La Europa del capital y la guerra

Montserrat Galceran
_________________

Ese era el slogan del 15M sobre la Unión europea: capital y guerra unidos en una zona del mundo que pasa por ser la cuna de las democracias, una región próspera y libre. Lo sería, si olvidamos la larga historia colonial europea y sus Imperios. Josep Borrell, anterior encargado de Asuntos exteriores, en plena guerra en Ucrania y genocidio en Gaza, contrastaba el “jardín” europeo con la “jungla” mundial, lo que fue objeto de merecidas burlas. Como si Europa no participara activamente en la primera guerra y callara ante la segunda. Ni toda la retórica sobre la Europa promotora de los derechos humanos y la paz civil es capaz colmar ese silencio.

El proyecto europeo no empezó bien. Los padres fundadores, el alemán Schuman, el francés Monet, el italiano Spinelli, insistían repetidamente en que el proyecto era un intento para evitar una tercera guerra protagonizada por Francia y Alemania, los dos enemigos irreconciliables desde siglos atrás. En plena guerra fría la Unión, que siempre fue un proyecto por arriba, nacía con una clara orientación anti-comunista. Pero, coincidente con el Estado del bienestar, la política social tenía que apaciguar unas masas populares que salían pletóricas del enfrentamiento con el nazismo y contaban con partidos socialistas y comunistas fuertes, así como con una amplia experiencia de lucha partisana.

Por un tiempo pareció que la cosa funcionaba. Pero sus déficits democráticos y la posterior hegemonía neoliberal la han convertido en una región rodeada, como una fortaleza medieval, de fuertes muros de contención frente a los enemigos externos, que no son, como pudiera pensarse, otras potencias extranjeras, a excepción de Rusia, sino poblaciones mundiales empobrecidas: o sea el enemigo migrante.

Es ésa una peculiaridad no solo europea sino compartida por otras regiones del mundo que también se sienten amenazadas por esa pobreza que contribuyen a producir en el resto del planeta, en especial USA, que busca reforzar por las armas una hegemonía tambaleante. En el caso europeo la cuestión es más sofisticada, puesto que sus empresas no se dedican tanto a extraer materias primas o energía, aunque no desprecien esos campos, sino a negocios financieros, logística, asesoría,…y lujo.

Entre las primeras empresas europeas destacan tres grandes dedicadas a productos de lujo: LVMH (unión de Vuiton, Moët y Hessy), Hermès, y L´Oréal. Junto a la farmacéutica Novo Nordisk. Medicamentos, productos de lujo, productos de inversión y gestión, algo de nueva tecnología (software y chips) y la industria clásica de electrodomésticos y automóviles constituyen la Europa del capital. Ya no es la vieja potencia industrial a la que España se incorporó en el 86, tras aceptar la desindustrialización de sus zonas industriales que competían con las europeas, incluida la producción láctea que ha dejado empobrecido todo el Norte: sin minas en Asturias, sin ganadería en Galicia, sin siderurgia en Euskadi. Zonas que se han reconvertido como paisajes de ancianos y turistas.

Siendo una región declinante, la fuerza de su capital no se corresponde con una presencia fuerte en el tablero global ni con la constitución de un espacio homogéneo a nivel político. Los iniciadores del proyecto europeo, allá por los años 50, tuvieron buen cuidado de no crear una configuración política institucional de tintes federales ni unitarios. Los Estados nacionales tenían que seguir coexistiendo con la Unión, no quedaban integrados y/o diluidos en ella ni ésta configuraba un Gobierno superpuesto. Se trataba de trasladar las competencias en las dos direcciones: determinadas competencias pasaban a ser exclusivas de la Unión, como las relacionadas con política monetaria y comercial, los aranceles por ej.; otras eran compartidas, como la agricultura, el medio ambiente o las fronteras. En ese caso la legislación europea tiene primacía sobre la nacional, por lo que sus directivas se trasladan a las legislaciones nacionales, con los consiguientes retrocesos, dilaciones, etc. Y luego las competencias exclusivas de los Estados, que – ¡qué casualidad – tienen que ver básicamente con el control de la población: seguridad y policía interior, educación, sanidad,…

A su descentralización – no existe un poder político centralizado – se une una estructura política muy compleja, centrada en un Parlamento sin atribuciones legislativas, una Comisión europea constituida por un Comisario propuesto por cada país, y un Consejo constituido por los Ministros del ramo. Ese edificio de poder compartido tiene escasa capacidad de control económico, dado que el Banco Central europeo no está sujeto al poder político, sino que es una Institución independiente. Fue esa una exigencia alemana, traumatizado ese país por los altibajos de su moneda en los años 30 que propiciaron el auge del nazismo, lo que alentó a poner el umbral de deuda bajo el poder del Tribunal constitucional alemán. Ello no implica que esa norma no pueda suspenderse en determinadas condiciones.

Siendo lábil, esa forma de governance es perfecta para las élites europeas que quedan al margen de las constricciones impuestas por las poblaciones a los Estados nacionales y les deja las manos libres para sus negocios.

El proyecto de Constitución de 2004, proyecto fallido tras el triunfo del No en Francia y Holanda, mantenía esas diferencias. Su derrota no supuso la crisis de la Unión, sino que parte de los objetivos se fueron introduciendo por la puerta de atrás en sucesivos proyectos y acuerdos. Además, desde los años 70 y 80 se ha producido una profunda reorientación que la aleja de la zona occidental y la acerca a la oriental. Tras la caída del muro de Berlín en 1989 y la desintegración del bloque oriental, la Unión europea tiende cada vez más a convertirse en un dique contra Rusia, como muestra la guerra de Ucrania. La guerra no declarada en el Mediterráneo contra la migración procedente básicamente del Sur global es el otro frente a considerar.

La consecuencia de todo ello es pérdida de poder geopolítico, concentración de la riqueza en las elites, envejecimiento de la población, destrucción de la industria con las deslocalizaciones, deterioro de la agricultura y la ganadería frente a la competencia de otras regiones,…y políticamente un aumento rampante de la extrema derecha y de ilusiones fáciles sobre la recuperación del esplendor de antaño.

Mal que le pese a Borrell, la Unión europea no es un jardín. Más bien una fortaleza con alambradas alrededor. Una fortaleza en declive, aunque mantenga niveles de riqueza más altas que otras zonas del mundo, sustentada en el poder del euro. A tono con la tendencia general en el capitalismo dominante aumenta la desigualdad interior. Eso significa que la riqueza tiende a concentrarse en las capas más ricas de la población en cada país, y que esas capas tienden a su vez a constituir un segmento próspero, relativamente separado de la población común, y unido con sus pares de otros países. Entre las elites españolas, francesas, holandesas o griegas se da una sintonía que tiene poco que ver con sus países de origen o de residencia y mucho con sus intereses comunes, muchos de los cuales se dilucidan en las Comisiones, Instituciones, políticas…de la Unión.

¿Por qué entonces esa increíble carrera armamentística?, ¿quién es el enemigo?

El enemigo oficial es la Rusia de Putin. El menos oficial, el antiguo aliado Trump. El real, las poblaciones que piden destinar los presupuestos a gastos sociales y a mejorar los niveles de vida. El más real todavía, los miles de migrantes forzados a abandonar sus tierras, especialmente en Africa o Latinoamérica.

La respuesta a esa deriva no es la extrema derecha y sus políticas fascistas. Sino un potente movimiento anti-militarista que, aliado a otros movimientos sociales como los feminismos o los movimientos migrantes puedan detenerla. Esperemos que sean capaces de hacerlo.

“JAZZ for TWO”, José Horna
Irene Singer, Argentina
Sebastião Salgado
Cientificos-Volcán
La Palma 2021
Porteadoras
Metro de París
Jose Horna.
Refugiados sirios: Mujer cocinando
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
"El origen del mundo" José Blanco
Sebastião Salgado
Bonill, Ecuador
"El instante decisivo" Iñaki Andrés
Encaramado a la valla de Ceuta
Antonio Sempere
"El instante decisivo" Iñaki Andrés
Sebastião Salgado
"Homenaje a Federico García Lorca" Marisa Gutierrez Cabriada
"Homenage a Marcel Proust" Marisa Gutierrez Cabriada
Alfredo Sabat, Argentina
Fotografía de José Horna
Txema García
“LIKE”. Eduardo Nave
"El mal del país" José Blanco
Sebastião Salgado
Debekatutako armak
Shushi (Karabakh Garaiko errepublika —Artsakh—, 2020/19/08).
Canción de París
Jose Horna.
“LIKE”. Eduardo Nave
"Lemoniz", Mikel Alonso
Txema García
Fotografía de José Horna
"Mujeres del Karakorum", Mikel Alonso
“JAZZ for TWO”, José Horna
Txema García
Zutik dirauena
Shushi (Karabakh Garaiko errepublika —Artsakh—, 2020/10/08)
Txema García
Inmigrantes rescatados por salvamento marítimo
Eugenia Nobati, Argentina
Txema García
Abrazo. Luna a Abdou
Playa del Tarajal, Ceuta
Sueños Rotos
República del Alto Karabakh —Artsakh—, 06/10/2020
La larga espera
Shushi (República del Alto Karabakh —Artsakh—, 08/10/2020)