{"id":12506,"date":"2020-06-21T11:04:21","date_gmt":"2020-06-21T09:04:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=12506"},"modified":"2020-07-12T20:17:52","modified_gmt":"2020-07-12T18:17:52","slug":"quedarse-en-casa-es-lo-mas-seguro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/quedarse-en-casa-es-lo-mas-seguro\/","title":{"rendered":"\u00bfQuedarse en casa, es lo m\u00e1s seguro?"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/ViolenConfinDetrasM.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-12509 colorbox-12506\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/ViolenConfinDetrasM.jpg\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"415\" data-id=\"12509\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/ViolenConfinDetrasM.jpg 580w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/ViolenConfinDetrasM-300x215.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Galde 29, uda\/2020\/verano. Norma V\u00e1zquez.-<\/p>\n<p>Se ha escrito ya mucho, aunque nunca ser\u00e1 suficiente, sobre el incremento de la violencia machista durante la crisis sanitaria por COVID-19 y, particularmente, sobre su aumento durante la situaci\u00f3n de confinamiento. Los datos que hasta ahora conocemos nos se\u00f1alan dos tendencias importantes: la disminuci\u00f3n de las denuncias que abren el itinerario policial-judicial de salida de la violencia y el aumento de las peticiones de ayuda por v\u00eda telef\u00f3nica y virtual; unas peticiones sobre las que no sabemos con exactitud ni qu\u00e9 ayuda pide ni qui\u00e9nes la piden, ni qu\u00e9 respuestas se les ha dado.<\/p>\n<p>Desde que se estableci\u00f3 el confinamiento empezamos a escuchar la recomendaci\u00f3n \u00abqu\u00e9date en casa\u00bb, que fue variando de consejo a exigencia. La estrategia para controlar la pandemia se convirti\u00f3 en una estrategia para imponer un control de la movilidad social que daba por hecho que la casa es (siempre) un lugar seguro para todas las personas que la habitan.<\/p>\n<p>Esta estrategia, sin embargo, excluye a aquellas mujeres y ni\u00f1as para quienes su casa no s\u00f3lo no es un lugar seguro, sino que es el sitio donde viven la violencia cotidiana por parte de su pareja, su hijo, su padre, su hermano y otros hombres que abusan sexual, f\u00edsica y psicol\u00f3gicamente de ellas de manera habitual.<\/p>\n<p>As\u00ed, de golpe, la crisis sanitaria hizo desaparecer de la preocupaci\u00f3n institucional inmediata la consideraci\u00f3n de que la mayor\u00eda de las agresiones sexistas suceden dentro de las casas y en el entorno familiar. Tambi\u00e9n invisibiliz\u00f3 el hecho de que la violencia cuenta en ocasiones con la complicidad de la familia para que no emerja y quede relegada al \u00e1mbito dom\u00e9stico, como ocurre en los casos de violencia sexual contra ni\u00f1as y ni\u00f1os. De ah\u00ed que el mensaje \u00abqu\u00e9date en casa\u00bb (el impl\u00edcito era: porque es el lugar m\u00e1s seguro para toda la familia) haya resultado parad\u00f3jico porque si para alguien ha sido segura la casa durante el confinamiento, ha sido para el agresor.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 para el agresor? Las feministas hemos se\u00f1alado siempre que el control por parte de los agresores est\u00e1 en la base de las agresiones expl\u00edcitas, sean f\u00edsicas, sexuales o psicol\u00f3gicas. Control sobre las conductas de las mujeres e incluso sobre sus vidas. Un hombre que controla a su pareja, hija, madre, amiga, lo hace porque considera que est\u00e1 en su derecho e incluso, que es su obligaci\u00f3n porque \u00e9l sabe mejor que ella lo que le conviene; y tambi\u00e9n sabemos que los controladores se expresan de diferentes maneras, con estilos paternalistas o agresivos.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n de confinamiento ha aumentado tanto la sensaci\u00f3n de control como la posibilidad efectiva de ejercerlo por parte de los agresores, lo que probablemente haya propiciado cambios en las manifestaciones de violencia. No sabemos, y ser\u00e1 fundamental averiguarlo, de qu\u00e9 manera y cu\u00e1n sostenidos han sido esos cambios a lo largo de las sucesivas cuarentenas. Puede ser que ese (real o sentido) mayor control haya hecho innecesarias algunas conductas expl\u00edcitamente violentas, por lo que algunas mujeres podr\u00edan estar \u00abm\u00e1s tranquilas\u00bb; en otros casos, el confinamiento ha podido agudizar alguna necesidad (salir a tomar vinos, socializar con amigos, hacer deporte&#8230;), de modo que la sensaci\u00f3n de controlar a su mujer resulta insuficiente para frenar su violencia.<\/p>\n<p>Durante el confinamiento el andamiaje institucional y social de apoyo a los cuidados se ha contra\u00eddo y estos han reca\u00eddo a\u00fan m\u00e1s en los hogares, donde han sido las mujeres quienes los han asumido en mayor medida, en muchos casos a\u00f1adi\u00e9ndolos al tiempo de teletrabajo y\/o la atenci\u00f3n a familiares confinados en otras viviendas. Y lo han hecho conteniendo la frustraci\u00f3n, el agobio, la desesperaci\u00f3n y dem\u00e1s expresiones emocionales generadas por la limitaci\u00f3n de la movilidad f\u00edsica, pero tambi\u00e9n el miedo al contagio, el duelo por la muerte de personas queridas, la incertidumbre, los rumores&#8230;<\/p>\n<p>As\u00ed, a lo largo de casi tres meses las mujeres han estado conteniendo a otras personas y autoconteni\u00e9ndose, respaldadas por el insistente mensaje no oficial, pero s\u00ed social de \u00abqu\u00e9date en casa y resiste\u00bb.<\/p>\n<p>Los mensajes que reconoc\u00edan que hay situaciones a las que no se puede resistir han sido marginales, elaborados y difundidos fundamentalmente por feministas. No ha habido mensajes masivamente divulgados que reconozcan la desesperaci\u00f3n o el sobre esfuerzo emocional que las mujeres han estado haciendo, ni espacios para el respiro ante tanta presi\u00f3n. No ha habido reconocimiento social al esfuerzo de las mujeres que han estado confinadas y cuidando, por lo que no es impensable que al final del estado de alarma se produzca un efecto rebote y salga a flote todo el malestar contenido durante el tiempo de reclusi\u00f3n en las casas.<\/p>\n<p>Es innegable, por otro lado, que el control vecinal aument\u00f3 durante el confinamiento, pero no est\u00e1 claro que este control haya servido de contenci\u00f3n en los casos de violencia. A este respecto es importante diferenciar las redes comunitarias que sostienen a las mujeres que sufren violencia, de aquellas otras que ejercen control social dirigido a los agresores. Porque si bien estas \u00faltimas han podido cumplir una funci\u00f3n de control de conductas agresivas y, en este sentido, haber inhibido algunas conductas extremas de violencia durante el confinamiento, no es evidente que resulten ser siempre un apoyo para las v\u00edctimas, a menos de que se lo propongan expl\u00edcitamente.<\/p>\n<p>Hemos avanzado mucho en la comprensi\u00f3n de la din\u00e1mica de la violencia machista, en las estrategias para prevenirla y en la atenci\u00f3n a sus v\u00edctimas, por eso es importante seguir impulsando salidas que no pasen exclusivamente por la v\u00eda policial-judicial, as\u00ed como ampliar la mirada a las distintas expresiones de la violencia, m\u00e1s all\u00e1 de sus formas f\u00edsicas y en el \u00e1mbito de la pareja o expareja. Ser\u00e1 importante, sobre todo, seguir reconociendo la fortaleza y capacidad de resiliencia de las mujeres que han enfrentado y sobrevivido a situaciones de riesgo, y apoyarlas para que desarrollen otras capacidades que les permitan comprender que la violencia es responsabilidad de quien la ejerce y no de quien se defiende de ella, como puede en cada momento.<\/p>\n<p>Las consecuencias sociales y psicol\u00f3gicas del confinamiento no se van a paliar individualmente, es necesario llevar a cabo actuaciones colectivas de reconocimiento y reparaci\u00f3n. El mensaje de que \u00abtodo va a salir bien\u00bb es mentiroso y voluntarista; la situaci\u00f3n mejorar\u00e1 si se hacen las cosas bien.<\/p>\n<p>Hacer las cosas bien supone entender que las mujeres han estado conteniendo la angustia propia y la de otras personas, con un enorme coste para su salud emocional. Para que puedan dejar de hacerlo, sin que ni ellas ni las personas a las que cuidan carguen con las consecuencias de esta decisi\u00f3n, ser\u00e1 necesario disponer de recursos y personas que puedan reconocer, acoger y atender los malestares producto de esta contenci\u00f3n extrema.<\/p>\n<p>Hacer las cosas bien significa que hay que extender el apoyo a las ni\u00f1as que han continuado siendo abusadas durante el confinamiento, sin que hayan recibido ning\u00fan mensaje que valide su miedo a las agresiones y abusos que han vivido, y siguen viviendo, en silencio. Y tambi\u00e9n reconocer a las adolescentes que seguramente tendr\u00e1n miedo de lo que pueda pasar con los mensajes, fotos, confidencias o relaciones que se expandieron por las redes sociales, su \u00fanica v\u00eda de comunicaci\u00f3n y relaci\u00f3n en el confinamiento.<\/p>\n<p>Hacer las cosas bien implica asumir las consecuencias de abandonar a las mujeres en sus casas y obligarlas a permanecer en ellas sin darles ning\u00fan respiro, ning\u00fan mensaje de advertencia a los agresores. Y tambi\u00e9n elaborar narrativas que encuadren la violencia machista en confinamiento no solo en t\u00e9rminos de datos y estad\u00edsticas, sino tratando de comprender los cambios habidos en sus expresiones y las maneras en que las mujeres las han enfrentado, para adaptar los recursos y servicios de apoyo a esta \u00abnueva\u00bb realidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Norma V\u00e1zquez<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Galde 29, uda\/2020\/verano. 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