{"id":12434,"date":"2020-06-21T11:42:21","date_gmt":"2020-06-21T09:42:21","guid":{"rendered":"https:\/\/www.galde.eu\/?p=12434"},"modified":"2020-07-11T19:14:01","modified_gmt":"2020-07-11T17:14:01","slug":"contra-la-banalizacion-de-las-relaciones-sociales-y-de-su-ausencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.galde.eu\/es\/contra-la-banalizacion-de-las-relaciones-sociales-y-de-su-ausencia\/","title":{"rendered":"Contra la banalizaci\u00f3n de las relaciones sociales (y de su ausencia)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/PradoDistancia.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-12436 colorbox-12434\" src=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/PradoDistancia.jpg\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"396\" data-id=\"12436\" srcset=\"https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/PradoDistancia.jpg 580w, https:\/\/www.galde.eu\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/PradoDistancia-300x205.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Galde 29 uda\/2020\/verano. Imanol Zubero.<\/p>\n<p>Estos meses de confinamiento y estado de alarma han supuesto una de las disrupciones m\u00e1s inesperadas y profundas de nuestras vidas. Dosificado el contacto f\u00edsico, racionados los besos y abrazos, controlada nuestra movilidad, limitada la vida social, nos hemos visto reducidas a la condici\u00f3n de refugiadas (de lujo, eso s\u00ed, la mayor\u00eda), recluidas en el espacio m\u00e1s privado y familiar. Cuando hemos salido de casa para trabajar o comprar lo hemos hecho enmascarilladas, priv\u00e1ndonos del acceso a la gestualidad facial, tan importante en la interacci\u00f3n social. La comunicaci\u00f3n mediada tecnol\u00f3gicamente ha sustituido (pobremente) a muchas de nuestras rutinas relacionales.<\/p>\n<p>Y de pronto nos hemos descubierto como personas profundamente sociales, esencialmente cari\u00f1osas, radicalmente afectivas, ansiando dejar atr\u00e1s el aislamiento forzado para volver a tocarnos, a abrazarnos, a juntarnos&#8230; Tan es as\u00ed que hasta hemos sabido de la existencia de una patolog\u00eda, conocida como el \u00abs\u00edndrome de la caba\u00f1a\u00bb, que supuestamente afectar\u00eda a quienes, finalizado el confinamiento, manifiestan temor o rechazo a salir de nuevo a la calle, a recuperar la interacci\u00f3n social, a volver a sumirse en la relacionalidad masiva y c\u00e1lida.<\/p>\n<p>Pero, en realidad, ni \u00e9ramos tan sociales ni hemos sufrido tanto con la suspensi\u00f3n o limitaci\u00f3n forzada de tantas formas de interacci\u00f3n y contacto durante el tiempo de confinamiento.<\/p>\n<p><strong>CONTACTO F\u00cdSICO: ENTRE LA NECESIDAD Y EL EXCESO.<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfDe verdad nos relacionamos tanto, y con tantas personas? Seg\u00fan la Encuesta sobre Capital Social 2017 del Eustat la poblaci\u00f3n vasca cuenta, de media, con una red pr\u00f3xima de familiares y amigos que asciende a 13 personas, siendo 24 las que configuraran la red amplia.Se trata, adem\u00e1s, de redes muy homog\u00e9neas: la mayor\u00eda no cuenta entre sus amistades con personas de otras creencias religiosas, otra nacionalidad, diferente posici\u00f3n social o distinta tendencia pol\u00edtica. Somos interactuantes selectivos. Escogemos escrupulosamente con qui\u00e9n nos relacionamos, para qu\u00e9, c\u00f3mo y durante cu\u00e1nto tiempo. Nuestra prosocialidad es limitada. Lo era antes de la pandemia y lo seguir\u00e1 siendo tras esta.<\/p>\n<p>El contacto f\u00edsico es una necesidad humana b\u00e1sica de la que depende no s\u00f3lo nuestro bienestar emocional sino, en la fase de lactancia, la supervivencia f\u00edsica. Se trata de una constante biol\u00f3gica. Diversos (y atroces) estudios han comprobado que las cr\u00edas de mono nacidas en laboratorio muestran un fuerte apego por las telas y gasas utilizadas para cubrir el suelo de sus jaulas, aferr\u00e1ndose a ellas cuando se retiran por motivos de limpieza para sustituirlas por otras. Tambi\u00e9n que los cachorros lactantes criados en jaulas met\u00e1licas, pese a ser correctamente alimentados, presentan altas probabilidades de fallecer durante sus primeros d\u00edas de vida. En esto, no somos diferentes: para desarrollarnos correctamente necesitamos de caricias tanto como de calor\u00edas. Afortunadamente, no se han hecho experimentos similares con beb\u00e9s humanos&#8230; \u00bfo s\u00ed?<\/p>\n<p>En un fascinante libro titulado El tacto, el antrop\u00f3logo y bi\u00f3logo Ashley Montagu cuenta que el emperador Federico II (1194-1250), deseando saber cu\u00e1l ser\u00eda la lengua que usar\u00edan \u00abnaturalmente\u00bb los seres humanos si se criaran sin escuchar la voz de nadie, orden\u00f3 a una serie de nodrizas que alimentaran y asearan a un grupo de ni\u00f1os, sin dirigirles ni una sola palabra, caricia o gesto cari\u00f1oso; seg\u00fan parece, todos fallecieron. De hecho, la pediatr\u00eda moderna advierte contra el llamado s\u00edndrome de consunci\u00f3n, que puede afectar a lactantes privados de contacto corporal, llegando a desarrollar depresi\u00f3n profunda con p\u00e9rdida de apetito, debilidad e incluso fallecimiento. De ah\u00ed que en muchos hospitales se promueva que personas voluntarias se comprometan a abrazar beb\u00e9s (baby cuddlers), particularmente en el caso de prematuros, de manera que estos sientan el contacto humano en todo momento, cuando sus progenitores no puedan hacerlo.<\/p>\n<p>Ahora bien, el contacto personal profundo tambi\u00e9n tiene l\u00edmites igualmente marcados por la biolog\u00eda. El profesor de Antropolog\u00eda Evolucionista de la Universidad de Oxford Robin Ian MacDonald Dunbar es famoso por formular la hip\u00f3tesis conocida como \u00abn\u00famero de Dunbar\u00bb, seg\u00fan la cual los seres humanos tendr\u00edamos un l\u00edmite cognitivo para mantener relaciones estables con otras personas, que rondar\u00eda los 150 individuos. Pueden ser menos, pero no es f\u00e1cil que sean m\u00e1s, ya que esto tiene que ver con la capacidad de nuestro cerebro para considerar a otras personas como integrantes de un mismo grupo cercano. Juan Luis Arsuaga ha escrito sobre esto en sus libros El collar del neandertal y El sello indeleble (en colaboraci\u00f3n con M. Mart\u00edn-Loeches).<\/p>\n<p><strong>DESDRAMATIZAR LA DISTANCIA SOCIAL.<\/strong> Durante el confinamiento se ha discutido la pertinencia del t\u00e9rmino \u00abdistancia social\u00bb utilizado por el Gobierno como recomendaci\u00f3n profil\u00e1ctica para minimizar el riesgo de contagio por coronavirus. Hablar de distancia social nos parec\u00eda algo as\u00ed como negar nuestra naturaleza profundamente social, como consagrar la a-socialidad como nueva norma de comportamiento.<\/p>\n<p>Sin embargo, y aunque parezca parad\u00f3jico, la distancia social es una estrategia de interacci\u00f3n, como se\u00f1ala el antrop\u00f3logo Edward T. Hall, fundador de la prox\u00e9mica, el estudio del uso que hacen los individuos en sus respectivas culturas del espacio interpersonal (La dimensi\u00f3n oculta, 1972). Los seres humanos mantenemos distintos tipos de relaciones, \u00edntimas, personales,sociales y p\u00fablicas, y a cada una le corresponde una distancia determinada para su correcto desarrollo, que var\u00eda entre diferentes culturas. Una distancia excesiva puede hacer fracasar una relaci\u00f3n, pero lo mismo ocurre con una cercan\u00eda inmoderada. El distanciamiento (social y psicol\u00f3gico) es, en sociedades complejas, una forma de mantener la relaci\u00f3n social. El soci\u00f3logo Erving Goffman analiz\u00f3 la \u00abdesatenci\u00f3n cort\u00e9s\u00bb (civil inattention), una estrategia de interacci\u00f3n que podemos considerar como una ficci\u00f3n relacional, pero que usamos cotidianamente y nos permite gestionar los numerosos contactos no elegidos que constituyen el grueso de nuestra vida social: \u00abEl componente esencial es que cada copresente presta una atenci\u00f3n visual suficiente para demostrar que aprecia la presencia del otro (y que se admite abiertamente esta atenci\u00f3n), pero que, al apartar con rapidez la mirada, se da a entender que no hay un motivo especial de curiosidad.\u00bb [&#8230;] Estamos con probabilidad delante de la forma m\u00e1s delicada de ritual interpersonal, expresi\u00f3n que regula constantemente el intercambio social de las personas. Mediante el ritual de desatenci\u00f3n cort\u00e9s, la persona muestra que no alberga raz\u00f3n alguna para desconfiar de los dem\u00e1s, serles hostil o tratar de evitarlos\u00bb (Behavior in public places: Notes on the social organization of gatherings, 1963).<\/p>\n<p>Un estudio de 2017 dirigido por la psic\u00f3loga Agnieszka Sorokowska (\u00abPreferred Interpersonal Distances: A Global Comparison\u00bb, Journal of Cross-Cultural Psychology, 2017) analiza en 42 pa\u00edses cu\u00e1l es la distancia preferida a la hora de interactuar con una persona desconocida, conocida o cercana. Su lectura nos obliga a revisar algunos estereotipos sobre las distintas culturas del contacto y la distancia social. Por ejemplo, en los pa\u00edses del norte (\u00abfr\u00edos) la gente se acerca f\u00edsicamente m\u00e1s cuando interact\u00faa con una amistad \u00edntima o una pareja que en los pa\u00edses del sur (\u00abc\u00e1lidos\u00bb), donde nos acercamos m\u00e1s a las personas extra\u00f1as y a las conocidas, pero no tanto a las \u00edntimas. Y aunque la prox\u00e9mica aritm\u00e9tica haya que tomarla con cautela, en el caso de Espa\u00f1a la distancia media cuando se interact\u00faa con una persona \u00edntima ser\u00eda de 61,17 cent\u00edmetros, y de 98,50 cuando se trata de una extra\u00f1a. Pr\u00e1cticamente un metro, esta ser\u00eda la distancia \u00abnormal\u00bb: un poco m\u00e1s y estar\u00edamos en la distancia extraordinaria recomendada para casos de pandemia.<\/p>\n<p><strong>(RE)INSTITUCIONALIZAR EL CONTACTO.<\/strong> \u00abLa impersonalidad de la vida en nuestro mundo moderno se ha vuelto tan acusada que hemos producido, en efecto, una nueva raza de Intocables. Nos hemos vuelto extra\u00f1os unos para con otros, no s\u00f3lo evitando sino defendi\u00e9ndonos activamente de todas las formas de contacto f\u00edsico \u2018innecesario\u2019. La capacidad del hombre occidental para relacionarse con sus pr\u00f3jimos ha quedado muy atr\u00e1s respecto a su habilidad para conversar con las computadoras, comunicarse con los coches y hablar con juguetes\u00bb. No es algo escrito estos d\u00edas pasados. El ya citado Montagu lo dec\u00eda en 1979 en un libro titulado El contacto humano (escrito con F. Matson).<\/p>\n<p>Pensar que la pandemia es la causa de nuestros distanciamientos o que va a ser el motivo de nuestro reencuentro es pecar de ingenuidad y sucumbir al pensamiento m\u00e1gico. El problema de nuestro d\u00e9ficit relacional no es la pandemia que nos ha confinado temporalmente. Hay factores estructurales que lo explican.<\/p>\n<p>El psiquiatra Humphry Osmond analiz\u00f3 el dise\u00f1o de los espacios f\u00edsicos y su efecto sobre la interacci\u00f3n entre las personas, distinguiendo entre espacio sociopetalo soci\u00f3petay espacio sociofugalo soci\u00f3fugo (Some Psychiatric Aspect of Design, 1966). Hay espacios dise\u00f1ados de tal manera que separan y a\u00edslan a las personas que los habitan, y hay otros pensados para favorecer la interacci\u00f3n social. Y lo cierto es que el dise\u00f1o de nuestras ciudades las vuelve crecientemente soci\u00f3fugas. Pero no solo es cuesti\u00f3n de dise\u00f1o f\u00edsico, de hardware. M\u00e1s preocupante a\u00fan es el dise\u00f1o ideol\u00f3gico, simb\u00f3lico, discursivo, ese software del miedo, la exclusi\u00f3n, el cierre, el desprecio y la irresponsabilizaci\u00f3n que amenazan con una rebrutalizaci\u00f3n de las sociedades europeas (George L. Mosse, De la Grande Guerre au totalitarisme. La brutalisation des soci\u00e9t\u00e9s europ\u00e9ennes, 1999).<\/p>\n<p>Las personas sin hogar no se han vuelto invisibles para la mayor\u00eda de la sociedad, la que ha podido quedarse en casa porque dispon\u00eda de una, por efecto de la pandemia. El drama de las personas migrantes y refugiadas no se ha detenido. La gran cat\u00e1strofe afectivo-relacional es la que se ha producido en las residencias de personas mayores y en los hospitales donde se ha muerto en soledad. Nada de esto ha sido causado por el confinamiento, aunque este haya podido agudizarlo.<\/p>\n<p>Estos d\u00edas de incertidumbre han sido tambi\u00e9n d\u00edas propicios para redescubrir lo que de verdad hace que nuestras vidas puedan sostenerse y florecer: una vivienda digna, un ingreso garantizado, un entorno familiar y vecinal cohesionado, unos servicios sociales universales de calidad, un sector primario que produce alimentos abundantes y sanos, naturaleza, cultura accesible. Todo eso que nos resulta imprescindible y valioso comparte una caracter\u00edstica fundamental: la projimidad, una proximidad cuidadosa y atenta, emp\u00e1tica, solidaria.<\/p>\n<p>Hasta ahora, nuestra vida ha cambiado por necesidad. Si queremos sacar algo bueno y duradero de esta crisis tenemos que conseguir que estos cambios obligados se conviertan en cambios elegidos: transformar la necesidad en virtud. Y en virtud colectiva. Practicar, de verdad, la projimidad: cuidarnos y cuidar, valorar a quienes cuidan, tanto en el espacio privado como en el \u00e1mbito p\u00fablico. Relocalizar al m\u00e1ximo nuestras vidas: producir local, consumir local. Repolitizar el espacio local, convirti\u00e9ndolo en el eje de una democracia participativa, de una barriocracia. Llenar nuestras calles y plazas de fiesta, de lucha, de memoria, combatiendo su conversi\u00f3n en no-lugares vaciados de vida.<\/p>\n<p>Esto no es algo que vendr\u00e1 como consecuencia autom\u00e1tica de la crisis. Para no repetir el error de 2008 habr\u00e1 que trabajar duro, organizarse y empujar. Afortunadamente no partimos de cero: en nuestros barrios y pueblos hay muchas asociaciones y organizaciones sociales que ya trabajaban antes desde la clave de la projimidad, que han seguido haci\u00e9ndolo y que continuar\u00e1nahora que termina el confinamiento. El primer d\u00eda que salgamos a la calle, o el segundo, o el tercero, ser\u00e1 importante que nos acerquemos a ellas y nos sumemos a su trabajo. Ah\u00ed se juega la aut\u00e9ntica socialidad, no solo emocional, sino institucionalizada. Resistente. Duradera.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Galde 29 uda\/2020\/verano. Imanol Zubero.- Estos meses de confinamiento han supuesto una de las disrupciones m\u00e1s inesperadas y profundas de nuestras vidas. 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