Ana Hernando (Feministas por el Clima)
La lectura de Metamorfosis resulta imprescindible para comprender y abordar los retos presentes y futuros de la crisis ecosocial que atravesamos. En este ensayo, Yayo Herrero reflexiona sobre los cambios profundos que atraviesan nuestras sociedades y sobre cómo la centralidad de la trama de la vida irrumpe en la política, la economía y la cultura. Con un lenguaje accesible y conmovedor, realiza una crítica profunda al capitalismo caníbal y extractivista, así como a la cultura patriarcal y colonial que lo sustenta.
A lo largo de su reflexión desarrolla varias ideas que van más allá de los diagnósticos habituales. Recupera la tradición de pensadoras y pensadores que ya advirtieron de los límites del modelo desarrollista y del riesgo de un colapso sistémico. Frente a estas advertencias, señala la ceguera en ocasiones interesada de gran parte de los actores políticos actuales.
Yayo nos recuerda que la cultura occidental es la base del patriarcado y que se caracteriza por ser tóxica y suicida. Nuestra cultura, señala, establece relaciones de dominio sobre todo aquello que sostiene la trama de la vida. Bajo la idea de que la Tierra es un lugar ajeno que debe ser dominado y controlado por los seres humanos, se ha construido una visión que rompe el vínculo con la naturaleza. Esta cultura, que denomina “del extravío”, nos convierte en rehenes de una cosmovisión que somete los trabajos necesarios para sostener la vida y ejerce violencias sobre las bases materiales y los cuerpos que la hacen posible. El capitalismo se convierte así en una “religión civil” basada en una lógica del sacrificio, cuyo objetivo es el crecimiento económico y la acumulación de beneficios que solo recaen en unos pocos.
También nos anuncia escenarios inquietantes e inevitables en la decadencia del capitalismo global y que están estrechamente vinculados al ascenso del fascismo. Hoy asistimos estupefactas a la exhibición obscena de la crueldad y la deshumanización hacia las personas más vulnerables, a la normalización del genocidio y de la guerra, siguiendo la misma lógica racista y colonial que ha marcado gran parte de la historia de Occidente.
Frente al delirio tecnológico y a las respuestas distópicas de las corrientes de ultraderecha, propone la metáfora de la metamorfosis del saltamontes. Esta imagen simboliza la necesidad de un cambio profundo que nos permita comprender las causas de la crisis y reconstruir una humanidad en paz con la trama de la vida. Transformar el mundo implica también transformarnos, dejando atrás lo viejo mientras construimos lo nuevo.
La transformación consiste en garantizar condiciones de vida digna para todas las personas en un contexto inevitable de contracción material y cambios ambientales. Supone situar la vida en el centro y atender las necesidades concretas dentro de los límites de la Biosfera. Esta mirada clave que aportan los ecofeminismos, es una herramienta fundamental para hacer pedagogía, para tejer diálogos entre distintas luchas y fortalecer los vínculos colectivos y comunitarios hacia una transición ecosocial justa.
Yayo invita también a liberarnos de las falsas soluciones que no cuestionan el marco del capitalismo global. Necesitamos crear “poder por abajo” y generar cambios profundos que sin duda son complejos, pues estamos socializadas dentro de esa cultura del extravío. Solo politizando colectivamente los malestares sociales podremos dar luz a la esperanza y a la ilusión para llevarlos a cabo.
Las verdaderas alternativas surgirán de una metamorfosis colectiva capaz de impulsar una “revolución humilde”, vinculada a la tierra y orientada a garantizar condiciones de vida justas para todas las personas en armonía con la biosfera. En este sentido, la palabra revolución adquiere en la pluma de Yayo un significado renovado: una estrategia política basada en la esperanza y en un liderazgo colectivo que avance como un enjambre de saltamontes mudando su exoesqueleto.

