UN PACTO DE ESTADO FRENTE A LA EMERGENCIA CLIMÁTICA, PERO, ¿SOBRE QUÉ BASES?

(Julen Rekondo)

El mes de junio de 2026 ha sido el tercero más caluroso registrado en España, con una media 3,2ºC por encima del promedio 1991-2020. A eso le siguió julio con mayor temperatura de los medidos (+2,6ºC sobre el mismo promedio). Este bimestre es el más caluroso de la historia y supera los anteriores récords de 2022 y 2025. Los científicos alertan de que un potente fenómeno de El Niño, que se espera para este otoño en su máximo exponente, podría elevar la temperatura media del planeta hasta rozar o superar los 1,7ºC en 2027 sobre los niveles preindustriales.

Un verano más, nos morimos literalmente de calor. Según los últimos datos disponibles del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), del Instituto de Salud Carlos III, en lo que va de año han fallecido 5.444 personas por causas atribuibles a la temperatura. La mayoría han tenido lugar durante el verano –937 en junio, 2.024 en julio y 1.301 en lo que va de agosto–. Un total de 297 personas han muerto en Euskadi en lo que va de verano por causas atribuibles al calor. El grupo científico World Weather Attribution (WWA), que estudia en qué grado el cambio climático influye en los eventos meteorológicos, confirma que el calor récord registrado sobre la superficie del Mediterráneo se debe a la crisis climática. Pero esta no afecta a todo el mundo del mismo modo y, por tanto, no todos morimos por igual.

«La vulnerabilidad al calor viene determinada en gran medida por las condiciones sociales y socioeconómicas», apunta al diario digital Público Zhaoyue Chen, investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). «Factores como la falta de recursos, la desigualdad de ingresos y las malas condiciones de vivienda también pueden afectar a la capacidad de las personas para protegerse del calor, por ejemplo, mediante el acceso a sistemas de refrigeración, a la asistencia sanitaria, a la información y a una vivienda adecuada». (1)

Se trata de un contexto muy significativo, ya que el calor no se limita a episodios aislados: las temperaturas oceánicas continúan en niveles extraordinariamente elevados y varias regiones del planeta han encadenado registros extremos. En julio y agosto, América del Norte, África y Asia tuvieron su julio más cálido registrado, mientras Europa occidental sufrió episodios de calor intenso, sequedad e incendios.

La situación también tiene una traducción clara en el Estado español. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) califica julio de 2026 como el mes más cálido de toda la serie histórica española, empatado con julio de 2022. La temperatura media de la España peninsular alcanzó los 25,7ºC, nada menos que 2,6ºC por encima del promedio de referencia de 1991-2020. Además, ocho de los diez julios más cálidos registrados en España pertenecen ya al siglo XXI.

¿No hay vuelta atrás? La evolución de los registros térmicos confirma que el margen para frenar el calentamiento global se reduce de forma crítica. Si las previsiones sobre la intensidad de El Niño se materializan, 2027 podría consolidar de manera permanente umbrales de aumento de temperatura sin precedentes históricos, hasta convertir los 1,7ºC en una cifra que deje de pertenecer al terreno de las proyecciones para convertirse en una nueva referencia de la realidad climática.

Con el calor y la falta de agua han llegado los incendios forestales que, a mitad de agosto, habían abrasado 290.000 hectáreas según el sistema europeo de seguimiento EFFIS. Los datos provisionales de 2026 muestran que la gravedad de los incendios se ha adelantado y acelerado de forma drástica respecto a períodos equivalentes de años anteriores, superando en ciertos tramos temporales el ritmo de destrucción de campañas históricas previas, aunque el año 2025 mantiene cifras totales extraordinariamente altas a escala global del siglo, a la espera de que finalice 2026.

Para completar la situación, amplias zonas de la península como Galicia, Cantabria, Euskadi, Asturias, La Rioja… han estado en alerta por falta de agua, mientras el incremento de calor evapora el agua almacenada en los embalses y exige más a los cultivos. Hemos visto, una vez más, cómo camiones cisternas transportaban agua en Euskadi, Cantabria, Castilla y León, Aragón o Asturias, que es el resultado inevitable de haber gestionado el agua bajo la falsa premisa de que es infinita. Es el caso del municipio vizcaíno de Karrantza, entre otros, que ha recibido hasta 300.000 litros diarios de agua en cisternas para garantizar el abastecimiento durante agosto.

En este contexto, hemos escuchado de forma reiterada al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y a la ministra para la Transición Ecológica realizar llamamientos a las fuerzas políticas, instituciones y agentes sociales para forjar un gran Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, con el fin de superar la confrontación partidista ante fenómenos extremos como las olas de calor e incendios forestales. Hasta el momento, más de 250 organizaciones se han adherido ya al Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática que merece su felicitación.

Ahora bien, resulta difícil de entender que la postura de 250 organizaciones no vaya acompañada de una reivindicación igual de fuerte de mecanismos permanentes de participación, mecanismos que están ausentes del Pacto. En España ya se han ensayado varias asambleas ciudadanas por el clima a nivel estatal, en Cataluña, Navarra, Baleares, próximamente en Euskadi, o en ciudades como Bilbao, pero ninguna fue vinculante y sus recomendaciones no han tenido mucho recorrido. De hecho, el Observatorio de Sostenibilidad ha analizado el cumplimiento de las 172 recomendaciones ciudadanas en la Asamblea Ciudadana del Clima estatal desarrollada entre 2021 y 2022, y el resultado es el siguiente: el 10% de estas propuestas registran retrocesos, en el 42% no se ha producido ningún avance y en el 43% de los casos se dan avances puntuales. Finalmente, se detecta un 4% de progresos y tan solo en un 1% la recomendación está fase de cumplimiento.

Darles continuidad institucional e integridad democrática es justo lo que reclamó, el 29 de enero de 2025, una jornada en el Congreso de los Diputados convocada por Greenpeace, Oxfam Intermón y otras tres organizaciones dedicadas al clima y la participación ciudadana, bajo el título Hacia un Parlamento Climático Ciudadano Permanente. (2)

Mientras el Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática sigue encallado en el mismo callejón sin salida político de siempre -sin el respaldo del PP, sin mecanismos vinculantes, sostenido más por la adhesión de organizaciones que por un consenso real entre partidos-, se han quemado ya en España más de 250.000 hectáreas este año y se sigue sin los recursos de prevención necesarios. Por eso ha surgido, al margen de las grandes organizaciones, una petición ciudadana -Todos contra el Fuego (3)- que exige, además de ese Parlamento Ciudadano Climático, redirigir las ayudas públicas hoy tóxicas para el medio ambiente hacia el pastoreo, la ganadería extensiva y unas condiciones dignas para quienes producen lo que comemos, en lugar de sostener los modelos industriales que vacían el territorio. Es exactamente el tipo de exigencia concreta y verificable que a los pactos institucionales les falta.

“La mayoría de la población quiere que la ciencia marque el rumbo y quiere participar en las decisiones que afectan a su vida. Pedimos crear una asamblea ciudadana por sorteo con un consejo científico de capacidad real, para que los objetivos del Pacto de Estado se fijen según la evidencia y no según la negociación entre despachos”. Llamamiento de “Todos contra el fuego” (3).

  1. https://www.publico.es/sociedad/m-ambiente/desigualdad-mide-grados-noches-infernales-dormir-calor-extremo-trabajo.html

  2. https://es.greenpeace.org/es/sala-de-prensa/documentos/jornada-defendiendo-la-democracia-hacia-un-parlamento-climatico-ciudadano-permanente/

  3. https://todoscontraelfuego.movements.mov/

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