{"id":15120,"date":"2022-07-02T18:34:28","date_gmt":"2022-07-02T16:34:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=15120"},"modified":"2022-07-08T14:11:38","modified_gmt":"2022-07-08T12:11:38","slug":"la-docencia-universitaria-entre-el-desinteres-y-el-desconcierto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/eu\/la-docencia-universitaria-entre-el-desinteres-y-el-desconcierto\/","title":{"rendered":"La docencia universitaria, entre el desinter\u00e9s y el desconcierto"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/LibroProfe.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone wp-image-15123 size-full colorbox-15120\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/LibroProfe.jpg\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"308\" data-id=\"15123\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/LibroProfe.jpg 580w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/LibroProfe-300x159.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Galde 37, uda 2022 verano. Quim Brugu\u00e9.-<\/p>\n<p>La presente reflexi\u00f3n que no pretende aportar afirmaciones generalizables e incontrovertibles, sino que busca compartir temores y expectativas, abrir un debate sobre un aspecto que, a mi entender, ha quedado injustamente arrinconado: el de la docencia universitaria.<\/p>\n<p>Mi impresi\u00f3n es que, mientras que las universidades se han modernizado y se han situado en la carrera de los\u00a0<em>rankings<\/em>\u00a0internacionales, su docencia ha ido diluy\u00e9ndose y perdiendo prestigio. Progresamos seg\u00fan los criterios acad\u00e9micos dominantes, pero el profesorado afronta su actividad docente desde una endemoniada combinaci\u00f3n de\u00a0<em>desinter\u00e9s<\/em>\u00a0y\u00a0<em>desconcierto.\u00a0<\/em>Un desinter\u00e9s que se explica por la irrupci\u00f3n de un modelo de carrera acad\u00e9mica donde la docencia ocupa un lugar marginal; y un desconcierto que, al menos en el caso de los estudios pol\u00edticos, tiene que ver con el contraste entre la velocidad del cambio en nuestro entorno sociopol\u00edtico y la lentitud con la que reaccionan las instituciones docentes. Es decir, un problema interno, vinculado al modelo de carrera acad\u00e9mica, y un problema externo, relacionado con la creciente distancia entre la universidad y su contexto.<\/p>\n<p><strong>Cuando la docencia es una carga<\/strong><\/p>\n<p>En el argot universitario nos referimos a la\u00a0<em>dedicaci\u00f3n investigadora<\/em>, mientras que hablamos de c\u00f3mo nos repartimos la\u00a0<em>carga docente<\/em>. Quiz\u00e1 sea anecd\u00f3tico, pero el contraste entre\u00a0<em>dedicaci\u00f3n<\/em>\u00a0y\u00a0<em>carga<\/em>\u00a0refleja acertadamente el papel que otorgamos a la investigaci\u00f3n y a la docencia. Tambi\u00e9n puede resultar sorprendente saber, sobre todo para aquellas personas que no conocen el mundo acad\u00e9mico, que cuando alcanzamos el \u00e9xito \u2014siempre medido de acuerdo con la acumulaci\u00f3n de publicaciones y la cantidad de euros conseguidos para financiar proyectos de investigaci\u00f3n\u2014, el premio es la reducci\u00f3n de la molesta\u00a0<em>carga<\/em>\u00a0docente. Es decir, el buen profesor es aquel que, por fin, consigue dejar de ver alumnos y de impartir clases.<\/p>\n<p>Esta percepci\u00f3n me resulta particularmente dolorosa, porque entiendo la tarea docente no como una carga, sino como una de las profesiones m\u00e1s importantes en cualquier sociedad. Dedicarse a la ense\u00f1anza no puede ser nunca un estorbo; es un regalo y, por tanto, reclama vocaci\u00f3n y compromiso. El trabajo docente no es un trabajo m\u00e1s. No se trata solo de impartir las clases que nos tocan, sino que debemos apreciar tanto el trabajo mismo como al propio alumnado. Profesor \u2014o\u00ed decir una vez\u2014 es aquel que explica lo que sabe, pero ense\u00f1a lo que es. Una responsabilidad enorme.<\/p>\n<p>Por tanto, la docencia tendr\u00eda que ser el centro de nuestra carrera acad\u00e9mica y, como ya he dicho, no lo es. Una afirmaci\u00f3n que, observando retrospectivamente los \u00faltimos 30 a\u00f1os, ha sido cada vez m\u00e1s cierta y m\u00e1s lacerante. En los inicios, durante la \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX, recuerdo c\u00f3mo nos reun\u00edamos el claustro de profesores semanalmente y dedic\u00e1bamos horas y horas a hablar de los planes docentes, de las asignaturas y de nuestro alumnado. En la d\u00e9cada siguiente, ya solo discut\u00edamos sobre convocatorias para conseguir recursos de investigaci\u00f3n y sobre estrategias para publicar en revistas indexadas. Y \u00faltimamente, quiz\u00e1 es que me hago mayor, la sensaci\u00f3n es que ya solo tratamos temas administrativos.<\/p>\n<p>En esta evoluci\u00f3n, la docencia ha pagado el precio de una creciente irrelevancia. No ha sido por desidia del profesorado, sino por los imperativos de un determinado modelo universitario. La trayectoria a seguir para hacer carrera acad\u00e9mica fuerza al profesorado, incluso cuando tiene una genuina vocaci\u00f3n docente, a poner sus esfuerzos en lo que importa: la investigaci\u00f3n y su impacto internacional. Dedicarse a la docencia es una p\u00e9rdida de tiempo, y puede tener consecuencias negativas en el pr\u00f3ximo proceso selectivo para aquellos profesores que lo olviden. Este modelo se apuntala sobre un determinado sistema de incentivos y sobre la creciente precarizaci\u00f3n de la situaci\u00f3n laboral del profesorado.<\/p>\n<p>Por un lado, la carrera acad\u00e9mica est\u00e1 estrictamente pautada a trav\u00e9s de un conjunto de indicadores que \u00fanicamente valoran aspectos num\u00e9ricos y que se concretan en la cantidad de art\u00edculos publicados en unas revistas muy determinadas. El trabajo docente no cuenta y, por tanto, dedicarse a \u00e9l es una p\u00e9rdida de tiempo que puede implicar perder el ritmo competitivo que hoy domina la academia. Lo mismo sucede en los procesos de acreditaci\u00f3n de calidad de los grados, que tienden a marginar, por su propia naturaleza, una actividad docente que siempre resulta dif\u00edcil de medir.<\/p>\n<p>Por otro lado, la creciente precarizaci\u00f3n de las plantillas docentes hace que este sistema de incentivos se vuelva irresistible para un profesorado que no puede hacer otra cosa que seguir las pautas marcadas. Sobre todo, aquellos que inician la carrera acad\u00e9mica no tienen alternativa: han de concentrar sus esfuerzos en lo que cuenta, y la docencia claramente no cuenta. Revertir esta situaci\u00f3n, en definitiva, implicar\u00eda modificar el modelo de universidad que se ha ido imponiendo y, tambi\u00e9n, revertir la precarizaci\u00f3n laboral y consolidar plantillas docentes estables y diversas en sus perfiles.<\/p>\n<p><strong>Lejos del objeto de estudio<\/strong><\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 del desinter\u00e9s, me he referido tambi\u00e9n al desconcierto de una docencia que no consigue acompasarse con la velocidad de las transformaciones que afectan al entorno socioecon\u00f3mico. El mundo nos resulta pr\u00e1cticamente irreconocible, sobre todo cuando lo observamos desde unas aulas donde el tiempo parece detenido. Pese a la capacidad innovadora de muchos colegas de disciplina, nuestros planes docentes parecen ser todav\u00eda un refugio para las falsas seguridades del pasado. De este modo, los esfuerzos individuales topan, de nuevo, con un modelo que rechaza las novedades y que apuesta por una docencia segura e inflexible. L\u00e1stima que aquello que debemos explicar, la pol\u00edtica, sea tan inseguro e imprevisible.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, las presiones ya mencionadas del modelo de carrera acad\u00e9mica introducen una r\u00edgida ortodoxia tanto en los contenidos como en los m\u00e9todos que impregnan la actividad universitaria. El profesorado, consiguientemente, vive refugiado \u2014quiz\u00e1 ahogado\u2014 en un academicismo que poco tiene que ver con la realidad que le rodea. Es frecuente, en este sentido, que una parte importante de la investigaci\u00f3n de impacto se explique tanto por su rigor como por su irrelevancia. Llevamos a cabo una investigaci\u00f3n impecable sobre cosas que resultan irrelevantes y, cuando trasladamos esta forma de trabajar a las aulas, el resultado es una docencia que no conecta con los alumnos, que no les resulta significativa. Ofrecemos\u00a0<em>veritas<\/em>\u00a0cient\u00edficas en tiempos de profundas incertidumbres y, claro, no resultamos cre\u00edbles. De hecho, una academia que tiende a desvincularse del mundo tiene poco que ense\u00f1ar y, para superar este peligro, no basta con esfuerzos personales \u2014que existen y son muy meritorios\u2014, hacen falta cambios estructurales del modelo universitario.<\/p>\n<p><strong>Revolucionar la Universidad<\/strong><\/p>\n<p>No solo hemos desvinculado la docencia del mundo real, sino que adem\u00e1s, y todav\u00eda m\u00e1s grave, no tenemos ni idea de qui\u00e9nes son, c\u00f3mo son, qu\u00e9 hacen y qu\u00e9 necesitan los alumnos a los cuales nos dirigimos. Un alumnado que tambi\u00e9n se ha transformado profundamente y al que nos dirigimos sin levantar siquiera la vista para echarle una ojeada. No los conocemos ni parece importarnos, de manera que, obviamente, tampoco sabemos qu\u00e9 es lo que debemos ense\u00f1arles ni por qu\u00e9. Ense\u00f1amos desde la inercia y, de nuevo, aburrimos al personal. Es como si conduj\u00e9ramos a oscuras y, adem\u00e1s, no nos importase. El porrazo est\u00e1 asegurado.<\/p>\n<p>De nuevo, estas acusaciones tan severas contrastan con un profesorado que, en t\u00e9rminos generales, no solo querr\u00eda revertir la situaci\u00f3n, sino que invierte en ello capacidades y esfuerzos. Un profesorado que se siente cada vez m\u00e1s frustrado al constatar c\u00f3mo tropieza una y otra vez con un modelo universitario que no le permite progresar. Disponemos de los recursos humanos para revolucionar la docencia universitaria, pero la Universidad bloquea este potencial. Revolucionar la Universidad, esta es la tarea pendiente. Una tarea que tiene que llegar en un marco internacional, pero que debe devolver las Universidades a sus alumnos y sus territorios. Una tarea que, sencillamente, deber\u00eda ayudarnos a recordar que somos instituciones generadoras de conocimiento, pero que este conocimiento debe aspirar a mejorar el mundo y que hemos de transmitirlo a quienes deben hacerlo. Se trata de las esencias mismas, pero con frecuencia parece que no lo recordemos.<\/p>\n<p>(Este art\u00edculo fue publicado inicialmente en Pol\u00edtica &amp; Prosa n\u00ba 43)<\/p>\n<p>Quim Brugu\u00e9. Catedr\u00e1tico de Ciencia Pol\u00edtica en la Universidad de Girona.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Galde 37, uda 2022 verano. Quim Brugu\u00e9.- El trabajo docente no cuenta y, por tanto, dedicarse a \u00e9l es una p\u00e9rdida de tiempo que puede implicar perder el ritmo competitivo que hoy domina la academia. Disponemos de los recursos humanos para revolucionar la docencia universitaria, pero la Universidad bloquea este potencial. 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