{"id":9436,"date":"2018-04-10T11:28:32","date_gmt":"2018-04-10T09:28:32","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=9436"},"modified":"2018-04-12T17:52:52","modified_gmt":"2018-04-12T15:52:52","slug":"1968-nuevos-movimientos-sociales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/1968-nuevos-movimientos-sociales\/","title":{"rendered":"1968 y los nuevos movimientos sociales"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_9453\" style=\"width: 610px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/HuelgaObrerosCultura.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-9453\" class=\"size-full wp-image-9453 colorbox-9436\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/HuelgaObrerosCultura.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"413\" data-id=\"9453\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/HuelgaObrerosCultura.jpg 600w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/HuelgaObrerosCultura-300x207.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-9453\" class=\"wp-caption-text\"><em>Los trabajadores en huelga en la f\u00e1brica de Citro\u00ebn en Balard y sus familias asisten a una presentaci\u00f3n gratuita del teatro G\u00e9rard-Philipe en Saint-Denis, tambi\u00e9n en huelga, el 26 de mayo de 1968 en Par\u00eds. Foto Georges Azenstarck. Roger-Viollet.<\/em><\/p><\/div>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>De la pol\u00edtica de clase a las pol\u00edticas de la identidad<\/strong><\/span><\/p>\n<p>(Galde 21\u00a0primavera\/2018).\u00a0Imanol Zubero.<br \/>\n<span style=\"color: #ff0000;\"><strong>Un nuevo ciclo de protesta<\/strong><\/span><br \/>\nEn las primeras p\u00e1ginas de su libro de 1974 <em>Cartas a una estudiante<\/em>, escribe Alain Touraine: \u201cDesde 1968 han entrado en nuestra vida temas y modos de acci\u00f3n que ya no se perder\u00e1n\u201d. No es dif\u00edcil estar de acuerdo con esta afirmaci\u00f3n, especialmente si por \u201c1968\u201d entendemos un periodo de tiempo que abarca mucho m\u00e1s que ese a\u00f1o en concreto y la d\u00e9cada en que se inscribe. Se habla, en efecto, de \u201c<em>the Long Sixties\u201d<\/em>, en referencia a una \u00e9poca de l\u00edmites difusos -desde 1954 hasta 1975- cuya densidad hist\u00f3rica se comprende si hacemos memoria de tantos, tan diversos y tan relevantes acontecimientos como tuvieron lugar en aquellos a\u00f1os: las guerras de Argelia y Vietnam, el conflicto del canal de Suez, las revoluciones frustradas en Hungr\u00eda y Polonia, la triunfante revoluci\u00f3n cubana, el golpe de Estado contra Salvador Allende, la crisis de 1973, la irrupci\u00f3n de los l\u00edmites al crecimiento de la mano del Club de Roma o el surgimiento del terrorismo pol\u00edtico en Europa; pero tambi\u00e9n \u2013y tal vez aqu\u00ed encontramos algunas de sus huellas m\u00e1s profundas en nuestro modos de vivir y de pensar- el nacimiento del <em>rock and roll<\/em> y la cultura <em>underground<\/em> o la eclosi\u00f3n de los <em>Cultural Studies<\/em>. Y, por supuesto, la inflamaci\u00f3n planetaria que fueron los movimientos de protesta que sacudieron las capitales de todo el mundo.<\/p>\n<p>Alain Touraine, soci\u00f3logo relevante a\u00fan hoy en activo, profesor en Nanterre en 1968, fue uno de los autores que m\u00e1s tempranamente se propuso la tarea de interpretar el acontecimiento de Mayo: lo hizo en su libro <em>Le mouvement de mai ou le communisme utopique<\/em>, publicado en el mismo a\u00f1o 1968. A partir de su experiencia y su an\u00e1lisis, Touraine detecta una profunda transformaci\u00f3n en los motivos y en los sujetos de la protesta: y as\u00ed, si en 1967 hab\u00eda publicado <em>La conscience ouvri\u00e8re<\/em>, en 1969 publica <em>La soci\u00e9t\u00e9 post-industrielle: naissance d&#8217;une soci\u00e9t\u00e9<\/em>. Mayo del 68 aparece como el punto de inflexi\u00f3n que marca el paso de unas sociedades industriales, atravesadas por conflictos de redistribuci\u00f3n, en las que la cuesti\u00f3n social configura los espacios de lucha y el movimiento obrero se erige en sujeto hist\u00f3rico privilegiado, a sociedades \u201cpostindustriales\u201d en las que los conflictos de reconocimiento generar\u00e1n la eclosi\u00f3n de una pluralidad de sujetos constituidos en torno a demandas \u201cpostmaterialistas\u201d.<\/p>\n<p>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1994, uno de los m\u00e1s reconocidos estudiosos de los movimientos sociales, Sidney Tarrowescribe en <em>El poder en movimiento<\/em> que \u201cla d\u00e9cada de 1960 revitaliz\u00f3 los movimientos sociales \u2013y las teor\u00edas del movimiento social- tanto en Europa como en Estados Unidos\u201d. Por su parte m\u00e1s recientemente Razmig Keucheyan sostiene que las nuevas teor\u00edas cr\u00edticas que acompa\u00f1an o inspiran las principales luchas sociales de la actualidad (altermundialistas, contra la desigualdad o la corrupci\u00f3n pol\u00edtica, etc.) se han desarrollado \u201cen el marco de coordenadas pol\u00edticas heredadas de las d\u00e9cadas de 1960 y 1970\u201d, por lo que recogen y contin\u00faan algunos de los principales debates surgidos en aquella \u00e9poca, como los relativos a la naturaleza de los sujetos de la emancipaci\u00f3n o a la consideraci\u00f3n del poder; de ah\u00ed que pueda sostenerse que \u201cen el momento actual continuamos evolucionando dentro de la secuencia hist\u00f3rica abierta entonces\u201d.<\/p>\n<p><strong><span style=\"color: #ff0000;\">M\u00e1s que una rebeli\u00f3n estudiantil<br \/>\n<\/span><\/strong>\u201cLos a\u00f1os 1968-1970 vieron c\u00f3mo se activaba de nuevo una divisi\u00f3n casi tan antigua como el movimiento obrero entre una \u00abprimera izquierda\u00bb intervencionista, polarizada en torno a la cuesti\u00f3n de la toma del poder del Estado, y una \u00absegunda izquierda\u00bb, atenta a las transformaciones moleculares del tejido social y a las iniciativas aut\u00f3nomas de la sociedad civil\u201d, escribe Thomas Coutrot.<\/p>\n<p>Porque Mayo del 68 fue mucho m\u00e1s que una rebeli\u00f3n juvenil. El imaginario social del 68, fijado por una iconograf\u00eda que privilegia ciertos lugares (las universidades parisinas), actores (j\u00f3venes en general, con el destacado liderazgo de un descarado Cohn-Bendit) y reivindicaciones (cierre de la Sorbona, barricadas del Barrio Latino), parece no dejar lugar a la duda: se tratar\u00eda de un movimiento eminentemente juvenil y espec\u00edficamente universitario. Hubo huelgas obreras, es cierto, las m\u00e1s importantes de la historia de Francia.Tambi\u00e9n naci\u00f3 en 1968 la Conf\u00e9deration Paysanne, un movimiento agr\u00edcola igualitario y antiproductivista en la regi\u00f3n de Larzac que supondr\u00eda una de las m\u00e1s destacadas \u201cvidas posteriores\u201d de Mayo.<\/p>\n<p>Kristin Ross critica a quienes interpretan el 68 como una \u201crevuelta juvenil\u201d y, por lo mismo, necesariamente transitoria. Frente a este reduccionismo \u201csociobiol\u00f3gico\u201d, sostiene que \u201cMayo reuni\u00f3 grupos socialmente heterog\u00e9neos e individuos cuya convergencia erosion\u00f3 las particularidades, entre ellas las de clase y edad; consigui\u00f3 que se materializaran alianzas imprevisibles entre distintos sectores sociales\u201d. Al reducir el fen\u00f3meno a unos pocos d\u00edas de asambleas, manifestaciones, barricadas, etc., protagonizadas esencialmente por j\u00f3venes estudiantes universitarios en el Barrio Latino de Par\u00eds, \u201cse oculta un periodo de unos quince o veinte a\u00f1os de cultura pol\u00edtica radical cuyo rastro era obvio en el aumento de una peque\u00f1a pero notable oposici\u00f3n a la guerra de Argelia y en la adopci\u00f3n por parte de muchos franceses de un an\u00e1lisis norte\/sur \u2018tercermundista\u2019 de la pol\u00edtica mundial a ra\u00edz de los enormes \u00e9xitos de las revoluciones de los pueblos colonizados.<\/p>\n<p><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>Un nuevo internacionalismo<br \/>\n<\/strong><\/span>Mayo est\u00e1 en el origen de movimientos sociales tan importantes como el feminista, el pacifista y el ecologista, as\u00ed como en la construcci\u00f3n de una perspectiva internacionalista. \u201cTan s\u00f3lo ha habido dos revoluciones mundiales. La primera se produjo en 1848. La segunda en 1968\u201d, afirman Arrighi, Hopkins y Wallerstein. Son palabras mayores. En todo caso, s\u00ed puede sostenerse que las y los activistas sent\u00edan que formaban parte de una revuelta antiautoritaria global, o cuando menos transnacional, que iba m\u00e1s all\u00e1 de sus propios pa\u00edses.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os Sesenta presenciaron uno de los primeros ejemplos de una \u201cgeneraci\u00f3n global\u201d, no s\u00f3lo porque los acontecimientos de aquella d\u00e9cada afectaron a una gran parte del mundo, sino porque alimentaron tambi\u00e9n una \u201cconciencia global\u201d.Apoyados en una revoluci\u00f3n en los medios de comunicaci\u00f3n y en la reducci\u00f3n de los costes del transporte, surgieron alianzas globales entre militantes feministas, antiimperialistas y antiautoritarios del Norte y del Sur, del Este y del Oeste, as\u00ed como intelectuales transnacionales \u201cdesarraigados\u201d.<\/p>\n<p>El papel de Vietnam fue determinante. Como recuerda Kristin Ross, \u201cMayo comienza el 20 de marzo de 1968, cuando la polic\u00eda detuvo a un estudiante que rompi\u00f3 la ventana del edificio de American Express en la calle Scribe de Paris. Los estudiantes protestaron por esta detenci\u00f3n y por la de otros que se manifestaron contra la guerra de Vietnam tras la ofensiva del Tet\u201d. A partir de ah\u00ed, los Comit\u00e9s Vietnam constituir\u00e1n la base organizativa de las movilizaciones de Mayo.<\/p>\n<p>Y junto a Vietnam, Biafra, la regi\u00f3n sudoriental de\u00a0Nigeria que proclam\u00f3 su independencia en mayo de 1967, inici\u00e1ndose as\u00ed una cruenta guerra con el gobierno de Lagos, entonces en manos de una junta militar.\u00a0Calificada por Alain Finkielkraut como un \u201csegundo Solferino\u201d, la guerra de Biafra, con su mill\u00f3n de muertos y sus acongojantes im\u00e1genes de ni\u00f1os v\u00edctimas de la inanici\u00f3n (s\u00f3lo hay que escribir \u201cbiafra hunger\u201d en nuestro buscador), impuls\u00f3 a Bernard Kouchner, uno de los animadores del comit\u00e9 de huelga de la Facultad de Medicina, a trasladarse a Nigeria como miembro del contingente de voluntarios franceses al servicio del Comit\u00e9 Internacional de la Cruz Roja. De esa experiencia surgir\u00e1 en 1971 M\u00e9dicos sin Fronteras, organizaci\u00f3n paradigma del humanitarismo moderno.<\/p>\n<p><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>Nuevas luchas, nuevas contradicciones, viejos debates<br \/>\n<\/strong><\/span>Tras 1968, los movimientos sociales m\u00e1s activos se despegar\u00e1n definitivamente del escenario de reivindicaciones, antagonismos y luchas que organizaron el mundo moderno desde los siglos XVIII y XIX. Mayo de 1968 supone la quiebra del proletariado como sujeto hist\u00f3rico privilegiado y su progresiva sustituci\u00f3n por una mir\u00edada de nuevos sujetos (o nuevas subjetividades). Las viejas l\u00edneas de fractura sociopol\u00edtica, como la clase o la naci\u00f3n, que trazaban fronteras claras y s\u00f3lidas, que defin\u00edan sin lugar a dudas las posiciones ideol\u00f3gicas y las trincheras desde las que se planteaba el combate pol\u00edtico, se trasforman en fronteras porosas, en diferencias fluidas, en realidades discursivas m\u00e1s que materiales. La gran y \u00fanica cuesti\u00f3n social se ver\u00e1 acompa\u00f1ada, primero, y pr\u00e1cticamente eclipsada, despu\u00e9s, por m\u00faltiples cuestiones sociales de muy dif\u00edcil articulaci\u00f3n en un movimiento colectivo con capacidad de disputar la hegemon\u00eda al proyecto neoliberal (que G\u00f6ran Therborn interpreta como \u201crevancha contra los avances culturales, pol\u00edticos y sindicales de la izquierda en los a\u00f1os sesenta y setenta\u201d).<\/p>\n<p>En junio de 1979 personalidades tan destacadas como Jean-Paul Sartre, Raymond Aron y Michel Foucault, adem\u00e1s de otras como Yves Montand o Jean-Fran\u00e7ois Revel, acud\u00edan al El\u00edseo convocadas por Andr\u00e9 Glucksmann, uno de los l\u00edderes m\u00e1s reconocidos del Mayo franc\u00e9s, para apoyar p\u00fablicamente la campa\u00f1a de Bernard Kouchner\u00a0<em>Un bateau pour le Vietnam<\/em>, cuyo objetivo era fletar un nav\u00edo, <em>L\u2019\u00cele de Lumi\u00e8re<\/em>,<em>\u00a0<\/em>que se dirigir\u00eda al mar de China para salvar a los\u00a0<em>boat people\u00a0<\/em>que hu\u00edan del r\u00e9gimen comunista vietnamita con peligro de sus vidas. \u201c\u00a1Sartre acudiendo con Aron! Abel y Ca\u00edn. \u00bfQu\u00e9 queda de los treinta a\u00f1os despiadados de exclusiones e injurias?\u201d, se pregunta ret\u00f3ricamente Glucksmann en su libro de 2006<em>Una rabieta infantil<\/em>. En efecto, las im\u00e1genes de un Sartre debilitado, caminando del brazo de Glucksman junto a su gran antagonista intelectual, el conservador Aron, cuya relaci\u00f3n se hab\u00eda roto en los a\u00f1os Cuarenta, resultaban impactantes. Aron rememora ese encuentro en sus <em>Memorias<\/em>:<\/p>\n<p>\u201cSartre, esencialmente moralista, lleg\u00f3 a consentir las formas extremas de la violencia al servicio de la buena causa. Durante mucho tiempo identific\u00f3 la revoluci\u00f3n con el partido comunista y, por ende, con la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. A partir de 1968, los j\u00f3venes siguieron la otra vertiente del pensamiento sartriano: tambi\u00e9n \u00e9l se alej\u00f3 de la revoluci\u00f3n cristalizada en burocracia y en culto a la personalidad. Reencontr\u00f3 su verdadero lugar: la anarqu\u00eda; no la de los partidos que se dicen anarquistas, sino la del individuo que rompe todas las cadenas y se rebela. Al mismo tiempo, dejo de aceptar los horrores cometidos en nombre de un fin sublime. Ya no volvi\u00f3 a ridiculizar a las \u00abalmas tiernas\u00bb de los liberales y acept\u00f3 simpatizar con las v\u00edctimas de un despotismo, aunque ese despotismo fuese marxista-leninista\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfOrientarse por fines sublimes o reducir el sufrimiento? \u00bfCurar o transformar? Una de las tensiones constitutivas de la izquierda, la que confronta ruptura (con todas sus consecuencias) y reforma (con todas sus limitaciones), emergi\u00f3 con especial fuerza a partir de 1968. Quienes, subyugados por los fines, se empe\u00f1aron en la transformaci\u00f3n revolucionaria terminaron, muchas veces, en la justificaci\u00f3n de la violencia pol\u00edtica; quienes, preocupados por los medios, convirtieron a las v\u00edctimas en raz\u00f3n de ser de su acci\u00f3n, acabaron comprometidos (en todos los sentidos del t\u00e9rmino) con la pol\u00edtica institucional o con la acci\u00f3n humanitaria. Alain Finkielkraut presenta esta tensi\u00f3n en <em>La humanidad perdida: Ensayo sobre el siglo XX<\/em> con una f\u00f3rmula genial: \u201cEn nombre de la ideolog\u00eda nos neg\u00e1bamos ayer a dejarnos enga\u00f1ar por el sufrimiento. Enfrentados al sufrimiento, y con toda la miseria del mundo al alcance de la vista, nos negamos ahora a dejarnos enga\u00f1ar por la ideolog\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>Un ejemplo muy reciente: el debate generado por el art\u00edculo de Santiago Alba Rico \u201cDiscurso contra las v\u00edctimas\u201d publicado en el semanario digital <em>CTXT<\/em> el pasado 25 de febrero. Cuestionando el privilegio epistemol\u00f3gico que, en opini\u00f3n del autor, reclama y recibe hoy en d\u00eda la condici\u00f3n de v\u00edctima, escrib\u00eda Alba Rico: \u201cEstamos en un viraje hist\u00f3rico inquietante. Antes nos pens\u00e1bamos como ciudadanos o como miembros de una clase o incluso como \u00abespa\u00f1oles\u00bb o \u00abcatalanes\u00bb; ahora nos pensamos como v\u00edctimas, la \u00fanica condici\u00f3n a la que parece reconocerse existencia pol\u00edtica. No es el camino. Las v\u00edctimas deben ser escuchadas, reconocidas, confortadas, protegidas, indemnizadas, pero no pueden convertirse en un sujeto pol\u00edtico y menos en un sujeto legislativo. Es un error cuyas consecuencias hist\u00f3ricas seguimos pagando todos. El proletariado cl\u00e1sico no era sujeto en cuanto que v\u00edctima del capitalismo sino porque compart\u00eda las mismas condiciones materiales y era portador de un nuevo mundo. En el mismo momento en que quiso convertir el agravio de clase -y la clase ontologizada misma- en un sujeto legislativo y penal comenz\u00f3 a incubar el embri\u00f3n de la dictadura\u201d.<\/p>\n<p>No pretendo, en este breve art\u00edculo, seguir el camino reflexivo que tan lejos lleva a Santiago Alba Rico. Pero es verdad que la eclosi\u00f3n de la pol\u00edtica de la identidad, de la que la afirmaci\u00f3n del valor superior de la condici\u00f3n de v\u00edctima es su expresi\u00f3n m\u00e1s clara, supone un enorme problema para la izquierda. Reflexionando sobre \u201cLa pol\u00edtica de la identidad y la izquierda\u201d, Eric Hobsbawn escrib\u00eda all\u00e1 por 1996 que hasta los a\u00f1os Sesenta los problemas de identidad p\u00fablica \u201cestaban confinados a zonas fronterizas especiales de la pol\u00edtica\u201d, como pod\u00eda ser el caso de un habitante del cintur\u00f3n industrial de la Lorena en Francia, \u201ccuya lengua oficial y nacionalidad cambiaron cinco veces en un siglo, y cuya vida rural se transform\u00f3 en industrial y semiurbana, mientras que sus fronteras fueron retrazadas siete veces en el \u00faltimo siglo y medio\u201d. Y a\u00fan en estos casos, en opini\u00f3n de Hobsbawn \u201cestas cosas s\u00f3lo provocaban problemas genuinos de identidad cuando a la gente se le imped\u00eda poseer las identidades m\u00faltiples y combinadas que son naturales a la mayor\u00eda de nosotros\u201d. Pero a partir de los Sesenta estas cuestiones se volvieron cruciales. La pertenencia a comunidades de identidad se convirti\u00f3 en la (\u00bf\u00fanica?) manera de lograr una cierta seguridad en un mundo en constante cambio.<\/p>\n<p>A falta de un \u00fanico sujeto hist\u00f3rico al que remitirse (\u201c\u00a1Proletarios\u00a0de todos los pa\u00edses, un\u00edos!\u201d), desde 1968 proliferan los sujetos y la causas. Y en esas estamos. Intentando compartir experiencias de opresi\u00f3n distintas y, en principio, distantes; aprendiendo a traducir saberes y pr\u00e1cticas que no nacen ya de una condici\u00f3n com\u00fan, sino de vivencias particulares, recurriendo para ello no a paradigmas ideol\u00f3gicos cerrados sino a esa \u201chermen\u00e9utica diat\u00f3pica\u201d que, siguiendo la propuesta de Boaventura de Sousa Santos, busca \u201csuscitar la conciencia de la incompletud rec\u00edproca tanto como sea posible, mediante la participaci\u00f3n en el di\u00e1logo de la manera que se har\u00eda si se tuviera un pie en una cultura y otro en otra\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Galde 21\u00a0primavera\/2018).\u00a0Imanol Zubero. A falta de un \u00fanico sujeto hist\u00f3rico al que remitirse (\u201c\u00a1Proletarios\u00a0de todos los pa\u00edses, un\u00edos!\u201d), desde 1968 proliferan los sujetos y la causas. Y en esas estamos. Intentando compartir experiencias de opresi\u00f3n distintas y, en principio, distantes; aprendiendo a traducir saberes y pr\u00e1cticas que no nacen ya de una condici\u00f3n com\u00fan, sino [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":9454,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[2,5],"tags":[],"class_list":["post-9436","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-dossier","category-politica","revista-galde-n21"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9436","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9436"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9436\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9454"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9436"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9436"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9436"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}