Itziar Ruiz-Giménez Arrieta: Profesora Titular de Relaciones Internacionales, Coordinadora del Grupo de Estudios Africanos e Internacionales de la Universidad Autónoma de Madrid. Email: itziar.ruiz-gimenez@uam.es
__________________________________
“La utopía está en el horizonte.
Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y
el horizonte se corre diez pasos más allá.
¿Entonces para qué sirve la utopía?
Para eso, sirve para caminar.”
(Eduardo Galeano)
AVANCES, TENSIONES Y RETOS CONTEMPORÁNEOS
Escribir sobre los derechos humanos (DDHH) en África no es tarea fácil, y menos si no se quiere caer en dos trampas mentales. La primera, quedar enredada en el error (reiterado en la “media-polis” occidental) de tratar a África de forma homogénea. Invisibilizar, por tanto, que se trata de uno de los continentes más extenso (más de 30.000.000 km2), más poblado (1.570 millones de personas, aproximadamente el 19% de la población mundial), más bello y rico del planeta. Si, ha leído bien. África es inmensamente rica en ecosistemas, recursos naturales y, sobre todo, en vida humana, con una diversidad política, social, económica, cultural, religiosa, lingüística y de género inconmensurable.
Imposible, pues, abarcar un aspecto tan concreto, y a la par tan inmenso, como es escribir sobre la actual situación de los DDHH en la región. Imposible hacerlo, sin caer en una segunda trampa intelectual. La de reproducir lo que el filósofo congoleño Valentín Yves Mudimbe, fallecido el año pasado, llamaba “la Biblioteca Colonial”, esto es, la (re)invención eurocéntrica de África como un locus de alteridad y diferencia, como un espacio “atrasado”, “subdesarrollado”, en guerra permanente y repleto de estados “colapsados”, “frágiles” o “corruptos”, regímenes autoritarios y represivos, islamismos radicales o extremismos violentos y donde, de forma sistemática y reiterada, se vulneran los DDHH, en especial, de las mujeres y las niñas.
Se me ocurre que una forma de hacerlo es aportar ciertas reflexiones, de forma sintética, sobre las luchas que millones de africanas y africanos han llevado a cabo en las últimas décadas, enarbolando los lenguajes de los DDHH. Sus agendas, diversas y situadas, y sus caminares en pos de sus “utopías” han transformado, de forma radical, a sus sociedades y las agendas globales. Tres “hilos” narrativos tejen este relato sobre cómo desde la(s) africa(s) han re-imaginado esos lenguajes, con objeto de visibilizar sus logros y también los retos que afrontan.
El primer hilo de esta madeja de diálogos global-locales en torno a los DDHH sirve para recordarnos que fueron las africanas y africanos quienes, junto al resto de sociedades no occidentales y sectores de las occidentales (feminismos, socialismos, anarquismo, etc.), conseguían universalizar el “derecho a tener derechos”. Lograban así, desmontar la cosmovisión liberal occidental de que la humanidad con derechos era (o es) un sector minoritario (pero todavía extremadamente poderoso): los hombres blancos, cis-heterosexuales, educados, capitalistas, propietarios, occidentales, cristianos, adultos y sin discapacidad o diversidad funcional1. Y de esta forma, fueron esas “otras” y esos “otros” quienes, a lo largo de los últimos 75 años, derrumbaban los imperios coloniales europeos, proscribían la colonización, el apartheid y el genocidio. Asimismo, consagraban la igualdad y la no discriminación en todas sus formas como derecho internacional imperativo (ius cogens), recogiéndose en la mayoría de las constituciones, incluidas las africanas. Surge en este ámbito, un primer gran reto para estos logros normativos, él de frenar la actual contraofensiva global, reaccionaria, patriarcal, colonial, racista, LGTBIfobia.
El segundo hilo de la madeja nos permite visibilizar los caminares de africanas y africanos, junto a personas de todo el mundo, en pos de la expansión (también ahora en peligro) del catálogo de DDHH. En este sentido, interesa aquí recordar las luchas africanas, situadas en el tiempo y espacio, por expandir la restrictiva cosmovisión occidental que los reducía (y reduce) a unos pocos derechos civiles y unos escasos derechos políticos con la finalidad de incluir, como DDHH, la educación, el trabajo digno, la salud, la alimentación, la energía, la vivienda, la cultura o un medioambiente saludable. Por mencionar dos hitos de dichas luchas a nivel global: casi todos los estados africanos han ratificado el Pacto internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC, 1976); y, segundo, el determinante papel de dichos estados para que, en la Declaración Final de la Conferencia de Derechos Humanos (Viena, 1993), se reconociese a los DESC (junto a los Derechos Civiles y Políticos) cómo interdependientes e indivisibles.
Con todo, en las últimas tres décadas, esta agenda socioeconómica se ha visto fuertemente amenazada en todo el mundo. La causa fundamental ha sido la expansión de la globalización neoliberal, la cual no sólo niega la categoría de DDHH a los DESC sean DDHH, sino que ha arrasado con los servicios públicos y los sistemas de cuidados en todo el mundo y, en particular, en África. Asimismo, provocaba el aumento exponencial de las desigualdades socioeconómicas y de género, agravadas por las sucesivas crisis económicas (2008, 2010) o tras la pandemia del covid19). Ello no ha impedido que, al igual que el resto de grandes potencias (China, Rusia, etc.), los países occidentales y la propia Unión Europea hayan ahondado en sus lógicas neoliberales extractivistas, coloniales, patriarcales y fuertemente militarizadas. El impacto en los DDHH en África ha sido demoledor, en especial, dadas sus intensas relaciones clientelares con muchos gobiernos africanos, convirtiéndose en “cooperadores necesarios” de sus políticas represivas contra las primaveras africanas, así como de un sin fin de golpes de estados o guerras. Escenarios donde, es importante resaltarlo, millones de mujeres y hombres defienden, cotidianamente, los DDHH y los ecosistemas y territorios africanos.
Los caminares de millones de mujeres africanas (y muchísimos hombres) serán determinantes, en segundo lugar, para consagrar dentro del catálogo internacional de DDHH, los derechos de las mujeres: el derecho a una vida libre de violencias machistas y de discriminación de género y los derechos sexuales y reproductivos. Aunque resulta imposible glosar aquí todos los hitos del momentus feminista que hemos vivido a nivel global, resaltar el protagonismo de los feminismos africanos, junto a los del resto del planeta, en la aprobación de, entre otros instrumentos internacionales, la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, 1979)2, el Plan de Acción de Beijing (1995), o la Agenda Mujeres, Paz y Seguridad (2000) Mencionar, asimismo, sus logros en el ámbito de la justicia penal internacional o el derecho internacional humanitario, desmontando sus cegueras patriarcales y logrando que las violencias machistas, incluida la violencia sexual en conflicto, sean consideradas en crímenes internacionales (Estatuto de Roma, 1998).
Recordar, por último, como dentro del sistema regional africano de DDHH, se aprobaba, en el año 2003, el “Protocolo a la Carta Africana de DDHH y de los Pueblos relativo a los Derechos de la Mujer” (conocido como Protocolo de Maputo)3. Se convertía, así, en el primero tratado internacional que consagra el derecho de las mujeres a la salud reproductiva, al control su sexualidad y fertilidad y al aborto seguro en casos de incesto o peligro para la salud. Además, prohíbe explícitamente “prácticas nocivas” como la mutilación genital femenina. A fecha de hoy, 52 de los 55 estados de la Unión Africana lo han firmado (7) o ratificado (46), salvo Botsuana, Egipto y Marruecos. Igual de impresionantes han sido los significativos avances conseguidos por los feminismos africanos en muchos países africanos.
Con todo, como revelan los informes anuales de ONU-Mujeres, las agendas feministas afrontan graves desafíos en África: desigualdades socioeconómicas, feminización de la pobreza y las migraciones, violencias machistas, códigos de familia desiguales, barreras en educación, salud, propiedad de tierras, así como la alta prevalencia de la mutilación genital femenina (144 millones de casos). Otro desafío es la intensificación de la ya mencionada contraofensiva antifeminista y anti-derechos que, con mayor fuerza en los últimos 2-3 años, se está dando en todo el mundo y también en África. Dicha contraofensiva liderada por Estados Unidos (bajo la administración Trump) cuenta con numerosas ONGs ultraconservadoras occidentales desplegadas en el continente. Cuenta, asimismo, con importantes vínculos con sectores ultraconservadores africanos que, hoy en día, se encuentran en el poder, por ejemplo, en Ghana, Gambia, Kenia, Etiopia, Senegal, Sudán o Uganda. Son muchos los gobiernos de todo el espectro ideológico (como se observa en el Sahel) que, al igual que en resto del mundo, han intensificado la represión no sólo contra las y los defensores de DDHH, las organizaciones feministas africanas o el colectivo LGBTI+) sino contra amplios sectores de sus poblaciones.
El tercer hilo de la madeja de entresijos (avances y retrocesos) de la(s) agenda(s) africana(s) se centra en la lucha por la codificación internacional de los derechos colectivos: entre otros, la autodeterminación de los pueblos, el desarrollo, los de los pueblos indígenas y el medioambiente. En este último caso, las africanas y africanos han sido, de nuevo pioneros, promoviendo tanto su reciente inclusión en el catálogo global de DDHH4 como en su constitucionalización a nivel regional. No es casual que sean las sociedades africanas quienes están sufriendo, de forma desproporcionada, los impactos de la actual crisis ecosocial global. Una crisis que, como sostiene el ecofeminismo, es fruto de la “guerra del capital contra la trama de la vida”. 5 Se trata, indudablemente del principal reto que hoy afronta no sólo África sino toda la trama de relaciones ecodependientes e interdependientes que sostienen la vida (humana y no humana) del planeta.
– – – – –
NOTAS
1 Sobre estas luchas, véase, por ejemplo, Itziar Ruiz-Giménez Arrieta: “Luces y sombras del régimen internacional de los derechos humanos”, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global” N.º 142, 2018; o de la misma autora “En pos de la Utopía: tres giros para (re)fundar los derechos humanos”, Cuadernos Deusto de Derechos Humanos, N.º 100, 2025.
2 Firmada y ratificada por todos los países africanos.
3 Fatima EL Yahyaoui Mouhand: “Los derechos de la mujer en África: el protocolo a la Carta Africana de los DDHH y de los pueblos”, Foro, Nueva época, vol 26:2, 2023
4 El 22 de julio del 2022, la Asamblea General de la ONU, mediante la resolución 76/300, reconocía que el acceso a un medioambiente limpio, saludable y sostenible es un DH universal.
5 Itziar Ruiz-Giménez y Rebeca Giménez: “Ecofeminismos ante el (des)orden global: herramientas para pensar y habitar un presente en disputa”, Papeles de relaciones ecosociales y cambio global” N.º 170, 2025.



