{"id":6774,"date":"2016-10-18T23:07:13","date_gmt":"2016-10-18T21:07:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=6774"},"modified":"2025-10-23T18:22:37","modified_gmt":"2025-10-23T16:22:37","slug":"politicas-culturales-en-los-nuevos-municipalismos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/eu\/politicas-culturales-en-los-nuevos-municipalismos\/","title":{"rendered":"Pol\u00edticas culturales en los nuevos municipalismos"},"content":{"rendered":"<p class=\"p1\"><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/cultucomunes.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-6778 colorbox-6774\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/cultucomunes-300x264.jpg\" alt=\"cultucomunes\" width=\"300\" height=\"264\" data-id=\"6778\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/cultucomunes-300x264.jpg 300w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/cultucomunes.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">(Galde 15 \u2013 verano\/2016). Maria Ptqk.\u00a0<\/span><span class=\"s1\"><i>Un a\u00f1o despu\u00e9s de las elecciones municipales del 24 de junio de 2015, que puso a plataformas ciudadanas al frente de ciudades como Madrid, Barcelo<\/i><\/span><span class=\"s1\"><i>na, C\u00e1diz, Coru\u00f1a, Santiago de Compostela, Ferrol o Zaragoza, el cambio asoma en las pol\u00edticas culturales, pero de forma t\u00edmida y desigual. Repasamos avances, retos y coyunturas.<\/i><\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">M\u00e1s que ning\u00fan partido, ellos son los verdaderos emergentes de la regeneraci\u00f3n pol\u00edtica en Espa\u00f1a. Nacidos del clima post-15M, del que han heredado tanto la actitud dialogante como unos modos de organizaci\u00f3n de corte asambleario u horizontal, los llamados \u201cnuevos municipalismos\u201d han irrumpido en las instituciones de la mano de plataformas ciudadanas \u2013como Barcelona en Com\u00fa, Ahora Madrid o las Mareas gallegas\u2013 que integran bajo una misma nomenclatura partidos de izquierda, organizaciones sociales, activistas y personas sin experiencia previa de militancia. Un modelo de gobernanza in\u00e9dito en la historia democr\u00e1tica espa\u00f1ola, esperanzador para quienes abogan por un mayor acercamiento entre ciudadan\u00eda y administraciones p\u00fablicas, pero que en t\u00e9rminos generales a\u00fan no se ha plasmado, de forma visible y decidida, en las en las \u00c1reas de Cultura de los ayuntamientos.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">A pesar de ello, estas organizaciones, a caballo entre lo social y lo pol\u00edtico, est\u00e1n logrando introducir en el lenguaje institucional conceptos gestados desde el tejido de base (en grupos de trabajo, encuentros profesionales, redes sociales), m\u00e1s acordes con el modo contempor\u00e1neo de entender la pol\u00edtica cultural. En concreto, con ellas va tomando carta de naturaleza la idea de \u201cla cultura como bien com\u00fan\u201d que, no solo se opone a la de la cultura como recurso econ\u00f3mico (que ha servido a la especulaci\u00f3n inmobiliaria, la construcci\u00f3n de marca urbana, la edificaci\u00f3n de grandes equipamientos sin criterios de sostenibilidad o la festivalizaci\u00f3n), sino que adem\u00e1s expande y actualiza la idea, m\u00e1s arraigada en el lenguaje institucional de izquierdas, de la cultura como derecho. Al margen de diferencias te\u00f3ricas, entender la cultura como bien com\u00fan, y no solo como derecho, supone organizar su gesti\u00f3n de forma social y colectiva, y no (o, al menos, no solamente) mediada por la instituci\u00f3n p\u00fablica o la administraci\u00f3n. Las palabras importan, sin duda, pero estamos ante algo m\u00e1s que un cambio de terminolog\u00eda.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">\u00bfC\u00f3mo se traduce esto a las pol\u00edticas? En el terreno, la respuesta est\u00e1 cada vez m\u00e1s en los procesos de participaci\u00f3n, tal vez el instrumento transversal m\u00e1s relevante, y a la vez complejo, para el desarrollo de modos de gobernanza m\u00e1s democr\u00e1ticos. De hecho, es en las \u00c1reas de Participaci\u00f3n y Ciudadan\u00eda, y no en las de Cultura, donde se est\u00e1n fraguando muchas de las acciones que, si se implementan adecuadamente, propiciar\u00e1n cambios estrat\u00e9gicos en los dem\u00e1s campos. En Barcelona, el ejemplo de gesti\u00f3n comunitaria es el Ateneo Popular de NouBarris, a partir del cual se quiere idear un modelo para otros equipamientos. En Madrid, es la biblioteca del barrio de San Ferm\u00edn, en cuyo dise\u00f1o participan vecinos, colegios, t\u00e9cnicos municipales y arquitectos. Estos \u201cnuevos municipalismos\u201d \u2013o institucionalismos, en un sentido m\u00e1s amplio\u2013 exigen, por un lado, fortalecer los equipamientos de proximidad y el tejido de base (colectivos, organizaciones, profesionales, espacios, redes de trabajo, etc.) y, por otro, descentralizar los mapas culturales urbanos, desde unos centros sobrecargados o sobredimensionados hacia barrios y periferias social y culturalmente activos<\/span><span class=\"s1\">.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Uno de los escollos es el dif\u00edcil anclaje de estas medidas en las estructuras administrativas existentes. Los nuevos equipos de gobierno se topan con modalidades contractuales que obstaculizan la toma de decisiones fuera de los criterios establecidos (por ejemplo, la prohibici\u00f3n de atribuir direcciones de equipamientos a colectivos o la obligaci\u00f3n de atribuir las contratas municipales a los proveedores de menor coste y no de mejor relaci\u00f3n calidad-precio), con unas temporalidades dilatadas que impiden responder con agilidad a las demandas de la vida cultural, o con pol\u00edticas de protecci\u00f3n de datos que frenan la puesta en marcha de medidas de transparencia (para, por ejemplo, conocer el patrimonio y los sueldos de los cargos p\u00fablicos). La dificultad estriba en que, para llevar a cabo sus programas, los \u201cayuntamientos del cambio\u201d demandan nuevos marcos normativos pero la capacidad legislativa no reside en ellos sino en el Estado y las Comunidades Aut\u00f3nomas. Sin avances en los niveles administrativos superiores, el margen de acci\u00f3n municipal es limitado.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Mientras, la batalla pol\u00edtica se concentra en los nombramientos y las re-estructuraciones de \u00e1reas y empresas municipales. Despu\u00e9s de a\u00f1os de descr\u00e9dito social, sorprende constatar que, pese a todo, la cultura sigue siendo un vector estrat\u00e9gicamente disputado como moneda de cambio y como s\u00edmbolo de poder. Los casos de Madrid y Barcelona son, en este punto, paradigm\u00e1ticos. En la ciudad condal, la gerencia del ICUB (del que dependen el Consell de la Cultura, BcnInnovaci\u00f3, La Virreina o el Festival Grec) sigue desierta y bajo la gesti\u00f3n del Comisionado de Cultura, cuya titular, Berta Sureda, ha sido relevada en mayo de este a\u00f1o tras el pacto de gobierno de Barcelona En Com\u00fa con el PSC y la consiguiente designaci\u00f3n del socialista Jaume Collboni como Teniente de Alcalde de Cultura (un puesto que, hasta ese momento, tambi\u00e9n carec\u00eda de responsable). El elegido por Collboni para sustituir a Sureda fue, durante unos d\u00edas, el veterano del PSC Xabier Marc\u00e9, hombre fuerte de la administraci\u00f3n y empresario cultural, pero su nombramiento levant\u00f3 tantas cr\u00edticas entre el sector profesional af\u00edn a Barcelona en Com\u00fa que acab\u00f3 por no producirse. En el momento de escribir este art\u00edculo, tanto la direcci\u00f3n del ICUB como la del Comisionado de Cultura siguen pendientes de designaci\u00f3n. En Madrid, por su parte, el \u00c1rea de Cultura ha sido epicentro de ataques y pol\u00e9micas desde el inicio. Unos d\u00edas despu\u00e9s de su nombramiento, el concejal de Cultura de Ahora Madrid Guillermo Zapata fue cesado a causa de sus tweets de 2011 (donde bromeaba sobre jud\u00edos y v\u00edctimas del terrorismo en un contexto claramente humor\u00edstico). Su sustituta, Celia Mayer, se ha convertido desde entonces en objetivo privilegiado de la oposici\u00f3n, que ha pedido su cese en varias ocasiones. Entre ellas, las protestas suscitadas por el espect\u00e1culo de los titiriteros (que se sald\u00f3 con la dimisi\u00f3n del Director de Programas y Actividades Culturales, Jes\u00fas Carrillo) o la retirada por error de una placa conmemorativa, en aplicaci\u00f3n de la controvertida Ley de Memoria Hist\u00f3rica. El fortalecimiento de Madrid Activa, entidad que articula algunos de los proyectos de participaci\u00f3n y proximidad m\u00e1s emblem\u00e1ticos, o la restructuraci\u00f3n de Madrid Destino, primer instrumento de la estrategia cultural municipal, dirigido por Santiago Eraso, tampoco est\u00e1n libres de pol\u00e9mica.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Otra dificultad, y no menor, es que el propio concepto de pol\u00edtica cultural tambi\u00e9n est\u00e1 cambiando. Hoy, tanto en el nivel de las medidas como en el de los argumentarios, conviven: la defensa tradicional de una administraci\u00f3n fuerte, articulada en torno a equipamientos, programaci\u00f3n y subvenciones; la expansi\u00f3n de lo cultural hacia lo social, lo educativo y lo participativo, junto con medidas transversales en torno a la digitalizaci\u00f3n, la creatividad, la innovaci\u00f3n y el acceso al conocimiento; la b\u00fasqueda de formas administrativas h\u00edbridas y m\u00e1s ligeras, mediante entes de intermediaci\u00f3n que gestionen los recursos en di\u00e1logo con el sector, al resguardo de vaivenes electorales; o la crisis de los criterios de excelencia y excepcionalidad que, durante d\u00e9cadas, han presidido las pol\u00edticas culturales pero hoy se consideran dif\u00edcilmente compatibles con los principios de democracia y accesibilidad. La coexistencia de todos estos frentes, con sus complejidades, se da, adem\u00e1s, en un escenario deca\u00eddo, marcado por los recortes y la desinversi\u00f3n, el incremento del IVA cultural, una precariedad end\u00e9mica, la falta de relevo generacional, la ausencia de marcos normativos, la escasez de planes estrat\u00e9gicos o los casos de corrupci\u00f3n que han afectado tambi\u00e9n a equipamientos culturales (como el IVAM y el Palau de la M\u00fasica en Valencia o el Palau de Barcelona, por citar algunos de los m\u00e1s medi\u00e1ticos). El panorama es tan complicado como, a su manera, estimulante.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">En Euskadi no se puede hablar de nuevos municipalismos pues las elecciones no llevaron al gobierno a ninguna plataforma ciudadana. Pero para las auton\u00f3micas del pr\u00f3ximo oto\u00f1o, que se anuncian disputadas, hay sobre la mesa varios retos en materia cultural. Entre ellos: el proyecto de Guggenheim de Urdaibai, al que la Diputaci\u00f3n de Bizkaia no parece dispuesta a renunciar; el clima de abandono de Vitoria-Gasteiz, con el coma inducido del Centro Cultural Montehermoso; la gesti\u00f3n de la post-capitalidad en Donostia, con Tabakalera como equipamiento central; el cierre indefinido de Chillida-Leku; o el plan de ampliaci\u00f3n del Museo de Bellas Artes de Bilbao, cuyo personal de atenci\u00f3n al p\u00fablico, por cierto, se encuentra en huelga indefinida desde el pasado 6 de junio. Un escenario que abre un amplio campo de juego para los nuevos institucionalismos, con sus plataformas y confluencias.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\"><b>Maria Ptqk.\u00a0<\/b><\/span><span class=\"s1\">Productora cultural e investigadora independiente. Actualmente es coordinadora de LaPublika, laboratorio de investigaci\u00f3n art\u00edstica sobre esfera p\u00fablica, dirigido por la productora de arte contempor\u00e1neo Consonni.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Galde 15 \u2013 verano\/2016). Maria Ptqk.\u00a0Un a\u00f1o despu\u00e9s de las elecciones municipales del 24 de junio de 2015, que puso a plataformas ciudadanas al frente de ciudades como Madrid, Barcelona, C\u00e1diz, Coru\u00f1a, Santiago de Compostela, Ferrol o Zaragoza, el cambio asoma en las pol\u00edticas culturales, pero de forma t\u00edmida y desigual. 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