{"id":8583,"date":"2018-02-02T11:40:20","date_gmt":"2018-02-02T10:40:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=8583"},"modified":"2018-02-09T13:18:44","modified_gmt":"2018-02-09T12:18:44","slug":"relacion-de-fuerzas-y-de-debilidades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/eu\/relacion-de-fuerzas-y-de-debilidades\/","title":{"rendered":"Relaci\u00f3n de fuerzas&#8230; y de debilidades"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/catal_590.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-8600 colorbox-8583\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/catal_590.jpg\" alt=\"\" width=\"590\" height=\"280\" data-id=\"8600\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/catal_590.jpg 590w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/catal_590-300x142.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 590px) 100vw, 590px\" \/><\/a><\/p>\n<p>(Galde 20 invierno\/2018). Alberto Surio.<br \/>\nNi los independentistas ni los constitucionalistas tienen peso suficiente para imponer su proyecto. Tarde o temprano, estar\u00e1n obligados a negociar una salida viable que concilie el principio democr\u00e1tico con la legalidad. El proc\u00e9s ha tenido un efecto perverso al reactivar un nacionalismo espa\u00f1ol que va a complicar mucho el debate sobre la realidad plurinacional.<\/p>\n<p><strong><em>\u201cEl proc\u00e9s ha tenido un efecto perverso al reactivar un nacionalismo espa\u00f1ol que va a complicar mucho el debate sobre la realidad plurinacional\u201d<\/em><\/strong><\/p>\n<p>La crisis catalana ha quebrado muchas empatias y complicidades. Ha dejado el concepto de la Espa\u00f1a plurinacional en arresto domiciliario, como apunta con lucidez el periodista Enric Juliana. Claro que el fen\u00f3meno tiene sus causas. La crisis econ\u00f3mica y la nefasta gesti\u00f3n pol\u00edtica de la \u00faltima reforma del Estatut desde el PP alumbraron un clima de desafecci\u00f3n hacia el Estado, sobre todo tras la sentencia del Tribunal Constitucional, que se ha ido radicalizando hasta el actual empantanamiento. Una Catalu\u00f1a rota en dos mitades, con una mayor\u00eda absoluta en esca\u00f1os independentista que no se corresponde con la mayor\u00eda social de votos. Ese malestar social termin\u00f3 cuajando en un movimiento de ruptura que ha culminando planteando un gran pulso al Estado espa\u00f1ol que no lo ha ganado nadie pero que ha alimentado parad\u00f3jicamente a las corrientes m\u00e1s reaccionarias. A este retroceso hay que unir la reactivaci\u00f3n del nacionalismo espa\u00f1ol en un sector de las clases medias, que ha dejado fuera de juego a la izquierda con una polarizaci\u00f3n identitaria que rentabiliza una formaci\u00f3n como Ciudadanos.<\/p>\n<p>V\u00e1lvula de escape<\/p>\n<p>Las causas de este proceso son conocidas. Catalu\u00f1a ha encontrado en el independentismo una v\u00e1lvula de escape y respuesta al descontento pol\u00edtico. Parte del catalanismo hist\u00f3rico pactista se ha hecho secesionista como \u00fanica salida. Es un independentismo de nuevo cu\u00f1o, muy frustrado con la imposibilidad de una reforma territorial del Estado. Tambi\u00e9n hab\u00eda una componente coyuntural en este replanteamiento. Converg\u00e8ncia Democr\u00e1tica de Catalunya ha sido una formaci\u00f3n agujereada por el problema de la corrupci\u00f3n, como se ha visto con la sentencia del caso Palau. Y una parte de las \u00e9lites de este partido decidieron emprender el viaje soberanista como una manera de romper con ese pasado y, a la vez, de mantener un poder ligado durante a\u00f1os a estructuras clientelistas. La disoluci\u00f3n de las siglas de Converg\u00e8ncia se enmarcan en esa operaci\u00f3n. Los dirigentes de este partido, y Artur Mas puede ser el exponente m\u00e1s significativo, decidieron abrazar la estelada, tambi\u00e9n, para tapar sus verg\u00fcenzas.<\/p>\n<p>Pero el movimiento, en un principio, ha rebasado los l\u00edmites cl\u00e1sicos del nacionalismo tradicional. A la vez, en las elecciones del 21 de diciembre se ha podido visualizar que el independentismo ha generado una r\u00e9plica identitaria al reactivar a una parte del electorado que se siente identificado con Espa\u00f1a y que ha encontrado en el proyecto de Ciudadanos la alternativa de respuesta m\u00e1s eficaz.<\/p>\n<p>Aunque el secesionismo parezca monol\u00edtico, no lo es. En las \u00faltimas semanas, en su seno operan dos narrativas al mismo tiempo. Por un lado, una simbolog\u00eda de resistencia en torno a Carles Puigdemont, que defiende la legitimidad de las instituciones de autogobierno intervenidas con la aplicaci\u00f3n del art\u00edculo 155 de la Constituci\u00f3n, que denuncia la actuaci\u00f3n judicial que se ha plasmado en los cargos p\u00fablicos encarcelados o huidos y encausados por graves delitos como rebeli\u00f3n y sedici\u00f3n. Este discurso tiene una traza \u00e9pica, y activa una corriente emocional en Catalu\u00f1a, un imaginario de resistencia que enlaza con la tradici\u00f3n hist\u00f3rica del catalanismo, que hunde sus ra\u00edces en la derrota de los austracistas en la Guerra de Sucesi\u00f3n de 1714. El segundo relato que se registra en el soberanismo catal\u00e1n, todav\u00eda de una forma tenue e incipiente, tiene que ver con la necesidad de adaptar el mensaje al principio de realidad, de superar la estrategia de unilateralidad y de asumir que con el 48% de los votos no existe una suficiente mayor\u00eda social para imponer un proyecto de independencia mediante una din\u00e1mica de hechos consumados.<\/p>\n<p>La naturaleza de este debate interno tiene que ver con las dificultades con las que se ha topado el proc\u00e9s. Realmente es pr\u00e1cticamente imposible lograr en el coraz\u00f3n de la Uni\u00f3n Europea ese proyecto de independencia con una mayor\u00eda social tan exigua y sin avales internacionales serios. El PSC era hist\u00f3ricamente un factor amortiguador de la tensi\u00f3n identitaria en Catalu\u00f1a, un espacio muy transversal. En gran medida, porque la tradici\u00f3n catalanista de la izquierda aglutinaba a gran parte del electorado del cintur\u00f3n industrial de Barcelona que con el tiempo se ha ido, en parte, a Ciudadanos. La crisis del socialismo catal\u00e1n fue tremendamente reveladora del debilitamiento de los puentes civiles en la sociedad catalana. Ese papel de intersecci\u00f3n entre sentimientos de adhesi\u00f3n nacional, y con suficiente capacidad para la gesti\u00f3n de la complejidad identitaria, hoy lo juegan los comunes. Realmente no habr\u00e1 una salida pol\u00edtica en Catalu\u00f1a sin el concurso decisivo de este espacio transversal, ya sean los comunes o los socialistas, o los dos, los que enarbolen esta bandera de reencuentro y reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un nuevo pacto<\/p>\n<p>La soluci\u00f3n, tarde o temprano, deber\u00eda pasar por un nuevo consenso pol\u00edtico que busque una conciliaci\u00f3n entre el principio de legalidad y el principio democr\u00e1tico. Pero uno de los efectos m\u00e1s preocupantes del proc\u00e9s es el retroceso que se ha producido en tormo al debate sobre el modelo territorial del Estado, alentando posiciones neocentralistas o abiertamente refractarias sobre el Estado de las Autonom\u00edas y estrangulando la posibilidad de un debate a medio plazo sobre el derecho a decidir y su incorporaci\u00f3n al ordenamiento jur\u00eddico.<\/p>\n<p>En perspectiva, no obstante, es evidente que el problema catal\u00e1n es un s\u00edntoma de la una crisis constitucional que tiene que ver con el dise\u00f1o del Estado y su viabilidad como modelo plurinacional en el seno de la Uni\u00f3n Europea. El planteamiento del derecho de autodeterminaci\u00f3n, o del derecho a decidir, tropieza de lleno con el actual ordenamiento constitucional y solo una reforma del mismo podr\u00eda encajar alg\u00fan tipo de interpretaci\u00f3n m\u00e1s flexible de las soberan\u00edas compartidas que diera paso a la posibilidad de consultas. Por ejemplo, una reforma puntual del art\u00edculo 92 de la Constituci\u00f3n espa\u00f1ola, que establece que el refer\u00e9ndum es una competencia del Estado y que corresponde su convocatoria al presidente del Gobierno a propuesta del Congreso de los Diputados, podr\u00eda delegar esta facultar en las Comunidades Aut\u00f3nomas y sortear el obst\u00e1culo que implica el art\u00edculo 1 de la Carta Magna. Otra variante posibilista ser\u00eda la aplicaci\u00f3n de una legislaci\u00f3n de Claridad, similar a la puesta en marcha em Canad\u00e1 para resolver el contencioso territorial de Quebec. Es decir, ante la existencia de una mayor\u00eda clara soberanista se tratar\u00eda de encontrar un procedimiento consensuado que regulase las condiciones democr\u00e1ticas para hacer factible un proceso de secesi\u00f3n. De entrada, negando que sea un derecho unilateral. Pero, al mismo tiempo, obligando a abrir una negociaci\u00f3n constitucional para afrontar el problema, estableciendo una pregunta clara y una mayor\u00eda cualificada para su aprobaci\u00f3n en una consulta democr\u00e1tica y vinculante.<\/p>\n<p>Miedo a la inestabilidad<\/p>\n<p>La crisis catalana ha tambaleado el sistema pol\u00edtico espa\u00f1ol, pero no lo ha hecho caer. Porque, pese a su desgaste, no estaba tan d\u00e9bil como para implosionar. Quiz\u00e1 uno de los mayores errores de c\u00e1lculo del secesionismo catal\u00e1n fue pensar que despu\u00e9s del &#8216;Brexit&#8217; y de la victoria de Donald Trump, el Estado espa\u00f1ol estaba en una posici\u00f3n muy vulnerable y pod\u00eda aprovechar la oportunidad. No ha sido as\u00ed. Espa\u00f1a ha perdido peso e influencia en la esfera internacional, pero ha dado miedo el que entrara en un proceso de desestabilizaci\u00f3n que hubiera afectado al conjunto de la UE al provocar previsiblemente un efecto domin\u00f3 con otras naciones sin estado que tambi\u00e9n tienen reclamaciones autodeterministas. Ha dado miedo, como en su d\u00eda dio miedo un rescate econ\u00f3mico a un pa\u00eds de la dimensi\u00f3n de Espa\u00f1a. El Estado se ha sentido atacado y ha reaccionado con todo su poder (desde el Rey, pasando por el estamento judicial, los principales partidos, los medios de comunicaci\u00f3n&#8230;) en una respuesta de firmeza que ha dejado al descubierto cierta ingenuidad de la \u00e9lite independentista catalana que pens\u00f3 que por la v\u00eda de la presi\u00f3n, la acumulaci\u00f3n de fuerzas y los hechos consumados -con un refer\u00e9ndum ilegal y una Declaraci\u00f3n Unilateral de Independencia incluidas- podr\u00eda forzar una negociaci\u00f3n sobre bases distintas al modelo auton\u00f3mico.<\/p>\n<p><strong><em>\u201cLa crisis catalana ha tambaleado el sistema pol\u00edtico espa\u00f1ol, pero no lo ha hecho caer\u201d<\/em><\/strong><\/p>\n<p>En este aspecto hay que destacar que en gran medida una parte del proceso de radicalizaci\u00f3n del secesionismo ha sido posible por el papel de dos movimientos m\u00e1s ligados a la sociedad civil como son la Asamblea Nacional Catalana y \u00d2mnium Cultural, que han desplazado parcialmente a los partidos tradicionales de la sala de m\u00e1quinas del proceso.<\/p>\n<p>El &#8216;r\u00e9gimen del 78&#8217;, aquel pacto hist\u00f3rico tras la muerte del dictador que estableci\u00f3 las bases de la democracia constitucional, fue el producto de una determinada relaci\u00f3n de fuerzas, una relaci\u00f3n &#8220;de debilidades&#8221; como apuntaba el escritor Manuel V\u00e1zquez Montalb\u00e1n en su &#8216;Cr\u00f3nica Sentimental de la Transici\u00f3n&#8217;. Ni los dem\u00f3cratas antifranquistas ni los franquistas aperturistas ten\u00edan suficiente fuerza para imponer sus condiciones y se vieron obligados a un acuerdo de compromiso que dej\u00f3 pelos y renuncias en la gatera, pero que hizo posible que la apuesta por la reconciliaci\u00f3n planteada por el Partido Comunista de Espa\u00f1a en 1955 se materializara 23 a\u00f1os despu\u00e9s. El contexto del momento -una democracia incipiente amenazada por el riesgo de una involuci\u00f3n militar y el temor de la vieja generaci\u00f3n de la guerra a que se repitiera el drama de las dos Espa\u00f1as- fueron decisivos en aquel acuerdo que hoy se cuestiona desde ciertos sectores de la izquierda emergente.<\/p>\n<p>Aquel reconocimiento mutuo de doble debilidad se traslada ahora sobre Catalu\u00f1a y a la diab\u00f3lica espiral que la atraviesa. Por un lado, el independentismo ha vuelto a ganar en las urnas y ha demostrado que tiene una base social s\u00f3lida y fuerte, a la que no se le desgasta f\u00e1cilmente. Pero, por otra parte, hay otra parte muy importante de la sociedad catalana que no quiere la independencia. Una parte de ella se ha abrazado a la causa del unionismo constitucionalista, al espa\u00f1olismo, sin complejos. La otra estar\u00eda dispuesta a acordar un nuevo pacto con Espa\u00f1a. Quiz\u00e1 entre esta \u00faltima posici\u00f3n y los sectores menos recalcitrantes y m\u00e1s flexibles del secesionismo podr\u00eda atisbarse alguna salida. Para ello en Espa\u00f1a tendr\u00eda que articularse alg\u00fan movimiento a favor del di\u00e1logo plurinacional, un planteamiento que en este momento no tiene apoyo social suficiente. El tel\u00f3n de fondo esta incertidumbre pol\u00edtica es una econom\u00eda muy sensible, que puede resentirse en los pr\u00f3ximos tiempos si no se encauza la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong><em>\u201cNinguna de las dos partes tiene suficiente fuerza para vencer e imponer su modelo\u201d<\/em><\/strong><\/p>\n<p>En definitiva, las dos partes no tienen suficiente fuerza para vencer e imponer su modelo. El constitucionalismo y el independentismo est\u00e1n obligados a abrir tarde o temprano una negociaci\u00f3n que recomponga los puentes de complicidad construidos al inicio de la Transici\u00f3n pero que han sido dinamitados en los \u00faltimos a\u00f1os.<br \/>\nNo cabe duda que el proc\u00e9s, en todo caso, y todo el enredo que le ha rodeado hasta el momento, ha puesto en evidencia de manera clamorosa la debilidad de Espa\u00f1a como un proyecto nacional compartido o su problem\u00e1tica articulaci\u00f3n como un Estado plurinacional complejo. En perspectiva hist\u00f3rica, cabr\u00eda sumar este cap\u00edtulo en la fragilidad de los procesos constitucionales espa\u00f1oles y, en particular, en las dificultades que han tenido por ejemplo los movimientos de \u00edndole federalista, sin margen de maniobra entre las pulsiones particularistas -el cantonalismo del siglo XIX- y la inercia unitarista del Estado. Como trasfondo, sin duda, la debilidad del Estado espa\u00f1ol para articular un proyecto colectivo integrador de sus diferentes hechos nacionales, sin despreciar los avances hist\u00f3ricos logrados por la v\u00eda auton\u00f3mica.<\/p>\n<p>En los pr\u00f3ximas semanas, adem\u00e1s, se terminar\u00e1 por dirimir el pulso estrat\u00e9gico interno que se libra en el seno del independentismo catal\u00e1n entre la corriente m\u00e1s legitimista, encabezada por el expresident Carles Puigdemont, y el nuevo realismo que defienden en ERC quienes preconizan un acercamiento hacia los comunes. Los primeros, envueltos en la bandera de la resistencia y la denuncia de la actitud del Estado. Los segundos, partidarios de una readecuaci\u00f3n estrat\u00e9gica para superar la din\u00e1mica unilateral de presi\u00f3n hacia el Estado espa\u00f1ol, en busca de la apertura de una negociaci\u00f3n tendente a un refer\u00e9ndum pactado. De c\u00f3mo se despeje este conflicto depender\u00e1 en gran medida no s\u00f3lo la desactivaci\u00f3n, o no, del art\u00edculo 155 de la Constituci\u00f3n, sino tambi\u00e9n el desenlace de este conflicto y su incidencia en la pol\u00edtica espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>El nacionalismo vasco asiste con un gran inter\u00e9s, no exento de desasosiego, el curso de los acontecimientos en la medida en la que las tensiones latentes en el soberanismo catal\u00e1n reflejan el debate de fondo que tambi\u00e9n se libra en el soberanismo en Euskadi. El nacionalismo institucional mayoritario, en torno al PNV, guarda las distancias en un equilibrio entre una empat\u00eda emocional con los secesionistas catalanes pero una gran frialdad pol\u00edtica. La v\u00eda defendida por el lehendakari \u00cd\u00f1igo Urkullu para actualizar el autogobierno vasco, y por el PNV, marca notables distancias con el camino emprendido por los nacionalistas catalanes en la medida en la que apuesta por una reforma estatutaria sustentada en una mayor\u00eda amplia y transversal que se sustente en el reconocimiento de la bilateralidad entre Euskadi y el Estado. El PNV sali\u00f3 escaldado de la experiencia del plan Ibarretxe y abandon\u00f3 aquel proceso en cuanto vio que el nacionalismo vasco entraba en un territorio de peligro como proyecto de poder. Las mayores diferencias, en todo caso, entre el Pa\u00eds Vasco y Catalu\u00f1a radican, en primer lugar, en el efecto traum\u00e1tico que ha tenido la violencia en los \u00faltimos a\u00f1os, dejando heridas sociales profundas. Y, en segundo lugar, por el propio reconocimiento y actualizaci\u00f3n de los derechos hist\u00f3ricos de los territorios forales de Bizkaia, Gipuzkoa, \u00c1lava y Navarra, de los que se deriva la existencia del Concierto y del Convenio Econ\u00f3mico, respectivamente. Este doble hecho diferencial impide un paralelismo autom\u00e1tico entre ambas situaciones, con independencia de que el resultado final del proc\u00e9s tendr\u00e1 una influencia determinante en el futuro vasco.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Galde 20 invierno\/2018). Alberto Surio. Ni los independentistas ni los constitucionalistas tienen peso suficiente para imponer su proyecto. 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