{"id":18706,"date":"2025-07-23T14:58:20","date_gmt":"2025-07-23T12:58:20","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=18706"},"modified":"2025-10-23T19:37:17","modified_gmt":"2025-10-23T17:37:17","slug":"gaza-la-conciencia-colectiva-no-es-un-detalle-menor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/eu\/gaza-la-conciencia-colectiva-no-es-un-detalle-menor\/","title":{"rendered":"Gaza: La conciencia colectiva no es un detalle menor"},"content":{"rendered":"<p>En su novela\u00a0<em>Un detalle menor<\/em>*, premiada primero y luego castigada en Alemania, la palestina Adan\u00eda Shibli cuenta, en efecto, un \u201cdetalle menor\u201d, seguramente de ficci\u00f3n, pero que se vuelve cre\u00edble gracias a la ficci\u00f3n misma y no a la larga infamia de la ocupaci\u00f3n israel\u00ed en que se inscribe. Quiero decir que el relato de Shibli no es una denuncia expl\u00edcita de los cr\u00edmenes de Israel; de hecho, el crimen que narra es, por comparaci\u00f3n, muy peque\u00f1o, y est\u00e1 abordado desde el punto de vista de los propios asesinos, los cuales, agobiados por el calor y las picaduras de los insectos, tratan a la v\u00edctima como si fuera una piedra. La v\u00edctima no se queja; de su dolor no sabemos nada; acepta su condici\u00f3n inerme y casi paisaj\u00edstica con una objetividad aterradora. En cuanto a la mujer que cincuenta a\u00f1os m\u00e1s tarde busca su rastro en el desierto del Neguev, Shibli no se ensa\u00f1a describiendo la ferocidad de los soldados y los colonos, que en general se comportan con educaci\u00f3n y que incluso le hacen confidencias. La zarpa ominosa de la ocupaci\u00f3n solo dispara dos veces, al principio y al final del relato; su totalitarismo atmosf\u00e9rico se revela m\u00e1s bien de manera indirecta, a trav\u00e9s (uno) de los mapas que la narradora consulta para llegar a su destino por las carreteras de lo que otrora fue Palestina y (dos) a trav\u00e9s del miedo que la atenaza en cada control, en cada conversaci\u00f3n, en cada breve parada de intendencia. Shibli no se exalta jam\u00e1s ni excita al lector ya alineado con justa ira o dolor enf\u00e1tico. Cuenta una historia peque\u00f1a, meticulosa, acumulando diminutas descripciones con tanta maestr\u00eda que finalmente, cuando se repara en lo que ha ocurrido, su propia insignificancia terror\u00edfica obliga a la reflexi\u00f3n. Una buena novela, hay que recordarlo, es una buena novela; y es por eso, y no por el objeto del que se ocupa, por lo que puede resultar infinitamente m\u00e1s dolorosa que las im\u00e1genes retumbantes de un bombardeo.<\/p>\n<p><em>Un detalle menor<\/em>, en fin, est\u00e1 concebida para llegar a los amantes de la buena literatura, no a los partidarios de la liberaci\u00f3n de Palestina. Shibli es una escritora palestina; es decir, una escritora; su palestinidad no devora ni su talento ni su car\u00e1cter ni -improvisemos- su amor por los geranios o su odio por su suegra. Hay dos formas de deshumanizar a los palestinos, una de derechas y otra de izquierdas. La de derechas consiste en negarles la humanidad; la de izquierdas en encerrarlos completamente en su causa de liberaci\u00f3n. Un palestino es un palestino es un palestino es un palestino y nada m\u00e1s; un palestino es una v\u00edctima es una v\u00edctima es una v\u00edctima y solo la reconocemos como tal. Que una escritora palestina sea una gran escritora es ya una victoria sobre la ocupaci\u00f3n, pues su calidad literaria la sit\u00faa en un lugar donde el Ej\u00e9rcito israel\u00ed no puede alcanzarla. Que adem\u00e1s escriba una buena novela sobre la ocupaci\u00f3n de Palestina (que reconocer\u00edan como buena Jane Austen o Joyce, muertos antes de la fundaci\u00f3n de Israel) la convierte en la mejor vocera del pueblo al que pertenece, y ello por cuatro razones: porque una buena novela dura m\u00e1s en la memoria que una imagen de internet (que, tr\u00e1gica o c\u00f3mica, es siempre un meme); porque una buena novela no es un serm\u00f3n sino una experiencia en el cuerpo; porque una buena novela nos recuerda la existencia de escritores palestinos capaces de colonizar, con la palabra, el universo; y porque, habiendo escritores palestinos, una buena novela palestina nos recuerda tambi\u00e9n que Israel lleva siete d\u00e9cadas matando<em>\u00a0lectores<\/em>\u00a0palestinos (esa comunidad de iguales).<\/p>\n<p>Se nos dice que no debemos olvidar Palestina. Todos querr\u00edamos olvidarla. Tambi\u00e9n los palestinos querr\u00edan hacerlo porque un pa\u00eds normal es un pa\u00eds que se olvida de s\u00ed mismo, salvo un par de d\u00edas al a\u00f1o, cuando hay que celebrar el d\u00eda de la independencia o festejar una victoria deportiva. Israel no nos deja; no les deja; no nos deja y no les va a dejar. Sus matanzas cotidianas se pueden interpretar, sin duda, como la huida hacia delante de un ministro fascista en apuros y como un segundo plan Dalet a escala apocal\u00edptica, pero creo que su potencial destructivo tiene que ver con que son, al mismo tiempo, una revelaci\u00f3n y un mensaje. Cuando se han cruzado todas las l\u00edneas rojas y no se puede volver atr\u00e1s, uno sigue matando para ser de una vez lo que siempre se ha sido y para obligar al mundo a aceptar el mal como una regla.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 quiere recordarnos Israel con sus matanzas? De entrada, desde luego, la inexistencia material, ininterrumpida, de Palestina, un pueblo de muertos cuya poblaci\u00f3n va descontando, de uno en uno, de cien en cien, de mil en mil, a lo largo del tiempo. Pero Israel busca tambi\u00e9n, matando y matando, regocijarse en su propia existencia negativa y en nuestra impotencia definitiva. Me parece in\u00fatil, la verdad, seguir discutiendo sobre el concepto penal de genocidio y un poco mezquino vigilar qui\u00e9n de \u201clos nuestros\u201d lo usa y qui\u00e9n no. Mi convencimiento personal es el de que hay pruebas suficientes para aplicar a Israel ese tipo penal, sobre el que decidir\u00e1 el TIJ, pero su uso excesivo tiene el efecto de una droga cuya dosis siempre insuficiente acaba con la muerte de la palabra misma. Da igual c\u00f3mo lo llamemos. La cuesti\u00f3n es que no podemos hacer nada y por eso intentamos decirlo <em>todo;<\/em>\u00a0compensar de palabra lo que no podemos impedir de hecho. \u201cGenocidio\u201d, digamos, es la expresi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica de nuestra incapacidad para la intervenci\u00f3n. Tanto m\u00e1s la pronunciamos cuanto m\u00e1s asesina Israel, s\u00ed, pero no porque cada nueva v\u00edctima sea una confirmaci\u00f3n de su barbarie (que lo es) sino porque cada nueva v\u00edctima es una confirmaci\u00f3n de nuestra impotencia.<\/p>\n<p>Esta combinaci\u00f3n de revelaci\u00f3n y de mensaje (de autocomplacencia en el mal y de impotencia universal) es la que nos ha situado ya, tras la guerra de Ucrania, en un nuevo desorden global en el que todo est\u00e1 permitido. Uno de los objetivos premeditados de las matanzas indiscriminadas de Israel es el de obligar a las democracias occidentales a ignorar o apoyar el genocidio; es decir, el de imponer un r\u00e9gimen de hipocres\u00eda desnuda y radical que no solo a\u00edsla a Europa y EEUU del resto del mundo (y dinamita instituciones internacionales ya da\u00f1adas en sus cimientos), sino que favorece la proliferaci\u00f3n o consolidaci\u00f3n de las dictaduras, legitimadas ahora a usar todos los medios contra su propia poblaci\u00f3n y contra eventuales enemigos exteriores. Israel, esa dictadura colonial supremacista, es sostenida por democracias y denunciada y condenada por otras dictaduras. Ese ox\u00edmoron siniestro no puede soportarlo ning\u00fan mundo posible. Rusia ha vencido a Ucrania en Palestina, no en el Domb\u00e1s; Ir\u00e1n y Siria han vencido a sus propios pueblos en Gaza, no en las c\u00e1rceles de Teher\u00e1n y Damasco; China ha derrotado a EEUU en Rafah, no en Taiw\u00e1n.<\/p>\n<p>Me hab\u00eda impuesto a m\u00ed mismo no volver a escribir sobre Gaza; lo hacen mejor que yo -no s\u00e9- Olga Rodr\u00edguez, Patricia Sim\u00f3n o Luz G\u00f3mez; y desde luego\u00a0<em>Al-Jazeera<\/em>\u00a0en el mundo \u00e1rabe y algunos periodistas jud\u00edos de\u00a0<em>Haaretz<\/em>\u00a0en Israel. Mejor gestos peque\u00f1os (para financiar a la UNRWA, convocar una manifestaci\u00f3n, apoyar un proyecto de solidaridad concreto) que palabras may\u00fasculas. Han muerto asesinados 30.000 palestinos en los \u00faltimos cuatro meses. Las cifras son redondas; los humanos no. Escribo estas l\u00edneas afectado no tanto por esta cifra inabarcable como por la lectura de una novela que narra \u201cun detalle menor\u201d acaecido en 1948. En ese \u201cdetalle menor\u201d se concentra, como en el fulcro de una palanca, como en el temblor de un ni\u00f1o ileso entre los escombros, toda la bestialidad de Israel. En ese \u201cdetalle menor\u201d reposa, s\u00ed, toda la fragilidad humana. Israel ha asesinado a treinta mil \u201cdetalles menores\u201d. \u00bfComprendemos ahora mejor la dimensi\u00f3n de su crimen? La humanidad tambi\u00e9n lo es; eso; s\u00ed: un detalle menor.<\/p>\n<p><em>(*La novela de Shibli ha sido editada por Hoja de Lata, en excelente traducci\u00f3n de Salvador Pe\u00f1a Mart\u00edn).<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En su novela\u00a0Un detalle menor*, premiada primero y luego castigada en Alemania, la palestina Adan\u00eda Shibli cuenta, en efecto, un \u201cdetalle menor\u201d, seguramente de ficci\u00f3n, pero que se vuelve cre\u00edble gracias a la ficci\u00f3n misma y no a la larga infamia de la ocupaci\u00f3n israel\u00ed en que se inscribe. 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