Europa en la encrucijada ante el caos geopolítico mundial

Juanjo Álvarez. Catedrático Derecho internacional privado. EHU / Investigador principal Fundacion eAtlantic.

 

1.Vivimos en una época de transformación radical de nuestros marcos de referencia y los Estados ya no tienen capacidad para abordar unilateralmente todos los problemas derivados de ese complejo mundo ni pueden resolver el conjunto de las necesidades de los ciudadanos. La Unión Europea ha de representar, por ello, la respuesta de estabilidad política, prosperidad económica, solidaridad y seguridad a las inquietudes y convulsiones que genera el nuevo contexto geopolítico.

El futuro europeo debe basarse no tanto en criterios de poder económico o militar sino en la profundización de la cultura, la educación, la solidaridad, los valores democráticos y los principios que inspiraron la Declaración Universal de Derechos Humanos. La historia demuestra que aquellas instituciones o estructuras que han basado su poder en una relación exclusiva de superioridad o dominio han terminado por fenecer tarde o temprano.

Europa se enfrenta a uno de los desafíos más retadores e ilusionantes de toda su Historia: construir un nuevo modelo de convivencia política, una nueva forma de democracia que, más allá de la mera yuxtaposición de los sistemas políticos actuales, sea capaz de acoger y desarrollar una nueva sociedad basada en la libertad, la igualdad, la equidad, la solidaridad, la justicia social, la diversidad y el desarrollo sostenible.

La Unión Europea debe apostar por una actualización de sus valores fundacionales (dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto a los Derechos Humanos), y debe hacer frente a cuestiones como el cambio climático, la pobreza, el incremento de la desigualdad, las migraciones, las guerras, las crisis humanitarias y la revisión de las reglas del comercio internacional.

El verdadero reto pendiente pasa por lograr reconstituir políticamente a Europa y despertar ilusión entre quienes compartimos este proyecto. Es necesario, más que nunca, hacer de Europa la causa fundamental, no retroceder ante el impulso de la vuelta a las soberanías estatales excluyentes.

No basta con esgrimir el eslogan “más Europa”, hay que preguntarse qué Europa necesitamos y con qué gobernanza interna la construimos: debemos ser capaces de acabar con la regla de unanimidad (que de facto es un veto) y hay que permitir que quienes queramos integrarnos más, quienes deseamos ir más lejos juntos, lo podamos hacer. Se trata de no imponer esta mayor integración a los Estados que no lo deseen y que éstos no puedan impedir tal avance entre quienes sí opten por ello.

2.El ascenso al poder de líderes autócratas como Trump invita a una reflexión acerca del modelo de sociedad que estamos gestando. Sin duda, su modo de actuar representa una amenaza existencial para la democracia, además del desprestigio por la enorme afección reputacional a todo un País y a una sociedad como la estadounidense, todo ello como consecuencia de la deriva irresponsable de un nefasto dirigente como Trump al frente de un supuesto Imperio hegemónico a través de la fuerza militar y le menosprecio a los Derechos Humanos que, en realidad, se debilita, se derrumba y pierde toda “auctoritas” en el contexto geopolítico mundial.

Su concepción de la soberanía estatal, entendida como un poder absoluto, innegociable, irreductible y su perversa idea de libertad, entendida como la creación de un espacio de poder comercial (y de otra índole) sin normas, ni controles ni injerencias políticas, su especie de concepción ultra neoliberal del darwinismo social persigue en última instancia imponer la ley del más fuerte como si de un orden natural se tratase.

En esa concepción sobran las normas multilaterales y se instala cómodo en el caos geopolítico mundial. Trump menosprecia las instituciones y las normas multilaterales a las que considera obstáculos frente a su plan de expansión unilateral, egoísta y egocéntrico, a imagen y semejanza de su propio altivo y vanidoso carácter.

¿Y nuestra Europa? Europa es distinta, debería luchar con todas sus fuerzas para seguir siéndolo, Y su futuro no pasa por acomodarse a las reglas de Estados Unidos sino por defender el multilateralismo. Con su precioso lema “unidos en la diversidad”, y frente al modelo estadounidense anclado en la insolidaridad y el capitalismo voraz, nuestra Europa debe representar hoy, más que nunca, una construcción política con una visión propia de la vida en sociedad, que, pese a sus defectos e imperfecciones, merezca la pena ser defendida.

3. Todo eso está en juego, en un momento de encrucijada para el futuro de Europa: o nos integramos más y de verdad o seguiremos en la insignificancia en el contexto geopolítico mundial y seremos, como europeos, incapaces de tener una verdadera y eficiencia autonomía estratégica que permita desarrollar una industria propia, una defensa del planeta y del medio ambiente, un crecimiento sostenible, una mayor cohesión social y un modelo sólido de convivencia.

El reto compartido para ciudadanas y ciudadanos europeos es garantizar la protección del modelo social europeo y de sus valores comunes irrenunciables como mecanismo principal para tratar de desactivar la retórica de los partidos populistas y evitar que puedan erosionar nuestra Europa, que se presenta más necesaria que nunca ante los desafíos e incertidumbres que debemos afrontar como sociedad.

4. Europa necesita una nueva narrativa de crecimiento y de competitividad que sea sostenible, inclusiva y resiliente. La fragmentación del mercado interior, la falta de inversión en sectores estratégicos y la debilidad institucional frente a los grandes desafíos globales son algunos de los problemas troncales que identifica. Draghi propone una mayor coordinación fiscal, una política industrial común, y una reforma de las reglas de gobernanza económica. Pero más allá de las propuestas técnicas, el informe plantea una pregunta de fondo: ¿para qué queremos Europa?

Esta pregunta, casi existencial para nuestro futuro como ciudadanos europeos, no puede responderse únicamente desde Bruselas o Frankfurt. Requiere una implicación activa de los territorios, de las regiones, de las ciudades, y sobre todo, de la ciudadanía. Debemos activar una interdependencia colaborativa e interterritorial. En este escenario entra en juego el principio de subsidiariedad y la necesidad de territorializar las propuestas. No se trata de aplicar políticas homogéneas, sino de construir marcos flexibles que permitan a cada territorio desarrollar sus propias estrategias en diálogo y coordinación con los objetivos globales comunes.

Cabe recordar que el principio de subsidiariedad, consagrado en los tratados europeos, establece que las decisiones deben tomarse lo más cerca posible de los ciudadanos. Esto no es solo una cuestión de eficiencia, sino de legitimidad democrática. Los territorios no son meros receptores de políticas europeas; son laboratorios de innovación, espacios de participación, y motores de transformación.

5. Una de las críticas más recurrentes al proyecto europeo radica en su déficit democrático. La percepción de que las decisiones se toman en instancias lejanas y opacas ha alimentado el euroescepticismo y la desafección ciudadana. Politizar Europa significa devolverle a la ciudadanía su papel central en la construcción del futuro común. No se trata solo de votar en las elecciones europeas, sino de participar activamente en los procesos de deliberación, planificación y ejecución de las políticas europeas. Por todo ello, la territorialización y la subsidiariedad son herramientas clave para esa repolitización europea.

Cuando los ciudadanos apreciamos que Europa tiene un impacto directo en su entorno —en la movilidad, en la energía, en el empleo, en la cultura—, se sienten parte del proyecto. La politización no es una amenaza para la estabilidad institucional; es una condición para su sostenibilidad y su cohesión. Vivimos momentos de inflexión, de radical alteración de nuestros marcos de referencia.

6. La lógica jerárquica debe dar paso a una dinámica multinivel en la que las instituciones europeas, los Estados, las regiones colaboren a través de mecanismos de coordinación y de participación. Los territorios deben tener voz en la definición de las prioridades europeas, y Europa debe reconocer su papel estratégico en la implementación de las políticas.

Europa puede trabajar con los territorios. Pero es necesario ir más allá: crear espacios de deliberación territorial, fomentar la innovación institucional, y promover una cultura política basada en la cooperación y la corresponsabilidad. Territorializar Europa no es fragmentarla, sino fortalecerla desde su diversidad. Politizar Europa no es dividirla, sino unirla desde el compromiso democrático.

Canción de París
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Shushi (Karabakh Garaiko errepublika —Artsakh—, 2020/19/08).
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“JAZZ for TWO”, José Horna
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"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
“LIKE”. Eduardo Nave
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República del Alto Karabakh —Artsakh—, 06/10/2020
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Abrazo. Luna a Abdou
Playa del Tarajal, Ceuta
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
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