{"id":4098,"date":"2014-12-20T19:44:48","date_gmt":"2014-12-20T18:44:48","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=4098"},"modified":"2025-10-23T18:19:20","modified_gmt":"2025-10-23T16:19:20","slug":"las-memorias-colectivas-son-plurales-reflexiones-en-torno-a-la-sociedad-chilena-y-sus-politicas-de-memoria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/eu\/las-memorias-colectivas-son-plurales-reflexiones-en-torno-a-la-sociedad-chilena-y-sus-politicas-de-memoria\/","title":{"rendered":"Las memorias colectivas son plurales. Reflexiones en torno a la sociedad chilena y sus pol\u00edticas de memoria"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/BalaTelon.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter colorbox-4098\" alt=\"BalaTelon\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/BalaTelon.jpg\" width=\"480\" height=\"384\" data-id=\"4137\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\">Isabel Piper Shafir*, (Dossier Galde 08. oto\u00f1o 2014).\u00a0Los procesos de memoria colectiva constituyen una dimensi\u00f3n fundamental en la construcci\u00f3n de la democracia y de una cultura de respeto a los derechos humanos. Esto es as\u00ed no s\u00f3lo por la funci\u00f3n normativa de la memoria, es decir, recordar la violencia del pasado para que \u00e9sta no vuelva a ocurrir, sino porque la memoria es un escenario de conflicto en el cual se negocian y construyen significados sobre nuestros pasados, presentes y futuros posibles.<\/p>\n<p>Las memorias colectivas constituyen uno de los procesos m\u00e1s complejos e interesantes de las sociedades que han sufrido en su pasado reciente conflictos pol\u00edticos violentos. Aunque el ejercicio de dicha violencia acabe, las luchas por la memoria permanecen vivas y constituyen importantes espacios de acci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Mientras los debates sobre el pasado se mantienen vigentes, construimos activamente interpretaciones diversas que tienen importantes afectos sobre el presente y el futuro. A trav\u00e9s de estos debates nos pensamos como sociedad, nos constituimos como sujetos sociales complejos, din\u00e1micos y cambiantes, abrimos futuros posibles y profundizamos nuestras democracias.<\/p>\n<p>Por el contrario, cuando las batallas de la memoria concluyen, cuando se conforma una memoria \u00fanica, compartida por todos\/as, y con pretensiones de ser un relato definitivo sobre pasado, entonces lo que se produce es un cierre, la clausurade un relato que pierde su car\u00e1cter afectivo, que deja de conmover, que fija sentidos y construye sujetos atrapados en identidades inm\u00f3viles.<\/p>\n<p>Es precisamente lo que ocurre actualmente en Chile. Las memorias de las v\u00edctimas del terrorismo de Estado, que en un comienzo emergieron como versiones disidentes, se convirtieron en el relato hegem\u00f3nico sobre el pasado reciente. Como muestra Peter Winn (2014) en su historia de los procesos de memoria colectiva de Cono Sur, la lucha contra el olvido fue ganada, consolidando como memoria hegem\u00f3nica el terrorismo de Estado en una versi\u00f3n \u201creconciliada\u201d, factible de ser aceptada por sectores diversos \u2013 incluso opuestos- de la sociedad.\u00a0 La violencia pol\u00edtica pas\u00f3 a ser aceptada por todos y todas como una tragedia compartida que nunca debe repetirse.<\/p>\n<p>La figura central en este proceso es la v\u00edctima. Las comisiones de verdad las identificaron y calificaron como tales, posibilitando que fueran ser sujetos de las pol\u00edticas de reparaci\u00f3n. Adem\u00e1s escribieron su historia y legitimaron su sufrimiento.Las conmemoraciones las recuerdan colectivamente por medio de rituales que preservan las memorias de sus vidas y sobre todo de sus muertes, convirtiendo las fechas y lugares en las que estas ocurrieron como hitos de la memoria colectiva. Los lugares de memoria marcan estos sitios ofreci\u00e9ndole a los y las ausentes un espacio en el cual seguir habitando la sociedad, a sus familiares un lugar donde recordarlos\/as, e interpelando a la sociedad a no olvidar a las v\u00edctimas del terrorismo de Estado.\u00a0 Los archivos conservan los testimonios de lo que les ocurri\u00f3 y \u2013 al igual que los lugares de memoria \u2013 son utilizados como parte de las estrategias educativas que buscan transmitirle a las nuevas generaciones aquello que nunca m\u00e1s tendr\u00eda que volver a ocurrir: la violencia pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Todo esto ha supuesto importantes avances para la justicia transicional, ha contribuido a la reparaci\u00f3n de las v\u00edctimas y a la elaboraci\u00f3n de sus traumas, ha instalado en la sociedad chilena la convicci\u00f3n de que es necesaria una cultura del \u201cnunca m\u00e1s\u201d. Pero \u00bfha permitido profundizar y consolidar nuestra democracia?, \u00bfha contribuido a construir una sociedad m\u00e1s justa, menos violenta, en la cual se respeten los derechos humanos? Lamentablemente debo decir que no.<\/p>\n<p>Aunque la memoria de las v\u00edctimas haya predominado, se sabe que no fueron solamente las v\u00edctimas directas de la represi\u00f3n los \u00fanicos protagonistas de la historia de violencia pol\u00edtica de nuestro pa\u00eds. Sin embargo, el protagonismo que las asociaciones de v\u00edctimas y sus experiencias directas con la violencia tienen en las pol\u00edticas de memoria, ha contribuido a opacar la importancia de las memorias de otros grupos que recuerdan desde otros lugares sociales.<\/p>\n<p>Se conocen y se han investigado muy poco de \u201cotras memorias\u201d, elaboradas por grupos o sectores de la sociedad que, aunque experimentaron los procesos de cambio y las disputas del per\u00edodo, no tuvieron una participaci\u00f3n directa en ellos o al menos no fueron sus v\u00edctimas directas. Me refiero por ejemplo a las amas de casa, a los y las empleados\/as p\u00fablicos que por haber manifestado alguna opini\u00f3n pol\u00edtica fueron sancionados por su grupo social o incluso despedidos; o a aquellas militantes que a pesar de no haber sido directamente violentadas s\u00ed sufrieron de a\u00f1os de amenazas y miedo; o a los j\u00f3venes que por ser muy peque\u00f1os en esa \u00e9poca o bien por haber nacido luego del fin de la dictadura no vivieron en carne propia su violencia. La otredad de esas memorias se define, al menos en parte, por referirse a sujetos sociales que no han sido activos en las luchas y disputas por la memoria en el espacio p\u00fablico. Sus memorias permanecen en el campo de lo privado, pero no por ello tienen menos importancia en la construcci\u00f3n de nuestras realidades sociales.<\/p>\n<p>Aunque el proceso de visibilizaci\u00f3n y hegemonizaci\u00f3n de las memorias de las v\u00edctimas ha implicado grandes beneficios para los procesos de democratizaci\u00f3n, su conformaci\u00f3n en una memoria \u00fanica tiene el efecto de excluir esas otras memorias. La legitimaci\u00f3n de las v\u00edctimas como las voces autorizadas para hablar de la experiencia del pasado les ha permitido el reconocimiento social que ha posibilitado narrar una historia\u00a0 que hab\u00eda sido sistem\u00e1ticamente negada por las autoridades y sectores dominantes de la sociedad. Pero el considerarlas como un sujeto homog\u00e9neo nos hace dif\u00edcilreconocer la existencia de distintos tipos de v\u00edctimas con su diversidad de vivencias y memorias. Por otro lado, la existencia de una \u00fanica voz autorizada para hablar del pasado tiene el efecto de silenciar otras voces \u2013 como las de quienes no fueron v\u00edctimas directas del terrorismo de estado.<\/p>\n<p>Es el caso de quienes, habiendo vivido las \u00e9pocas de conflictos violentos no protagonizaron las experiencias legitimadas como memoria hegem\u00f3nica. El soci\u00f3logo chileno NorbertLechner (2002) se refiere a estos sujetos como\u00a0<i>testigos de un naufragio ajeno<\/i>, quienes construyen una memoria de dolores y miedos cotidianos, sin discursos legitimatorios, que asume lo acontecido como parte de lo \u2018normal y natural\u2019. Una normalidad que, en ausencia de sangre visible, no deja reflexionar en relaci\u00f3n a las causas y efectos de la violencia (Lechner, 2002).<\/p>\n<p>Esta misma sensaci\u00f3n \u2013 la de ser testigos de la violencia de otros\/as -es lo que le ocurre a las nuevas generaciones cuando se enfrentan a los relatos hegem\u00f3nicos, ya sea a trav\u00e9s de testimonios, de actos conmemorativos, de lugares de memoria u otros dispositivos. Dichos artefactos de memoria parecen tener tal autoridad sobre los hechos del pasado que deja a los j\u00f3venes sin voz propia, obligados\/as a aprenderse las memorias de otras personas que \u2013 con todas las buenas intenciones del mundo- tratan de trasmitirles. La situaci\u00f3n no deja de ser paradojal: las v\u00edctimas esperan de las nuevas generaciones que no olviden la violencia del pasado, que se hagan cargo de su legado y que sostengan el \u201cnunca m\u00e1s\u201d. Sin embargo a estas nuevas generaciones se les quita toda posibilidad de agencia en la construcci\u00f3n de memorias propias. Se les pide que sientan propias las memorias ajenas.<\/p>\n<p>Los relatos sobre el pasado son construidos por diversos sujetos colectivos, por lo tanto no podemos esperar que no sean tambi\u00e9n diversos e incluso contrapuestos. Dado que estos sujetos coexisten en un mismo contexto hist\u00f3rico y social, tambi\u00e9n lo hacen las memorias que construyen sobre una \u00e9poca o acontecimiento determinado. Vinyes (2009) sostiene que se trata de un pasado sin experiencia y que, por ende, no puede dejar de pasar. Un pasado que permanentemente es revivido, creando posibles opciones de resignificaci\u00f3n y reapropiaci\u00f3n para las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes que lo usan como una ayuda m\u00e1s para comprender su presente.<\/p>\n<p>Las memorias se construyen como narrativas diversas sobre el pasado a partir de las condiciones del presente. Las distintas memorias se ponen en di\u00e1logo y entran en conflicto al disputar el estatus de legitimidad y verdad sobre el pasado al que aluden.<\/p>\n<p>Una de las cosas que hemos aprendido en nuestras investigaciones sobre las memorias de la violencia pol\u00edtica en Chile, es que es imprescindible considerar la existencia de m\u00faltiples y diversas memorias. Tambi\u00e9n que es necesario analizar el tema con una mirada amplia asumiendo la multiplicidad y diversidad de las memorias colectivas, construyendo pol\u00edticas de la memoria inclusivas, que garanticen el derecho de recordar de sujetos sociales diversos. Una y otra vez nos hemos encontrado con la necesidad de ampliar la mirada, de reconocer sus contradicciones y dejar de buscar una memoria \u00fanica.<\/p>\n<p>* Departamento de Psicolog\u00eda, Universidad de Chile<\/p>\n<p>Bibliograf\u00eda citada: Lechner, N. (2002).\u00a0<i>Las sombras del ma\u00f1ana. La dimensi\u00f3n subjetiva de la pol\u00edtica<\/i>. Ed. LOM; Vinyes, R. ed. (2009).\u00a0<i>El Estado y la memoria. Gobierno y ciudadanos frente a los traumas de la historia.\u00a0<\/i>Ed. RBA Llibres; Winn, P. (ed.) (2014).\u00a0<i>No hay ma\u00f1ana sin ayer.\u00a0<\/i>Ed. LOM.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Isabel Piper Shafir, (Dossier Galde 08. oto\u00f1o 2014). Los procesos de memoria colectiva constituyen una dimensi\u00f3n fundamental en la construcci\u00f3n de la democracia. Una de las cosas que hemos aprendido en nuestras investigaciones sobre las memorias de la violencia pol\u00edtica en Chile, es considerar la existencia de m\u00faltiples y diversas memorias. 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