Andalucía: Gazpachos “unitarios” de izquierdas

Carmen Yuste

En Andalucía, acabamos de celebrar el 28 de Febrero. Es la fecha en la que recordamos el referéndum celebrado en 1980, culminación de un proceso que se había iniciado años antes y había tenido como hito político y emocional las enormes manifestaciones del 4 de diciembre de 1977. Estas dos fechas son desde entonces símbolos de pertenencia del pueblo andaluz, pero cada una de ellas ha representado diferentes interpretaciones de aquel proceso y ha sido reivindicada desde diferentes sensibilidades políticas. Si el 4D simboliza la lucha y la movilización popular, el Estatuto de Autonomía dio al 28F carácter oficial e institucional.

En los días previos a la celebración del día de Andalucía, el presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno Bonilla, anunció por fin el momento en que disolverá el Parlamento y por tanto, el de las elecciones autonómicas que, en consecuencia, deberán celebrarse en junio. Se acaban así los muchos meses de especulaciones sobre la posibilidad de adelanto electoral y de elucubraciones y cálculos partidistas de uno y otro lado.

El resultado de junio está ya bastante claro: el PP ganará las elecciones, solo queda por dirimir si renovará la mayoría absoluta; el PSOE sufrirá un nuevo desplome que ahondará la debacle de los últimos años y se tendrá que dar por satisfecho si logra mantenerse por delante de la ultraderecha de VOX que puede llegar a convertirse en la segunda fuerza política. La suma de los votos a las izquierdas, sea cual sea su plasmación en escaños, no van a ir mucho más allá del 10%, en el mejor de los casos.

Por supuesto, la fecha elegida para el anuncio electoral no es una casualidad. Con su llegada al poder, Moreno Bonilla y el PP de Andalucía, decidieron adoptar una retórica pseudoandalucista y no solo abrazan el 28F, despojándolo así de su identificación con el autonomismo progresista, sino que han institucionalizado el 4D como “día de la bandera”, arrebatándole a la izquierda una fecha que ha sido símbolo de movilización y lucha. Llama la atención el viraje: en el momento del referéndum, las derechas se movieron entre la abstención y un beligerante “No”, pues veían en el proceso autonomista una amenaza al estado de cosas nacida del consenso del 78.

Ciertamente la movilización popular que desembocó en la votación del 28 de febrero de 1980 tenía componentes que iban mucho más allá del anhelo de un marco estatutario. Las andaluzas y andaluces, sus organizaciones más combativas y conscientes, entendieron la pelea por la autonomía como una continuación de la resistencia contra la dictadura y de la lucha por las libertades y la justicia social que se había visto, en gran medida, frustrada por las importantes renuncias de la “modélica” Transición. La verde y blanca que colgaba de los balcones de los barrios y pueblos de toda Andalucía pedía “tierra y libertad”, era un clamor contra la emigración forzada por la falta de oportunidades, el paro, los problemas de vivienda, los enormes déficits en infraestructuras y servicios públicos y, en suma, contra la pobreza y la desigualdad.

El resultado del referéndum fue abrumador e hizo posible el acceso a la autonomía por la vía del artículo 151 de la Constitución, junto a las demás nacionalidades históricas. Unos meses después, se celebraron las primeras elecciones autonómicas en las que el PSOE arrasó, pues consiguió capitalizar el proceso de autonomía.

A partir de entonces, los gobiernos del PSOE se sucedieron durante casi cuarenta años, dando lugar a lo que las derechas denominaron “el régimen socialista”. Fue un largo periodo de hegemonía política y social, a lo largo de los cuales se aplicaron diferentes mecanismos para neutralizar o domesticar a los movimientos sociales que habían sido el impulso de la lucha por el autogobierno y el motor de avances y transformaciones, desde los años de la dictadura. Durante estas cuatro décadas, el poder político en manos socialistas se empeñó en emular los modos y costumbres de las clases dirigentes tradicionales, mimetizándose con sus valores y sus gustos éticos y estéticos. Al mismo tiempo, el nepotismo y las redes clientelares se extendieron por consejerías, diputaciones, ayuntamientos y empresas públicas.

La última legislatura del PSOE en el gobierno andaluz fue en coalición con Ciudadanos. Esa fue la primera vez tras la dictadura que la derecha tocó poder en Andalucía, por esa brecha entró Moreno Bonilla en la Presidencia de la Junta y de ese movimiento no se ha vuelto a recuperar el PSOE. La derrota socialista en su feudo histórico se achacó directamente a los escándalos de corrupción que salieron a la luz, entre ellos el famoso caso de los ERE. Pero mucho más grave es haber llegado al poder, aupado por las esperanzas despertadas del 28 de febrero de 1980, y después de 36 años no haber conseguido terminar con los grandes problemas de Andalucía y con un papel subalterno que todavía arrastramos. Si atendemos a las encuestas, el partido que obtuvo una victoria aplastante en 1982 no pasará del 20% de los votos.

¿Y qué hay de “la izquierda a la izquierda del PSOE”? Con ese circunloquio se alude a un conjunto heterogéneo de izquierdas que se han sentido identificadas emocional y políticamente con el 4D, frente a la fecha oficial e institucional de febrero. En este conjunto hay organizaciones con mayor o menor implantación, dentro de su carácter minoritario; de larga trayectoria o mucho más recientes; con vinculación estatal o “de obediencia andaluza”, por usar su autodefinición a falta de otra más ajustada…, pero todas tienen en común la vocación por ocupar en solitario un espacio electoral menguante.

La organización de más amplia trayectoria y mayor implantación territorial es Izquierda Unida. Llegó a formar parte del gobierno andaluz, lo que junto a sus problemas internos, la condujo a una importante crisis tras la irrupción de Podemos. Desde entonces, siempre ha concurrido a las autonómicas en coalición y volverá a hacerlo en junio. Tiene más de 800 concejalías y unas 60 alcaldías en las ocho provincias, alguna de las cuales de ciudades relevantes como Sanlúcar de Barrameda. Aunque lejos de los años de mayor influencia política y social, esta realidad no tiene comparación, ni remotamente, con ninguna de las otras organizaciones del espacio electoral en disputa.

Con los números anteriores no terminan de entenderse los acuerdos firmados por Izquierda Unida con pequeñas organizaciones sin arraigo territorial, nula representación institucional y absoluta insignificancia social. La única explicación posible es poder seguir repitiendo el discurso de la “unidad”, como si ésta fuera un fin en sí mismo y hubiera demostrado alguna eficacia de calado en los intentos anteriores.

Uno de los ensayos de “unidad de la izquierda” se produjo en 2018 y, conformada por Podemos e Izquierda Unida, se llamó Adelante Andalucía. En aquel momento, Podemos tenía una potencia electoral importante, pero también graves problemas internos como en el resto de territorios. La dirección andaluza, proveniente en su mayor parte de Anticapitalistas, formaba parte de la oposición interna a la dirección estatal del partido. Tras años de tensiones y conflictos, la escisión definitiva se produjo bajo el argumento de construir una organización netamente Andaluza. Esta explicación fue el armazón para sostener una ruptura estratégica que empezó a fraguarse casi en el mismo momento de la fundación de la organización estatal, pero también una apuesta genuina por el andalucismo de izquierdas como opción política que ha ido tomando forma y llenándose de contenido, en ocasiones, oculto bajo cierto folklorismo.

Tras la ruptura polémica y agria de la coalición con Izquierda Unida, Adelante Andalucía es actualmente la denominación de una organización que ha ido consolidándose como un referente a tener en cuenta en el panorama político andaluz. Cuenta con algunas concejalas y concejales, sobre todo en Andalucía occidental, y llegó a alcanzar la alcaldía de una capital de provincia, Cádiz, aunque la perdió en las últimas elecciones autonómicas. Están haciendo un esfuerzo de expansión territorial e implantación local, pero queda por ver si logran rentabilizar el excelente trabajo parlamentario y construir una estructura que consiga afianzarse con perspectivas de futuro. De momento, junto a iniciativas de impacto (como la impulsada en el Parlamento para la gratuidad de las gafas para menores), Adelante Andalucía se ha convertido en la auténtica voz de la oposición a Moreno Bonilla, lo que ha dado a esta organización una proyección mediática que se va a poner a prueba en junio.

En este escenario, se explica la determinación por presentarse en solitario a las elecciones autonómicas: es el momento de afianzar las siglas y explicar su alternativa a la sociedad y, al mismo tiempo, para el fortalecimiento interno al calor de la campaña. Animados por las encuestas, su buen posicionamiento en las redes sociales y cierta simpatía en un sector de los medios, el espejo en el que se miran últimamente es la Chunta y los resultados obtenidos en las últimas autonómicas de Aragón que, por otra parte, ganó ampliamente la derecha y la ultraderecha. Su aspiración debería ir más allá de ocupar el espacio minoritario a la izquierda de un PSOE en la oposición.

Mientras Izquierda Unida mantiene una minoritaria pero significativa presencia territorial y Adelante Andalucía está en un momento de crecimiento y consolidación, Podemos se encamina a la irrelevancia en Andalucía, como ya ha ocurrido en otros territorios. No es el momento de analizar en profundidad como se ha dilapidado en tan poco tiempo el enorme caudal de esperanza y experiencias que fraguaron en el nacimiento de esta organización, pero uno de los graves errores que lo explican es la nefasta idea de no presentar candidaturas propias en las elecciones municipales de 2015. Este disparate solo se explica por la decisión consciente de la dirección estatal de no crear una estructura organizativa de base que pudiera poner mínimamente en cuestión sus designios. Objetivo cumplido: Podemos no tiene implantación real en prácticamente ningún barrio o pueblo de Andalucía y si mantiene su apuesta de concurrir en solitario a las próximas elecciones, desaparecerá también del plano institucional.

Aparte de las tres organizaciones mencionadas, en el panorama electoral andaluz de izquierdas no hay mucho más; el resto de siglas que se añaden a los gazpachos “unitarios” son pequeños grupos cuyo papel principal es dar apariencia de pluralidad a la marca electoral de turno.

En las elecciones de junio arrasarán las derechas y lo único que podemos esperar es que los aparatos de las organizaciones que se reclaman progresistas no hagan una lectura mezquina y partidista del previsible resultado. Las mismas encuestas que predicen lo victoria de Moreno Bonilla señalan que la gente de Andalucía considera que la sanidad es nuestro principal problema y el 60% pide el refuerzo del sistema público. La política de destrucción sistemática de la educación pública del PP se ha cobrado ya el cierre de 2.758 aulas, al mismo tiempo que se promueve un crecimiento espeluznante de los centros de FP y universitarios privados, en paralelo al ataque a la universidad pública que supone la recién aprobada Ley Universitaria Para Andalucía (LUPA). El acceso a la vivienda es un gravísimo problema en las capitales y la costa machacadas por la especulación y la turistificación. Nuestra tierra sigue siendo la comunidad autónoma con mayores índices de pobreza y exclusión social, una de las diez regiones más pobres de Europa. Estas son las urgencias.

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