{"id":5399,"date":"2015-10-19T20:26:47","date_gmt":"2015-10-19T18:26:47","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=5399"},"modified":"2025-10-23T18:21:57","modified_gmt":"2025-10-23T16:21:57","slug":"la-ciudad-como-espacio-publico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/la-ciudad-como-espacio-publico\/","title":{"rendered":"La ciudad como espacio p\u00fablico"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/DibujoGenteLine.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-5404 colorbox-5399\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/DibujoGenteLine-300x189.jpg\" alt=\"DibujoGenteLine\" width=\"300\" height=\"189\" data-id=\"5404\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/DibujoGenteLine-300x189.jpg 300w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2015\/10\/DibujoGenteLine.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>(Galde 11, verano 2015). Imanol Zubero.\u00a0<strong>Las formas (urbanas) s\u00ed importan.<\/strong><\/p>\n<p>Como se\u00f1ala en tantas ocasiones Jordi Borja, la atenci\u00f3n al espacio p\u00fablico implica tomar muy en consideraci\u00f3n la trascendental importancia de la forma urbana, de la ciudad construida. Aunque la ciudad es, por encima de todo, sus ciudadanas y ciudadanos y las relaciones que establecen, su estructura f\u00edsica, la disposici\u00f3n y ordenaci\u00f3n de sus espacios y lugares, condiciona grandemente estas interacciones.<\/p>\n<p>A principios de los Noventa, el arquitecto y urbanista Michael Sorkin escrib\u00eda: \u201cEn toda Am\u00e9rica, la planificaci\u00f3n urbana ha renunciado a su papel hist\u00f3rico como integradora de comunidades, y propicia un desarrollo selectivo que enfatiza las diferencias\u201d. Con esta cr\u00edtica Sorkin plantea uno de los riesgos m\u00e1s importantes a los que se enfrenta la ciudad: que, al margen de nuestras intenciones y deseos, el espacio urbano realmente existente haga f\u00edsicamente imposible la interacci\u00f3n social. Y aunque Sorkin se fija s\u00f3lo en uno de esos procesos de escisi\u00f3n de la vida urbana \u2013la construcci\u00f3n de guetos etnoculturales-, su advertencia sirve igualmente para reflexionar sobre cualquier otro proceso de intervenci\u00f3n que, con el pretexto tecnocr\u00e1tico de simplificar o racionalizar la forma o la trama urbana, acaba debilitando las posibilidades mismas de la interacci\u00f3n social en la ciudad.<\/p>\n<p>La preocupaci\u00f3n por la planificaci\u00f3n del espacio urbano y su impacto sobre la interacci\u00f3n social tiene en la activista urbana Jane Jacobs a su principal exponente. La tesis de Jacobs es bien conocida: las ciudades necesitan de una densa e intrincada diversidad de usos que se sostengan y apoyen unos a otros, tanto econ\u00f3mica como socialmente. Esto es as\u00ed porque las ciudades son modelos de <em>complejidad organizada<\/em>. Es la diversidad la que las constituye como realidades vivas y equilibradas, mientras que es la ausencia de esta diversidad organizada a que las hiere de muerte. El mejor indicador de salud de una ciudad es la existencia de unas calles animadas, transitadas a lo largo de todo el d\u00eda por personas diversas dedicadas a desarrollar actividades distintas, en ocasiones muy distintas. Frente a la tendencia a separar y compartimentalizar los espacios de una ciudad en funci\u00f3n de los distintos usos que puede darse a los mismos \u2013vivienda, negocio, ocio comercial, ocio p\u00fablico, turismo monumental, etc.- Jacobs defiende la convivencia de usos y actividades en un mismo espacio urbano, incluso cuando tales usos puedan parecernos antit\u00e9ticos. De ah\u00ed su vigorosa denuncia: \u201cLos centros urbanos americanos est\u00e1n siendo asesinados por una pol\u00edtica consciente que escinde y separa los usos de ocio de los usos de trabajo, todo ello en un mal entendido de que se est\u00e1 procediendo a una reordenaci\u00f3n espacial disciplinada\u201d.<\/p>\n<p>La suburbanizaci\u00f3n -esa pr\u00e1ctica nacida en Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial que, de la mano de la poderosa industria automovil\u00edstica, separa los espacios de reproducci\u00f3n, de consumo, de ocio y de trabajo- acaba construyendo no tanto una ciudad difusa, cuanto una ciudad confusa, sin l\u00edmites f\u00edsicos, pero sobre todo sin l\u00edmites experienciales. La profusi\u00f3n desordenada de signos o de trazas urbanas (calles, pabellones, rotondas, urbanizaciones, gr\u00faas, circunvalaciones, centros comerciales, almacenes) genera confusi\u00f3n espacial, y en esta confusi\u00f3n no es f\u00e1cil que pueda surgir la \u201ccoloquialidad urbana\u201d (Francesco Indovina).<\/p>\n<p>Si la ciudad difuminada, extendida en el espacio sin otra l\u00f3gica que la de la urbanizaci\u00f3n capitalista, hace explotar la ciudad vivida destruyendo cualquier l\u00edmite que permita experimentarla como un espacio com\u00fan, la ciudad privatizada la hace implosionar, quebrando sus conexiones internas y levantando fronteras f\u00edsicas y simb\u00f3licas que niegan la diversidad y la mezcla. A principios de los a\u00f1os Setenta el psicoanalista alem\u00e1n Alexander Mitscherlich\u00a0ya denunciaba una \u201ctendencia a la incapsulaci\u00f3n\u201d en el abandono de los centros urbanos por parte de las clases medias y altas; desde entonces, esta tendencia no ha dejado de\u00a0 crecer, y a las bien conocidas urbanizaciones privadas \u2013las <em>gated communities<\/em> estadounidenses, los <em>condominios fechados<\/em> de Brasil o los barrios privados en Argentina-, originariamente surgidas desde una perspectiva fundamentalmente securitaria, se van a\u00f1adiendo estrategias de cierre urbano a partir de criterios como la afirmaci\u00f3n de estilos de vida diferenciados, la visibilizaci\u00f3n del prestigio o, simple y llanamente, la segregaci\u00f3n de clase, la separaci\u00f3n f\u00edsica entre ricos y pobres.<\/p>\n<p>Este espacio urbano donde, ya sea por la v\u00eda de la huida ya por la v\u00eda del cierre, la interacci\u00f3n social y el encuentro entre vecinas y vecinos se vuelve crecientemente dificultoso da lugar a esa <em>ciudad postmoderna<\/em> que Pietro Barcellona define como \u201cuna enorme superficie pulimentada en la que se puede patinar hasta el infinito\u201d. La imagen es perfecta: recordemos, en este sentido, uno de los iconos de la pintura contempor\u00e1nea, el cuadro <em>Nighthawks<\/em>, de Edward Hopper.<\/p>\n<p>Bruce B\u00e9gout ha captado perfectamente el esp\u00edritu de esta ciudad postmoderna, plagada de <em>no-lugares<\/em>, al analizar el motel americano como expresi\u00f3n de esta <em>no-ciudad: <\/em>\u201cEl motel, lejos de limitarse a ser una muestra del <em>american way of life<\/em>, muestra que se propaga en la actualidad en la periferia de casi todas las ciudades mundiales, concretiza nuevas formas de vida urbana donde la movilidad, el vagabundeo y la pobreza vital adquieren un lugar preponderante\u201d. Como se\u00f1ala B\u00e9gout, la caracter\u00edstica m\u00e1s evidente de este motel es que \u201cno se ha previsto ning\u00fan espacio, ni externo ni interno, para acoger reuniones de inquilinos\u201d; por el contrario, \u201ctodo ha sido concebido para favorecer una circulaci\u00f3n de las personas en sentido \u00fanico, desde sus autom\u00f3viles a sus habitaciones y viceversa\u201d. \u00bfNo nos recuerda esta caracterizaci\u00f3n del motel americano a muchos de los espacios que encontramos en nuestras ciudades?<\/p>\n<p>Resulta sencillo llenar de contenido los planteamientos de Jacobs o de B\u00e9gout: pensemos en espacios urbanos particularmente amenazadores y seguramente nos vendr\u00e1n a la cabeza los parques p\u00fablicos o los barrios de negocios al anochecer. O pensemos, tambi\u00e9n, en el horror que suponen los <em>pueblos dormitorio<\/em>, cuya vida social ha sido vampirizada por alguna de las ciudades en cuya periferia se encuentran. O reflexionemos sobre la enf\u00e1tica reivindicaci\u00f3n (m\u00e1s te\u00f3rica que pr\u00e1ctica, todo hay que decirlo) que los gobiernos municipales hacen desde hace unos a\u00f1os del denominado <em>comercio de proximidad<\/em>.<\/p>\n<p>Como se\u00f1ala Massimo Cacciari, fil\u00f3sofo y alcalde de Venecia en 1993-2000 y 2005-2010: \u201cno es posible habitar la ciudad si \u00e9sta no se dispone para el habitar; es decir, si no proporciona lugares\u201d. Pero, los lugares de la ciudad est\u00e1n sufriendo procesos tanto de explosi\u00f3n, de difuminaci\u00f3n en un territorio cada vez m\u00e1s indiferenciado (por la v\u00eda de la suburbanizaci\u00f3n y la separaci\u00f3n de funciones), como de implosi\u00f3n, de fragmentaci\u00f3n y reducci\u00f3n de su complejidad interna (por la v\u00eda de la como la guetizaci\u00f3n en sus distintas expresiones, no s\u00f3lo etnoculturales).<\/p>\n<p>Ciertamente, la urbanizaci\u00f3n capitalista \u2013provatizadora y mercantilizadora- \u201ctiende perpetuamente a destruir la ciudad como bien com\u00fan social, pol\u00edtico y vital\u201d David Harvey). Por ello, reconquistar la ciudad como espacio p\u00fablico y com\u00fan precisa de un urbanismo al servicio del habitar, conformador de lugares donde sea posible la interacci\u00f3n, el encuentro, la conversaci\u00f3n. Lugares identificables que faciliten la identificaci\u00f3n con los mismos. Un espacio vivido, experimentado como propio, reivindicado por su valor de uso; un espacio reconocible como \u201cnuestro\u201d espacio, aquel en el que nos realizamos como ciudadanas y ciudadanos, pero no en abstracto, individualmente, sino en la pr\u00e1ctica social: como con-ciudadanas y con-ciudadanos.<\/p>\n<p><strong>\u00bfEs p\u00fablico el espacio p\u00fablico?<\/strong><\/p>\n<p>Recojo y aplico a la ciudad la pregunta cr\u00edtica que el catedr\u00e1tico de Sociolog\u00eda de la Universidad de Salamanca Mariano Fern\u00e1ndez Enguita dirige a la escuela p\u00fablica: \u201c\u00bfsirve la escuela p\u00fablica al inter\u00e9s p\u00fablico? \u00bfprima en ella el inter\u00e9s p\u00fablico, o est\u00e1 subordinado a otros intereses que no lo son?\u201d. Al igual que ocurre con la escuela, para que un espacio urbano sea realmente p\u00fablico no basta con que la ley lo califique como tal. El estatuto jur\u00eddico, la regulaci\u00f3n de los espacios urbanos no es suficiente. Para que el espacio p\u00fablico lo sea de verdad es imprescindible la existencia de una ciudadan\u00eda activa que asume la tarea de llenar ese espacio de pr\u00e1cticas e intereses orientados a la construcci\u00f3n del bien com\u00fan.<\/p>\n<p>Cualquier recurso o cualquier espacio, ya sea en su origen un bien privado o un bien p\u00fablico, puede convertirse en bien com\u00fan en funci\u00f3n de la apropiaci\u00f3n que del mismo haga la ciudadan\u00eda. Como se\u00f1ala Harvey, \u201cla calle es un espacio p\u00fablico transformado con frecuencia por la acci\u00f3n social en un bien com\u00fan\u201d. La ciudad-com\u00fan no es algo que se encuentre ya dado, sino algo que hay que producir mediante pr\u00e1cticas colectivas de <em>commoning<\/em>, de comunizaci\u00f3n. Hay ocupaciones o adquisiciones sociales de espacios privados que los convierten en espacios comunes (movimientos de recuperaci\u00f3n de teatros o cines), como hay reapropiaciones de espacios p\u00fablicos que los reinventan como espacios comunes (\u201cesto no es un solar\u201d, huertos urbanos). De igual modo, la ciudadana-comunera, el ciudadano-comunero, no lo es por el simple hecho de usar o participar del bien com\u00fan, sino por producirlo y reproducirlo continuamente. Por ello, no habr\u00e1 ciudad com\u00fan si no hay una pol\u00edtica de impulso de la comunizaci\u00f3n y del \u201ccomunerismo\u201d.<\/p>\n<p>Ciertamente, el com\u00fan urbano puede verse sometido a tensiones nacidas de usos potencialmente incompatibles entre s\u00ed (\u00bfciudad para el turismo o ciudad para quienes la habitan?), o conflictos entre las distintas aspiraciones de quienes acceden al espacio o al recurso com\u00fan (\u00bfc\u00f3mo conciliar fiesta y descanso?), que alienten la tentaci\u00f3n de la regulaci\u00f3n administrativa o de la vuelta a la gesti\u00f3n privada. Cualquier planteamiento de construcci\u00f3n de la ciudad como espacio com\u00fan deber\u00e1 asumir con naturalidad una perspectiva <em>agon\u00edstica<\/em> de la pol\u00edtica, asumiendo que la acci\u00f3n pol\u00edtica no debe aspirar a disolver los antagonismos sociales, sino a \u201corganizar la coexistencia humana en condiciones que son siempre potencialmente conflictivas\u201d (Chantal Mouffe). Para ello, frente a la hu\u00edda o al cierre, estrategias que siempre responden a intereses privados de autoprotecci\u00f3n o de logro individual, podr\u00edamos recuperar la reflexi\u00f3n sobre las <em>comunidades de supervivencia<\/em> propuesta por Richard Sennett en los Setenta.<\/p>\n<p>Seg\u00fan este autor, \u201cla manera m\u00e1s directa de unir las vidas sociales de la gente es por pura necesidad, haciendo que los hombres se conozcan mutuamente con el fin de sobrevivir\u201d. La ciudad puede es el espacio adecuado para su surgimiento: \u201cLo que deber\u00eda surgir en la vida urbana es la ocurrencia de relaciones sociales, y especialmente relaciones que envolvieran conflicto social, a trav\u00e9s de enfrentamientos cara a cara; lo que hace falta es que los hombres reconozcan los conflictos, no que intenten purificarlos en un mito de solidaridad, con el fin de sobrevivir\u201d. Se trata, si as\u00ed se quiere, de convertir una necesidad (el hecho de que la vida urbana obliga a vivir juntas a muchas personas muy diversas) en virtud.<\/p>\n<p>En 1970, Sennett advert\u00eda que \u201ccuando las futuras generaciones de historiadores escriban la cr\u00f3nica de esta \u00e9poca, puede muy bien que noten que su rasgo m\u00e1s marcado fue la gradual simplificaci\u00f3n de las interacciones y f\u00f3rums sociales para el intercambio social\u201d. Pero son estas interacciones cotidianas las que posibilitan el surgimiento de un sentido de la responsabilidad p\u00fablica comprometida con la comunidad nacido de una educaci\u00f3n c\u00edvica pr\u00e1ctica, aprendida en la vivencia cotidiana de la interacci\u00f3n en las calles. En palabras de Jacobs: \u201cEn la vida real, los ni\u00f1os s\u00f3lo pueden aprender\u00a0 los principios fundamentales de la vida en com\u00fan en una ciudad si tienen a su disposici\u00f3n un m\u00ednimo de adultos circulando fortuitamente por las aceras de una calle. El principio m\u00e1s elemental es, sin duda, el siguiente: todo el mundo ha de aceptar un canon de responsabilidad p\u00fablica m\u00ednima y rec\u00edproca, a\u00fan en el caso de que nada en principio les una o relacione. Esta lecci\u00f3n no se aprende con s\u00f3lo decirla. Se aprende \u00fanicamente de la experiencia, al comprobar que otras personas, con las cuales no nos une un particular v\u00ednculo, amistad o responsabilidad formal, aceptan y practican para con uno mismo un m\u00ednimo de responsabilidad p\u00fablica\u201d.<\/p>\n<p>Hoy llamar\u00edamos a todo esto <em>capital social<\/em>, pero estamos hablando de lo mismo: de esa materia que mantiene unidas aquellas instituciones fundamentales que configuran una sociedad. Un capital social <em>inclusivo<\/em>, que mira hacia fuera del propio grupo y tiende puentes hacia los diferentes, frente a la introyecci\u00f3n caracter\u00edstica de las formas de capital social <em>exclusivas <\/em>(y excluyentes), que s\u00f3lo aspiran a vincular cada vez m\u00e1s estrechamente a quienes son definidos como iguales. Son estas redes de capital social inclusivo, que tienden puentes las que se est\u00e1n debilitando en unas ciudades sometidas a din\u00e1micas privatizadoras y privatistas por mor de una gobernanza \u201cempresarialista\u201d que contempla la ciudad como espacio donde perseguir el logro de nuestros intereses m\u00e1s privados: como consumidores, como turistas, como productores, pero nunca como ciudadanas y ciudadanos.<\/p>\n<p>En resumen: de lo que se trata es de luchar por la ciudad como espacio p\u00fablico tanto en la forma (espacios f\u00edsicos planificados para el encuentro en la diversidad y en la complejidad propias de la existencia social, y no para la reducci\u00f3n simplificadora de estas) como en el fondo (cultura c\u00edvica de corresponsabilidad y pr\u00e1cticas pol\u00edticas de comunicaci\u00f3n).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Galde 11, verano 2015). Imanol Zubero. Las formas (urbanas) s\u00ed importan. 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