{"id":14215,"date":"2021-03-25T11:50:40","date_gmt":"2021-03-25T10:50:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=14215"},"modified":"2021-10-23T18:07:30","modified_gmt":"2021-10-23T16:07:30","slug":"vivir-en-transito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/vivir-en-transito\/","title":{"rendered":"Vivir en tra\u0301nsito"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/ErasoPeligrosidad.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-14219 colorbox-14215\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/ErasoPeligrosidad.jpg\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"326\" data-id=\"14219\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/ErasoPeligrosidad.jpg 580w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2021\/03\/ErasoPeligrosidad-300x169.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Galde 32 udaberria\/2021\/primavera. Santiago Eraso Beloki.-<\/p>\n<p>A principios de los a\u00f1os sesenta del siglo pasado, en mi temprana adolescencia, el pueblo donde viv\u00eda, Tolosa, era profundamente conservador y todav\u00eda muy ensombrecido por el franquismo. En las calles \u00fanicamente se ve\u00edan mujeres y hombres blancos que viv\u00edamos de acuerdo a nuestros roles de g\u00e9nero (tambi\u00e9n era evidente que nosotros \u00e9ramos mucho m\u00e1s visibles y preponderantes en los espacios p\u00fablicos, sociales y pol\u00edticos). Aquella era la vida \u201cnormalizada\u201d de una Espa\u00f1a viril y cat\u00f3lica donde los chicos y chicas, separados debidamente, aprend\u00edamos, entre otras cosas \u201cFormaci\u00f3n del esp\u00edritu nacional\u201d, y despu\u00e9s nos cas\u00e1bamos para formar familias dentro de un orden \u201cnatural\u201d, se dec\u00eda.<\/p>\n<p>Sin embargo, no era exactamente as\u00ed. En ciertas conversaciones se escuchaban comentarios sobre algunas chicas \u201cputas\u201d o \u201cmarimachos\u201d y chicos \u201craros\u201d, \u201cafeminados\u201d o \u201cmaricones\u201d. A veces se les se\u00f1alaba con nombre y apellidos para subrayar su \u201canormalidad\u201d y as\u00ed ridiculizarles m\u00e1s o, siguiendo los preceptos de la iglesia y el orden moral establecido, se remarcaba su \u201cpecado\u201d para condenarles al peor de los desprecios o al ostracismo social. Nos enteramos que algunos se hab\u00edan ido del pueblo, sin saber del todo si aquel destierro era \u201cvoluntario\u201d o fueron literalmente expulsados; que eran tratados como enfermos, incluso encerrados en instituciones psiqui\u00e1tricas, es decir, patologizados, o que tambi\u00e9n se les pod\u00eda enviar a la c\u00e1rcel.<\/p>\n<p>Descubr\u00ed que aquella realidad normalizada estaba atravesada por otra mucho m\u00e1s compleja que, desde luego, no era como nos la hicieron creer. Tan solo tuve que mirar m\u00e1s all\u00e1 de las convenciones y preguntarme qu\u00e9 significaba ser homosexual o lesbiana. Comenc\u00e9 a descubrir otros mundos a trav\u00e9s del cine y de la literatura, pero tambi\u00e9n en mis primeros viajes a Bilbao, Zaragoza, Barcelona o Paris. All\u00ed, en ocasiones, nos col\u00e1bamos en aquellos populares cabarets de barrios significados (La Palanca o Las Cortes, El Tubo, El Raval o el Barrio Chino, Pigalle etc) donde se mostraban otras formas de vida en cuerpos disidentes: travestis y transexuales, pero tambi\u00e9n mujeres barbudas o \u201cmonstruos\u201d tullidos y todo tipo de mutantes.<\/p>\n<p>As\u00ed fui abri\u00e9ndome a otros imaginarios, primero a cuenta gotas y despu\u00e9s a raudales. Lo hac\u00eda como otros, muchas veces a porrazos contra nuestra propia subjetividad heteropatriarcal, aprisionada por el nacionalcatolicismo y el puritanismo. Pude ver en el cine a Joan Crawford y Mercedes McCambidge travestidas de vaquero en Johnny Guitar, a Sal Mineo enamorado de James Dean en Rebelde sin causa o a Shirley Maclaine de Audrey Hepburn, en una soterrada relaci\u00f3n l\u00e9sbica en La calumnia. M\u00e1s tarde descubr\u00ed el cine de Pasolini, Visconti (tengo que recordar con especial cari\u00f1o al Padre Agust\u00edn de Zumaia que, de manera excepcional , ahora casi inexplicable, nos daba clases de cine y se encargaba del cine club del colegio) o, algo m\u00e1s tarde, en el cine club del pueblo algunas pel\u00edculas de Fassbinder. Incluso, en aquella Espa\u00f1a timorata de los setenta, Vicente Aranda realiz\u00f3 Cambio de sexo, donde Bibi Anderson se mostr\u00f3 en su condici\u00f3n de primer transexual popular de este pa\u00eds; o vimos a un magistral Jos\u00e9 Luis L\u00f3pez V\u00e1zquez convertido en mujer en Mi querida se\u00f1orita. Pero tambi\u00e9n comenzamos a desvelar la homosexualidad de Rimbaud o Verlaine, Garc\u00eda Lorca y Oscar Wilde, la de Vicente Alexandre o Virginia Wolf, Elena Fort\u00fan, Ana Mar\u00eda Moix; nos lleg\u00f3 aquel raudal de literatura er\u00f3tica de la colecci\u00f3n La sonrisa vertical, editada por Esther Tusquets, por donde se colaban relatos que hablaban a gritos de sexualidades estalladas, de todo tipo. Pudimos leer algunos ensayos sobre otras formas de entender la sexualidad como El arte de amar de Erich Froom o La lucha sexual de los j\u00f3venes o La funci\u00f3n del orgasmo de Wilhelm Reich, El informe Hite. Estudio de la sexualidad femenina de Sharon Hite o El segundo sexo de Simone de Beuavoir, puerta por donde entraron las primeras teor\u00edas de g\u00e9nero y aquella idea fundamental de que \u201cno se nace mujer, se llega a serlo\u201d porque es la historia del poder patriarcal quien crea el estatus femenino.<\/p>\n<p>Mientras en lo personal el mundo se ensanchaba, poco a poco, en el exterior las calles empezaron a ser un espacio p\u00fablico mucho m\u00e1s heterog\u00e9neo. Las luchas, a veces separados y otras muchas juntas, de feministas, lesbianas, homosexuales, travestis y transexuales comenzaron a politizar los cuerpos y a exigir tambi\u00e9n su derecho a la ciudad democr\u00e1tica. A algunos heterosexuales, aquellas ruidosas y coloridas movilizaciones, aquel estallido reivindicativo nos permiti\u00f3 atravesar cr\u00edticamente nuestra masculinidad, seguir siendo hombres sin necesidad de \u201csacar pecho\u201d para demostrarlo, abrir en canal nuestra subjetividad y dejarnos afectar por otras formas de vida (estos d\u00edas se puede ver en los cines la reposici\u00f3n de El chico, pel\u00edcula centenaria en la que Charlot, el c\u00e9lebre personaje de Charles Chaplin, interpreta a un hombre pobre, en apariencia insignificante, pero capaz de hacerse cargo y cuidar amorosamente de un ni\u00f1o abandonado por su madre soltera, y dispuesto tambi\u00e9n a utilizar la fuerza defensiva para proteger a su hijo de otras violencias autoritarias que les acechan, como el polic\u00eda, el mat\u00f3n). Aquella\u00a0 explosi\u00f3n de potencias sexuales liberadas y cuerpos disidentes tambi\u00e9n nos permiti\u00f3 pensar que, parafraseando a\u00a0 Judith Butler, era posible disputar o deshacer el g\u00e9nero, entendido como construcci\u00f3n social de dominaci\u00f3n y, por tanto, a pesar de que alguien se empe\u00f1e en situar su teor\u00eda queer en el marco del individualismo neoliberal, tambi\u00e9n pensar el transfeminismo como potencia antirracista y anticapitalista.<\/p>\n<p>Cuando Paul B. Preciado, en su discurso ante la \u201cEcole de la cause freudienne de Francia\u201d, publicado en Yo soy el monstruo que os habla. Informe para una academia de psicoanalistas (Anagrama, 2019)(emulando a Pedro el Rojo, el personaje de Informe para una Academia que Fraz Kafka,tambi\u00e9n autor de La metamorfosis,\u00a0 describi\u00f3 en aquel simio que poco a poco se va convirtiendo, a su pesar, en un hombre para poder salir de la jaula) se dirige a tres mil quinientos terapeutas de la psicolog\u00eda -muchos de los cuales terminaron abuche\u00e1ndole- tambi\u00e9n habla, en cierto modo, a cierto feminismo tr\u00e1nsfobo que sigue insistiendo en que, por respeto a la naturaleza, las mujeres y los hombres estamos sujetos a una condici\u00f3n biol\u00f3gica que no admitir\u00eda ning\u00fan tipo de excepci\u00f3n; ni siquiera ese porcentaje de cuerpos \u201cintersexuales\u201d, antes conocidos como \u201chermafroditas\u201d, que al nacer -aunque no sea f\u00e1cil asignar inmediatamente sexo determinado- se les aplica una taxonom\u00eda binaria estricta incuestionable, como lo exige el discurso y los procedimientos m\u00e9dicos y psiqui\u00e1tricos, impidiendo as\u00ed que pueda vivir de acuerdo a su condici\u00f3n, sea la que fuere.<\/p>\n<p>El autor del informe-que en Texto yonqui, adem\u00e1s de sus primeras experiencias\u00a0 con la testosterona, cont\u00f3 como en su Burgos natal, conservador y cat\u00f3lico, cuando todav\u00eda era Beatriz, tuvo que atravesar su particular odisea para poder dejar de ser una mujer como entonces correspond\u00eda- les dice a ls psiquiatras que alguien que vivi\u00f3 como mujer durante varias d\u00e9cadas y se incorpor\u00f3 despu\u00e9s al mundo de los hombres, sin instalarse completamente en \u00e9l \u2013 subraya- nunca ha querido convertirse en un hombre como los otros porque, entre otras cosas, su violencia y su arrogancia no le seduc\u00edan (\u2026) la masculinidad naturalizada no era m\u00e1s que nueva jaula. \u00danicamente, buscaba una salida: adonde fuera (\u2026) si mientras cabo este t\u00fanel hacia la salida he aceptado el nuevo yugo de ser reconocido como hombre es para mostrar mejor la falacia que subyace a todas las identificaciones de g\u00e9nero- no he dejado\u00a0 de ser completamente Beatriz para convertirme solo en Paul- (\u2026) Las huellas que la vida pasada dej\u00f3 en mi memoria se han hecho cada vez m\u00e1s complejas y singulares, de modo que es imposible decir que hasta hace seis a\u00f1os fui simplemente una mujer y que despu\u00e9s me convert\u00ed simplemente en un hombre. Prefiero mi nueva condici\u00f3n de monstruo en transici\u00f3n, a las de mujer u hombre, porque esa condici\u00f3n es como un pie que avanza en el vac\u00edo y se\u00f1ala el camino a otro mundo\u201d.<\/p>\n<p>Unos a\u00f1os antes de esta conferencia Preciado en una columna publicada en el 2013 en Liberation y recopilada en Un apartamento en Urano. Cr\u00f3nicas del cruce (Anagrama, 2019) se preguntaba (deduzco que pensando tambi\u00e9n en su propia experiencia): \u201c\u00bfQui\u00e9n defiende los derechos del ni\u00f1o diferente? \u00bfQui\u00e9n defiende los derechos del ni\u00f1o al que le gusta vestirse de rosa? \u00bfY los de la ni\u00f1a que sue\u00f1a casarse con su mejor amiga? \u00bfQui\u00e9n defiende los derechos del ni\u00f1o homosexual, del ni\u00f1o transexual o transg\u00e9nero? (\u2026.) en definitiva, \u00bfqui\u00e9n defiende el derecho del ni\u00f1o a crecer en un mundo sin violencia de g\u00e9nero\u00a0 y sexual?\u201d<\/p>\n<p>Desde aquella temprana juventud, cuando comenc\u00e9 a preguntarme por el mundo, m\u00e1s all\u00e1 de las convenciones, nunca he dejado de aprender del movimiento LGTBT de la manera en la que iban encontrando \u201csalidas\u201d a las m\u00faltiples maneras de ser y vivir sus condiciones sexuales heter\u00f3clitas. Es cierto que, en cierto modo, todos tenemos identidad o, desde otro punto de vista y mejor dicho, como el propio Paul subraya, nadie tiene identidad, porque todos ocupamos un lugar distinto en una red compleja de relaciones de poder, en una infinita variaci\u00f3n de modalidades de existencia. Despu\u00e9s de tantas luchas compartidas y a pesar de las diferencias, no puedo comprender la ola de transfobia que \u00faltimamente se ha levantado entre algunas feministas esencialistas. Claro que, a lo largo de la historia ha habido diferencias en las pol\u00edticas del feminismo, pero desde la experiencia personal tan s\u00f3lo puedo decir que siempre las he entendido como complementarias y como una suma de potencias para abordar los procesos de liberaci\u00f3n que nos conciernen a tods. En mi vida nada fue igual desde comenc\u00e9 a tener amigos gays, lesbianas o transexuales. Adem\u00e1s, he vivido esos afectos como una manera indivisible, junto a otras luchas emancipadoras, de hacer frente al mundo heteropatriarcal, racista y capitalista. Seguramente porque, de alguna manera, tambi\u00e9n trato de encontrar saberes disidentes, respuestas a las preguntas sobre mi propio ser, y de vivir en tr\u00e1nsito. Ahora, como m\u00ednimo, que no es poco, puedo decir que ya no soy aquel que en los a\u00f1os sesenta no ten\u00eda ni idea de lo qu\u00e9 significaba ser lesbiana, maric\u00f3n o marimacho y, sin duda, se lo debo a todas esas personas que asumieron, de forma p\u00fablica o privada, el riesgo de hacerse visibles y luchar por su autodeterminaci\u00f3n y reconocimiento.<\/p>\n<p>Publicado el 9 marzo, 2021 por Santiago Eraso Beloki<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Galde 32 udaberria\/2021\/primavera. Santiago Eraso Beloki.- De alguna manera, trato de encontrar saberes disidentes, respuestas a las preguntas sobre mi propio ser, y de vivir en tr\u00e1nsito. 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