{"id":6800,"date":"2016-10-18T23:09:50","date_gmt":"2016-10-18T21:09:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=6800"},"modified":"2025-10-23T18:22:37","modified_gmt":"2025-10-23T16:22:37","slug":"la-cultura-nacional-agregado-sintesis-hegemonia-o-quimera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/la-cultura-nacional-agregado-sintesis-hegemonia-o-quimera\/","title":{"rendered":"La cultura nacional: \u00bfagregado, s\u00edntesis, hegemon\u00eda o quimera?"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"p1\"><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/aguas1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-6804 size-full colorbox-6800\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/aguas1.jpg\" alt=\"aguas1\" width=\"600\" height=\"509\" data-id=\"6804\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/aguas1.jpg 600w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/aguas1-300x255.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">(Galde 14, primavera 2016). Antonio Rivera<span style=\"font-size: 13.3333px;\">.<\/span><b><span style=\"font-size: 13.3333px;\">\u00a0<\/span><\/b><\/span><span class=\"s1\">Cuando los pr\u00edncipes ilustrados del siglo XVIII trataron de fortalecer el Estado para desplazar a los \u201cpoderes intermedios\u201d que les hac\u00edan sombra, adem\u00e1s de engordar ej\u00e9rcitos y haciendas se aplicaron a poner en valor la imagen del pa\u00eds, hacia dentro y hacia fuera. La cultura patrimonial jug\u00f3 desde entonces un papel de primera entidad. Catalina la <i>Grande<\/i> y el Hermitage, Ana Mar\u00eda de M\u00e9dicis y los Uffizi, Carlos III y El Prado son ejemplos de esa asociaci\u00f3n, que sigui\u00f3 similar curso con los posteriores Estados-naci\u00f3n surgidos de las revoluciones liberales (vg. el Louvre tras 1789). La cultura es todav\u00eda hoy embajadora principal y sirve de carta de presentaci\u00f3n para las relaciones entre pa\u00edses y empresas: la m\u00fasica o el arte entretienen a los mandamases mientras estos afilan sus dientes antes de concretar los t\u00e9rminos del <i>bussines<\/i>.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<p class=\"p3\" style=\"padding-left: 30px;\"><span style=\"color: #ff0000;\"><span class=\"s1\"><i>\u201cA medida que el nacionalismo espa\u00f1ol dejaba de ser el fundamento coactivo de nuestro sistema pol\u00edtico, los nacionalismos vasco y catal\u00e1n han pugnado por construir una identidad separada, marcar la frontera de un \u2018ellos\u2019 y un \u2018nosotros\u2019, contener, levantando barreras, la inevitable pendiente hacia una sociedad multicultural y plurinacional\u201d.\u00a0<\/i><\/span><span class=\"s1\">Santos Juli\u00e1, <i>El Pa\u00eds<\/i>, 26 de enero de 1997.<\/span><\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Pero en los \u00faltimos decenios esta convicci\u00f3n flaquea por dos flancos pol\u00edticos. As\u00ed, en nuestro caso, los m\u00e1s s\u00f3lidos partidarios de la desaparici\u00f3n del ministerio de Cultura ser\u00edan la derecha espa\u00f1ola y los independentistas catalanes o vascos. Estos \u00faltimos, obvio, porque cuestionan que el Estado espa\u00f1ol sea algo m\u00e1s que eso, que sea capaz a la vez de suponer tambi\u00e9n una naci\u00f3n para buena parte de los espa\u00f1oles. Su receta es la parcelaci\u00f3n absoluta de la marca cultural Espa\u00f1a, que en todo caso, mientras llega su deseada \u201cdesconexi\u00f3n\u201d, no se asume sino como agregado de aportes y no como crisol de estos. En el otro lado, la dimensi\u00f3n nacionalista espa\u00f1ola pesa menos en la derecha que su fundamento mercantilista. Quiero decir que tiene m\u00e1s en cuenta el gasto improductivo que, a sus ojos, suponen la cultura y los creadores que las perennes posibilidades de usar esta como antesala de los negocios. As\u00ed, el patrimonio respetable siempre podr\u00eda colgar de un ancho ministerio de Educaci\u00f3n o incluso de una oficina de Tesoros Nacionales dependiente de Presidencia o de Hacienda, la parte rentable de la cultura podr\u00eda hacerse depender de Industria, como un sector productivo m\u00e1s, y el resto podr\u00eda enviarse directamente a los cocodrilos o a alg\u00fan tipo de subvenci\u00f3n misericordiosa (a proteger desde el Ministerio de Asuntos Sociales y otras hierbas). No es una opini\u00f3n: la dependencia real del Instituto Cervantes del Ministerio de Asuntos Exteriores o la nula dimensi\u00f3n pol\u00edtica de la Secretar\u00eda de Estado de Cultura as\u00ed lo demuestran.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">La l\u00e1nguida celebraci\u00f3n del IV\u00ba Centenario del fallecimiento de Miguel de Cervantes y su comparativa con los actos en Gran Breta\u00f1a de similar efem\u00e9rides referida a William Shakespeare han puesto el dedo en la llaga. En su condici\u00f3n de \u201cnaciones viejas\u201d, la brit\u00e1nica y la espa\u00f1ola no son distintas, ni en sus posibilidades ni en sus problemas. Los segundos apuntar\u00edan a una visi\u00f3n de su cultura como agregados parciales, pero las primeras proporcionan la oportunidad de disponer de una lengua franca. Incluso la realidad de una larga historia nacional, menos conflictiva y problematizada que en el presente, vendr\u00eda a dar alas a la ambici\u00f3n de proyectar una cultura com\u00fan, interpretada como crisol. Por mucho que algunos lo pretendan, Espa\u00f1a y el Reino Unido no son a estos efectos como B\u00e9lgica. <\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">El Estado auton\u00f3mico espa\u00f1ol, la influencia e importancia pol\u00edtica de los nacionalismos \u201cperif\u00e9ricos\u201d, la incapacidad hist\u00f3rica de los espa\u00f1oles para asumir su constitutiva diversidad interna y la dejadez del gobierno conservador tambi\u00e9n en ese apartado han propiciado la desvalorizaci\u00f3n cultural de la llamada \u201cmarca Espa\u00f1a\u201d. Hoy, esta tiene que ver m\u00e1s con Econom\u00eda o con Exteriores, y nada o casi nada con la cultura. As\u00ed no sorprende el desamparo de Don Miguel el <i>Manco<\/i>. Incluso para la izquierda m\u00e1s agitada, Espa\u00f1a sigue siendo solo un Estado y en absoluto un Estado-naci\u00f3n, con lo que comporta de una y otra cosa. Su problema es que la realidad del sentimiento nacional es dif\u00edcil de dominar y, siendo distinto en el centro que en las periferias, este impugna su forzada ideologizaci\u00f3n. As\u00ed, esa izquierda \u201cplurinacional\u201d resucita de forma populista la patria espa\u00f1ola o reivindica una rep\u00fablica que no deja de ser la espa\u00f1ola.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Las vicisitudes del loco hidalgo se desarrollan en un pa\u00eds y en un tiempo con un sentido de pertenencia y de pluralidad superior al actual. Alonso Quijano recorre la nueva Castilla y tierras de Arag\u00f3n, viaja por Catalu\u00f1a, llega a rozar territorio andaluz, se enfrenta con un vizca\u00edno y \u00e9l mismo se reconoce de un tel\u00farico lugar: la Alta Mancha. El sentido patri\u00f3tico de comienzos del XVII era ajeno a las exigencias nacionales y nacionalistas de dos y tres siglos despu\u00e9s. La Espa\u00f1a de los Austrias no ser\u00eda federal <i>avant la lettre<\/i> o m\u00e1s comprensiva con la diversidad natural del pa\u00eds, como suponen algunos: es que solo era distinta y anterior al imperio de la igualdad y la homogeneizaci\u00f3n de los borbones ilustrados y luego liberales. Son solo dos tiempos hist\u00f3ricos diferentes, con l\u00f3gicas diferentes. Por eso en aquel, la patria espa\u00f1ola operaba con naturalidad y el agregado de identidades y culturas se confund\u00eda por completo con el crisol: todos eran y no eran, eran uno sin dejar de ser cada uno y a nadie le importaba demasiado todo ello.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Es con el nacimiento del Estado moderno cuando Espa\u00f1a y el resto de patrias anteriores, sostenidas sobre la desigual diversidad, fueron forzadas a la igualdad homogeneizadora. Y lo mismo que Espa\u00f1a el resto de estados surgidos en el XIX y despu\u00e9s, tanto da que los gobernara Fernando VII o Robespierre. En ese instante, el Estado se convirti\u00f3 en m\u00e1quina nacionalizadora y resolvi\u00f3 el acertijo de cu\u00e1l de las culturas patrias (o de los idiomas) que ten\u00eda a su disposici\u00f3n se iba a convertir en oficial y obligatoria para todos los ciudadanos de la naci\u00f3n, en se\u00f1a de identidad indiscutible y eterna. Entonces la cultura patria pas\u00f3 a establecerse sobre la hegemon\u00eda forzada de una de las preexistentes: en algunos lugares sali\u00f3 adelante esa tarea homogeneizadora y exterminadora de las diferencias originales (vg. la desaparici\u00f3n de los llamados <i>patois<\/i>), y en otros la construcci\u00f3n nacional (<i>nationbuilding<\/i>) result\u00f3 por momentos conflictiva y dif\u00edcil por resistencia de los desplazados como extraoficiales. Estos casos se denominan de forma amable como \u201cd\u00e9bil nacionalizaci\u00f3n\u201d o rotundamente como \u201cfracaso\u201d.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">Pero el \u00e9xito es ef\u00edmero tambi\u00e9n a estos efectos. Lo que sacas por la puerta acaba volviendo por la ventana. Una dictadura uniformista o los efectos similares de la globalizaci\u00f3n -tambi\u00e9n las respuestas asustadizas ante las dimensiones l\u00edquidas y cambiantes del mundo actual o ante la manera de tomarse las grandes decisiones mundiales- pueden resucitar identidades ayer apartadas, hasta estar estas en condiciones de exigir que la nueva cultura nacional no sea sino agregado de todas en t\u00e9rminos de igualdad. En su extremo, rechazan pertenecer a cualquier heterog\u00e9nea s\u00edntesis y regresan a la cantinela \u2013ahora ellas- de la diferencia. Entre medias, la cultura nacional puede experimentar otro tipo de se\u00edsmos: la banalizaci\u00f3n de la cultura espect\u00e1culo, ignorante de fronteras entre Estados-naci\u00f3n, o las competiciones entre grandes y poderosas conurbaciones que, como en los a\u00f1os noventa, se permit\u00edan tambi\u00e9n el lujo de saltar por encima de esas a\u00f1ejas y declinantes construcciones pol\u00edticas. <\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">La conclusi\u00f3n en estos postmodernos tiempos es que la cultura nacional flaquea, igual que menguan los Estados-naci\u00f3n que la vieron nacer y oxigenaron. Casi lo de menos es si en un Estado plurinacional se puede educar a los ciudadanos en la diversidad interior con la esperanza de conseguir un futuro pa\u00eds respetuoso de ella. Las fuerzas existentes son tan centr\u00edfugas que convierten el empe\u00f1o en la tarea del h\u00e9roe: a los nuevos \u201chooligans\u201d de la diferencia extrema y medieval se suman los irreductibles centralistas de la unidad hacia adentro y la diferencia hacia fuera, y a todos ellos los nacionalistas banales que solo saben de rentabilidad prosaica e inter\u00e9s privado, las transnacionales y sus habitantes que asisten conmiserativamente a este envejecedor debate, o las nuevas unidades de destino en lo universal que son hoy las megaciudades o las grandes marcas identitarias (vg. las que generan el f\u00fatbol y los deportes de masas, las nuevas tribus, las modas cambiantes, las emociones y experiencias grupales o las coincidencias generacionales, entre otras). <\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\">El mundo que vivimos se refleja en la agregaci\u00f3n horizontal e igualitaria, todo puede valer lo mismo, sin jerarqu\u00edas o reconocimientos previos. En ese combate, las culturas nacionales, como los Estados-naci\u00f3n, tienen a medio plazo perdida la partida. Todas y todos ellos. Y lo plurinacional y multicultural posiblemente no vaya a ser otra cosa que el intermedio que preludia otra realidad que a d\u00eda de hoy es dif\u00edcil imaginar.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\"><span class=\"s1\"><b>Antonio Rivera<\/b><\/span><\/p>\n<p class=\"p2\"><span class=\"s1\">Profesor de Historia Contempor\u00e1nea en la UPV-EHU. Entre 2009 y 2012 fue Viceconsejero de Cultura del Gobierno Vasco.<\/span><\/p>\n<p><\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Galde 14, primavera 2016). Antonio Rivera.\u00a0Cuando los pr\u00edncipes ilustrados del siglo XVIII trataron de fortalecer el Estado para desplazar a los \u201cpoderes intermedios\u201d que les hac\u00edan sombra, adem\u00e1s de engordar ej\u00e9rcitos y haciendas se aplicaron a poner en valor la imagen del pa\u00eds, hacia dentro y hacia fuera. 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