EL COSTE DE LA INACCIÓN Y EL RETARDISMO CLIMÁTICO. EL CASO DE NAVARRA

JULEN REKONDO

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El cambio climático es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo. Los fenómenos meteorológicos extremos aumentan en frecuencia e intensidad, agravando sus consecuencias. Además de la dramática pérdida de vidas humanas, se produce una destrucción del territorio y un aumento de los daños, como lo demuestran los incendios, las sequías, las inundaciones y las olas de calor.

Los datos son contundentes. La Organización Meteorológica Mundial advierte de pérdidas económicas debidas a fenómenos climáticos, que se han multiplicado por siete desde 1970; en Europa, las pérdidas acumuladas desde 1980 se estiman en 738 mil millones de euros, de los cuales el 22% se concentraron entre 2021 y 2023, lo que demuestra una aceleración crítica de los daños; un informe reciente de la Universidad de Mannheim y el Banco Central Europeo estima que el coste a corto plazo de las olas de calor, las sequías y las inundaciones en 2025 en Europa supera los 43 mil millones de euros, el 0,26% del PIB de toda la UE, y lo calcula en más de 126 mil millones para 2029. Estas estimaciones no tienen en cuenta otros desastres como los destructivos incendios forestales de julio y agosto del pasado verano.

Las compañías aseguradoras, conscientes del creciente riesgo, llevan tiempo aumentando sistemáticamente sus primas. Según estimaciones globales, los eventos extremos ya representan entre el 35 % y el 40 % de las pérdidas aseguradas anuales, un coste que afecta directamente a todos. Además, a medida que los eventos se vuelven predeciblemente extremos, muchos bienes dejan de ser asegurables.

El estudio “El futuro de los seguros 2025-2026: cómo crecer y liderar en un mercado en transformación”, señala que el 20,5 % del crecimiento de las primas mundiales hasta 2040 se deberá al cambio climático.

La crisis climática ha dejado de ser una proyección futura para convertirse en un riesgo sistémico, no solo para los sistemas naturales, sino también para la economía global.

Navarra enfrenta vulnerabilidades ante el cambio climático, caracterizadas principalmente por un aumento de temperaturas, reducción de agua disponible y fenómenos meteorológicos extremos, según la Estrategia de Adaptación al Cambio Climático en Navarra (LIFE-IP NAdapta-CC). El territorio muestra una tendencia hacia un clima más seco y cálido, con impactos significativos cada vez más cercanos.

Las olas de calor se han intensificado y duplicado en frecuencia e intensidad en la última década, consolidándose como un riesgo creciente debido al cambio climático. Los años 2022, 2023, 2024 y 2025 son los 4 más cálidos desde 1961. 9 de los 12 días de temperatura más extrema sobre el conjunto de Navarra se han producido en los veranos de 2002, 2023 y 2025. El año 2021 registró las peores inundaciones en Navarra en 50 años, 2022 fue el más seco desde que hay datos y 2023 es el año con más registros de precipitación muy fuerte en escalas cortas de tiempo (1).

Otro impacto al que nos enfrentamos es la intensificación de los incendios forestales de nueva generación y una temporada de riesgo más prolongada, lo que incrementa los daños. El responsable del Departamento de Reducción de Riesgo de Desastres de TESICNOR, Peio Oria, en la jornada científico-técnica Pirogeografía de Navarra celebrada el pasado 24 de abril en el Instituto Navarro de Administración Pública (INAP) en Pamplona, dijo que los grandes incendios catastróficos «todavía están por llegar a Navarra», aunque señaló que el verano de 2022 ofreció ya «un anticipo de lo que puede ocurrir».

Los incendios afectan a nuestra comunidad y requieren un aumento del presupuesto anual destinado a la prevención y defensa contra incendios. Otros daños más difíciles de cuantificar son la erosión y la pérdida de productividad del suelo, la destrucción de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, y otros impactos en cadena, como el efecto de las lluvias torrenciales.

Paradójicamente, a pesar de la intensidad de las lluvias, la posibilidad de estrés hídrico y sequías estivales más prolongadas ya nos afecta. Así, por ejemplo, la campaña de cereal en Navarra en 2022 fue una de las peores de la década, marcada por un descenso de producción cercano al 15 % respecto a la campaña anterior, principalmente por la falta de lluvias y las altas temperaturas. En la Zona Media y el sur (secanos áridos), los rendimientos fueron bajísimos, considerados de los peores en años. La campaña 2023 fue calificada como la peor en los últimos 20 años, alcanzando cifras muy graves en cultivos de secano y pastos.

Los criterios tradicionales utilizados en economía y gestión territorial han quedado obsoletos. Un punto central en el contexto actual es el marcado por la necesidad de transitar de un modelo de «reconstrucción tras el desastre» a uno de «prevención y adaptación estructural»

Navarra enfrenta efectos significativos del cambio climático, con un impacto económico creciente que afecta a sectores clave como el agroalimentario y la industria. Este escenario obliga a abordar la mitigación del calentamiento mediante la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero con mayor intensidad, ya que siguen creciendo.

Navarra debería de reducir un 55 % sus emisiones para 2030, pero entre 2016 y 2022 (últimos datos oficiales que hay) aumentaron un 22 %. Solo la generación eléctrica y el sector residencial han reducido emisiones, mientras que la industria y el transporte siguen creciendo, especialmente este último, debido a que el transporte de viajeros y de mercancías se hace mayoritariamente por carretera. A día de hoy, la energía que se consume en Navarra es mayoritariamente fósil: 43% como petróleo y derivados, 24% como gas natural y parte de la electricidad también es de origen fósil, generada en las plantas de ciclo combinado de Castejón.

Si bien reducir emisiones es muy importante, y se puede hacer mucho más en Navarra, prevenir y adaptarse ya no es una opción, es un imperativo y una acción inaplazable. Para ello se requiere un análisis de riesgos climáticos relevantes en todos los sectores que conforman el sistema socioecológico y económico navarro: salud, agua, biodiversidad, sector forestal, agricultura, energía movilidad, industria, turismo, sistema financiero, patrimonio cultural, cohesión social y municipios, que oriente la planificación de políticas públicas de adaptación y la integración de la variable climática en la toma de decisiones.

Pero, además, uno de los requisitos en las políticas de adaptación al cambio climático es contar con una adecuada dotación presupuestaria en los Presupuestos Generales. Pero llama la atención que el Gobierno de Navarra destine ingentes fondos a determinados proyectos, como es el caso del Tren de Alta Velocidad, entre otros. mientras que las políticas de adaptación, con la importancia y prioridad que tienen, se doten con tan escaso presupuesto.

La adaptación es un área de inversión con altos retornos económicos, ya que invertir en resiliencia hoy reduce costos masivos por daños en el futuro. La adaptación no es solo un gasto, sino una protección de activos y vidas, mejorando la seguridad ante eventos extremos.

El presupuesto climático para 2026 supone la cifra de 133,1 millones de euros, que es una partida escasa, para el reto ambiental más importante que tiene Navarra en la actualidad (2). Pero, además, la prioridad que se ha dado en los últimos presupuestos generales de Navarra a la mitigación (83,63% de la inversión presupuestada en acción climática) frente a la adaptación (16,37%) demuestra que es una política climática del Gobierno de Navarra de mucha energía y poco de clima, cuando ya ha llegado el momento de invertir más en prepararnos para lo que se avecina.

  1. ENERKLINA2050: una oportunidad, ¿perdida? www.eldiario.es/navarra/contrapunto/enerklina2050-oportunidad-perdida_132_12912380.html

  1. Adaptación climática y financiación. https://www.noticiasdenavarra.com/opinion/tribunas/2025/12/27/adaptacion-climatica-financiacion-10515692.html

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