Repercusiones de la pandemia sobre los sistemas de salud

 

Galde 33 uda/2021/verano. Marciano Sánchez Bayle.- 

La pandemia de la Covid19 ha tenido un gran impacto a nivel mundial en una triple vertiente, sobre la salud de la población, sobre la economía mundial y sobre los sistemas sanitarios. En este último caso es obvia la importancia de su efecto ya que se trata de una crisis esencialmente sanitaria en su origen y desarrollo.

Para ver qué ha sucedido habría que tener en cuenta los antecedentes. En la crisis de 2008 los recortes económicos tuvieron un gran impacto sobre los sistemas sanitarios de todos los países del mundo, especialmente en aquellos sistemas sanitario público en los que, como también sucedió en el estado español, se mezclaron recortes presupuestarios con un gran impulso de las políticas privatizadoras, lo que amplifico el efecto de los recortes por los sobrecostes que van asociados a las privatizaciones. Como suele suceder la intensidad de estas políticas, que fueron globalmente similares, vario mucho entre los países y en nuestro caso entre las distintas CCAA, y además su efecto como era de esperar fue diferente donde existía una situación previa de debilidad de los sistemas sanitarios públicos. Obviamente la política neoliberal de adelgazamiento de los servicios públicos ya llevaba muchos años atacando y deteriorando los sistemas sanitarios públicos en todo el mundo

Por lo tanto la pandemia azoto a sistemas sanitarios debilitados pero además con unas condiciones muy distintas previas en cada país y en aquellos más descentralizados en cada comunidad autónoma /región.

En la pandemia el primer fallo evidente fue la coordinación a nivel internacional y en cada país, aunque obviamente esta fue muy distinta según cada ámbito geográfico y político. En todo caso se echo en falta una actuación más rápida y eficaz de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y más cerca de la Unión Europea y del propio gobierno español, y aunque es cierto que al principio de la pandemia las cosas no estaban claras, también lo es que se retrasaron mucho actuaciones necesarias y que se ha continuado en una senda de improvisación e incoordinación que ha dificultado una respuesta más eficaz.

Otro aspecto a tener en cuenta en nuestro país, y en general en casi toda Europa es la lamentable situación de las residencias de mayores que disparo la mortalidad y ha sido uno de los focos de transmisión y de los casos mas graves de la enfermedad, agarbado por las decisiones de alguna comunidad autónoma, como la de Madrid, de impedir la asistencia sanitaria a las personas internadas en las residencias.

Ahora mismo el proceso de vacunación parece avanzar a un ritmo razonable, priorizando a las personas con mayor riesgo, salvo que se trate de futbolistas de la selección que han pasado a ser supuestos “trabajadores esenciales”. Pero no se puede fiarlo todo a la vacunación, porque hay un porcentaje de población que no queda inmunizada a pesar de estar vacunada, y por lo tanto puede padecer la enfermedad y transmitirla, y porque en un mundo globalizado no es suficiente con alcanzar tasas de inmunidad elevadas en algunos países ya que mientras esa inmunidad no sea compartida a nivel mundial las probabilidades de nuevos contagios y/o brotes es elevada, y por otro lado no se conoce bien la duración de la inmunidad provocada por las vacunas.

Los sistemas sanitarios, especialmente en los países europeos y en América colapsaron con la pandemia, sometidos a una presión asistencial que eran incapaces de atender, después de haber fracasado en la prevención y el aislamiento de los primeros casos. La situación se reprodujo a un nivel progresivamente menor (probablemente porque la población inmunizada era ya significativa y por una mejor protección del grupo de personas mayores que es donde la enfermedad produce mayor gravedad y mortalidad) en las olas sucesivas una vez que se opto por una estrategia de contención (es decir procurar no la ausencia de casos sino un numero bajo de estos que permitiera su asunción por el sistema sanitario). En el estado español las cosas fueron muy parecidas y aunque en la primera ola dio la impresión de que nuestra situación era mucho peor que el resto de Europa, ahora después de las sucesivas olas, ha sido muy similar a la de los demás países europeos y por supuesto, aunque la mortalidad y los casos por 100.000 habitantes han sido elevadas, nos situamos por encima de la media pero no a la cabeza en comparación con los otros países europeos.

La pandemia ha aflorado algunas cuestiones importantes que habría que abordar en el futuro.

La primera es que el sistema sanitario no esta preparado para grandes epidemias de enfermedades infectocontagiosas que se creían superadas y propias de países pobres y/o poco desarrollados, y eso a pesar de los avisos de la OMS de la inminencia de situaciones de este tipo. Obviamente hay que reforzar los sistemas de Salud Pública y los mecanismos de detección y notificación de casos así como los sistemas de coordinación para responder a nuevas pandemias.

La segunda es que los recortes han producido situaciones críticas en algunas partes de nuestro sistema sanitario, tenemos un número muy bajo de camas por 1.000 habitantes, uno de los menores de la UE y la OCDE y por eso su saturación en momentos en que se producen picos de la demanda es muy fácil y agrava seriamente los problemas. Por otro lado la Atención Primaria ha sido descapitalizada y debilitada con lo que su capacidad de respuesta es muy baja, faltan profesionales de todo tipo especialmente de enfermería y las actividades comunitarias estaban prácticamente abandonadas. Desgraciadamente no esta nada claro que en el caso español estas carencias vayan a abordarse y menos aún solucionarse en el corto plazo.

La tercera es que hay muchos aspectos fuera de lo que es estrictamente el ámbito sanitario que tiene un impacto muy importante sobre la salud y los problemas de salud de la población. El caso mas evidente son las residencias que en manos mayoritariamente de empresas privadas han sido uno de los grandes focos de la mortalidad, al menos en la primera ola. Se precisan más residencias públicas, de menor tamaño, con más personal y más cualificado, es decir donde el negocio no sea el objetivo central sino la calidad de la atención, y por otro lado mas conexión y coordinación con el sistema sanitario, especialmente con la Atención Primaria y la Salud Pública.

La cuarta es que tenemos unas demoras intolerables, en Atención Primaria y en Especializada, que ya existían antes de la pandemia pero que se han visto agravadas con esta hasta alcanzar cotas intolerables y difícilmente compatibles con una mínima calidad asistencial. No esta claro si el exceso de mortalidad durante la pandemia se debe tanto a enfermos con covid no diagnosticados, lo que es probable en la primera ola, como a enfermos con otras patologías no atendidas adecuadamente por el colapso del sistema sanitario. Este es un serio problema porque habría que hacer un esfuerzo para recuperar la asistencia y aminorar las demoras tanto en lista de espera quirúrgica como en consultas externas, y ello solo es posible con un plan integral al respecto, con la utilización al 100% de los recursos públicos y con la ampliación de los mismos.

Un último problema importante es la recuperación de la actividad de la Atención Primaria. Durante la pandemia se cerraron muchos centros de salud, se recortaron horarios y se derivo casi toda la actividad a la llamada consulta telefónica, pero tras la mejora de la situación las cosas no han cambiado sustancialmente y la población tiene que hacer largas colas a la puerta de los centros para conseguir una cita, que se le da telefónica en una semana o más y solo raramente presencial. La actividad presencial es fundamental para garantizar una atención sanitaria de calidad y debe recuperarse de inmediato (por supuesto algunas cuestiones como dar resultados, etc, pueden resolverse por teléfono), pero no debería pasar del 20% de la actividad de los centros. Hay además que reabrir los centros cerrados y recuperar el horario y la actividad precovid si no queremos que la AP desaparezca.

En realidad son temas en parte antiguos que se han agravado con la pandemia. Hace falta una actuación contundente y rápida para reforzar la Sanidad Pública. Desgraciadamente no esta claro que vaya a realizarse.

Marciano Sánchez Bayle.
Portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública

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