{"id":1248,"date":"2013-07-17T19:34:50","date_gmt":"2013-07-17T19:34:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=1248"},"modified":"2025-10-23T18:17:18","modified_gmt":"2025-10-23T16:17:18","slug":"el-eco-del-silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/eu\/el-eco-del-silencio\/","title":{"rendered":"El eco del silencio"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: small;\">Gesto por la Paz ha clausurado su silencio. No lo ha roto con el ruido y la algarab\u00eda, sino que, simplemente, lo ha enmudecido. Y es que el silencio s\u00f3lo se puede callar cuando ha estado lleno de significado. De ahora en adelante, ser\u00e1 ese significado el que seguir\u00e1 susurrando a nuestros o\u00eddos la verdad de una experiencia extraordinariamente v\u00e1lida para la convivencia entre ciudadanos libres. Porque, aunque sea cierto que Gesto por la Paz ha podido disfrutar de un desenlace satisfactorio en sus aspiraciones, tambi\u00e9n es innegable que, hoy, la gran mayor\u00eda esas mismas aspiraciones contin\u00faan formando parte crucial del futuro pr\u00f3ximo de nuestra sociedad. Las concentraciones silenciosas de quince minutos de silencio, unidad m\u00ednima de Gesto por la Paz y su se\u00f1a de identidad m\u00e1s genuina, conten\u00edan ya la idea de la radical deslegitimaci\u00f3n de la violencia, la forma m\u00e1s indigna de relaci\u00f3n entre los seres humanos. Se convocaban, adem\u00e1s, independientemente de cualquier circunstancia que rodeara a la v\u00edctima o a la persona muerta. En este sentido, iban incluso m\u00e1s all\u00e1 de la petici\u00f3n de reconocimiento a todas las v\u00edctimas de todos los tipos de violencia ileg\u00edtima o abusiva, que ahora todo el mundo ve como un gran avance, puesto que se llevaban a cabo tambi\u00e9n cuando quien perd\u00eda la vida era el propio terrorista en el ejercicio de su acci\u00f3n violenta. Esta actitud sigue conteniendo una gran dosis de sentido para quienes deben abordar el necesario reconocimiento de un error que tanto da\u00f1o nos ha causado, no por el mero hecho del reconocimiento como culpa, sino, sobre todo, como una manera de liberar nuestra convivencia de muertes y asesinatos razonados. Hay, ahora, una tentaci\u00f3n de elaborar cat\u00e1logos de injusticias para, en una especie de resta de responsabilidades, ir compensando unas con otras y, en el mejor de los casos, reconocer, a rega\u00f1adientes y por imperativo estrat\u00e9gico, la diferencia resultante. Sin embargo, esa es la parte f\u00e1cil. Reconocer el da\u00f1o causado a otros resulta, en el fondo, m\u00e1s sencillo que admitir la p\u00e9rdida propia, sobre todo cuando ha sido fruto de una acci\u00f3n voluntaria. La llamada izquierda abertzale se mostraba furibunda cuando Gesto por la Paz se manifestaba por los muertos en acci\u00f3n violenta. Era su manera de utilizar a los muertos para separar a los vivos. Hoy, lo que se nos revela es que no hay mayor separaci\u00f3n que la que aleja a los muertos de los vivos. Por eso, quienes han apoyado y justificado la violencia tienen ante s\u00ed la inmensa tarea de reconocer el dolor que han causado a otros, pero tambi\u00e9n el que se han infligido a s\u00ed mismos. En ninguno de esos cat\u00e1logos de injusticias que ahora vamos a elaborar apresuradamente, se recoger\u00e1n los nombres, por ejemplo, de Olaia Castresana u Hodei Galarraga, j\u00f3venes de apenas 20 a\u00f1os, muertos por la explosi\u00f3n de la dinamita que estaban manipulando o transportando. No fueron v\u00edctimas de ninguna injusticia o abuso y, sin embargo, estas p\u00e9rdidas humanas tambi\u00e9n requieren una explicaci\u00f3n. Gesto por la Paz se la otorg\u00f3 al concentrarse por su muerte in\u00fatil e innecesaria y al hacer ver que no es imprescindible perder la vida por una causa para hacerla posible, mientras, muy probablemente y en sentido totalmente opuesto, alguien les rend\u00eda alg\u00fan homenaje paramilitar por su sacrificio. Era la defensa de la vida frente a su instrumentalizaci\u00f3n. Quienes, durante a\u00f1os, utilizaron la rebeld\u00eda propia de esa edad para que muchos j\u00f3venes demostraran su pureza ideol\u00f3gica a trav\u00e9s de la participaci\u00f3n en las escalas de la violencia, deber\u00edan empezar por ah\u00ed, por reconocer el destrozo que han causado en la existencia de muchos de sus propios ac\u00f3litos, algunos muertos y otros muchos consumiendo gran parte de lo mejor de su vida en las c\u00e1rceles. Dado que el ejercicio violento exige arriesgar la vida y ponerla al servicio de la causa que dice defender y que, de hecho, esa es la premisa para poder llegar a asesinar a otros, el verdadero punto de retorno a la inocencia no ser\u00e1 reconocer s\u00f3lo los asesinatos perpetrados, sino aceptar que la elecci\u00f3n de la violencia fue el primer paso para la deshumanizaci\u00f3n tanto de quienes ejerc\u00edan la violencia como de quienes eran sus v\u00edctimas. Adem\u00e1s de esa aportaci\u00f3n contra todas las muertes, piedra angular de lo que deber\u00eda constituir una aut\u00e9ntica deslegitimaci\u00f3n de la violencia, el eco de las propuestas que Gesto por la Paz ha ido dejando a lo largo de sus 28 a\u00f1os de andadura sigue resonando como si fuera producido por una voz nueva. Dos elementos de su funcionamiento son los que han convertido su discurso del pasado en la realidad m\u00e1s plausible del presente. Uno tiene que ver con la materia prima. Los derechos humanos y los principios democr\u00e1ticos han sido las \u00fanicas lentes de Gesto por la Paz. A trav\u00e9s de ellas ha mirado el fen\u00f3meno violento y sus efectos, y a trav\u00e9s de ellas ha devuelto la mirada de las soluciones posibles. El otro elemento ha sido su concepci\u00f3n del tiempo. Gesto por la Paz siempre ha actuado en el &#8216;mientras tanto&#8217;. Nunca ha esperado ni ha hecho ning\u00fan c\u00e1lculo de conveniencia para hacer lo que cre\u00eda que ten\u00eda que hacer en cada momento. El trabajo con una materia prima tan pura y en el tiempo que le toc\u00f3 vivir han obrado esta suerte de paradoja, seg\u00fan la cual Gesto por la Paz se ha disuelto justo cuando m\u00e1s vigencia han alcanzado sus ideas. Al final, el cese definitivo de la violencia no ha necesitado precio pol\u00edtico alguno, de manera que Gesto por la Paz ha podido ver cumplido su imaginario de separaci\u00f3n de conflictos. La sociedad puede, ahora, resolver su conflicto pol\u00edtico, o cualquier otro, sin la injerencia de una fuerza f\u00e1ctica carente de legitimidad democr\u00e1tica. Por otra parte y sin ir m\u00e1s lejos, hoy, el acercamiento de los presos es una petici\u00f3n mayoritaria. Gesto por la Paz no tuvo que esperar a ese fin de la violencia para fundamentar esta demanda, a la luz de los principios que la propia ley expresa, y para proclamarla, desde 1994, de manera p\u00fablica y ante todos los poderes que tuvieran alguna responsabilidad en su aplicaci\u00f3n. Asimismo, Gesto por la Paz siempre consider\u00f3 que la reinserci\u00f3n ser\u00eda un modo aceptable para la mayor\u00eda en la recuperaci\u00f3n de los presos para la vida en sociedad y, de hecho, actualmente, no se vislumbra otra alternativa m\u00e1s admisible. En realidad, gran parte de lo que ahora se observa como posibilidad de futuro, para Gesto por la Paz es, pr\u00e1cticamente, un espejo retrovisor. Pero hay algo que tambi\u00e9n ha formado siempre parte esencial de las preocupaciones de Gesto por la Paz y que ya no tiene remedio. Son las v\u00edctimas y las vidas perdidas. Son irrecuperables. Su significado ya s\u00f3lo tiene sentido para los vivos. Por eso, su memoria deber\u00eda formar parte del primer plano de la verdad. La indiferencia, la injusticia e, incluso, el desprecio con que tratamos muchas veces a las v\u00edctimas no deber\u00eda tener una prolongaci\u00f3n ni en nuestros recuerdos ni en nuestra historia. Su ausencia nos debe proporcionar herramientas no para la normalizaci\u00f3n, sino para la superaci\u00f3n de las carencias, humanas y c\u00edvicas, que, durante tantas d\u00e9cadas, han formado parte de nuestras vidas. Gesto por la Paz se ha disuelto. Ya s\u00f3lo nos queda el eco de su silencio, que revolotea por el aire no como un \u00e1guila o un halc\u00f3n, sino como un ave humilde de vuelo sencillo. No somos pocas las personas que echaremos de menos su voz genuina, su suavidad de pensamiento y la mano tenue con la que sosegaba nuestras iras o mitigaba nuestra rabia. Despu\u00e9s de 28 a\u00f1os, todo eso deber\u00eda formar parte consustancial de nosotros mismos. De hecho, Gesto por la Paz \u00e9ramos nosotros mismos. Y, sin embargo, no s\u00e9 por qu\u00e9, me da la sensaci\u00f3n de que constitu\u00edamos una especie de tautolog\u00eda. Conform\u00e1bamos Gesto, pero \u00e9ramos as\u00ed, precisamente, por ser de Gesto. A partir de ahora, deberemos agudizar mucho m\u00e1s el o\u00eddo para captar el eco del silencio que nos ha dejado, el que revolotear\u00e1 como un ave humilde, de esas que, por muy fuerte que arrecie el temporal, siempre encuentra una rama desde la que poder cantar. Ana Rosa G\u00f3mez Moral. Periodista, miembro de Gesto por la Paz) Bilbao, 19 de junio de 2013<\/span><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ana Rosa G\u00f3mez Moral. 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