{"id":14647,"date":"2021-03-25T09:52:00","date_gmt":"2021-03-25T08:52:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=14647"},"modified":"2022-01-30T18:58:51","modified_gmt":"2022-01-30T17:58:51","slug":"sobre-historia-y-memoria-ecos-de-la-guerra-de-estatuas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/eu\/sobre-historia-y-memoria-ecos-de-la-guerra-de-estatuas\/","title":{"rendered":"Sobre historia y memoria: Ecos de la guerra de estatuas"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_14650\" style=\"width: 590px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/EstatuaColombia.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-14650\" class=\"size-full wp-image-14650 colorbox-14647\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/EstatuaColombia.jpg\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"434\" data-id=\"14650\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/EstatuaColombia.jpg 580w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/EstatuaColombia-300x224.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-14650\" class=\"wp-caption-text\">La estatua de Sebastia\u0301n de Belalca\u0301zar, un conquistador espan\u0303ol del siglo XVI, yace en el suelo tras ser derribada por indi\u0301genas en Popaya\u0301n, Colombia. (Photo by Julian MORENO \/ AFP)<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Galde 32 udaberria\/2021\/primavera. Antonio Dupla\u0301.-<\/p>\n<p>En su pasado n\u00famero de febrero, la muy prestigiosa y nada sospechosa de radicalismo ideol\u00f3gico National Geographic ofrec\u00eda un art\u00edculo dedicado al intenso movimiento de cuestionamiento y denuncia de estatuas y monumentos relacionados con la Confederaci\u00f3n en los Estados Unidos. No solo en dicho art\u00edculo (\u00abReclaiming History\u00bb en la edici\u00f3n inglesa), sino tambi\u00e9n en un texto inicial a cargo de la editora Susan Goldberg titulado \u00abReconsiderando s\u00edmbolos del pasado\u00bb, se hac\u00edan eco del debate planteado por el movimiento \u00abBlack Lives Matter\u00bb en su vertiente de denuncia del pasado m\u00e1s oscuro de la historia de los Estados Unidos. La denuncia en este caso no se refer\u00eda a una necesaria revisi\u00f3n de los libros de texto o los programa de los centros de ense\u00f1anza, que tambi\u00e9n, sino a una dimensi\u00f3n m\u00e1s p\u00fablica y visible de esa apolog\u00eda del racismo como eran y son toda una serie de estatuas y monumentos diseminados por los Estados Unidos, en particular por los Estados del sureste del pa\u00eds. Se trata en especial de aquellos once Estados que se agruparon en la Confederaci\u00f3n y lucharon en 1860-1861 contra los estados del Norte en la Guerra de Secesi\u00f3n y que asociamos tradicionalmente a la econom\u00eda agr\u00edcola sure\u00f1a basada en la esclavitud. En aproximadamente siglo y medio casi dos mil estatuas, memoriales y otros s\u00edmbolos se han levantado en espacios p\u00fablicos, pero solo desde la muerte del afroamericano George Floyd a manos de un polic\u00eda blanco en Minneapolis en el mes de mayo del a\u00f1o pasado ya se han modificado o directamente retirado m\u00e1s de cien. El hecho de que en el reciente asalto al Capitolio de Washington la turbamulta de seguidores trumpistas exhibiera sin pudor alguno numerosas banderas y ense\u00f1as confederadas ha aumentado la presi\u00f3n sobre todos estos s\u00edmbolos. De todos modos, la muerte de George Floyd se un\u00eda a una ya larga lista de afroamericanos muertos a consecuencia de la brutalidad policial y la demasiado frecuente impunidad, que constituye el punto de partida del movimiento Black Lives Matter (\u00ablas vidas negras importan\u00bb o -en wikipedia- \u00ablas vidas de los negros y negras cuentan\u00bb) en 2013.<\/p>\n<p>Posiblemente recordaremos la difusi\u00f3n de este movimiento de protesta en la primavera pasada y sus exigencias de revisi\u00f3n de una historia colonialista y racista en los pa\u00edses occidentales. El cap\u00edtulo m\u00e1s llamativo y espectacular de dicho movimiento fue precisamente lo que se dio en llamar la \u00abguerra de las estatuas\u00bb, pues seguidores del movimiento, en particular en Estados Unidos y el Reino Unido, protagonizaron distintos asaltos a diferentes monumentos en algunas de las principales capitales norteamericanas y europeas. Espectacular result\u00f3 la acci\u00f3n de Bristol, cuando los manifestantes lograron derribar y arrojar a las aguas del puerto la efigie de Edward Colston, conocido empresario esclavista de la Royal African Company a finales del siglo XVII y cuya estatua se hab\u00eda erigido a fines del siglo XIX, parad\u00f3jicamente por su faceta filantr\u00f3pica con la infancia y los mayores. Pero las amenazas llegaron incluso hasta la misma estatua de Winston Churchill en Londres que, para gran esc\u00e1ndalo de los sectores conservadores, pudimos ver protegida, escondida en realidad, en una caja met\u00e1lica que pretend\u00eda resguardarla de posibles vandalismos. Y en el Oriel College de Oxford, uno de los m\u00e1s antiguos de aquella universidad, tuvieron lugar encendidos debates a prop\u00f3sito de la estatua de Cecil Rhodes, antiguo alumno de Oriel, el fundador de la antigua Rhodesia (hoy Zambia y Zimbabue). Y en Par\u00eds fue atacada una estatua de Voltaire, algo un tanto chocante, cabe decir. En lo que hace a pr\u00f3ceres de la historia patria, espa\u00f1ola quer\u00eda decir en este caso, no se libraron de las encendidas protestas en tierras estadounidenses el franciscano Fray Jun\u00edpero Serra, culpable de la fundaci\u00f3n de varias misiones en California y, sobre todo, Crist\u00f3bal Col\u00f3n, cuya estatua ya ha sido retirada de varias ciudades norteamericanas. La ola iconoclasta tambi\u00e9n lleg\u00f3 hasta tierras hispanas y Fray Jun\u00edpero Serra fue pintarrajeado en Palma y la ic\u00f3nica estatua de Col\u00f3n en Barcelona tambi\u00e9n fue objeto de disputa, aunque finalmente las aguas se calmaron y otros problemas m\u00e1s acuciantes ocuparon como es l\u00f3gico la agenda pol\u00edtica. En nuestro peque\u00f1o pa\u00eds Argia trataba el tema a finales de junio en portada (\u00abEsklabismoa zuritu? Ez, eskerrik asko!\u00bb) y en las p\u00e1ginas 9-11 y en el suplemento Larrun 253 recog\u00eda el episodio de Bristol y Colston y abordaba el tema de la esclavitud. Se alud\u00eda tambi\u00e9n a figuras locales directamente relacionadas con la conquista americana y en Extremo Oriente o con el comercio y propiedad de esclavos, como Juan O\u00f1ate, Andr\u00e9s Urdaneta (Ordizia), Julian Zulueta (Vitoria), Jos\u00e9 Mat\u00eda (San Sebasti\u00e1n), Manuel Calvo (Portugalete) o Crist\u00f3bal Murrieta (Santurce).<\/p>\n<p>La guerra de las estatuas aparentemente se disolvi\u00f3 a lo largo del verano pasado, pero el problema de fondo que se planteaba sigue vigente y tiene indudable inter\u00e9s. Se puede frivolizar y caricaturizar este movimiento de protesta, se pueden criticar sus excesos y su falta de matices (\u00a1\u00a1en San Francisco vandalizaron una estatua de Cervantes!!), se puede se\u00f1alar, con acierto, que arremeter contra el pasado no mejora necesariamente las deficiencias y carencias del presente. Todo ello es cierto y puede ser aceptado o, cuando menos, abordado en una reflexi\u00f3n seria y reposada. Pero no es menos cierto que los dardos de estas protestas acertaban, quiz\u00e1 en ocasiones con un trazo demasiado grueso, en la necesidad ineludible de revisar nuestra historia, no tanto para denunciarla a la luz de nuestros par\u00e1metros actuales (la historia no es un tribunal) sino para interpretarla mejor, para valorar y reconocer a todos sus protagonistas y, en \u00faltima instancia, para conocer mejor de d\u00f3nde venimos y cu\u00e1les son los procesos hist\u00f3ricos a trav\u00e9s de los cuales se ha desembocado en la realidad actual. Y ciertamente, en esa historia oficial que se ha reflejado tradicionalmente en estatuas y monumentos de nuestras calles y plazas han faltado muchas personas relevantes, por ejemplo mujeres, y se han obviado muchos aspectos negativos que posiblemente en su momento no fueran significativos, pero que hoy resultan inaceptables y que, en consecuencia, deben ser subrayados. No podemos ignorar casi toda la historia cl\u00e1sica grecorromana porque fuera esclavista, pero ese aspecto no puede ser ignorado y debe ser incluido en nuestro acercamiento a aquel mundo. Muy acertadamente, como siempre, se\u00f1ala el historiador Jos\u00e9 \u00c1lvarez Junco (\u00abY repintar sus blasones-\u2026\u00bb, EL PA\u00cdS, 12 de julio de 2020): \u00abNo debemos borrar el pasado, sino explicarlo bien\u00bb. Antes hab\u00eda recordado que los monumentos no estaban siendo agredidos por su falta de verosimilitud hist\u00f3rica, sino en relaci\u00f3n con su ejemplaridad moral. La pol\u00e9mica sobre el racismo o el machismo de los monumentos y la indignaci\u00f3n que puedan provocar, no tiene que ver tanto con el pasado, nos dice \u00c1lvarez Junco, sino con el presente. En ese sentido, su pasado como floreciente propietario esclavista de alg\u00fan ilustre paisano que dedic\u00f3 una parte de su riqueza a embellecer su localidad natal es hoy una informaci\u00f3n que resulta importante destacar y no esconder, pues redunda en un conocimiento m\u00e1s completo de nuestra historia. Ese no borrar, sino explicar, nos lleva al tema del destino de esos monumentos que nos hablan solamente de una parte de la realidad y de la necesidad de su resignificaci\u00f3n. Se trata de a\u00f1adir la informaci\u00f3n que falta y que nos permitir\u00eda situar m\u00e1s acertadamente ese episodio o a esa figura en la historia, en la suya entonces y en la nuestra ahora. En Barcelona se plante\u00f3 precisamente resignificar de alguna manera la estatua de Col\u00f3n, pero antes, ya en 2018, se retir\u00f3 de la calle la de Antonio L\u00f3pez y L\u00f3pez, primer Marqu\u00e9s de Comillas y destacado traficante de esclavos. Un cr\u00edtico se\u00f1alaba que con esa iniciativa se hab\u00eda perdido la oportunidad de hacer hablar al monumento de otra forma. Ah\u00ed se borr\u00f3 la historia, al menos en el espacio p\u00fablico, y no creo que ganara nadie, sino que perdi\u00f3 el conocimiento colectivo de la historia de la ciudad.<\/p>\n<p>El problema es importante y, por ejemplo, se plantea directamente en relaci\u00f3n con una serie de monumentos del reciente pasado franquista. La resignificaci\u00f3n en muchos de estos casos no es sencilla, pero habr\u00eda que explorar todas las posibilidades. \u00c1lvarez Junco comenta el tema del Valle de los Ca\u00eddos. Las voces m\u00e1s radicales abogan por la demolici\u00f3n de este tipo de monumentos, el Valle de los Ca\u00eddos, o el Arco de Triunfo de Moncloa, en Madrid, o el antiguo monumento a los Ca\u00eddos, en Pamplona, entre otros. Si se les hiciera caso, puede que algunas personas se quedaran m\u00e1s tranquilas con su conciencia, pero as\u00ed se contribuir\u00eda a borrar la historia y eso no favorece la reflexi\u00f3n, ni la individual ni la colectiva.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Galde 32 udaberria\/2021\/primavera. Antonio Dupla\u0301.- En su pasado n\u00famero de febrero, la muy prestigiosa y nada sospechosa de radicalismo ideol\u00f3gico National Geographic ofrec\u00eda un art\u00edculo dedicado al intenso movimiento de cuestionamiento y denuncia de estatuas y monumentos relacionados con la Confederaci\u00f3n en los Estados Unidos. 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