{"id":1560,"date":"2013-11-13T00:16:17","date_gmt":"2013-11-12T23:16:17","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=1560"},"modified":"2025-10-23T18:17:17","modified_gmt":"2025-10-23T16:17:17","slug":"la-izquierda-marron-latinoamericana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/eu\/la-izquierda-marron-latinoamericana\/","title":{"rendered":"La izquierda marr\u00f3n latinoamericana"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/mARRONAmazonia.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-1360 colorbox-1560\" alt=\"Amazonia\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/mARRONAmazonia-300x225.jpg\" width=\"300\" height=\"225\" data-id=\"1360\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/mARRONAmazonia-300x225.jpg 300w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/mARRONAmazonia-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/mARRONAmazonia.jpg 1600w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p><strong>Eduardo Gudynas.<\/strong><\/p>\n<p>Cada vez se hace m\u00e1s dif\u00edcil responder a la curiosidad europea sobre las particularidades de la actual pol\u00edtica en Am\u00e9rica del Sur. De la misma manera, no pocas veces la deriva de los gobiernos de Europa occidental resultan extra\u00f1as y anticuadas para un sudamericano. Muchos en Espa\u00f1a miran con atenci\u00f3n a la izquierda sudamericana, ya que mantiene el crecimiento econ\u00f3mico, no han ca\u00eddo en crisis graves, y en casi todos los casos han logrado disminuir la pobreza. Incluso algunos siguen con admiraci\u00f3n a personas como Lula da Silva, un presidente que viene del movimiento obrero, o la exc\u00e9ntrica austeridad de Jos\u00e9 \u201cPepe\u201d Mujica, que sigue viviendo en una modest\u00edsima casa. Todo eso es muy comprensible, porque esas condiciones est\u00e1n lejos de las crisis econ\u00f3micas europeas, y de los desplantes de algunos presidentes (basta recordar a Sarkozy en Francia o Berlusconi en Italia). Pero si se hace un esfuerzo para ir m\u00e1s all\u00e1 de lo superficial, y de los titulares de la prensa convencional, la situaci\u00f3n de la izquierda sudamericana se est\u00e1 volviendo cada vez m\u00e1s compleja.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Empuje y freno<\/strong><\/p>\n<p>En primer lugar es apropiado comenzar por reconocer los aspectos m\u00e1s positivos. Distintos grupos que se autodefinen como izquierda o progresismo alcanzaron el poder en buena parte de los pa\u00edses sudamericanos, comenzando por Hugo Ch\u00e1vez. Hacia mediados de la primera d\u00e9cada del siglo XXI la mayor parte de los gobiernos sudamericanos estaba en manos del progresismo y como resultado de procesos democr\u00e1ticos.<\/p>\n<p>Sus administraciones logran hacer crecer las econom\u00edas (desde los valores modestos de Brasil de 0.9% en 2012, a 5% y m\u00e1s en Bolivia, Ecuador y Venezuela), multiplican las exportaciones, y reciben un aluvi\u00f3n de inversi\u00f3n extranjera (por ejemplo, en Argentina, pasaron de casi 4 mil millones d\u00f3lares en 2005 a m\u00e1s de 11 mil millones en 2012). La pobreza comenz\u00f3 a reducirse en casi todos los pa\u00edses, el desempleo tambi\u00e9n disminuy\u00f3. El Estado estaba de regreso, y se vivieron cambios dram\u00e1ticos en varios sectores, destac\u00e1ndose Venezuela, Bolivia y Ecuador, donde se impusieron controles y tributos sobre la explotaci\u00f3n de hidrocarburos.<\/p>\n<p>Los nuevos gobiernos en varios pa\u00edses llegaron de la mano de sectores populares que durante muchos tiempos fueron perjudicados y marginados por las pol\u00edticas de estirpe neoliberal. Un ejemplo es Evo Morales en Bolivia, que conquista la presidencia con fuerte apoyo ind\u00edgena. Otros lo hicieron tras el derrumbe de partidos convencionales, como Hugo Ch\u00e1vez en Venezuela o Rafael Correa en Ecuador. N\u00e9stor Kichner fue decisivo para que Argentina remontara su profunda crisis, mientras que los recambios en Brasil y Uruguay se hicieron desde los sistemas de partidos.<\/p>\n<p>Muchos viejos militantes de la izquierda tradicional ve\u00edan que se configuraba un escenario impactante: una severa crisis financiera que asolaba Wall Street y toda su institucionalidad derivada, donde no faltaban quienes predec\u00edan el fin del capitalismo, y simult\u00e1neamente se contaban unos diez gobiernos progresistas en Am\u00e9rica Latina. Todo parec\u00eda listo para un giro sustancial, donde la izquierda sudamericana pod\u00eda promover un cambio radical. Pero eso nunca ocurri\u00f3.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo eso, sino que el impulso de los cambios comenz\u00f3 a frenarse. Los gobiernos progresistas quedaron sumidos en muy fuertes contradicciones entre una econom\u00eda que segu\u00eda dependiendo de exportar materias primas y de los capitales globales, y mandatos pol\u00edticos propios de la izquierda, que le reclamaban autosuficiencia y autonom\u00eda, y profundizar una democratizaci\u00f3n de la pol\u00edtica y la sociedad.<\/p>\n<p><strong>La permanencia del extractivismo<\/strong><\/p>\n<p>Estas contradicciones se deben en buena medida a los llamados extractivismos. Bajo este t\u00e9rmino se incluye la extracci\u00f3n masiva de recursos naturales, como hidrocarburos, minerales o monocultivos, que son exportados. Bajo el progresismo, el extractivismo ha aumentado en todos los pa\u00edses, tanto en los vol\u00famenes extra\u00eddos y exportados, como en los distintos tipos de materias primas comercializadas.<\/p>\n<p>Casi ha pasado desapercibido, pero bajo Lula da Silva, Brasil se convirti\u00f3 en el mayor extractivista de toda Am\u00e9rica Latina, y uno de los m\u00e1s grandes del mundo. En 2011, en Brasil se extrajeron m\u00e1s de 410 millones de toneladas de sus principales minerales, lo que es casi el triple de la suma de todos los dem\u00e1s pa\u00edses sudamericanos mineros. No es el mismo extractivismo de los viejos gobiernos conservadores. En este caso la presencia estatal es mayor, a veces mediada por empresas p\u00fablicas, en algunos sectores la carga tributaria es alta (especialmente en hidrocarburos), y se dice que los dineros recaudados son necesarios para atacar la pobreza. Estos y otros aspectos ha llevado a denominar a esta estrategia como nuevo extractivismo progresista.<\/p>\n<p>Pero esas actividades tienen altos impactos sociales y ambientales, y sus beneficios econ\u00f3micos reales son muy discutidos. Entre los efectos sociales se encuentran el desmembramiento de comunidades locales (especialmente campesinos e ind\u00edgenas), la afectaci\u00f3n de la salud, etc.; entre los ambientales, la contaminaci\u00f3n y desaparici\u00f3n de \u00e1reas silvestres. En todos los casos esos impactos son graves y extendidos, porque el nuevo extractivismo extrae recursos mucho m\u00e1s intensivamente, en vol\u00famenes enormes, y en lugares m\u00e1s remotos, de mayor riqueza ecol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Por lo no tanto, a nadie puede sorprender que se multiplicaran los conflictos. En efecto, en los \u00faltimos 18 meses se registran protestas y conflictos contra los extractivismos en todos los pa\u00edses sudamericanos, independientemente de la tendencia de sus gobiernos. Asimismo, en todos los pa\u00edses sudamericanos, hay registros o denuncias de violaci\u00f3n de los derechos de pueblos ind\u00edgenas (excepto en Uruguay, que es el \u00fanico que no tiene naciones originarias). Los conflictos son particularmente intensos en Bolivia, Ecuador y Per\u00fa, donde han llegado a masivas marchas ciudadanas hasta sus capitales en rechazo a la miner\u00eda y en defensa del agua.<\/p>\n<p>Los gobiernos progresistas reaccionan negando los efectos negativos del extractivismo, rechazan las protestas locales, a veces los acusan de ser expresiones de derecha, y casi siempre los hostigan.<\/p>\n<p>El extractivismo dej\u00f3 en evidencia que el progresismo sudamericano tiene enormes dificultades para entenderse con varios movimientos sociales, y las concepciones y sensibilidades que \u00e9stos expresan. Estos son los casos en particular del ambientalismo, los pueblos ind\u00edgenas, y las cuestiones de g\u00e9nero. Desde Mujica en Uruguay a Dilma Rousseff en Brasil, la agenda ambiental se ha estancado o, incluso, retrocedido. Organizaciones ind\u00edgenas clave ahora est\u00e1n en la oposici\u00f3n a Correa en Ecuador o Morales en Bolivia, ya que sus territorios y derechos son afectados por esos extractivismos.<\/p>\n<p><strong>La izquierda marr\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Se llega as\u00ed a una situaci\u00f3n donde los gobiernos sudamericanos son de izquierda, pero no es la izquierda so\u00f1ada por muchos. Es izquierda para los ojos europeos, y a veces es a\u00f1orada dado el contexto de deterioro pol\u00edtico en el viejo continente. La sudamericana es una izquierda que es roja, pero en un sentido peculiar, y que sin duda no es verde.<\/p>\n<p>Esa peculiaridad est\u00e1 dada, por ejemplo, en su adhesi\u00f3n incondicional al crecimiento econ\u00f3mico, y por ello est\u00e1 atada a los extractivismos y su base capitalista. Algunos sostendr\u00e1n que est\u00e1 bien aprovechar los ricos recursos naturales del continente, pero eso no resuelve el hecho que esa dependencia en exportar materias primas no genera industrias y servicios propios, y refuerza la dependencia en la globalizaci\u00f3n. Movi\u00e9ndose al ritmo de los precios internacionales, las exportaciones de todos los pa\u00edses progresistas muestran una ca\u00edda de exportaciones industriales y un aumento de bienes primarios (incluido Brasil, donde los commodities ya son m\u00e1s de la mitad de sus ventas externas).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n peculiar porque poco a poco, la amplia agenda de la justicia social se ha ido reduciendo a disputas por compensaciones econ\u00f3micas. Los instrumentos de pagos mensuales a los mas pobres o compensaciones por distintos tipos de problemas, se han convertido en el centro de las pol\u00edticas sociales. Se minimizan fracasos en otras \u00e1reas, como educaci\u00f3n y salud. Y para pagar esas compensaciones necesitan todav\u00eda m\u00e1s extractivismos. La violencia sigue siendo un flagelo que azota a todos el continente, pero se disimula con la expansi\u00f3n del consumo en centros comerciales debido a un d\u00f3lar barato y un aluvi\u00f3n de importaciones. Y esto tambi\u00e9n se debe a los extractivismos, ya que es uno de sus efectos macroecon\u00f3micos.<\/p>\n<p>Estas posturas rojas de otro modo, y que no son verdes, han sido llamadas \u201cizquierda marr\u00f3n\u201d, recordando que con ese color se designa a la gesti\u00f3n ambiental encargada de manejar efluentes cloacales, emisiones industriales o desechos s\u00f3lidos. Es justamente en eso donde se concentran sus t\u00edmidas medidas ambientales. En cambio, la agenda \u201cverde\u201d, que busca proteger la biodversidad, los derechos de la Naturaleza y modos de vida sostenibles, no es atendida adecuadamente. Si as\u00ed fuera, muchos emprendimientos extractivistas tendr\u00edan que ser clausurados o nunca podr\u00edan ser permitidos, dados sus enormes efectos ambientales en los rincones m\u00e1s apartados de cada pa\u00eds.<\/p>\n<p>Los gobernantes progresistas no ocultan esto, sino que dicen claramente que hoy deben crecer econ\u00f3micamente, y que temas como la suerte de los ind\u00edgenas o el ambiente quedan para ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Esas posturas tienen consecuencias que se derraman hacia c\u00f3mo se estructura y comporta el Estado, y sobre los modos de hacer pol\u00edtica. El Estado progresista sudamericano es ahora un socio activo en promover los extractivismos, y por lo tanto rechaza las denuncias sobre sus impactos, defiende a las empresas, y festeja su posici\u00f3n de proveedores de materias primas. El sue\u00f1o de la vieja izquierda de una industrializaci\u00f3n propia qued\u00f3 para el futuro, ya que ahora la tarea es aprovechar el boom de los precios de los commodities.<\/p>\n<p>Los pol\u00edticos de la izquierda marr\u00f3n tienen lazos cada vez m\u00e1s estrechos con corporaciones de todo tipo. Esto es muy claro en Brasil, donde el gobierno est\u00e1 estrechamente articulado con un peque\u00f1o grupo de enormes empresas ahora globalizadas. Incluso en el Uruguay del austero Mujica, su proyecto estrella es comenzar la megaminer\u00eda de hierro a cielo abierto, y la empresa inversora tiene a un alto ejecutivo vinculado al Partido Socialista, varios de cuyos miembros son a su vez fuertes propulsores del proyecto desde el gobierno.<\/p>\n<p>La pol\u00edtica gubernamental sigue siendo democr\u00e1tica, en el sentido de asegurar las elecciones formales, reivindica al pueblo, y di\u00f3 papeles impensados a muchos actores antes marginados. Pero abandon\u00f3 sus intenciones deprofundizar y radicalizar esa democracia. En unos casos se criminalizan las demandas ciudadanas, en otras se sume a sus l\u00edderes en largu\u00edsimos procesos judiciales, y no faltan nuevos proyectos de participaci\u00f3n que reducen los mecanismos de consulta. Se profundiza una tendencia que viene de \u00e9pocas neoliberales hacia democracias delegativas, donde todo gira alrededor de la figura del presidente, con toques autoritarios.<\/p>\n<p>Como puede verse es una izquierda peculiar. Sus medidas, puestas en un contexto europeo, ubican a los sudamericanos a la izquierda de experiencias recientes, como las de PSOE con Zapatero o el SPD con Schroeder. Pero como son \u201cmarrones\u201d, tienen enormes dificultades en potenciar los derechos y autonom\u00edas ciudadanas. Para asegurar el extractivismo se recortan esos derechos.<\/p>\n<p>D\u00edas atr\u00e1s esto qued\u00f3 muy claro en Ecuador con el c\u00famulo de medidas tomadas para explotar petr\u00f3leo en el Parque Yasun\u00ed en la Amazonia. Primero, el presidente Correa, ante la ola de protestas callejeras contra su medida, aprovech\u00f3 una de sus largas cadenas informativas para explicar que sus servicios de inteligencia fiscalizaban todas las movilizaciones a favor de la protecci\u00f3n amaz\u00f3nica en todas las ciudades del pa\u00eds, se contaba el n\u00famero de participantes, calculaba promedios de gente movilizada, identificaba sus l\u00edderes con nombre y apellido, y exhib\u00eda ante el p\u00fablico fotos de ellos. Segundo, el gobierno anunci\u00f3 que los j\u00f3venes que fueran identificados en esas protestas perder\u00edan sus becas de estudio. Tercero, instalaron una medida por la cual la prensa deber\u00eda pedir permiso para acceder a ese sitio amaz\u00f3nico, y las filmaciones y art\u00edculos derivados de esas visitas deber\u00edan ser revisados por el gobierno antes de ser publicados. Estas y otras acciones atemorizan a mucha gente, y limita sus opciones de expresi\u00f3n pol\u00edtica e informaci\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n<p>Hay muchos otros ejemplos de este tipo. A veces pasan desapercibidos para la prensa europea, o son tomados de forma desvirtuada para defender posturas pol\u00edticas conservadoras. Todo esto hace que el debate se vuelva dificultoso. Es que el progresismo sudamericano, a su manera, sigue estrategias que invocan distintos tipos de capitalismos. No son gobiernos neoliberales, pero parecen haber llegado a un l\u00edmite. Quieren salir de la pobreza, pero apuestan a un capitalismo que creen que pueden controlar. Confunden justicia social con compasi\u00f3n y asistencialismo. Alaban a la Naturaleza pero no cumplen con el mandato de protegerla. Son democr\u00e1ticos formalmente, pero el presidencialismo se descontrola en varios casos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de este breve balance queda en claro que la izquierda latinoamericano tiene unos cuantos atributos positivos, y ha sido un aire fresco de renovaci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n muestra limitaciones importantes, e incluso estancamientos. Se ha dado un paso, pero quedan todav\u00eda muchas tareas pendientes. En esa tarea est\u00e1n reactiv\u00e1ndose los movimientos sociales y, por lo tanto, seguir\u00e1n en marcha los cambios pol\u00edticos en el sur.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eduardo Gudynas. Cada vez se hace m\u00e1s dif\u00edcil responder a la curiosidad europea sobre las particularidades de la actual pol\u00edtica en Am\u00e9rica del Sur. De la misma manera, no pocas veces la deriva de los gobiernos de Europa occidental resultan extra\u00f1as y anticuadas para un sudamericano. 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