{"id":5410,"date":"2015-10-19T20:24:40","date_gmt":"2015-10-19T18:24:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=5410"},"modified":"2025-10-23T18:21:57","modified_gmt":"2025-10-23T16:21:57","slug":"ciudades-cuidadoras-ciudades-cuidadas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/ciudades-cuidadoras-ciudades-cuidadas\/","title":{"rendered":"Ciudades cuidadoras, ciudades cuidadas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/MozaPaisaje.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-5412 colorbox-5410\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/MozaPaisaje-253x300.jpg\" alt=\"MozaPaisaje\" width=\"253\" height=\"300\" data-id=\"5412\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/MozaPaisaje-253x300.jpg 253w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/MozaPaisaje.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 253px) 100vw, 253px\" \/><\/a><\/p>\n<p>(Galde 11, verano 2015). Bego\u00f1a Pernas Ria\u00f1o y Marta Rom\u00e1n Rivas\u00a0\u2013 <strong>Gea21<\/strong><\/p>\n<p><strong>Una pregunta indiscreta: \u201c\u00bfqui\u00e9n te cuida?\u201d<\/strong><\/p>\n<p>Hace poco, mientras tom\u00e1bamos un t\u00e9, mi amiga me pregunt\u00f3: \u201cY a ti, \u00bfqui\u00e9n te cuida?\u201d Esta incisiva pregunta consigui\u00f3 removerme, porque fui consciente de mi saldo negativo entre ingresos y gastos, esto es, entre cuidados recibidos y ofrecidos.<\/p>\n<p>Si nos hici\u00e9ramos colectivamente una pregunta similar \u201c\u00bfqui\u00e9n cuida en esta sociedad?\u201d deber\u00edamos tambi\u00e9n incomodarnos al descubrir qui\u00e9n est\u00e1 realmente contribuyendo a sostener el bienestar personal y colectivo. Observar\u00edamos en primer lugar el fuerte desequilibrio en la distribuci\u00f3n de esta tarea entre mujeres y hombres. Seg\u00fan estudios del tiempo, del total de horas de cuidado infantil no remunerado, las mujeres asumen el 81,5%, frente al 17,5% que asumen los varones. Una proporci\u00f3n muy similar se encuentra al analizar el reparto de las m\u00e1s de cuatro mil millones de horas dedicadas anualmente al cuidado de mayores, donde las mujeres representan el 80%. <a class=\"simple-footnote\" title=\"Mar\u00eda \u00c1ngeles Dur\u00e1n \u201cEncuesta CSIC-ASEP 2000 sobre tiempo de trabajo no remunerado\u201d 2001.\" id=\"return-note-5410-1\" href=\"#note-5410-1\"><sup>1<\/sup><\/a><\/p>\n<p>En la distribuci\u00f3n desigual del trabajo no remunerado, oculta bajo el velo de las \u201cdecisiones personales\u201d, hallamos un sistema de segregaci\u00f3n sexual que no solo atribuye a las mujeres el cuidado, como si se tratara de su segunda naturaleza, sino que al mismo tiempo menosprecia y hace invisible el valor de esta ingente labor de la que depende el bienestar f\u00edsico y emocional de nuestra especie.<\/p>\n<p>Esta injusta \u201csoluci\u00f3n\u201d social sobrecarga a las mujeres, limitando sus posibilidades laborales y vitales, es una de las mayores causas de conflicto e infelicidad dom\u00e9stica, y resulta cada vez m\u00e1s insostenible socialmente. Se habla de \u201ccrisis de los cuidados\u201d porque las estrategias personales \u2013 como la baj\u00edsima natalidad espa\u00f1ola- no pueden compensar el desequilibrio entre las necesidades crecientes y la saturaci\u00f3n de las familias, la debilidad de las redes de proximidad y la insuficiencia del Estado de bienestar.<\/p>\n<p>En la b\u00fasqueda de soluciones, la reivindicaci\u00f3n de unos servicios p\u00fablicos de calidad es absolutamente necesaria. Pero incluso en un improbable escenario de amplitud y generosidad de los servicios de atenci\u00f3n y cuidado, seguir\u00eda haciendo falta reflexionar sobre las necesidades sociales, buscar nuevas f\u00f3rmulas de relaci\u00f3n y nuevos agentes para esta tarea. Esto es as\u00ed porque muchas necesidades de cuidado no pueden satisfacerse con servicios privados o p\u00fablicos (ni es deseable que as\u00ed sea), bien porque son puntuales y no son programables, o bien porque precisan el v\u00ednculo del conocimiento y del afecto para que sean realmente satisfactorias. La soledad de muchos ancianos es un buen ejemplo de una necesidad creciente que no puede resolverse en el marco burocr\u00e1tico o comercial de \u201cprestaci\u00f3n de un servicio\u201d.<\/p>\n<p>Las ciudades tienen un amplio campo de acci\u00f3n para crear ese marco de relaci\u00f3n social y pueden contribuir a mejorar las condiciones en las que se desarrolla la vida cotidiana, permitiendo que colectivos vulnerables como menores, mayores o personas con discapacidad puedan disfrutar de mayor autonom\u00eda. A su vez, pueden mimar a quienes cuidan reconociendo y haciendo m\u00e1s sencilla, agradable y satisfactoria su labor.<\/p>\n<p><strong>La palabra cuidar procede del lat\u00edn <em>cogitare<\/em>, pensar<\/strong><\/p>\n<p>El cuidado est\u00e1 vinculado al hecho de contemplar e integrar las necesidades de otros dentro de las propias atribuciones y prioridades. Es muy interesante que el t\u00e9rmino arraigue en el verbo \u201cpensar\u201d antes que en el verbo \u201chacer\u201d, situando el origen del cuidado en la misma atenci\u00f3n sobre alguien o algo. De este modo, podemos plantear que una ciudad que cuida es aquella que destina tiempo, energ\u00eda y recursos a pensar, precisamente para incluir en sus actuaciones las complejas y variadas necesidades de la ciudadan\u00eda y, especialmente de quienes m\u00e1s cuidado precisan.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo piensa una ciudad en clave de cuidados? Aqu\u00ed incluimos tres f\u00f3rmulas que pueden ayudar a abordar esta necesaria tarea: pensar en las relaciones antes que en las piezas aisladas;\u00a0 pensar desde la complejidad para facilitar la vida; pensar desde lo p\u00fablico para retejer lo social.<\/p>\n<p><strong>Pensar en la relaci\u00f3n antes que en las piezas<\/strong><\/p>\n<p>Hoy en d\u00eda estar a cargo de un menor, de una persona mayor, o de un pariente enfermo es, para cualquier persona que habite en una ciudad y no tenga recursos econ\u00f3micos o un fuerte apoyo familiar, una aut\u00e9ntica locura. Esto es as\u00ed porque nuestras ciudades est\u00e1n hechas de piezas sueltas, por el triunfo de la zonificaci\u00f3n y de la sectorizaci\u00f3n, lo que las convierte en inconexas. La ciudad, desparramada por el territorio, es en s\u00ed misma cron\u00f3faga (devora tiempo) y generadora de dependencias y desigualdad, porque aquellos que no tienen acceso a la movilidad motorizada o tienen dobles jornadas ven recortadas sus posibilidades de acceder a los bienes de la ciudad.<\/p>\n<p>Las necesidades humanas son, por el contrario, complejas, cambiantes y est\u00e1n profundamente imbricadas. Una no es solo ni todo el tiempo \u201cuna enferma\u201d, un \u201cescolar\u201d o\u00a0 un \u201ctrabajador\u201d que adem\u00e1s tiene que dormir y comer. Es a la vez muchas cosas, y si tiene que resolver cada necesidad en lugares espec\u00edficos y alejados, se agotar\u00e1 intentando unir las piezas que la ciudad ha distribuido en el territorio. Mientras se cura, estudia o hace la compra, es tambi\u00e9n una ciudadana o ciudadano que necesita crear lazos de confianza, quiz\u00e1s incluso conversar con otros. Si la ciudad ha podido crecer y fragmentarse en piezas especializadas ha sido porque una parte de la poblaci\u00f3n \u2013las mujeres sobre todo- cubr\u00eda las distancias y luchaba para mantener la continuidad temporal y de sentido que la ciudad romp\u00eda.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n urban\u00edstica convencional y la forma misma de trabajar de las administraciones, repartiendo colectivos y actividades en departamentos (urbanismo, salud, educaci\u00f3n, vivienda, etc.), explican la dificultad para pensar en las relaciones entre las personas y entre las cosas. Una ciudad que cuida significa pensar primero en las relaciones entre las partes: \u00bfqui\u00e9n va a trabajar a esas oficinas (tambi\u00e9n qui\u00e9n las limpia, no s\u00f3lo quien se sienta en sus despachos) y c\u00f3mo llega? \u00bfQui\u00e9n utiliza y c\u00f3mo el equipamiento deportivo? \u00bfQu\u00e9 necesidades tiene y quien las cubre?, \u00bfPueden incluirse en el equipamiento otros servicios?, etc.<\/p>\n<p>Cada necesidad puede resolverse restando tiempo y recursos a las personas que cuidan o sumando, es decir, aportando adem\u00e1s del servicio o del equipamiento, otros bienes urbanos: reequilibrio entre los barrios, conciliaci\u00f3n de la vida personal y familiar, nuevos empleos, calidad del espacio p\u00fablico o relaciones sociales m\u00e1s s\u00f3lidas.<\/p>\n<p><strong>Pensar la complejidad para facilitar un uso sencillo<\/strong><\/p>\n<p>La simplificaci\u00f3n del proceso de planificaci\u00f3n, buscando soluciones r\u00e1pidas, baratas, estandarizadas o f\u00e1ciles de gestionar, genera vidas muy complejas para quienes tienen que habitar esos espacios. Todo aquello que se ahorra en las fases iniciales de dise\u00f1o y planificaci\u00f3n urbana es pagado con creces por quienes tienen que dedicar su tiempo, su esfuerzo o su dinero a retejer lo que est\u00e1 troceado, inconexo y sin sentido.<\/p>\n<p>En todos los \u00e1mbitos existe esa equivalencia entre los \u201cahorros\u201d iniciales y los \u201ccostes\u201d de uso, unas injustas transferencias que castigan a los m\u00e1s vulnerables: cuando se construye vivienda sin criterios bioclim\u00e1ticos se genera un elevado gasto energ\u00e9tico para sus ocupantes. Del mismo modo, si se dise\u00f1an equipamientos \u201cautistas\u201d en bordes urbanos alejados, se exige una fuerte inversi\u00f3n de tiempo, energ\u00eda y dinero para los que necesitan acceder a ellos. No digamos cuando se permiten desarrollos residenciales masivos y sobredimensionados totalmente incapaces de dotarse por s\u00ed mismos de seguridad o vitalidad urbanas.<\/p>\n<p>Para evitar estos despilfarros, las fases de planificaci\u00f3n deben integrar equipos multidisciplinares y participaci\u00f3n social. Planificar de forma compleja implica invitar a otros a pensar la ciudad: vecinas y vecinos, desde luego, pero tambi\u00e9n departamentos contiguos que no se incluyen nunca en las intervenciones urbanas, aunque luego tengan que hacerse cargo del mantenimiento o de los problemas generados por o alrededor de la intervenci\u00f3n. Para ello, hacen falta tiempo y recursos, que se recuperar\u00e1n sobradamente al obtener inversiones que multipliquen sus efectos en un barrio o en la ciudad.<\/p>\n<p><strong>Pensar desde lo p\u00fablico para retejer lo social<\/strong><\/p>\n<p>En el creciente universo de los cuidados, se producen trasvases de ida y vuelta entre lo privado \u2013la familia- y lo p\u00fablico \u2013servicios y equipamientos- con una gran y creciente presencia del mercado. Pero hay un \u00e1mbito que ha sido empobrecido, cuando no totalmente barrido, siendo como es imprescindible para satisfacer necesidades de forma igualitaria: se trata de la red social, las relaciones por proximidad de diversas organizaciones locales y del vecindario. Un ejemplo: el cuidado de los ni\u00f1os sol\u00eda ser un asunto de las familias en sentido amplio, en el que colaboraban los vecinos cercanos y hasta los transe\u00fantes. Algo tan sencillo como jugar en la calle se ha vuelto imposible, al volverse hostil el espacio p\u00fablico, lo que convierte el cuidado de menores en una actividad mucho m\u00e1s individualizada, exigente y solitaria.<\/p>\n<p>Las relaciones sociales basadas en la comunidad de intereses de clase y en una vida de barrio estable no pueden resucitarse, pero la intervenci\u00f3n urbana puede ayudar a retejer lo social o terminar de destruirlo. Si no existen lugares de encuentro, las personas no se encuentran, as\u00ed de simple. El espacio p\u00fablico de calidad (lo que no quiere decir as\u00e9ptico),\u00a0 el calmado del tr\u00e1fico, el dise\u00f1o abierto de los equipamientos y su uso m\u00faltiple (por diferentes colectivos y en diferentes tiempos), el impulso a la participaci\u00f3n social y la vida asociativa, la promoci\u00f3n de viviendas con zonas comunes y espacios de sociabilidad, etc., son medidas con las que la ciudad puede contribuir a crear lazos y a fortalecer lo p\u00fablico, que necesita ser redefinido. Pues no es s\u00f3lo la titularidad p\u00fablica de los bienes y servicios, sino una esfera material y simb\u00f3lica que obliga a pensar de forma colectiva la mejor forma de resolver nuestras necesidades y conflictos. Una ciudad cuidadora es sobre todo una ciudad que se hace esa pregunta: \u201cY a ti, \u00bfQui\u00e9n te cuida?\u201d.<\/p>\n<p><strong><em><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/autores\/marta-roman-rivas\/\">Marta Rom\u00e1n Rivas<\/a> (Madrid, 1962).\u00a0<\/em><\/strong><em>Licenciada en Geograf\u00eda e Historia<\/em> (1985). Trabaja como consultora desde el a\u00f1o 1986. Es socia fundadora de la empresa <strong>gea21 <\/strong>en donde desarrolla su actividad profesional desde 1995. Fue cofundadora del Colectivo de Mujeres Urbanistas (1995-2004), grupo de debate y acci\u00f3n social dirigido a trabajar por la equidad de g\u00e9nero en el espacio construido. Otro de sus campos de especialidad est\u00e1 relacionado con la infancia y la ciudad.<\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/autores\/begona-pernas-riano\/\">Bego\u00f1a Pernas Ria\u00f1o<\/a><\/strong>, licenciada en Geograf\u00eda e Historia y m\u00e1ster en evaluaci\u00f3n de pol\u00edticas p\u00fablicas, es consultora y socia de la empresa <strong>gea21<\/strong>. Como profesional y como miembro de la organizaci\u00f3n sin \u00e1nimo de lucro <em>Mujeres urbanistas<\/em>, ha ayudado a introducir en la agenda p\u00fablica y en la investigaci\u00f3n\u00a0 social la relaci\u00f3n entre g\u00e9nero y urbanismo. Para ello, ha colaborado en la realizaci\u00f3n de procesos participativos con mujeres en distintas localidades,\u00a0 ha impartido conferencias, y realizado estudios sobre el tema.<\/p>\n<div class=\"simple-footnotes\"><p class=\"notes\">Notes:<\/p><ol><li id=\"note-5410-1\">Mar\u00eda \u00c1ngeles Dur\u00e1n \u201cEncuesta CSIC-ASEP 2000 sobre tiempo de trabajo no remunerado\u201d 2001. <a href=\"#return-note-5410-1\">&#8617;<\/a><\/li><\/ol><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Galde 11, verano 2015). Bego\u00f1a Pernas Ria\u00f1o y Marta Rom\u00e1n Rivas -Gea21-. En el creciente universo de los cuidados, se producen trasvases de ida y vuelta entre lo privado \u2013la familia- y lo p\u00fablico \u2013servicios y equipamientos-. Si no existen lugares de encuentro, las personas no se encuentran, as\u00ed de simple. 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