fragilidad y denota un peligro. Que Sánchez haya optado por volver a la ‘restauración’, al viejo turnismo del sistema político español de finales del XIX entre conservadores y liberales, en vez de apostar por una catarsis profunda, por una ‘perestroika’ real, que era lo que parecía en un principio que se derivaba de su compromiso al ganar las primarias.

El verdadero problema de los partidos tradicionales -y el PSOE lo es- pasa por la conexión de los menores de 45 años con el sistema político actual . La crisis de las marcas clásicas es una realidad que lleva aparejada el auge de Vox entre los segmentos más jóvenes del electorado. Incluso el triunfo de Isabel Díaz Ayuso en Madrid retrata ciertas corrientes de fondo que, aunque no se pueden extrapolar al resto del Estado miméticamente, sí abren una profunda reflexión en las fuerzas del campo progresista sobre sus déficits en las estrategias de comunicación política a la hora de seducir y de movilizar a su electorado potencial, dormido o apático en la abstención.

Los próximos meses serán el escenario de una encarnizada batalla de poder que desvelará las estrategias y pondrá de relieve los riesgos y las oportunidades que presenta esta encrucijada de cambio. Pero quizá solo una contundente derrota de la izquierda en las elecciones autonómicas de Andalucía -un escenario bien previsible- puede encender de verdad las luces rojas. Cuando se vea el riesgo del naufragio de cerca quizá se adopten medidas urgentes para evitar el hundimiento. El problema es si no será demasiado tarde para ello.

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