{"id":15468,"date":"2022-09-30T12:48:00","date_gmt":"2022-09-30T10:48:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=15468"},"modified":"2022-10-06T17:41:42","modified_gmt":"2022-10-06T15:41:42","slug":"emergencias-inseguridad-y-miedo-cuidar-es-la-respuesta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/emergencias-inseguridad-y-miedo-cuidar-es-la-respuesta\/","title":{"rendered":"Emergencias, inseguridad y miedo: Cuidar es la respuesta"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/emergenc1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-15471 colorbox-15468\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/emergenc1.jpg\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"642\" data-id=\"15471\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/emergenc1.jpg 580w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/emergenc1-271x300.jpg 271w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Galde 38, udazkena 2022 oto\u00f1o.\u00a0Txetxu Ausin.-<\/p>\n<p><strong>De los riesgos a las emergencias<\/strong><\/p>\n<p>Es ya un lugar com\u00fan referirse a nuestra \u00e9poca como la \u201csociedad del riesgo\u201d, si bien el concepto de riesgo es realmente polis\u00e9mico y se utiliza tanto para referirnos gen\u00e9ricamente a un suceso no deseado como a sus causas, su probabilidad o su valor estad\u00edstico esperado. Sin embargo, no significa nada nuevo, pues protegernos de los riesgos ha sido lo propio del estado moderno \u2014la raz\u00f3n de ser de los servicios p\u00fablicos\u2014 y del tradicional derecho de da\u00f1os. No obstante, frente a los riesgos calculables y limitados de la sociedad industrial, nos enfrentamos ahora a peligros y nuevas amenazas con una serie de caracter\u00edsticas interconectadas entre s\u00ed: Se trata de \u201cincertidumbres fabricadas\u201d, no tanto intencionadamente sino como efectos secundarios o subproductos de las innovaciones tecnol\u00f3gicas, econ\u00f3micas y pol\u00edticas del capitalismo global y fruto de una diversidad de actores y de factores causales complejos y dif\u00edciles de determinar. La magnitud de los da\u00f1os potenciales es enorme y global, de modo que ni se pueden compensar ni los mecanismos tecnol\u00f3gicos pueden evitar sus efectos. Se utiliza ya el concepto de \u201cemergencias complejas\u201d para referirse a aquellas crisis que tienen su origen en causas convergentes de car\u00e1cter social, cultural y medioambiental (Newman 2004). Por ello, ser\u00eda m\u00e1s correcta la denominaci\u00f3n \u201csociedad de los peligros\u201d (o de las emergencias) para referirse a nuestro tiempo. Pi\u00e9nsese en el cambio clim\u00e1tico, las pandemias, la escasez de alimentos, materias y energ\u00eda, la desigualdad o las crisis financieras. Esta situaci\u00f3n de riesgos sist\u00e9micos se ve agravada, de ah\u00ed la \u201cemergencia\u201d, por la velocidad caracter\u00edstica de esta era de los humanos o Antropoceno, entendida como esa r\u00e1pida y radical transformaci\u00f3n socioecon\u00f3mica y biof\u00edsica del planeta (la \u201cgran aceleraci\u00f3n\u201d): Un contexto de \u201cciencia post-normal\u201d (Funtowicz y Ravetz 2000), caracterizado por la incertidumbre sobre los hechos, los valores en disputa, los enormes desaf\u00edos (riesgos sist\u00e9micos) y la necesidad de tomar decisiones urgentes (emergencias).<\/p>\n<p><strong>Inseguridad y miedo<\/strong><\/p>\n<p>La seguridad, sentirse protegido, ocupa el segundo nivel de las necesidades primordiales de Maslow, solo por encima de las necesidades fisiol\u00f3gicas, y es una de las siete necesidades b\u00e1sicas del ser humano seg\u00fan Malinowski. La seguridad consiste en reducir los riesgos de da\u00f1o y de perjuicio, si bien el riesgo es inherente a cualquier actividad y nunca puede ser eliminado del todo; como mucho prevenido o mitigado. Convivimos no solo con la posibilidad de riesgos sino con grandes incertidumbres, fruto del desconocimiento, como ha sucedido en la crisis provocada por la pandemia de la COVID-19. La incertidumbre y el desconocimiento son elementos consustanciales de la realidad, habitamos en ellos, y si bien provocan desasosiego, tambi\u00e9n son una fuente de creatividad, oportunidad y descubrimiento. Finalmente, las decisiones p\u00fablicas, a\u00fan basadas en el mejor conocimiento experto disponible, no son una mera cuesti\u00f3n t\u00e9cnica o epist\u00e9mica (lo que se sabe frente a lo que no se sabe) sino tambi\u00e9n de preferencia, cultura y valores (lo que se deber\u00eda o no deber\u00eda hacer, lo que estamos dispuestos a aceptar como sociedad). No se trata de elegir entre riesgo y seguridad, sino entre unos riesgos u otros. De nuevo, la pandemia de la COVID-19 nos ha dado innumerables ejemplos de ello: qu\u00e9 nos debemos unos a otros, c\u00f3mo priorizar en contextos de escasez de recursos sanitarios, si establecemos o no la obligatoriedad de las vacunas\u2026 El reto es gestionar el desconocimiento de un modo compartido, deliberativo e inteligente.<\/p>\n<p>Estar seguro es encontrarse libre de miedo, esa perturbaci\u00f3n angustiosa del \u00e1nimo por un riesgo o da\u00f1o, real o imaginario. El miedo remite a la idea de que estamos en peligro y no es necesariamente una emoci\u00f3n negativa, ya que por razones adaptativas uno necesita saber qu\u00e9 va mal para protegerse. El problema surge cuando el miedo se exacerba y se usa como arma de dominaci\u00f3n pol\u00edtica y de control social. Condorcet dec\u00eda que el miedo es el origen de casi todas las estupideces humanas y, sobre todo, de las estupideces pol\u00edticas. La epidemiolog\u00eda del miedo, su contagio social, apoyado en heur\u00edsticas cognitivas como las cascadas, la polarizaci\u00f3n grupal y las predisposiciones (potenciadas por los medios digitales y las redes sociales), provoca un efecto deformante sobre el juicio humano, produciendo un miedo excesivo hacia acontecimientos improbables y, a la vez, una tranquilidad, descuido y hasta negaci\u00f3n con respecto a situaciones que plantean un peligro genuino.<\/p>\n<p>En su conocido discurso del 11 de enero de 1944, Franklin D. Roosevelt formul\u00f3 las bases de un nuevo sentido de la seguridad (<em>Second Bill of Rights<\/em>) en el que tan esencial como la paz es un est\u00e1ndar de vida decente para los hombres, mujeres, ni\u00f1os y ni\u00f1as de todas las naciones: estar libres del miedo est\u00e1 inevitablemente unido a estar libres de la necesidad (<em>Freedom from fear is eternally linked with freedom from want<\/em>). Por ello, el trabajo, la vivienda, el alimento, la atenci\u00f3n sanitaria, la protecci\u00f3n por desempleo, accidente o vejez, y la educaci\u00f3n son los derechos que sustentan la seguridad y la prosperidad. Dec\u00eda John Gray en un reciente texto que si acabamos aceptando los l\u00edmites del crecimiento ser\u00e1 porque los gobiernos hagan de la protecci\u00f3n de sus ciudadanos el objetivo m\u00e1s importante. Sean democr\u00e1ticos o autoritarios, los Estados que no pasen esta prueba hobbesiana, fracasar\u00e1n: \u201cS\u00f3lo si reconocemos las debilidades de las sociedades liberales podremos preservar sus valores m\u00e1s esenciales. Entre ellos figura, junto con la legitimidad, la libertad individual que, adem\u00e1s de ser valiosa en s\u00ed misma, constituye un control necesario al Gobierno. Sin embargo, quienes creen que la autonom\u00eda personal es la necesidad humana m\u00e1s profunda revelan su ignorancia en psicolog\u00eda, empezando por la suya propia. Pr\u00e1cticamente para cualquiera, la seguridad y la pertenencia son igual de importantes y, a veces, m\u00e1s. El liberalismo, en efecto, ha sido una negaci\u00f3n sistem\u00e1tica de este hecho.\u201d (El Pa\u00eds 12-04-2020).<\/p>\n<p>Y sin embargo, no ha de supeditarse todo a la seguridad ni ha de convertirse en el valor supremo de nuestra vida social. No deber\u00edamos renunciar a la libertad, la solidaridad o la justicia en aras de una pretendida seguridad que, las m\u00e1s de las veces, se reduce a un mero reforzamiento de los mecanismos de vigilancia y control social, sin atender a la diversidad y pluralidad de sentidos que tiene el concepto de seguridad. Porque est\u00e1 claro que la seguridad implica la protecci\u00f3n de las personas, sus bienes y sus derechos. Por ello, suele identificarse la seguridad con el conjunto de medios y medidas destinado a velar por el orden p\u00fablico y as\u00ed se habla de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, ciberseguridad, seguridad vial y de la defensa de la seguridad nacional a cargo del ej\u00e9rcito. Pero no se puede reducir la seguridad a la polic\u00eda, el servicio de bomberos o la atenci\u00f3n a las emergencias. La seguridad significa igualmente, y ahora lo estamos viendo de modo palmario, la salud p\u00fablica, el acceso a medicamentos esenciales y tratamientos, el alimento y el agua seguros, la energ\u00eda, la seguridad social (en caso de enfermedad, accidente, incapacidad, jubilaci\u00f3n\u2026), la protecci\u00f3n laboral y del consumidor, el acceso a la vivienda, la prevenci\u00f3n de desastres o el cuidado del medio ambiente. Tambi\u00e9n el amparo con relaci\u00f3n al poder del gobierno y la administraci\u00f3n (<em>checks &amp; balances<\/em>), para lo que son indispensables elementos de buena gobernanza como la transparencia, la apertura, la rendici\u00f3n de cuentas o la participaci\u00f3n. Todos estos elementos est\u00e1n interrelacionados (pensemos en la importancia del medio ambiente para la salud p\u00fablica, como ha remarcado el reciente congreso de la Sociedad Espa\u00f1ola de Epidemiolog\u00eda celebrado en Donostia) y son insustituibles y necesarios para el ejercicio del derecho fundamental a la vida \u2014constituyendo el sentido \u00faltimo de los servicios p\u00fablicos y de la organizaci\u00f3n pol\u00edtica de la sociedad.<\/p>\n<p><strong>El imperativo del cuidado<\/strong><\/p>\n<p>Lo imprescindible para impedir, mitigar y minimizar el da\u00f1o al que estamos expuestos, como seres fr\u00e1giles y vulnerables, favoreciendo entornos de seguridad, ayuda y protecci\u00f3n mutua frente a los avatares de la existencia y su desigual distribuci\u00f3n, es \u201cponer cuidado\u201d. No en vano, \u201cseguro\u201d viene del lat\u00edn \u201csecurus\u201d: sin (<em>se<\/em>) preocupaci\u00f3n (<em>cura<\/em>).<\/p>\n<p>Para responder a este contexto de emergencia, de riesgo sist\u00e9mico y existencial, planteo un elemental deber \u00e9tico: el imperativo del cuidado, donde entendemos el cuidado como todo aquello que hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro \u201cmundo\u201d de tal forma que podamos vivir en \u00e9l lo mejor posible. Ese mundo incluye nuestros cuerpos, nuestro ser y nuestro entorno, todo lo cual cultivamos para entretejerlo en una red compleja que sustenta la vida (Tronto 1993). Frente a otras fundamentaciones \u00e9ticas procedimentales (como el imperativo categ\u00f3rico kantiano) o m\u00e1s abstractas (el principio de utilidad), el imperativo del cuidado remite a una regla b\u00e1sica: la de no da\u00f1ar, ni por acci\u00f3n ni por omisi\u00f3n (intencional o negligente, por falta de prevenci\u00f3n y precauci\u00f3n). Hablamos de \u201cno-maleficencia\u201d (<em>primum non nocere<\/em>) y se trata de un principio \u00e9tico b\u00e1sico, compartido por muchas tradiciones filos\u00f3ficas diversas y ligado a la conocida como \u201cRegla de Oro\u201d: no hagas a los dem\u00e1s lo que no quieras que te hagan a ti.<\/p>\n<p>Y aunque se trata de un principio b\u00e1sico, tampoco es absoluto y debe de ser ponderado con otros principios (respeto, justicia) y valores, tomando adem\u00e1s en cuenta el contexto y la situaci\u00f3n. En un mundo imperfecto, sujeto a altas dosis de incertidumbre como hemos comentado anteriormente, algunas veces tenemos que elegir el mal menor y aceptar cierto da\u00f1o sobre otros, asumir un riesgo o aceptar transacciones. No nos queda otra, como titulaba Ulrich Beck uno de sus \u00faltimos trabajos, que \u201cconvivir con el riesgo global\u201d y la incertidumbre. En palabras del economista y fil\u00f3sofo austr\u00edaco de Entreguerras Otto Neurath, \u201csomos como marinos que en alta mar deber reconstruir y reparar su barco usando las mismas maderas viejas con las que fue construido\u201d.<\/p>\n<p>Volviendo al cuidado como respuesta a la emergencia eco-social, hay que recordar que la vida (no solo humana) es inconcebible sin relaciones de cuidado y han sido precisamente las llamadas \u201c\u00e9ticas del cuidado\u201d las que han puesto en el coraz\u00f3n de la teor\u00eda \u00e9tica y pol\u00edtica la idea de cuidado (Carol Gilligan, Virgina Held, Joan Tronto o Eva Feder Kittay).<\/p>\n<p>Y dada la centralidad del cuidado para la vida, para la supervivencia, es preciso incidir en la dimensi\u00f3n social y p\u00fablica del cuidado, que requiere una organizaci\u00f3n colectiva y compartida con apoyo de instituciones, organizaciones y entidades.<\/p>\n<p>En este sentido, las propuestas cl\u00e1sicas de justicia liberal que inciden en la neutralidad del estado y la imparcialidad resultan insuficientes para dar cuenta de los deberes de cuidado y el compromiso de los individuos con las necesidades de los dem\u00e1s y del medio ambiente. Por ello, un nuevo enfoque de la justicia debe basarse en la perspectiva del cuidado que atiende a la desigual distribuci\u00f3n de la vulnerabilidad en la sociedad y que se hace cargo de las expectativas y necesidades diversas de cuidado de los individuos, grupos y el medio ambiente.<\/p>\n<p>En definitiva, las emergencias complejas a las que nos enfrentamos, que engloban fen\u00f3menos como el cambio clim\u00e1tico, el agotamiento de materias y fuentes de energ\u00eda, la p\u00e9rdida de biodiversidad y el incremento de las desigualdades, hunden sus ra\u00edces en una visi\u00f3n de la vida que contempla al ser humano como independiente y aislado tanto de la naturaleza como de sus cong\u00e9neres. En consecuencia, una \u00e9tica para un mundo en emergencia ha de centrarse en los cuidados para responder a nuestra esencial condici\u00f3n vulnerable y eco-interdependiente. Nuestro modelo actual de sociedad le ha declarado la guerra a la vida. \u00bfEstamos a tiempo de reparar y reconstruir el barco de Otto Neurath? Al menos, que el miedo no nos paralice.<\/p>\n<p>Txetxu Ausin. Investigador y Director del Grupo de \u00c9tica Aplicada en el CSIC.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Funtowicz, S.O. &amp; Ravetz, J.R. (2000). <em>La ciencia post-normal: ciencia con la gente<\/em>, Barcelona, Icaria.<\/p>\n<p>Newman, E. (2004). The \u2018New Wars\u2019 Debate: A Historical Perspective is Needed. <em>Security Dialogue<\/em>, 35 (2), 173-189.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Galde 38, udazkena 2022 oto\u00f1o.\u00a0Txetxu Ausin.-\u00a0Una \u00e9tica para un mundo en emergencia ha de centrarse en los cuidados para responder a nuestra esencial condici\u00f3n vulnerable y eco-interdependiente. 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