(Oskar Aguado-Cantabrana)
En un año geopolíticamente muy convulso, marcado entre otros contextos por las reiteradas agresiones ilegales de Estados Unidos e Israel, la propaganda bélica en las redes sociales parece haber estado más centrada que nunca en frivolizar y en deshumanizar los conflictos armados y sus consecuencias. En concreto, la propaganda generada mediante IA, de fácil creación y de rápido consumo, ha jugado un papel central. Recientemente, se ha acuñado el término slopaganda, para definir ese contenido de baja calidad, escaso valor estético y ético y de producción y difusión masivas. Un artículo del medio The Conversation advertía de que la slopaganda, lejos de ser una moda pasajera, supone “un cambio en cómo se ejerce el poder y se crea la realidad en el siglo XXI”.
La segunda administración Trump, desde sus redes oficiales, está liderando esta tendencia a la que rápidamente se han unido otros tantos gobiernos. Querría comentar brevemente dos ejemplos que han recurrido a la Antigüedad como argumento de autoridad para vehicular su slopaganda.
El 6 de marzo las redes oficiales de la Casa Blanca difundieron un breve vídeo que contenía una rápida sucesión de clips de películas de Hollywood y series muy conocidas. El vídeo, pensado como propaganda bélica para justificar los bombardeos sobre Irán, iba acompañado de la frase “JUSTICE THE AMERICAN WAY”. Me interesa detenerme en el segundo clip, en el que podemos ver a Máximo Décimo Meridio, protagonista de Gladiator (2000) pronunciando la famosa frase “fuerza y honor”. El abuso político de esa película, que ha moldeado el imaginario colectivo sobre la antigua Roma en el siglo XXI, no es nuevo. Otros elementos del film y esa frase en particular llevan un cuarto de siglo siendo empleadas para difundir la ideología neocon primero, y el movimiento MAGA después. Fuera de EE.UU. también hay muchos ejemplos de grupos de extrema derecha apelando a una idea muy reduccionista del pasado romano a través de esta película. VOX, por ejemplo, lo utilizó en un spot electoral de 2016. El tema ha ido ganando interés entre los académicos como demuestra el reciente libro del clasicista Curtis Dozier, quien analiza precisamente el uso del pasado grecorromano por parte de esos grupos para justificar políticas de odio: The White Pedestal (2026, Yale University Press).
El 2 de abril Trump amenazaba con devolver a Irán a la Edad de Piedra, lo que se interpretó incluso como una posible agresión con armas nucleares tácticas, que por suerte no llegó a producirse. En ese contexto, diversas embajadas iraníes a través de sus redes apelaron al pasado y al rico patrimonio arqueológico persa aqueménida y sasánida, en un relato esencialista que conectaría el presente iraní con esos imperios de la Antigüedad. “En una época en que aún vivíais en cuevas buscando fuego, nosotros estábamos inscribiendo los derechos humanos en el Cilindro de Ciro”, respondía una embajada iraní a un tweet en el que Hegshet, secretario de guerra estadounidense, repetía la amenaza de Trump. La misma idea se transmitió a través de varias imágenes generadas con IA en las que Trump era representado como un cavernícola frente a un majestuosos rey Ciro. Esos posts, con su ironía y su troleo, tuvieron amplia difusión fuera de Irán y ayudaron incluso a generar una visión más positiva de ese Estado entre la sociedad occidental.
Frente a la cruda realidad material de los bombardeos, este tipo de alusiones históricas pueden parecer anecdóticas. Sin embargo, la inteligencia artificial está inundando nuestra visión del pasado y eso preocupa a los historiadores, que ya teorizan sobre al desafío que puede suponer la IA a la historia y la memoria, tal y como analiza, entre otros, el muy recomendable libro de Alberto Venegas: Pasado sintético (Marcial Pons, 2026). Asistimos a un flujo imparable de imágenes y vídeos que producen una visión extremadamente reduccionista y acrítica del pasado, sin ningún respaldo documental, sesgada desde muchos puntos de vista y que no ayuda a la comprensión de las complejas realidades que habitamos en el presente, ni tampoco las de tiempos pretéritos.


