{"id":14899,"date":"2022-03-24T17:32:44","date_gmt":"2022-03-24T16:32:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=14899"},"modified":"2022-03-29T19:33:33","modified_gmt":"2022-03-29T17:33:33","slug":"la-violencia-politica-transicion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/eu\/la-violencia-politica-transicion\/","title":{"rendered":"La violencia pol\u00edtica, en el punto ciego de la Transici\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_14901\" style=\"width: 590px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/Armengol1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-14901\" class=\"wp-image-14901 size-full colorbox-14899\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/Armengol1.jpg\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"428\" data-id=\"14901\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/Armengol1.jpg 580w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/Armengol1-300x221.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-14901\" class=\"wp-caption-text\">Foto ic\u00f3nica de la Transici\u00f3n: los &#8220;grises&#8221; en Passeig de Sant Joan, Barcelona, 1976. Manel Armengol.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Galde 36 &#8211; primavera\/2022. V\u00edctor Aparicio.-<\/p>\n<p>El inter\u00e9s social, pol\u00edtico, medi\u00e1tico y cultural por la Transici\u00f3n espa\u00f1ola se ha visto incrementado de forma notable en las \u00faltimas d\u00e9cadas. Desde que en los a\u00f1os 90 se rompiese el pacto no escrito sobre no recurrir al pasado como argumentario y elemento discursivo de las principales formaciones pol\u00edticas, el periodo de tr\u00e1nsito de la dictadura franquista a la democracia parlamentaria se convirti\u00f3 en una cuesti\u00f3n clave. Por otro lado, el impulso de los esfuerzos memorialistas, ya fuera por la preocupaci\u00f3n y sensibilizaci\u00f3n crecientes hacia las v\u00edctimas del terrorismo de ETA \u2013sobre todo a partir del asesinato de Miguel \u00c1ngel Blanco en julio de 1997\u2013, o hacia las v\u00edctimas de la dictadura franquista \u2013desde la exhumaci\u00f3n de la fosa de Priaranza del Bierzo (Le\u00f3n) y la creaci\u00f3n de la Asociaci\u00f3n por la Recuperaci\u00f3n de la Memoria Hist\u00f3rica (ARMH) en el a\u00f1o 2000\u2013, emplaz\u00f3 a las v\u00edctimas de fen\u00f3menos diferenciados de violencia pol\u00edtica a una posici\u00f3n m\u00e1s relevante. Ello aliment\u00f3 el debate sobre el papel de dichas v\u00edctimas, sobre la violencia pol\u00edtica acaecida en periodos diversos de nuestra historia reciente, o sobre las cuestiones de la memoria y los relatos sobre el pasado. De esta forma, seg\u00fan la interpretaci\u00f3n del historiador italiano Enzo Traverso (Melancol\u00eda de izquierda), desde los a\u00f1os 80 en Europa \u00abuna figura antes discreta y modesta irrumpe en el centro de la escena: la v\u00edctima. En su mayor parte an\u00f3nimas y silenciosas, las v\u00edctimas invaden el estrado y dominan nuestra visi\u00f3n de la historia. [&#8230;] Esta empat\u00eda por las v\u00edctimas ilumina el siglo XX con una nueva luz, al introducir en la historia una figura que, a despecho de su omnipresencia, se hab\u00eda mantenido siempre a la sombra\u00bb. En palabras del tambi\u00e9n historiador Javier Rodrigo (Pol\u00edticas de la violencia), se dio paso a la \u00abera de la v\u00edctima de la violencia\u00bb, y esta \u00faltima adquiri\u00f3 \u00abcategor\u00eda absoluta\u00bb.<\/p>\n<p>Acontecimientos m\u00e1s recientes como el estallido de la crisis econ\u00f3mica en el a\u00f1o 2008, la irrupci\u00f3n del Movimiento 15-M en 2011, la aparici\u00f3n o impulso de partidos de nuevo cu\u00f1o, como Ciudadanos o Podemos, o la abdicaci\u00f3n de Juan Carlos I en 2014, apuntalaron una serie de transformaciones sociopol\u00edticas. Todo ello vino acompa\u00f1ado por el auge de determinadas corrientes de<\/p>\n<p>opini\u00f3n muy cr\u00edticas con lo que de forma peyorativa se denomin\u00f3 \u00abR\u00e9gimen del 78\u00bb, lo cual contribuy\u00f3 a fomentar un amplio debate sobre el origen y las supuestas carencias del sistema democr\u00e1tico que nos rige en la actualidad. Entre estas cr\u00edticas se encontraba la afirmaci\u00f3n de que un supuesto \u00abrelato hegem\u00f3nico\u00bb sobre el proceso de democratizaci\u00f3n en Espa\u00f1a habr\u00eda destacado su car\u00e1cter pac\u00edfico y obviado los elevados niveles de violencia pol\u00edtica alcanzados en la segunda mitad de los a\u00f1os 70. La \u00abTransici\u00f3n pac\u00edfica\u00bb se contrapon\u00eda, as\u00ed, a una \u00abTransici\u00f3n violenta\u00bb. M\u00e1s all\u00e1 de lo apropiado o no de la tesis y la terminolog\u00eda, lo cierto es que la Transici\u00f3n espa\u00f1ola se ha convertido en una especie de \u00abhito fundacional\u00bb del actual sistema democr\u00e1tico, y son frecuentes las apelaciones a este proceso, principalmente desde tribunas pol\u00edticas y medi\u00e1ticas, bien para defenderlo o ensalzarlo, bien para cuestionarlo o denostarlo. En no pocas ocasiones la violencia pol\u00edtica juega un papel destacado en este debate.<\/p>\n<p>La historiograf\u00eda no ha sido ajena al inter\u00e9s por el proceso de tr\u00e1nsito a la democracia. El recomendable estudio de Gonzalo Pasamar acerca de la producci\u00f3n cultural e historiogr\u00e1fica sobre la Transici\u00f3n, La Transici\u00f3n espa\u00f1ola a la democracia ayer y hoy (2019), indica c\u00f3mo desde los a\u00f1os 90 se produjo un asentamiento m\u00e1s s\u00f3lido de los estudios historiogr\u00e1ficos sobre este periodo. Por ejemplo, desde el cuestionamiento de aquellos relatos tradicionales que primaban el papel de las \u00e9lites pol\u00edticas y econ\u00f3micas en el proceso de democratizaci\u00f3n y el car\u00e1cter consensual de \u00e9ste, se fueron introduciendo nuevas interpretaciones que pon\u00edan en primer plano los aspectos conflictuales, las protestas y las movilizaciones populares como elementos motores de la Transici\u00f3n. A su vez, de forma paulatina, se fueron realizando estudios desde perspectivas y enfoques novedosos que abordaban tem\u00e1ticas que anteriormente hab\u00edan quedado en un segundo plano. As\u00ed, la violencia pol\u00edtica se convirti\u00f3 en un objeto de inter\u00e9s, de tal forma que investigaciones m\u00e1s recientes otorgan a este fen\u00f3meno mayor relevancia y centralidad, y ponen en evidencia las imprecisiones de aquellos relatos que hab\u00edan subrayado, si bien no de forma absoluta, el car\u00e1cter pac\u00edfico del proceso.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #ff0000;\">\u00abLos episodios de violencia policial protagonizados por unas Fuerzas de Orden P\u00fablico que experimentaron una evoluci\u00f3n lenta y con notables resistencias hacia los par\u00e1metros que definen a las Fuerzas de Seguridad en un Estado democr\u00e1tico.\u00bb<\/span><\/p>\n<p>De este modo, la bibliograf\u00eda actual sobre la violencia en la Transici\u00f3n es relativamente amplia, y ha contribuido a la superaci\u00f3n de algunas lagunas.<\/p>\n<p>Hoy conocemos mucho m\u00e1s sobre la actividad de las organizaciones terroristas de distinto signo \u2013independentistas, de extrema izquierda o de extrema derecha\u2013 y sus intentos de desestabilizar o frenar el cambio de r\u00e9gimen. Tambi\u00e9n sabemos que ese empleo de la violencia terrorista tuvo un resultado adverso al pretendido, ya que acab\u00f3 consolidando el proceso y, con la excepci\u00f3n de ETA, deslegitimando las opciones pol\u00edticas que la defend\u00edan. Por otro lado tenemos un mejor conocimiento, todav\u00eda insuficiente, sobre los frecuentes episodios de violencia policial protagonizados por unas Fuerzas de Orden P\u00fablico que experimentaron una evoluci\u00f3n lenta y con notables resistencias hacia los par\u00e1metros que definen a las Fuerzas de Seguridad en un Estado democr\u00e1tico. Asimismo, queda fuera de toda duda la sombra del golpismo, esto es, la amenaza permanente que determinados sectores de las Fuerzas Armadas dirigieron contra el proceso de democratizaci\u00f3n, que se manifest\u00f3 con episodios como la llamada \u00aboperaci\u00f3n Galaxia\u00bb o el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, pero cuya trascendencia va mucho m\u00e1s all\u00e1 de estos acontecimientos concretos.<\/p>\n<p>Seg\u00fan las investigaciones m\u00e1s solventes, como la realizada por la historiadora Sophie Baby (El mito de la Transici\u00f3n pac\u00edfica), el n\u00famero de v\u00edctimas mortales provocados por las diferentes expresiones de violencia pol\u00edtica ascender\u00eda a 714, de las cuales 536 ser\u00edan atribuibles a la \u00abviolencia contestataria\u00bb y 178 a la \u00abviolencia de Estado\u00bb. Las dimensiones de este fen\u00f3meno convierten a la Transici\u00f3n espa\u00f1ola en una de las m\u00e1s sangrientas de la llamada tercera oleada democratizadora. A su vez, animan a interpretar este periodo como un ciclo de violencias en s\u00ed mismo, lo que permite su comparativa con otros periodos convulsos de la historia reciente y contribuye al desarrollo mismo de la historiograf\u00eda sobre la violencia pol\u00edtica en Espa\u00f1a, incorporando una nueva tem\u00e1tica a los estudios cl\u00e1sicos, centrados principalmente en el obrerismo revolucionario, la movilizaci\u00f3n y la violencia durante la II Rep\u00fablica, la Guerra Civil, el franquismo y su represi\u00f3n, y el terrorismo. Sin embargo, consideramos que hoy en d\u00eda a\u00fan quedan muchos aspectos por conocer sobre el impacto real de la violencia pol\u00edtica en la Transici\u00f3n, lo que sigue siendo, en cierto modo, uno de los \u00abpuntos ciegos\u00bb del proceso, como indicase Sophie Baby.<\/p>\n<p>Falta conocer, por ejemplo, con mayor precisi\u00f3n, las dimensiones de las tramas policiales y parapoliciales que operaron entonces, el funcionamiento de los mecanismos de represi\u00f3n y las conexiones de las Fuerzas de Seguridad con grupos y sectores ultras. La tarea se revela dif\u00edcil debido a la dificultad de acceso a archivos y fuentes primarias. Asimismo, a\u00fan existe una gran cantidad de asesinatos sin resolver, no solamente atribuidos a la violencia policial, sino tambi\u00e9n a la de signo terrorista. Por otro lado, conocemos con bastante detalle los ciclos y las cifras de la violencia pol\u00edtica, informaci\u00f3n sobre v\u00edctimas y victimarios \u2013m\u00e1s sobre estos \u00faltimos que sobre las primeras. Deber\u00edamos indagar m\u00e1s en el estudio de la violencia como imaginario, como elemento que permea la vida pol\u00edtica y el cuerpo social en su conjunto, como referente simb\u00f3lico que atraviesa las ideas, los discursos y los comportamientos de los protagonistas del cambio, desde la sociedad civil hasta los Gobiernos de la Transici\u00f3n, pasando por organizaciones pol\u00edticas y sindicales. Es decir, ser capaces de trascender el binomio v\u00edctima-victimario y atender a otros actores u espacios que, lejos de ser perif\u00e9ricos o tangenciales, se insertan en el centro mismo del acto violento y de los mecanismos que \u00e9ste desata. Ser\u00eda importante, por \u00faltimo, atender a las demandas de las v\u00edctimas, resolver de forma satisfactoria las exigencias de verdad, justicia y reparaci\u00f3n y, de forma complementaria pero no por ello menos importante, ofrecer un relato cada vez m\u00e1s s\u00f3lido y riguroso sobre este periodo, que nos ayude a entender con mayor precisi\u00f3n las consecuencias de la violencia pol\u00edtica acaecida durante el proceso de Transici\u00f3n y a gestionar de forma \u00f3ptima la memoria de lo ocurrido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Galde 36 &#8211; primavera\/2022. V\u00edctor Aparicio.- Desde los a\u00f1os 80 en Europa una figura antes discreta y modesta irrumpe en el centro de la escena: la v\u00edctima. En su mayor parte an\u00f3nimas y silenciosas, las v\u00edctimas invaden el estrado y dominan nuestra visi\u00f3n de la historia. 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