{"id":15410,"date":"2022-09-30T12:52:03","date_gmt":"2022-09-30T10:52:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=15410"},"modified":"2022-10-03T16:34:02","modified_gmt":"2022-10-03T14:34:02","slug":"elkarrizketa-daniel-innerarity-la-sociedad-de-las-crisis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/elkarrizketa-daniel-innerarity-la-sociedad-de-las-crisis\/","title":{"rendered":"Elkarrizketa. Daniel Innerarity: La sociedad de las crisis"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Innenarity.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-15422 colorbox-15410\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Innenarity.jpg\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"273\" data-id=\"15422\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Innenarity.jpg 580w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Innenarity-300x141.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Galde 38 &#8211; udazkena 2022 oto\u00f1o. Manu Gonz\u00e1lez Baraga\u00f1a entrevista a Daniel Innerarity.-<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em><strong>Daniel Innerarity<\/strong>, es un conocido fil\u00f3sofo y analista, y autor de numerosos libros y art\u00edculos cient\u00edficos. Innerarity es catedr\u00e1tico de filosof\u00eda pol\u00edtica y social, investigador <a href=\"https:\/\/www.ikerbasque.net\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">IKERBASQUE<\/a> en la Universidad del Pa\u00eds Vasco y director del <a href=\"http:\/\/www.globernance.org\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Instituto de Gobernanza Democr\u00e1tica<\/a>.\u00a0Es tambi\u00e9n profesor a tiempo parcial en el\u00a0<a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Instituto_Universitario_Europeo\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Instituto Universitario Europeo\u00a0en Florencia<\/a>.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><strong>A diferencia de otras \u00e9pocas de la historia, vivimos hoy en una sociedad que no est\u00e1 asediada por enemigos exteriores sino por auto-amenazas. Se trata de crisis y cat\u00e1strofes como la pandemia, la crisis clim\u00e1tica, inundaciones, incendios y sequ\u00edas que de alguna manera son el resultado de nuestro modo de vida.<br \/>\n<\/strong><strong>Pero \u00bfse trata, propiamente hablando, de una crisis?<\/strong><\/p>\n<p><strong>Daniel Innerarity<\/strong>.- Tal vez no exactamente, si nos atenemos al correcto significado de este concepto. Una crisis es un momento agudo y excepcional, en el que se decide la supervivencia de un organismo o de una instituci\u00f3n y tras el cual viene la extinci\u00f3n de quien la padece, se recupera la anterior normalidad o se realizan las transformaciones necesarias para garantizar la propia supervivencia. Algunas de las actuales cat\u00e1strofes pueden entenderse as\u00ed, como una crisis m\u00e1s, que tarde o temprano se resuelven con vacunas, ayudas econ\u00f3micas y reparaciones. Pero hay otra parte que no. Existen dimensiones de las crisis que no son transitorias o excepcionales y en relaci\u00f3n con las cuales no tiene sentido hablar de \u00abvuelta a la normalidad\u00bb.<\/p>\n<p>No estamos en medio de una crisis (ni siquiera de varias, como suele asegurarse, por ejemplo, con el t\u00e9rmino \u00absindemia\u00bb). No vivimos en una sociedad en la que hay contagios sino en una sociedad contagiosa, estamos en un mundo epid\u00e9mico y no tanto en un mundo en el que irrumpen de vez en cuando las epidemias, de inestabilidad financiera sist\u00e9mica m\u00e1s que de crisis econ\u00f3micas ocasionales. Creo no exagerar si afirmo que no estamos preparados para vivir y gobernar un mundo en el que no hay crisis si no que es cr\u00edtico, cuyas sociedades y gobiernos viven en medio de una inestabilidad mayor de la que son capaces de gestionar. Que la sociedad se encuentre en un estado de crisis permanente no quiere decir que haya muchas crisis sino que no hay un mundo exterior desde el que nos llegaran esas crisis y que es muy improbable que seamos capaces de algo que pudiera calificarse propiamente como su soluci\u00f3n. Donde mejor se comprueba esto es en el hecho de que no sabemos c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo se terminan las crisis. Los seres humanos discutimos mucho acerca de la naturaleza de las crisis en las que nos encontramos, pero nos resulta m\u00e1s dif\u00edcil ponernos de acuerdo acerca de la normalidad a la que deber\u00edamos aspirar, si esta consiste en lo que est\u00e1 despu\u00e9s de la sacudida, si es una recuperaci\u00f3n del momento anterior a la crisis o comporta un cambio transformador. Si al menos pudi\u00e9ramos encontrar algo parecido a un culpable exterior a nuestra sociedad, pero no, el problema es que la sociedad tiene un problema con ella misma. No se trata de meteoritos que caen desde el espacio sino de crisis que producimos con unas pr\u00e1cticas y con unas instituciones con las que tendr\u00edamos que solucionarlas. Esa coincidencia entre quien origina tales crisis y quien deber\u00eda resolverlas es el verdadero problema a la hora de abordarlas.<\/p>\n<p><strong>\u00bfEs posible cambiar la sociedad que genera tales crisis?<\/strong><\/p>\n<p><strong>D. I<\/strong>.- La evidencia de que es necesario cambiar no siempre implica la posibilidad de hacerlo. Que las sociedades tienen que cambiar es una exhortaci\u00f3n frecuente pero que no suprime la controversia acerca de en qu\u00e9 direcci\u00f3n y de qu\u00e9 modo, si debi\u00e9ramosdarnos prisa o desacelerar y qu\u00e9 es lo que la crisis habr\u00eda puesto de manifiesto. Podemos estar de acuerdo en la urgencia de combatir el cambio clim\u00e1tico y mostrar las mejores intenciones, pero esa exigencia termina siendo neutralizada por la irrelevancia de los estados, su insuperable diversidad de intereses e incluso por la incapacidad de modificar el consumo individual.<\/p>\n<p>En el caso concreto de la crisis del coronavirus, la cuesti\u00f3n acerca de los cambios necesarios requiere de entrada examinar si las medidas que se adoptaronen los momentos \u00e1lgidos de la crisis realizaron ya las modificaciones sociales de fondo que necesit\u00e1bamos. Mi respuesta es que la excepcionalidad del confinamiento, \u00fatil a los efectos de frenar el contagio, no alter\u00f3 suficientemente las condiciones sociales de la crisis sino que produjo una ilusi\u00f3n de control. La intensa intervenci\u00f3n sobre la sociedad durante el confinamiento extremo ha frenado la extensi\u00f3n del virus (con sus efectos secundarios) y poco m\u00e1s. Como mecanismo de transformaci\u00f3n de la sociedad (y de neutralizaci\u00f3n de las causas que nos han llevado hasta la crisis) la concentraci\u00f3n de poder es absolutamente ineficaz. La sociedad vuelve a sus rutinas con pocos aprendizajes significativos. El virus lo agita todo pero no cambia casi nada; interrumpe muchas cosas pero modifica muy pocas. La sociedad interpreta la crisis como una anomal\u00eda tras la cual hay que restablecer la anterior normalidad. Despu\u00e9s del confinamiento hay quien mantuvo un cierto tiempo la ilusi\u00f3n de que era f\u00e1cil mantener a raya a la poblaci\u00f3n, que se impusieran las evidencias y los aprendizajes correspondientes, que los estados decretaran los cambios oportunos y estos se produjeran con toda la radicalidad necesaria. Hab\u00edamos vivido una experiencia singular de control y docilidad que nos pudo llevar a sacar conclusiones equivocadas. El r\u00e1pido retorno a los viejos usos y costumbres revela hasta qu\u00e9 punto grandes problemas como el cambio clim\u00e1tico o el consumo irresponsable apenas pueden resolverse mediante una intervenci\u00f3n directa y centralizada en las rutinas sociales.<\/p>\n<p>El uso de categor\u00edas b\u00e9licas para entender aquella extra\u00f1a situaci\u00f3n, por inadecuado que sea, responde a que la guerra ha sido el \u00fanico fen\u00f3meno capaz de integrar de un modo similar las fuerzas centr\u00edpetas de lo sanitario, lo econ\u00f3mico, lo jur\u00eddico y lo pol\u00edtico. Por eso las guerras han sido un poderoso elemento de integraci\u00f3n y construcci\u00f3n de los estados nacionales. Solo en la guerra y en el confinamiento es posible (temporalmente) un control de la sociedad y un alineamiento de sus diferentes l\u00f3gicas.El confinamiento integr\u00f3 moment\u00e1neamente a la sociedad, pero despu\u00e9s se volvi\u00f3 enseguida a la l\u00f3gica de la diferenciaci\u00f3n. Unos reclamaban la reapertura de las escuelas, otros la de los comercios o la cultura, otros consideraban que por fin volv\u00edan los derechos, y todo ello vivido con una euforia que nos predispuso para la ola de contagios del oto\u00f1o posterior.La crisis del coronavirus pone de manifiesto que cada actor ha sacado consecuencias distintas y de acuerdo con l\u00f3gicas diferentes e incluso incompatibles. Vuelve despu\u00e9s la diversidad de actores que tienen a su vez que resolver problemas distintos y de un modo que no se deja f\u00e1cilmente integrar.<\/p>\n<p>Las formas de vida no suelen ser la consecuencia de decisiones racionales sino el resultado de pr\u00e1cticas asentadas.Para conseguir cambios sociales hay que proporcionar los medios adecuados. Que las personas individuales dejen de coger el coche solo es posible si hay medios p\u00fablicos de transporte que faciliten los desplazamientos deseados; el tipo de conducta que hemos de mantener para frenar los contagios ha de contar con la informaci\u00f3n adecuada; transitar hacia una mayor digitalizaci\u00f3n exigir\u00e1 una mejor capacitaci\u00f3n y ayudas concretas para que nadie se quede atr\u00e1s. Es cierto que las grandes transformaciones demandan sacrificios, pero la sociedad no los har\u00e1 si no conf\u00eda en que habr\u00e1 una ganancia, personal y colectiva, y que los costes se repartir\u00e1n equitativamente.<\/p>\n<p>Cuando hablamos de las cosas que nos ha ense\u00f1ado la pandemia solemos aludir a algo que debe hacerse, pero tal vez es m\u00e1s interesante haber constatado hasta qu\u00e9 punto es dif\u00edcil cambiar la sociedad y cu\u00e1l deber\u00eda ser nuestra actitud ante esa dificultad. Puestos a cambiar la sociedad, deber\u00edamos comenzar entendiendo qu\u00e9 limitada es nuestra capacidad de transformarla, qu\u00e9 insuficiente es el saber del que disponemos.<\/p>\n<p><strong>\u00bfA qu\u00e9 se debe en \u00faltima instancia la dificultad de gestionar las crisis?<\/strong><\/p>\n<p><strong>D. I<\/strong>.- Las democracias tienen dificultades pr\u00e1cticas para la gesti\u00f3n de las crisis pero no porque sean democr\u00e1ticas sino porque est\u00e1n dise\u00f1adas para un mundo que en buena parte ya no existe: dan por supuesto que la sociedad contin\u00faa pac\u00edficamente diferenciada cuando lo cierto es que est\u00e1 dram\u00e1ticamente fragmentada, como si estuvi\u00e9ramos en una sociedad mundial compuesta de estados soberanos autosuficientes, que son capaces de unificar criterios y movilizar, cuando en realidad apenas lo consiguen en su interior y con el resto de los estados. Si no entendemos la naturaleza de este anacronismono podremos hacernos cargo de la crisis de nuestra sociedad.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 queremos decir cuando hablamos de una sociedad diferenciada?El \u00e9xito de la sociedad moderna se debe a eso que los soci\u00f3logos llaman diferenciaci\u00f3n funcional y que permite a las esferas de la econom\u00eda, la pol\u00edtica, la sanidad, el derecho o la educaci\u00f3n un desarrollo aut\u00f3nomo. Como conquista hist\u00f3rica, el estado nacional consigui\u00f3 que las evoluciones de cada uno de esos subsistemas se mantuvieran con una cierta congruencia. La verticalidad de la jerarqu\u00eda institucional era respetada y la provisi\u00f3n eficaz de bienes p\u00fablicos que realizaba la burocracia de los estados proporcionaba la legitimidad necesaria para que el sistema resistiera al menos aquellas crisis para las que hab\u00eda sido dise\u00f1ado (como los conflictos sociales o las guerras). Sobre esta idea elemental se configur\u00f3 la distinci\u00f3n de poderes, la divisi\u00f3n del trabajo y la diferenciaci\u00f3n de esferas sociales aut\u00f3nomas. D\u00e1bamos por entendido que esa configuraci\u00f3n de la sociedad nos proporcionar\u00eda m\u00e1s libertad y ser\u00edamos m\u00e1s productivos; la articulaci\u00f3n equilibrada entre todo ello no nos parec\u00eda especialmente problem\u00e1tica. Hoy estamos en un contexto muy diferente: hacia dentro y hacia fuera ese equilibrio es puesto a prueba.<\/p>\n<p>Por supuesto que no vamos a renunciar a la diferenciaci\u00f3n (que supondr\u00eda abandonar elementos fundamentales de nuestra cultura pol\u00edtica liberal, como la primac\u00eda de la ley, la secularizaci\u00f3n o el car\u00e1cter abierto de la econom\u00eda de mercado), ni tampoco a la divisi\u00f3n del trabajo en la que se basa nuestra productividad o a las l\u00f3gicas de descentralizaci\u00f3n sin las cuales peligrar\u00eda el pluralismo pol\u00edtico.Pero actualmente nuestros problemas no proceden de la falta de diferenciaci\u00f3n sino de la dificultad de equilibrar esas diferencias. Hoy nos encontramos en una constelaci\u00f3n muy distinta de la \u00e9poca gloriosa de los estados nacionales, pese a los intentos nost\u00e1lgicos por recuperar aquella congruencia (en clave de <em>estado<\/em> para la izquierda o de <em>naci\u00f3n<\/em> para la derecha).<\/p>\n<p>Nuestro problema fundamental hoy es la configuraci\u00f3n de lo com\u00fan sin anular las diferencias, conseguir una unidad de acci\u00f3n a partir del pluralismo y la inteligencia distribuida, impedir que la pluralidad de l\u00f3gicas y perspectivas (por ejemplo, entre la pol\u00edtica, la econom\u00eda y el derecho) se convierta en una tr\u00e1gica incompatibilidad.<\/p>\n<p><strong>\u00bfPor d\u00f3nde habr\u00eda que empezar a solucionar las cosas?<\/strong><\/p>\n<p><strong>D. I<\/strong>.- Una sociedad diferenciada posee una gran capacidad para resolver problemas concretos que ata\u00f1en a un \u00e1mbito espec\u00edfico \u2014la ciencia produjo con gran rapidez vacunas eficaces, las organizaciones se digitalizaron en muy poco tiempo\u2014 pero se encuentra con unas mayores dificultades cuando el problema tiene una naturaleza que trasciende esa competencia sectorial y ata\u00f1e al conjunto de la sociedad, especialmente los efectos laterales que transformaban dichas soluciones en problemas para otros \u00e1mbitos: un confinamiento decretado desde el sistema pol\u00edtico que da\u00f1a el funcionamiento de la econom\u00eda, una ciencia cuyo r\u00e1pido \u00e9xito produce desconfianza en algunos sectores de la sociedad, una digitalizaci\u00f3n que amenaza otras formas de comercio, una salud epidemiol\u00f3gica que agrava la salud mental, una familia que no est\u00e1 dise\u00f1ada para que sus miembros vivan mucho tiempo sin otros momentos de diferente relaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Tenemos unas instituciones que resuelven relativamente bien problemas aislados \u2014de acuerdo con el esquema de la diferenciaci\u00f3n\u2014, que fracasan sistem\u00e1ticamente cuando se trata de un problema que implica a varios \u00e1mbitos y l\u00f3gicas sociales y que naufragan estrepitosamente cuando ese problema afecta a la totalidad de la sociedad, es decir, cuando no es propiamente un problema sino una crisis. La enorme capacidad de prestaciones que proporciona la moderna diferenciaci\u00f3n funcional se debe a la especializaci\u00f3n, a la segmentaci\u00f3n y a la renuncia a monopolizar la totalidad social, pero esto mismo representa un problema cuando har\u00eda falta tener en cuenta escenarios de interdependencia, visi\u00f3n de conjunto y coordinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo podr\u00edamos resolver ese problema? Se tratar\u00eda de alinear esos \u00e1mbitos que tienden a tener una cortedad de vista y a tomar en cuenta \u00fanicamente su propia concepci\u00f3n de la realidad sabiendo que esa convergencia ser\u00e1 siempre provisional, discutida y revisable. El gran tema de reflexi\u00f3n de las sociedades contempor\u00e1neas es la divergencia de l\u00f3gicas y sus potenciales efectos negativos, los riesgos derivados de no atender a criterios de compatibilidad. Nuestra mayor innovaci\u00f3n pol\u00edtica consistir\u00eda en crear espacios y din\u00e1micas de encuentro y conexi\u00f3n. Armin Nassehi ha proporcionado un bello imperativo categ\u00f3rico para este nuevo mundo en el que la diferenciaci\u00f3n y la soberan\u00eda han topado con sus l\u00edmites: \u201cact\u00faa de manera que el otro se pueda acoplar\u201d. Conectarse no significa consenso, sumisi\u00f3n o control, pero rompe tambi\u00e9n con la l\u00f3gica de la indiferencia y la externalizaci\u00f3n. Nos estar\u00edamos refiriendo a todas aquellas operaciones que van desde tener en cuenta la perspectiva de los otros hasta las formas m\u00e1s intensas de reciprocidad, acuerdo, coordinaci\u00f3n, cooperaci\u00f3n e integraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si la verdadera crisis de nuestras sociedades es esta y las cat\u00e1strofes recurrentes son sus recordatorios, entonces tenemos que abordar los problemas de otra manera, m\u00e1s anticipatoria, hol\u00edstica, transnacional, colaborativa y horizontal; las crisis nos est\u00e1n recordando la necesidad de pensar en una nueva manera de hacer pol\u00edtica que sea m\u00e1s receptiva para las formas in\u00e9ditas que tendr\u00e1 que adoptar en una sociedad que se hace cada vez m\u00e1s imprevisible.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Galde 38 &#8211; udazkena 2022 oto\u00f1o. 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