Veinte ensayos para entender el feminismo

 

(Galde 20 negua/2018). Begoña Muruaga.
Es muy probable que si nos proponen a dos feministas que hagamos una lista de ensayos básicos para entender el feminismo, no nos pongamos de acuerdo salvo en tres o cuatro. Cada una de nosotras tiene su propia historia, y a cada una le habrá interesado más un libro que otro. Por otra parte, están los ensayos que han marcado nuestra vida. Éstos son algunos de los míos. Los reproduzco aquí en orden cronológico, según la edición original.

 

Ensayos sobre la igualdad sexual, de John Stuart Mill y Harriet Taylor-Mill. Empiezo con una excepción desde el punto de vista cronológico, ya que esta antología se publicó inicialmente en 1970. En ella se recogen las tres principales obras sobre la igualdad de los dos autores: Ensayos sobre el matrimonio y el divorcio (publicado por ambos en 1832), La emancipación de la mujer (Harriet Taylor, 1851) y La sujeción de la mujer (John Stuart Mill, 1869). Y lo he hecho porque sintetiza muy bien sus afinidades y diferencias en temas como el matrimonio, el divorcio, las profesiones a las que pueden acceder las mujeres y otros temas relacionados con la igualdad.

 

La mujer nueva y la moral sexual, de Aleksandra Kolontái (1929). Cuando escribo esto, se está conmemorando en muchas partes del mundo el centenario de la revolución rusa, y, desgraciadamente, aún se habla poco de las mujeres que la protagonizaron; entre ellas, Aleksandra Kolontái. Como se puede observar en este libro, fue una revolucionaria en toda regla, tanto en lo personal como en lo político. Defensora a ultranza de la igualdad de las mujeres, fue una idealista, que rompió moldes, que se enfrentó a la cúpula de su partido y que tuvo que huir de su país. Un ejemplo de libertad y de coherencia que todavía hoy me parece admirable.

 

Una habitación propia, de Virginia Woolf (1929). Ensayo basado en varias conferencias de la escritora inglesa, en el que reflexiona sobre las dificultades de las mujeres para escribir. Repasa la vida y obra de algunas escritoras y fantasea con la posibilidad de que Shakespeare hubiera tenido una hermana. ¿Habría tenido Judith el reconocimiento de William? –se pregunta. Y contesta que no, pero no por sus escasas cualidades intelectuales, sino por las condiciones en las que vivían las mujeres de la época. Así las cosas, concluye que lo único que necesita una mujer para escribir ficción es dinero y una habitación propia.

 

El segundo sexo, de Simone de Beauvoir (1949). Ensayo filosófico básico para entender la llamada corriente del “feminismo de la igualdad”. Consta de dos volúmenes. En el primero de ellos, la filósofa analiza la historia, la biología, el psicoanálisis y el materialismo histórico para explicar lo que ha significado ser mujer a lo largo de la historia. En el segundo, habla de la experiencia vivida por las mujeres, desde la infancia hasta la vejez, y cómo la educación recibida y los prejuicios sobre las mujeres han reforzado la idea de segundo sexo. Asimismo, analiza la prostitución, y considera tanto el lesbianismo como el aborto dos formas de ejercer la libertad sexual. Tras ese recorrido, apuesta por una mujer independiente, libre de roles impuestos y que decide qué hacer con su vida en todos los aspectos.

 

La mística de la feminidad, de Betty Friedan (1963). Éste es uno de esos libros que las feministas de mi generación teníamos que leer obligatoriamente. En él, la autora aborda “el problema que no tiene nombre”, es decir, la insatisfacción de las mujeres estadounidenses que, tras haber trabajado fuera de casa durante la Segunda Guerra Mundial, eran invitadas a regresar al hogar. Betty Friedan se hace eco de ese malestar y defiende el derecho de todas las mujeres a desarrollar sus propios proyectos de vida, independientemente de que sean esposas y madres.

 

Política sexual, de Kate Millet (1969). Otro ensayo básico para las feministas de mi generación. Escritora, cineasta, escultora y filósofa, Kate Millet es una de las principales figuras del feminismo contemporáneo. En este libro aborda la sexualidad como un tema político, y defiende que los roles asignados por el patriarcado no forman parte de la esencia humana, sino que son constructos culturales que se han desarrollado a lo largo de la historia. Utiliza ya los términos “sexo” y “género”, que más adelante formarán parte esencial de una corriente del feminismo.

 

 

La dialéctica del sexo, de Shulamith Firestone (1970). Otro de esos libros fundamentales para entender el debate sobre la igualdad. Firestone, una de las fundadoras del grupo Feministas Radicales de Nueva York, critica las teorías freudianas sobre la sexualidad de las mujeres y afirma que la familia tradicional es el origen de todos los males que les aquejan. Analiza también algunos mitos culturales, entre ellos el del amor romántico, y habla de feminismo y ecología, algo bastante novedoso para la época.

 

Especulum, espejo de la otra mujer, de Luce Irigaray (1974). La psicoanalista francesa Luce Irigaray es una de las teóricas más relevantes del llamado “feminismo de la diferencia”. En esta obra analiza la situación de las mujeres desde el punto de vista del psicoanálisis y la filosofía. Y llega a la siguiente conclusión: las mujeres deben construir su identidad a partir de la diferencia sexual. La autora se desmarca, por tanto, de las tesis que defienden la igualdad y se apunta a las tesis esencialistas, en las que lo biológico adquiere un peso fundamental.

 

Las feministas. Los movimientos de emancipación de la mujer en Europa, América y Australasia (1840-1920), de Richard J. Evans (1977). Este ensayo, uno de los más documentados y fascinantes que he leído, recoge las distintas corrientes del movimiento feminista que hubo en el siglo XIX y comienzos del XX, no sólo en Europa, sino también en EE UU, Australia y Nueva Zelanda. El autor nos habla de feministas moderadas, radicales, liberales, socialistas… de sus relaciones, de sus alianzas y de sus discrepancias en cuanto a las prioridades en la lucha por la igualdad.

 
 

El curioso noviazgo entre feminismo y socialismo, de Batya Weinbaum (1978). Poeta, editora y artista, Weinbaum aborda en este ensayo, breve pero intenso, las difíciles relaciones entre el socialismo y el feminismo. La autora estadounidense explica el concepto marxista de revolución, critica el componente patriarcal del marxismo y analiza la situación de las mujeres en los países socialistas. La clave para una revolución feminista es, según ella, una combinación del análisis de clase y el análisis de sexo.

 

¿Existe el amor maternal?, de Élisabeth Badinter (1980). Esta filósofa francesa es uno de los referentes fundamentales del feminismo de la igualdad. En este libro hace un repaso histórico de las relaciones amorosas entre los progenitores y sus hijos e hijas, haciendo especial hincapié en las relaciones madre-hijo/a. Demuestra que la relación que vincula a las madres con su prole ha ido cambiando a lo largo de los siglos y que esa relación ha sido distinta en la burguesía y en las clases desfavorecidas. Visto lo cual, la autora afirma que no existe una conducta universal aplicable a las madres, y que, por tanto, lo que se considera instinto maternal no es sino un mito.

 

Hacia una crítica de la razón patriarcal, de Celia Amorós (1985). Junto con Amelia Valcárcel, Celia Amorós es una de las filósofas españolas de referencia en el feminismo. Y para mí una de las fundamentales en mi formación. Firme defensora de la corriente del “feminismo de la igualdad”, la autora recopila aquí un conjunto de ensayos y artículos acerca de las implicaciones filosóficas del feminismo. Al mismo tiempo, deja clara su postura con respecto a las distintas corrientes del feminismo y aporta luz sobre las relaciones entre marxismo y feminismo.

 

La creación del patriarcado, de Gerda Lerner (1986). Este libro es el resultado de una exhaustiva investigación histórica, basada en estudios antropológicos, etnográficos y arqueológicos, así como en leyes, ritos y mitos. Tras ese minucioso análisis, la historiadora estadounidense afirma que la formación del patriarcado no ocurrió de repente, sino en un periodo de unos 2.500 años (desde el año 3.100 hasta el 600 antes de nuestra era). Por otra parte, asegura que la apropiación por parte de los hombres de la capacidad sexual y reproductiva de las mujeres ocurrió antes del origen de la propiedad privada y la sociedad de clases, y defiende la tesis de que jamás ha existido un matriarcado, al menos tal y como entendemos el patriarcado.

 

Mujer, arte y sociedad, de Whitney Chadwick (1990). Ensayo riguroso y apasionante en el que la historiadora de arte Whitney Chadwick pone el acento en las mujeres artistas. De esa forma, rescata de la invisibilidad a muchas de ellas y explica las condiciones en las que desarrollaron su trabajo. Gracias a él he descubierto a muchísimas artistas, desde la Edad Media hasta casi nuestros días, me he empapado de la sociología de la época y he aprendido sobre arte como nunca antes lo había hecho. Una obra maestra.

 

 

El poder de las mujeres y el Estado del bienestar, de Helga María Hernes (1990). Esta científica y política noruega analiza en este libro, corto pero intenso, las relaciones que en los países nórdicos se han establecido entre las feministas y los poderes públicos. Hernes, firme defensora del Estado del bienestar, apuesta por unas relaciones estables entre el movimiento feminista y las estructuras del Estado; al mismo tiempo, incide en la obligación de los poderes públicos de poner en marcha políticas que impulsen la igualdad.

 

El género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad, de Judith Butler (1990). Considerado uno de los ensayos fundamentales de la teoría queer, este texto cuestiona las teorías esencialistas de “lo femenino”, y, al mismo tiempo, pone en tela de juicio los términos “sexo” y “género”, que algunas corrientes del feminismo consideran incuestionables. Butler afirma que, si bien se ha considerado que el género es una construcción cultural y el sexo algo que existe de forma natural, tanto uno como otro forman parte de construcciones discursivas y performativas realizadas desde la heteronormatividad. Así las cosas, la catedrática de literatura comparada de la Universidad de California apunta hacia una multiplicación de configuraciones culturales de sexo y género.

 

El mito de la belleza, de Naomi Wolf (1990). La escritora y periodista estadounidense pone números al gran negocio de las empresas de cosmética y clínicas de cirugía estética que proliferan en EE UU. Por otra parte, denuncia la trampa que supone para las mujeres asociar belleza y salud, así como belleza y sexualidad. También da datos sobre los numerosos casos de anorexia que se producen en el mundo desarrollado, al tiempo que incide en la importancia que ha adquirido el aspecto físico a la hora de acceder a un puesto de trabajo. Así las cosas, la autora no duda en afirmar que “el mito de la belleza surgió para ocupar el lugar de la mística femenina, para salvar a las revistas y a la industria publicitaria de las consecuencias de la revolución feminista”.

 

Reacción. La guerra no declarada contra la mujer moderna, de Susan Faludi (1991). La tesis que defiende la autora en este libro es que, a medida que las mujeres se han ido incorporando al ámbito público y han tomado sus propias decisiones sobre el tipo de vida que desean, en la década de los 80 ha habido una reacción en EE UU para que las mujeres asociaran determinados trastornos emocionales con el abandono del hogar. En esa “guerra no declarada” han colaborado los medios de comunicación, las empresas, la publicidad y determinados profesionales de la psicología, la sociología y otras disciplinas. Por ello, el libro critica el contraataque de una parte de la sociedad estadounidense, que se niega a aceptar los logros conseguidos por las mujeres en las décadas anteriores.

 

Occidente y los otros. Historia de una supremacía, de Sophie Bessis (2002). La autora, historiadora y periodista tunecina, analiza la cultura occidental y denuncia la arrogancia y prepotencia de Occidente frente a otras culturas. En su opinión, Occidente habla de derechos humanos, pero, paralelamente, rechaza al “otro”. Este documentado ensayo, al analizar la historia de dominación de unos países sobre otros, nos ayuda a resituarnos en un mundo globalizado. Al mismo tiempo, nos da pistas para entender lo que ocurre hoy en día en determinadas zonas del planeta.

 

Ética para un mundo global. Una apuesta por el humanismo frente al fanatismo, de Amelia Valcárcel (2002). En este brillante ensayo, la filósofa española plantea que en esta sociedad globalizada nos une lo científico y lo tecnológico, y nos separa todo lo relativo a los saberes, los valores, la ética y las identidades. Por ello, la autora propone una ética universal que esté por encima de la diversidad, y en esa ética apuesta por incorporar las aportaciones del feminismo, que le parecen fundamentales.

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